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Bienvenidos y ¡buena suerte!

Publicado el 23 Abril 2013 por manuguerrero

 

enacción

Vivimos días tan convulsos que resulta complicado encontrarse algo que no haya cambiado de un tiempo a esta parte. Todo está en plena transformación: el mercado de trabajo, las relaciones sociales, la familia, las perspectivas de futuro y hasta el propio ser humano. Muchos no se reconocerían hace apenas 5 años. Por eso el día que supe de ¡Humanos! quedé gratamente sorprendido.

Auxi Marciano, Fabián Demarco y Germán Pecellín son tres grandes profesionales de la Psicología y el Coaching que tuve como alumnos en un curso de comunicación y visibilidad a comienzos de año. No me fue difícil distinguir en ellos una plausible inquietud: la de transmitir al mundo la importancia del entusiasmo y la persecución de los retos. Ellos saben mucho de eso -llevan décadas trabajando frente a frente con el ser humano- y por ello han puesto en marcha, nada menos, que un ambicioso programa de radio cuya gestación he podido ver, tocar y sentir. Y hacía tiempo (lo digo con total sinceridad) que no percibía tanto empeño en un proyecto mediático. Tienen talento, ganas y, sobre todo, algo que decir. Y con esos ingredientes, como imaginarán, el éxito está garantizado.

Será un programa semanal, de una hora de duración, y que se emitirá los viernes por la mañana a través de Radio Guadaíra. Ya les anticipo mucho éxito y sé que circulará con gran rapidez por las redes sociales, infinitas a día de hoy. Porque en esta época de transformación nada es tan necesario como asumir un nuevo enfoque vital. Un enfoque, cuanto menos, más humano.

Suerte compañeros.

 

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Yemen

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Escuelas del mundo, el impresionante trabajo de Julian Germain

Publicado el 26 Noviembre 2012 por manuguerrero

Perdemos demasiado tiempo (y dinero) en asuntos que no tienen la más mínima importancia. Los medios de comunicación, sobre todo por aquí, están plagados de temas sin trascendencia social. Basta con ojear un par de periódicos o de informativos para darse cuenta de ello. La educación, en cambio, ocupa nuestra atención solo cuando se convierte en disputa política, reforma tras reforma, o cuando se publican los informes PISA.

El trabajo del fotógrafo inglés Julian Germain es, sin embargo, admirable. Lleva desde 2004 retratando la educación, tema capital que define a unos países y otros. Vean, si no, algunas de las fotografías que ha tomado en muy diferentes lugares y hagan sus propias reflexiones. ¿No les parece verdad, de nuevo, aquello de que una imagen vale más que mil palabras? Viendo cada una de estas fotografías, puede uno imaginarse el futuro. Fíjense en todos los detalles. Los alumnos de Rusia, por ejemplo, solo visten de Prada y Gucci. En el aula de La Habana no faltan los retratos de Fidel y “El Che” (por cierto, Cuba es el único país con el 100% de escolarización). En Taiwán, los niños almuerzan en la clase y tienen derecho a media hora de siesta antes de continuar. En Etiopía, a pesar de las múltiples dificultades, el profesor es muy respetado. En la clase de Inglaterra, el único niño que no lleva uniforme es el hijo de un payaso que lo va llevando a la escuela por los países donde instala el circo en el que trabaja. Pero, sobre todo, no se pierdan las miradas.

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“Pedagogía discente”: fin al fracaso escolar

Publicado el 10 Junio 2012 por manuguerrero

 

¿Se han preguntado alguna vez por qué los niños

desarrollan con asombrosa facilidad ciertas habilidades

que nos parecen realmente complicadas y, sin embargo,

otras más sencillas, les cuesta tanto aprender?

 

“PEDAGOGÍA DISCENTE. La Escuela Que Queremos. La Verdad de las Competencias Básicas es el nuevo libro del maestro y escritor Jesús Mellado. Un análisis detallado -basado en la experiencia y en la investigación- sobre las razones de los escasos rendimientos académicos de los alumnos españoles y, sobre todo, una propuesta innovadora para el futuro, que ha dado ya unos excelentes resultados en las clases del propio autor.

En todas las modalidades de enseñanza que conocemos de la formación inicial reglada el protagonismo del aula es del profesorado. El profesorado programa, el profesorado ordena y manda, es la autoridad. Pero ¿qué pasaría si cediéramos todo el protagonismo al alumnado? La pedagogía discente trata de aprovechar el protagonismo del alumnado para diseñar una pedagogía más eficaz, una pedagogía basada en la enseñanza de quien aprende, en lugar de en la de quien enseña. Porque en la Escuela Que Queremos (EQQ), el alumnado es el máximo protagonista y decide qué hacer, sobre qué indagar, investigar, aprender, con qué estrategias y pide la ayuda a quien considera oportuno en cada momento. Solo así se consigue un aprendizaje totalmente funcional, un aprendizaje estratégico. Un aprendizaje útil para toda la vida.

La EQQ considera que cada niño y cada niña tienen un nivel de desarrollo diferente, a ritmos diferentes, con realidades familiares diferentes y con unos conocimientos de sí mismos diferentes, y de la realidad, también diferentes. En la educación actual, el profesorado busca el silencio progresivamente del alumnado para hablar ella o él. Con la Pedagogía Discente, el profesorado busca su silencio para que el alumnado comunique, intercambie, quiera, ayude, ame, e interviene solo cuando es estrictamente necesario para comunicar, intercambiar, querer, ayudar y amar. Porque el aprendizaje es más fácil si a la persona le apasiona lo que aprende y si lo aprende con creatividad. Con la pedagogía discente el aprendizaje se hace fácil, apasionado y creativo. Cuando una tarea, por difícil que sea, se realiza por iniciativa propia, se ponen en uso todas las capacidades, habilidades, herramientas y conocimientos necesarios para resolverla con éxito. Se desarrollan las herramientas vitales, que en definitiva son las que marcan nuestro éxito o fracaso a lo largo de nuestra vida. Unos son capaces de adaptarse al cambio y a las nuevas formas de vida y otros no. ¿No será que la educación actual está formando individuos para una sociedad que ya no existe?

Ya no tiene sentido la educación tradicional asocial, con alumnos sentados en silencio y en filas militarmente ordenadas. Ya no tiene sentido un modelo educativo que no genere experiencia y que sea meramente memorístico. Ya no tiene sentido que la lectura obligatoria siga siendo la tarea que más horas ocupe en todo el proceso de escolarización de una persona. Sencillamente porque, como sostiene Mellado, se han demostrado ineficaces.

Basándose en las teorías constructivistas de César Coll, el aprendizaje comunicativo o la pedagogía del caracol, Jesús Mellado Román aplica en sus clases otros principios de intervención pedagógica más eficaces: el empoderamiento, la libertad de elección, el buen trato, la creatividad, la colaboración, la alternancia y el amor. Unos principios que aprovechan al máximo los beneficios naturales del estímulo. Porque no hay otra causa del desarrollo de una persona que el interés y la interacción con el mundo físico, sobre todo en las edades más tempranas.

Un modelo que no requiere mayores presupuestos, pero sí un profesorado más exigente. Un modelo que puede actualizar la educación.

“PEDAGOGÍA DISCENTE”, de Jesús Mellado Román. Un libro fundamental para padres y profesores preocupados por el futuro de sus hijos y alumnos.

 

PRESENTACIÓN EN SEVILLA

Miércoles, 13 de junio de 2012

Centro Cultural Biblioteca de Montequinto

(C/ Venecia s/n 41089)

19.00 h

 Al chelo: Inmaculada Becerra Fernández

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No solo el profesor tiene la culpa

Publicado el 17 Septiembre 2009 por manuguerrero

En muchos sentidos pertenezco a la generación sandwich. Cuando empecé a estudiar primaria ya no se estilaba lo de la regla de madera para poner orden en clase (aunque es verdad que don Baldomero recurría a ella para apaciguar a las fieras -los demás nos poníamos firmes sólo al ver su mastodóntica envergadura-) y cuando terminé la carrera aún no existía Facebook ni Youtube. Por entonces, nadie nos advertía que acercarse a las chicas era pecado, como antaño, pero la edad de iniciación sexual aún no había bajado hasta los ¡trece años! Heidi no era una chica moderna, pero aún, por suerte, no cenábamos con nada parecido a Física o Química

Ahora, de repente, y en medio de este descalabro político-comercial casi irresoluble, se ha puesto de moda hablar de la autoridad del profesor. Es cierto que dan ganas de llorar al verle los gallumbos a ese pobre hombre cuando uno de sus alumnos “aventajados” le baja los pantalones para risa de sus colegas, pero de ahí a que sea práctico que la Comunidad de Madrid trate, por ley, de instaurar la autoridad del docente, hay un viaje muy largo en el que muchos no han pasado por el revisor.

En primer lugar creo que lo mejor sería distinguir entre maestro y profesor. Convencionalmente está muy claro. Maestro sería el que, tras haber estudiado Magisterio, imparte su ejercicio en la educación primaria y profesor el que, con una licenciatura específica, ejerce, por lo común, en secundaria. Para mí la diferencia es otra. Un profesor es aquel que imparte conocimientos, que sigue unas pautas marcadas por el órgano competente y que al final de curso evalúa los conocimientos y destrezas de sus alumnos. Un maestro, entiendo, es otra cosa. Es un tipo que desempeña todo lo anterior demostrando un compromiso ético, alguien que, por encima de todo, te enseña a vivir, estés dentro o fuera del aula habitual. Te descubre lo que vale equis en una ecuación de segundo grado, el valor de una preposición en una frase compuesta o qué clima viste la meseta subbética, vale, pero siempre con el valor de la humanidad y una actitud comprometida por delante. Por lo general, un profesor necesita ganarse el respeto. El maestro, de partida, lo tiene, puesto que el alumno percibe (conscientemente o no) que, gracias a él, está siendo mejor persona. Un profesor se empeña en captar la atención. Un maestro sólo se juega perderla.

En mi carrera estudiantil he tenido demasiados profesores y sólo un puñado de maestros: Don Manuel, doña Isabel, don Juan Pedro, don Baldomero (sí, don Baldomero, que con el tiempo dejó de usar la regla), don Matías, don Pérez Guillén, doña María Dolores, doña Lourdes, doña Mari Sierri (que en gloria esté) y alguno más de la facultad que, por recientes, prefiero no nombrar. Me acuerdo de todos y puedo asegurar que jamás vi a un compañero faltarle el más mínimo respeto a alguno de ellos, por más que yo siempre estudiara en centros repletos de niños provinientes de lo que ahora se conoce como familias desectructuradas. En cambio, sí he sentido en más de una ocasión vergüenza ajena viendo cómo un niño amenazaba con golpear a una profesora de matemáticas. Casualidades de la vida: a una que nos faltaba el respeto a nosotros apareciendo por clase sólo cuando no tenía otra cosa que hacer.

Pero ¿por qué ahora trascienden tantos casos de alumnos que faltan el respeto a sus profesores? Para responder a esto, deberíamos cuestionarnos otros muchos asuntos: ¿Por qué hay tantos profesores que faltan el respeto a sus alumnos? ¿por qué hay tantos padres que faltan el respeto a sus hijos? ¿por qué hay tantos que no se exponen como padres, sino como coleguis? ¿por qué hay tantos personajes públicos que no respetan a otros personajes públicos? ¿por qué esos personajes no respetan a sus telespectadores? ¿por qué tantos políticos no cumplen ni hacen cumplir las normas que aprueban? ¿por qué la Justicia es un chiste? ¿por qué hay tantos empresarios que se ríen de sus subordinados? ¿por qué hay tantos empleados que desprecian su trabajo? ¿por qué no iba a haber violencia en las clases si la hay por todos lados? ¿por qué estos interrogantes no adquieren el mismo rango que la custodia de Andreíta?

En institutos y escuelas creo que todo sería más fácil si hubiese menos profesores y muchos más maestros. Un momento. ¿Y qué determina que alguien sea un maestro o un profesor? Creo que algo tan sencillo como la vocación, el compromiso ético, el estar a gusto en un aula y saberse consciente del valor de cada uno de sus gestos, de cada una de sus palabras. Un busto difícilmente sea emocionante si su escultor no puso, de primeras, dedicación y entusiasmo, aparte de cincel y técnica.

Hace algunos años estudié el CAP. Creo que muchas de las teorías de la pedagogía moderna deben reconocer su estrepitoso fracaso. Una clase de instituto no es una reunión de amigos ni el plató de Sálvame. A clase no se va (des)vestido como a la playa. La Revolución Francesa no puede interrumpirse por un mensaje de móvil. En definitiva, que sin disciplina y autoridad (no confundir respeto con miedo) no llegamos a ningún sitio, como dice, con buen criterio, mi querido amigo Álvaro, que de esto, como de todo, sabe más que yo.

Termino, no quiero dar a entender que soy un pesimista sin remedio. Tampoco soy un retro, no defiendo las viejas formas, pero dejadme que me siga preguntando por qué es tan difícil acceder a la Facultad de Medicina y tan fácil a la de Magisterio.

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Matías Regodón

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Matías Regodón. EL HOMBRE QUE CAMBIA VIDAS

Publicado el 01 Noviembre 2007 por manuguerrero

 

 Aquella mañana, Matías se presentó en su clase del IES Gran Capitán (Córdoba) con un tesoro bajo el brazo. Como todos los días, nos saludó muy amablemente y se dejó llevar:

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