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Grian. OTRA VISIÓN ES POSIBLE (Y NECESARIA)

Publicado el 27 abril 2011 por manuguerrero

 

La vida, en efecto, se ha vuelto ligera. De un año para otro, con este cataclismo económico de por medio, hemos aprendido que lo importante es justamente lo que, hasta entonces, no teníamos ni buscábamos. Lo esencial, pensamos ahora, no es tener una casa enorme en propiedad, sino saber estar de paso. No es el título universitario, sino la creatividad suficiente para salir airosos de la encrucijada. No tener una gran enciclopedia en el despacho, sino saber manejar toneladas de información. La crisis, que ha acabado con una era centrada en el acopio, nos ha enseñado ya, en estos sus primeros años de vigencia, que somos seres indefensos ante nuestros propios errores. Cuatro locos con chaqueta y corbata han jugado al monopoly (con billetes de verdad –los nuestros-) y de repente han cambiado el modo de vida de millones de personas y han despertado nuestra indignación, nuestra empobrecida y restrictiva escala de valores y, en ciertos países, nuestro límite de resistencia.

Pero no sólo ha mostrado nuestra indefensión ante nosotros mismos. También nos ha vuelto a recordar nuestra insignificancia respecto a la madre naturaleza, que todo lo domina y todo lo decide, porque es capaz de mandarnos al infierno con tal de que siga adelante el milagro de la vida. Y es que el mundo natural lo encierra todo. Es el gran libro de la sabiduría, “el libro mudo que leyeron todos los grandes sabios de la antigüedad”, como dice Grian, reputado apologeta de la paz, el amor y el medio ambiente.

Psicólogo venezolano, nacido de emigrantes españoles, Grian es conocido por su trabajo al frente de Proyecto Avalon y Midnight Sun -dos organizaciones con las que aparece con frecuencia en los medios de comunicación- pero sobre todo por haber escrito casi una docena de libros, algunos de los cuales han sido publicados en ocho idiomas diferentes. Además, ha traducido casi 100 títulos. Sobre su estilo literario, dice Federico Mayor Zaragoza que se parece al de Gibran Jalil Gibral, al de Tagore o incluso al de Antoine de Saint-Exupéry, porque logra descubrir “el infinito, la desmesura de cada ser humano único, irrepetible, creador”.

Después de haberle conocido en una plató de televisión, me permito el lujo de entrevistarlo para este rinconcito del ciberespacio. Sus razonamientos son esenciales, van al origen del ser humano, al punto que hay que retornar, cada cierto tiempo, para saber quiénes somos y hacia dónde vamos.

-Buenas tardes, Grian. Por fin. Cuánto tiempo buscando este momento, pero aquí está. No sabes cuánto me alegra. Antes de nada, por favor, déjame que te sirva un trago y una música. Tú eliges.
-Una pinta de cerveza para beber, lo natural en un antiguo rugbier. (Mi compañera, Marta, dice que soy un poco vikingo.) Y, como música, la Suite Judy Ojos Azules, de Crosby, Stills & Nash. Me siguen chiflando.

-Desde que pedí tu tiempo para esta entrevista hasta ahora han pasado varios meses pero lo llamativo es lo ocurrido. El mundo ha temblado en varias ocasiones: Japón y el norte de África. Si te parece, empecemos por esto segundo. ¿Esperabas este despertar?
-La verdad es que no. Pero no me avergüenzo de ello, pues los supuestos “expertos” en política internacional tampoco lo esperaban.

-¿Lo estás viviendo con expectación? ¿Qué es lo que más te sorprende?
-Me encanta que la sociedad civil, sea cual sea su cultura, su raza o su religión, decida tomar las riendas de su destino y su futuro frente a los poderosos, políticos o económicos, que sólo piensan en sí mismos. Y lo que no deja de sorprenderme es el poder que en todos estos procesos del despertar de la sociedad civil está teniendo Internet, que quizá tenga mucho que ver con la noosfera de la que hablaba Teilhard de Chardin.

-¿Te gusta el modo en que Occidente está participando, por ejemplo, en el caso de Libia?
-No me puede gustar en modo alguno. Hace pocos años, Occidente recibió a Gadafi con los brazos abiertos por su oposición a Al-Qaida y le dio alas. No sólo alas, le vendió armas e hizo el gran negocio con ellas, con el gas y el petróleo. Pero, además, no fueron capaces de intervenir cuando estaban a tiempo de conseguir una resolución no-violenta del conflicto. Entre el 15 de febrero, que comenzaron las manifestaciones en Libia, hasta el 2 de abril, que la cosa ya se decanta hacia la guerra civil, los países occidentales, incluido el nuestro, podrían haber presionado eficazmente a Gadafi, podrían haber buscado mediadores eficaces y podría haberse evitado una intervención militar que, finalmente, se nos ha pintado como inevitable para salvar a la población civil de Bengasi; cuando, como digo, el conflicto se podría haber resuelto de forma no violenta.

-¿Crees que estos cambios nos conducen a un mundo mejor?
-Los cambios que está propiciando la sociedad civil nos llevan indudablemente hacia un mundo mejor. El problema estriba en que los poderes políticos y económicos no cambian, pretenden seguir exprimiendo sus prerrogativas, ventajas y beneficios prescindiendo de la inmensa mayoría de la humanidad. Pero creo sinceramente que la sociedad civil les está diciendo ya que su tiempo de hacer las cosas así está contado.

-Tengo la impresión de que la imagen que tenemos en buena parte de Occidente sobre los países de tradición islámica no es demasiado positiva. Les vemos como un mundo aparte, subdesarrollado desde el punto de vista social, político e incluso intelectual. ¿Podríamos explicarlo todo en términos de religión?
-Sin duda funcionamos por estereotipos; además, estereotipos muy sesgados. El problema de los países islámicos no es el Islam en sí, sino los gobiernos autoritarios que no consiguen quitarse de encima en la inmensa mayoría de ellos, unos gobiernos que mantienen a sus pueblos en la ignorancia. Lo que es evidente es que en aquellos países donde se implantan sistemas educativos con educación gratuita y obligatoria hasta elevadas edades los sectores religiosos dogmáticos pierden progresivamente el control sobre las poblaciones. Y, de hecho, estas revoluciones en los países islámicos están teniendo su origen en los sectores de población con mayor formación, en sectores universitarios y entre profesionales. Es la confirmación de lo que estoy diciendo.

-En cambio fíjate el recuerdo que tenemos de Al-Ándalus, con la idea que se nos ha transmitido de él… Desconozco si por Historia o leyenda…
-Bueno, creo que hay cierto romanticismo con Al-Ándalus. En la Edad Media, los seres humanos éramos un poco más brutos que ahora, aunque no tanto como los modernistas nos quieren hacer creer. Pero lo cierto es que Al-Ándalus, en su momento, era el equivalente de lo que acabo de comentar: era un centro de conocimiento y de cultura, de artes y ciencias, muy por encima del resto de Europa. Y donde hay formación, conocimientos y cultura los dogmas y las supersticiones pierden fuerza, y las religiones se hacen más humanas y tolerantes.

-Grian, debo agradecerte el placer que he sentido leyendo Mahabbat. La ciencia del amor. Es realmente un bellísimo tratado sobre el amor. ¿Era esa tu intención?
-Sí, esa era la intención. Cuando me puse a escribir el libro me dije que quería escribir el más hermoso libro jamás escrito sobre el Amor. Imagino que no lo he conseguido; pero, al menos, creo que sí he ofrecido atisbos interesantes sobre el Amor y he podido aportar un poco más de Belleza a este mundo.

-Después podremos hablar con detalle del Amor… Con tu novela tratas de demostrar que la mística y la sensualidad no son mundos incompatibles… ¿Cómo llegas a esa conclusión?
-El místico sufí Ibn ‘Arabî —andalusí él— decía que la mayor de las teofanías, la más evidente manifestación de la divinidad, es la Belleza. Y quien niegue que los cuerpos humanos tienen una inmensa belleza, y que la belleza genera una irresistible atracción, es que se ha perdido algo en su paso por este mundo.

-Sin embargo, por Historia, fíjate, al menos dentro del catolicismo, que es la tradición que mejor conocemos…
-Uno de los más graves problemas del catolicismo, posiblemente el más grave, ha sido el de su contraposición entre espíritu y materia —el espíritu es “bueno” y la materia es “mala”. Se trata de una dualidad absurda, que no lleva a otra cosa que al conflicto y al distanciamiento del Uno que todo lo engloba. (Los taoístas lo entendieron mejor con su unión del yin y el yang.) Y esa contraposición antinatural les llevó a adoptar el celibato como única vía de perfección espiritual —cuando es notorio que los primeros cristianos no iban por ahí—, y el celibato se está convirtiendo ahora en el talón de Aquiles de la Iglesia Católica, con una crisis de “vocaciones” que probablemente no tendrían si volvieran a los orígenes y dejarán el celibato como opción para minorías. Esa es, al menos, mi opinión.

-Mahabbat empieza siendo una novela y acaba convirtiéndose en un cuaderno de diálogos entre personajes fascinantes: El califa omeya Abderramán III, el príncipe heredero Al-Hakam, la hermosa Layla y, cómo no, el personaje central, Shams. De nuevo, un sabio jardinero… ¿Por qué de nuevo, unidas, la sabiduría y la botánica?
-Porque el mundo natural es el gran libro de la sabiduría, el libro mudo que leyeron todos los grandes sabios de la antigüedad. Al Uno, al Todo, al Ser, se le puede conocer a través de su creación —si aceptamos las tesis monoteístas— o de su manifestación sensible, que es el mundo natural que nos rodea, todo lo que no hemos creado nosotros, los seres humanos.

-Decíamos “de nuevo” porque tu gran éxito literario, hasta la fecha, es El jardinero, un libro del que se han sacado 25 ediciones en idiomas tan dispares como el chino, inglés o alemán… (Por cierto, enhorabuena)
-Gracias. Sí, llevamos ya 25 ediciones en castellano, y se ha traducido a 8 idiomas, entre ellos el tai, el coreano y el mandarín. Yo soy el primer sorprendido.

-¿A ti la observación de las plantas, de la naturaleza, te ha enseñado mucho? ¿Qué es lo más importante que has aprendido de ellas?
-La ley de los ciclos que observamos en las estaciones, es decir, que la realidad es circular y ascendente, y no lineal. La ley de la muerte y la resurrección en todo en la vida, cuando la minúscula semilla muere para poder realizar todo su potencial oculto y convertirse en un inmenso árbol. La importancia de la Luz, en cómo árboles, plantas y animales adaptan sus vidas para nutrirse de ella. El sublime éxtasis de la Belleza, de toda esa Belleza que nos ofrece el mundo natural y que nos lleva un paso más allá de nosotros mismos, del ego, del yo, hasta encontrarnos con la Esencia de todo cuanto existe, del Uno eterno e inmortal, del Ser…

-¿Vives en un entorno natural?
-Ahora vivo en un pueblo, a 10 minutos a pie de la naturaleza. Pero he vivido en mitad de las viñas de la comarca de Requena, y hasta hace dos años estuve viviendo en todo el centro del Parque Natural del Montseny, en un bosque de hadas, junto a un río… aunque no es fácil vivir en un lugar tan húmedo, en el que no llegan los rayos del sol durante un mes en mitad del invierno. Se pasa mucho frío. Pero mi intención es volver a vivir en medio de la naturaleza, si bien esta vez me buscaré un lugar más soleado.

-Para cualquier urbanita, cultivar en casa unas cuantas plantas puede ser un gran antídoto contra la prisa y el estrés, ¿estás de acuerdo? Su tiempo es muy distinto al nuestro, y eso puede equilibrarnos…
-Qué duda cabe que relacionarse con el mundo natural, con plantas, animales o piedras, es siempre positivo. Reconectar con tu esencia natural, de un modo u otro, nos equilibra necesariamente.

-Hay un ingeniero agrónomo italiano, doctorado en Biofísica, Stefano Mancuso, que es pionero en el estudio de la neurobiología de las plantas, que sostiene que “las plantas son organismos inteligentes, pero se mueven y toman decisiones en un tiempo más largo que el hombre”. Eso es toda una revelación. Habrá quien haya podido intuirlo, pero él ha logrado demostrarlo científicamente…
-¡Me encantan estos descubrimientos! De un modo u otro vienen a confirmar las visiones de la realidad que formulaban las antiguas tradiciones nativas americanas, en las que todos los seres vivos, incluso los que nosotros tenemos por faltos de vida, tenían para ellos un valor existencial y de personalidad con los que uno podía relacionarse del mismo modo que se relaciona con otro ser humano.

-En El jardinero se dice así: “Las plantas y los árboles hablan a los hombres de la vida, y que lo hacen con palabras mudas, pero sabias”…
-A las personas que padecen una depresión o que están atravesando una crisis en su vida yo les sugeriría que se sumerjan en la naturaleza todo el tiempo que puedan. El mundo natural es profundamente curativo. No hay que hacer nada especial. Simplemente, sentarse en silencio en una piedra y observar la naturaleza a tu alrededor. Con el paso de las horas, o de los días, te descubres de pronto viendo las cosas de otra manera, con una paz interior que venías anhelando quizá desde hace meses. Y, de pronto, un día, das con la solución… o bien trasciendes el problema sin necesidad de dar solución alguna. La Madre Tierra es eso, una madre, y cuida de nosotros cada vez que buscamos su regazo.

-A partir de ahora tendremos que escuchar con más atención al mundo vegetal que nos rodea, entre otras cosas porque, también según Mancuso, “si mañana desaparecieran las plantas del planeta, en un mes toda la vida se extinguiría porque no habría comida ni oxígeno. Pero si desaparecemos nosotros, en cambio, no pasaría nada”. Menuda lección de lo que somos y lo que significamos en el mundo…
-La inmensa mayoría de los seres humanos vivimos la realidad desde la consciencia del yo, del ego. Desde ahí, lo único importante es uno mismo, una misma. Pero ese es un nivel de consciencia más bien bajo, hablando en términos evolutivos, de evolución de la consciencia humana. Cuando la consciencia humana va más allá del yo y despierta a su verdadera esencia de “Todo es Uno, y tú eres Eso”, como decían los sabios orientales, entonces descubrimos que lo único verdaderamente importante es el Todo, la Vida toda, la Consciencia. En nuestro planeta, lo importante es el mismo planeta y la Vida que lo anima, tenga la forma que tenga.

-Aquí podríamos revisar cómo las distintas religiones han abordado la relación entre el ser humano y la flora… Aunque claro, las religiones no son más que lo que los hombres (sobre todo algunos) han hecho de ella…
-Bueno, yo siempre diferencio entre los “místicos” —es decir, los que experimentan de primera mano la Realidad— y los “teólogos” —es decir, los que no la experimentan de primera mano y se dedican a elucubrar y a establecer dogmas y leyes sobre lo que dijeron los místicos fundadores de religiones—. Los místicos, en general, sobre todo los que alcanzaron los más elevados niveles de consciencia, son seres humanos sin dogmas, reglas ni leyes; son seres libres, que desean transmitir lo que han aprendido para que todos sean libres. En cambio, algunos o muchos de los “teólogos” no quieren personas libres; quieren personas controladas por ellos, para así mantener su preeminencia y su poder sobre ellas. (Atención a las comillas en “teólogos”, pues hay verdaderos teólogos que sí han entendido el mensaje de los místicos y lo transmiten.)

-¿Es momento de reconducir la espiritualidad del ser humano? Evidente es que ya no existe el monopolio de tres o cuatro monoteístas…
-Bueno, yo creo que los seres humanos estamos llegando ya a un escalón evolutivo de la consciencia en el que dejan de ser necesarios los pastores de almas. Creo que ha llegado el momento en que cada ser humano establezca su propia manera de relacionarse con lo trascendente que hay en él o ella. Indudablemente, vamos a cometer muchos errores en ese proceso de aprendizaje, vamos a tomar por verdades eternas cosas que no son más que falsedades o verdades a medias, nos vamos a dejar llevar por nuevos gurús autoproclamados y saltimbanquis espirituales, e incluso vamos a cometer errores graves en nuestra búsqueda espiritual. Pero esto es como cuando un niño comienza a caminar, que hay que dejar que de vez en cuando se haga un chichón. Si estamos delante o detrás de él intentando sujetarle, le va a costar más tiempo aprender a andar por sí solo. Sinceramente, creo que ya están de sobra los “pastores de la grey”, e incluso la inmensa mayoría de los maestros espirituales. La experiencia me ha enseñado que maestros, verdaderos maestros espirituales, hay poquísimos… quizá con una mano nos baste para contarlos entre los 6.000 millones de seres humanos que somos. Aprender, al fin y al cabo, termina siendo siempre un proceso personal e intransferible. Alguien te puede ayudar en algún momento, pero al final eres tú mismo quien se tiene que sacar las castañas del fuego.

-¿A qué crees, Grian, que se debe el auge de las terapias espirituales en las grandes ciudades? Lo del yoga, el taichi o el chi kung son verdaderas fiebres, por mencionar sólo las más conocidas…
-Es el resultado natural de esa búsqueda espiritual en nuestro interior. Las personas que se liberan de los yugos de los caminos preestablecidos, dogmáticos, incluso impuestos, comienzan una búsqueda personal que les lleva a intentar establecer su conexión trascendente por otras vías. El incremento de consciencia consiguiente lleva a tomar conciencia de los propios problemas internos, y entonces la persona busca soluciones por aquí y por allá.

-El mundo de la medicina, ahora, está volviendo a la idea holística de que el estado mental afecta al bienestar físico mucho más de lo que creíamos, y para ello va aceptando poco a poco nuevas formas de terapia. Incluso la risoterapia es practicada dentro de los hospitales…
-Sí, hay sistemas útiles y valiosos en el “gran mercado” en el que se ha convertido este campo. Pero también hay embaucadores y vendedores de aire, como en cualquier mercado, y conviene ser cauto. Una vez más hay que recurrir a las palabras de los grandes sabios: “Por sus frutos los conoceréis” —es evidente por esta frase que Jesús de Nazaret leyó el libro mudo de la naturaleza—; lo malo es que, a veces, los frutos amargos adoptan aspectos sabrosos. Conviene ser muy cautos.

-A veces, no obstante, ¿no crees que la receta para nuestros males está en nuestro propio interior o en nuestro hogar, en lugar de una consulta médica?
-Yo creo que todos nuestros problemas emocionales o físicos son una cristalización de un conflicto anímico o espiritual, y quien mejor puede acceder a ese origen es, qué duda cabe, la propia persona que lo padece.

-En tu biografía hay una temprana inquietud por la búsqueda interior…
-Bueno, yo salí de la Facultad de Psicología siendo un científico de los pies a la cabeza. Todo lo que no estuviera demostrado científicamente no existía. Pero claro está que esta postura no es verdaderamente científica; porque, si nos atenemos a la lógica, el que no se haya demostrado algo no significa que no exista. Sólo podremos afirmar esto si se demuestra positivamente que no existe. Como digo, salí con una mentalidad científica, empírica, positivista y experimental… pero la inmersión en la naturaleza me dio la vuelta por completo y me llevó a plantearme las preguntas eternas de todo ser humano y, de ahí, al reconocimiento de primera mano de la existencia de un universo interior que, como científico, no podía ignorar ni dejar de lado.

-Háblame de aquella tarde de diciembre de 1979…
-Bueno, fue el 8 de diciembre de aquel año. Había terminado mi carrera en la universidad y, de pronto, en la paz de mi “lago”, un pequeño embalse cercano a Requena, me pregunté: “¿Qué voy a hacer con mi vida? ¿A qué voy a dedicar toda esa energía que es una vida entera?”
Me dije a mí mismo que no me gustaría llegar a los 80 o los 90 años y que de pronto el médico me dijera, “Le quedan 3 meses de vida”, y de pronto darme cuenta de que había desperdiciado mi vida con cosas insulsas, persiguiendo quimeras o, simplemente, sobreviviendo el día a día. “¿Qué voy a hacer con mi vida que realmente valga la pena —me dije—, que cuando llegue el momento de la muerte me vaya con una sonrisa en los labios, sabiendo que no desperdicié esa ocasión maravillosa que es la experiencia de toda una vida?”
Y, de pronto, en la paz de mi lago, me acordé de los incendios forestales del verano anterior, recordé las imágenes de los árboles ardiendo, y el dolor que sentí pensando en su agonía; me acordé de las imágenes en televisión de aquella primera hambruna en Etiopía —ahora ya no ponen imágenes así “por no herir la sensibilidad del espectador”; hipocresía pura—, y me eché a llorar como un chiquillo pensando en tanto dolor, tanto sufrimiento, tanta impotencia…
Y entonces decidí que lo mejor que podía hacer para irme al otro mundo con una sonrisa de satisfacción era consagrar mi vida a la construcción de un mundo mejor. Sólo así, pensé, podría dar por bien empleada mi vida, y no me iría con la sensación de fracaso vital, existencial, con la que muchas personas parten de este mundo.
El problema, entonces, pasó a ser qué puede hacer un joven de 22 años frente a tantos y tan grandes problemas que existen en el mundo. “Realmente, ¿voy a poder hacer algo para que este mundo sea mejor tras mi paso por él?”, me pregunté. Y ahora llevo más de 30 años respondiendo a esa pregunta.

-¿Qué es lo más valioso que has encontrado en tu propio interior?
-Lo que verdaderamente Soy. Cuando consigues ir más allá de tu propio yo, del ego, te encuentras con tu verdadera esencia y naturaleza… y esa Presencia es abrumadora. La primera vez que me ocurrió la experiencia me pasó por encima como un huracán. Estuve llorando durante dos horas sin poder cortar mis hipos para explicarle a mi esposa lo que me había pasado. Es una experiencia absolutamente abrumadora.

-¿El mundo interior puede llegar a ser más rico que el exterior?
-No creo que sea más rico. Si nos basamos en el yin y el yang, en los dos polos, debe de ser similar en riqueza. Pero lo cierto es que el mundo interior, cuando te hace un regalo como el de la Presencia, el Ser, te cambia para toda la vida.

-De tu experiencia se desprende que es imposible cambiar el mundo si no cambiamos, una a una, nuestra alma. ¿Pero cómo persuadir de esto a una mayoría?
-No se puede persuadir a la mayoría. Puedes sembrar semillas —y con esto se demuestra una vez más que Jesús de Nazaret leía el libro mudo de la naturaleza—; unas caerán en terreno fértil, y otras no. Sólo podemos sembrar; pero eso ya es mucho. Del resto se encarga la Vida.

-Tu Proyecto Avalon, fundado en Córdoba en 2004, ha llegado a ser muy conocido…
-¿Tú crees? ¿Y por qué será que nadie nos hace donativos ni se inscribe como socio? Somos una pequeña ONG pacifista, con muy escasos recursos económicos, pero con grandísimos recursos humanos. Como decía Max Lerner, un periodista y educador norteamericano: “Puedes pedir la paz a voz en grito si lo deseas, pero donde no haya hermandad no habrá paz a la postre”. Y ese es nuestro mayor recurso, que el grupo humano que compone el Proyecto Avalon funciona en gran medida como una hermandad, con sus más y sus menos, seamos realistas, pero impera un espíritu de hermandad bien patente.
Desde ahí nos marcamos unas metas e intentamos trabajar hasta donde alcanzamos a través de la educación para la paz y del activismo, si bien entendemos la Cultura de Paz en tres vertientes o dimensiones: social, ecológica e interna.

-Un proyecto que sigue muy activo… ¿Qué encuentra la gente que se acerca a vosotros?
-Más que nada la vivencia de la camaradería, de la hermandad, mientras unimos fuerzas para hacer algo, por poquito que sea, para que el mundo sea un poco mejor cuando nos vayamos al otro lado. Pero este proceso nos lleva hasta un tesoro a través de un camino que, a veces, no es fácil. Las relaciones humanas, aunque se planteen desde la hermandad, no son fáciles. Pero el compromiso por el propio perfeccionamiento y por ser coherentes con lo que predicamos nos obliga a trabajarnos mucho a nosotros mismos, y ahí es donde se encuentra el tesoro. Nuestro ideal, finalmente, es convertirnos en las personas del nuevo mundo que aspiramos a ser, en ser el cambio que predicamos, como diría Gandhi, y eso nos lleva a un profundo trabajo interior que, siempre, indefectiblemente, trae sus frutos.

-¿Qué diferencia Proyecto Avalon de Midnight Sun, otro de los proyectos que diriges junto a Marta Ventura?
-Proyecto Avalon es una iniciativa educativa y de activismo, es una ONG; en tanto que Midnight Sun es una comunidad de bienes, una empresa, educativa también, pero en la que incluimos aspectos que pensamos que quizá serían excesivos para una ONG, aspectos más exclusivos, como la formación en la tradicional Vía del Guerrero.

-¿Vía del Guerrero? ¿En qué consiste?
-La Vía del Guerrero es un sendero de desarrollo personal y espiritual que guarda relación con el arquetipo del Guerrero, tal como lo entendía Carl Gustav Jung, el genio suizo de la psicología. El arquetipo del Guerrero es un importante principio de configuración del alma personal y del alma colectiva. El Guerrero es aquel que se consagra en cuerpo y alma a un objetivo trascendente; es el que está dispuesto a pasar por privaciones, a asumir peligros, riesgos o dificultades para alcanzar su objetivo, normalmente un objetivo que apunta al bien del colectivo, y no al bien propio. Como dice Darrell Dobson, profesor de la Universidad de Toronto, vive en estado de alerta —es decir, «lucidez mental y de consciencia»— y mantiene una pugna constante por superar el miedo y sus pulsiones más bajas. El Guerrero es alguien que está dispuesto a aceptar su propio sacrificio en aras del bien de la colectividad o en defensa de los débiles —entiéndase, ha comenzado a superar sus tendencias egoicas y egocéntricas, y se mueve por compasión. El Guerrero, como se puede ver en las sagas de los Caballeros de la Tabla Redonda o en el código ético de los guerreros nativos americanos, es una persona de honor, una persona íntegra, honesta, veraz… auténtica. Acepta el compromiso, y lo pone en acción. Las palabras no le convencen; necesita ver obras. Pero, además, la Vía del Guerrero se ha encontrado ahora con la doctrina de la no-violencia; pues, como dice Gandhi, la no-violencia no es un camino para cobardes, sino que exige un coraje y una valentía mayores que el camino de la violencia.
Y esto enlaza directamente con una profecía nativa americana (de hopis, sioux y crees) que los activistas de Greenpeace hicieron suya en sus primeros tiempos, la profecía de los Guerreros del Arcoiris (de ahí el nombre de su barco insignia, “Rainbow Warrior”). De todo esto hablo en un libro electrónico que todo el mundo puede bajarse gratis en nuestra web de Midnight Sun, en http://www.midnightsun.com.es/newsletter.html. La Vía del Guerrero es un sistema de desarrollo humano muy poderoso, que capacita profundamente para el activismo de nuestros tiempos, para la construcción de un mundo más justo, solidario, pacífico y sostenible. Para mí, es el sistema de educación más potente para todas aquellas personas, hombres y mujeres, que desean consagrar su vida a la construcción de un mundo mejor.

-Al fin y al cabo, educación, que es la única opción posible para que, cuando nos marchemos, dejemos un mundo más habitable que el actual…
-Sembrar semillas. Eso es la educación.

-Si echamos una ojeada a lo que nos rodea es fácil encontrar un mundo triste, inhumano y deteriorado…
-Sí. Pero eso nos da la ocasión para consagrarnos en la gran aventura de transformar el plomo en oro, de construir un mundo mejor.

-Japón, que Occidente tenía por modelo a seguir, fíjate en qué ha derivado. Y aún no sabemos a qué nos puede conducir…
-Japón sufrió el amanecer de la era nuclear en Hiroshima, en el sur, y me gustaría pensar que ahora está viendo, y sufriendo, el ocaso de la era nuclear en Fukushima, en el norte.

-El pueblo japonés ha demostrado gran educación y dignidad… o estar bien domesticado, según se mire. Pero ese puede ser el detalle. Lo crucial es el modelo de crecimiento y su sistema energético, que no es el que conviene al planeta, ¿estás de acuerdo?
-Cómo no estarlo. El problema estriba, como ya a nadie se le escapa, en los grandes intereses económicos de los grandes poderes financieros. Hace ya mucho tiempo que podríamos estar abasteciéndonos con energías limpias y que podríamos estar conduciendo automóviles eléctricos, de hidrógeno, de agua o lo que sea. Pero a los Amos del Mundo no les interesan estos desarrollos, y por eso compran las patentes y detienen esa evolución. De todas formas, creo que todo eso debería venir de la mano de otra manera de entender el estilo de vida. Conviene que comprendamos que no necesitamos tanto de todo, ni tanta energía, para vivir digna y cómodamente. El modelo del crecimiento (crecimiento económico) pretende vendernos que sólo el crecimiento es bueno, que decrecer es malo. Pero que le pregunten eso a un enfermo de cáncer con un tumor de crecimiento constante. Seguro que piensa que decrecer también puede ser bueno, muy bueno.

-Por otro lado, ha quedado más que demostrado que a partir de ahora los países, las empresas y las personas que no sean eficientes y sostenibles están llamados a la marginación o, incluso, a la extinción ¿no crees?
-No creo que esto lo tengan tan claro los que toman las decisiones en nuestro planeta. Pero, más pronto que tarde, lo van a tener claro, a la fuerza. De todas formas, lo de eficiencia y sostenibilidad sigue siendo una terminología que pertenece a una visión de la realidad que es la que ha propiciado la actual situación. Como digo, se impone una marcha atrás, un decrecimiento, una búsqueda de la simplicidad, una coexistencia de igual a igual con la naturaleza, con un profundo respeto por los procesos naturales y por la vida. Lo de “sostenible”, aunque nos parece bien y luchamos por ello como mal menor, no deja de ser una especie de “Vamos a seguir haciendo lo mismo, pero un poco menos”, y yo pienso que tenemos que cambiar radicalmente de enfoque, que el ser humano tiene que entrar en una relación de compasión amorosa con la vida que le rodea. Las palabras “eficiencia” y “sostenibilidad” no se parecen en nada a “belleza”, “compasión”, “cuidado amoroso”…

-Por tanto, impera la creatividad… ¿dónde buscarla?
-Precisamente en los valores humanos más profundos, en aquellos que te hacen sentirte hermano de los árboles y las plantas, del lobo, del águila y de la vaca, incluso de las hormigas. Nunca olvidaré lo que sentí un día en el Montseny cuando me quedé mirando a una mantis religiosa que subía por la pared de mi casa y, de pronto, volvió la cabeza para mirarme ella a mí. Pasé de observador y dominador de la situación a observado, en plano de igualdad. Yo la observaba a ella, curioso, y ella me observaba a mí, supongo que intrigada por aquel cabezón con ojos que la miraba. A partir de ahí se convirtió en la Hermana Mantis.

-¿Estamos en los albores de una nueva Humanidad?
-Yo estoy convencido de ello. Como buen Creativo Cultural, soy optimista. Pero no soy optimista por idealismo y falta de realismo. Todo lo contrario. Soy optimista porque ya no nos queda tiempo para ser pesimistas. Sólo poniéndonos manos a la obra con esperanza, con confianza y fe, podremos salir de esta situación antes de que sea demasiado tarde.

-Y momento de crisis, de cambio, que nos ha cogido sin dioses de referencia. El último que quedaba, el dinero, también ha caído…
-No estoy yo muy seguro de que el dios dinero haya caído. Incluso las personas que se precian de ser buscadoras espirituales están cayendo en la trampa del ego que supone la búsqueda de la prosperidad y el éxito social. Ahora es una moda en estos ambientes. El ego quiere más y más; quiere de todo: dinero, posesiones, éxito, la media naranja, etc. Pero la espiritualidad supone la trascendencia y la superación del ego, del yo, que es el que exige más y más cosas. Con esto no estoy hablando de renunciar a las cosas buenas de la vida ni a los placeres. Al contrario, yo también tengo mi buen punto hedonista, y disfruto de todo cuanto me ofrece la vida. Pero, recurriendo una vez más a nuestra propia tradición, busquemos primero lo que nos lleve más allá del ego, y el resto se nos dará por añadidura.

-Esta situación al borde del abismo me recuerda un poco a los últimos años de ciertas comunidades nativas americanas. ¡Cuánto aprenderíamos si retomáramos su filosofía de vida! ¡Y cuánto hubiéramos ganado si no les hubiésemos avasallado!
-Con la destrucción de estas culturas de la naturaleza perdimos un grandísimo tesoro. Es cierto. Pero podemos recuperar mucho simplemente estando más en contacto con el mundo natural. El libro mudo sigue estando ahí, al menos de momento, y en él podemos “leer” toda la sabiduría que contiene.

-Gerónimo, en sus memorias, cuenta que “si un apache dejaba que sus mayores sufriesen por falta de alimento o abrigo, si desatendía o abusaba de los enfermos, era expulsado de la tribu” (era la pena máxima, ya que ellos no aceptaron la privación de libertad)
-Efectivamente, los nativos americanos nunca “inventaron” nada parecido a una cárcel. No les hizo falta. Fueron capaces de desarrollar una espiritualidad natural, una espiritualidad de la Madre Tierra, femenina, y encontraron fórmulas muy diferentes para resolver los problemas que nosotros hemos estado resolviendo desde enfoques masculinos, como la fuerza o la violencia, la imposición en lugar de la concienciación y la educación, la ley impuesta por la fuerza, en lugar del castigo menor del aislamiento, algo que los actuales psicólogos conductistas saben que funciona muchísimo mejor que los castigos físicos o coercitivos.

-Y que cada vez que alguien de la tribu enfermaba, ocho personas de la comunidad se entregaban en cuerpo y alma a su curación: cuatro preparando hierbas medicinales y los otros cuatro, rezando por su recuperación… ¡Ocho!
-Y con eso transmitían la importancia del grupo, de la comunidad, de la tribu, en lugar de incidir, como nosotros ahora, en la ley inexorable del individualismo. Incluso los Derechos Humanos, tan necesarios y valiosos actualmente, no dejan de ser un producto del individualismo. ¿Cuándo se escribirá la Declaración de las Responsabilidades y los Deberes Humanos, los deberes y responsabilidades con nuestros semejantes, con el planeta y la vida?

-Por cierto, gracias por tu estudio sobre el Jefe Seattle…
-Bueno, creí que había que contar la historia verdadera del discurso de Seattle, entre otras cosas para que los negacionistas del desastre ecológico no lo tomaran como arma arrojadiza contra el movimiento ecologista. Había que contar la verdad y, luego, hacer ver que de todas formas tenía tanta fuerza o más que con nuestra anterior percepción del famoso discurso.

-No vamos a desvelar tu investigación para el libro Señor Presidente, soy el Jefe Seattle, donde se habla de una supuesta carta que aún hoy es reivindicada por miles de personas, pero lo importante es eso, que su mensaje sigue vivo, ¿te parece?
-Sigue vivo, indudablemente, y más vivo aún si lo vemos como lo que es: un mensaje del inconsciente colectivo de la humanidad para que enderecemos el rumbo.

-Yo personalmente, es raro que pasen tres o cuatro meses sin leer la carta o la versión sonora que existe. ¡Es emocionantísima! ¡Debería formar parte de los planes de estudio!
-¡Habría tantas cosas que cambiar en los planes de estudio! Nuestra actual visión mecanicista del universo y de la realidad nos lleva a pensar que lo más importante que se le puede enseñar a un niño es aquello que le permita interactuar con la realidad material de la mejor manera posible. Y, sin embargo, no se les enseña a manejar sus emociones, que luego les van a llevar locos a lo largo de su vida; ni se les enseña a relacionarse con su propio interior, cuando uno tiene que vivir consigo mismo sin posibilidad de escape. ¡Hay tantas cosas que serían más importantes que la estructura de una oración en lengua o saber hacer derivadas, cosas que nunca más vas a utilizar en tu vida!

-El amor por el medio ambiente hace personas más sosegadas, incluso más realistas. Somos lo que somos y venimos de donde venimos. ¿Por qué empeñarnos en ir a contracorriente?
-Porque nos han enseñado que, para sobrevivir, tenemos que controlar y dominar todo a nuestro alrededor. Y si no lo hacemos nos da un ataque de pánico. Por eso insisto en la Vía del Guerrero como camino de formación de seres humanos, la vía del coraje, de la superación del miedo, que te permite dejarte llevar por la corriente de la Vida cuando sabes que la Vida no es tu enemiga, sino tu amiga.

-Por cierto, ¿qué tal está Marta?
-Marta está muy bien. Tan hermosa y tan sabia como una diosa. Realmente, es mi diosa, mi “Azahara”. Supongo que Jung habría dicho que es una materialización de mi anima.

-Mi trato con ella fue fugaz. Sin embargo, vaya foco de paz y felicidad. ¡Lo suyo sí que es radiactividad!
-No sé si radiactividad o magnetismo, pues muchas veces me cuesta dejar de mirarla… ¡de “mirármela”! Marta es el fundamento de mi vida, entre otras cosas porque ella es la materialización, la proyección, la expresión en este mundo tangible y visible de lo más hermoso que hay en mí: el Amor.

-Grian. Seguiría conversando toda la noche. Pero imagino que necesitas respirar. Muchas gracias, de corazón, y suerte.
-Gracias a ti, Manu. Gracias por tu interés en mis ideas y mis palabras.

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Antonio Ramos Espejo. PERIODISMO, TIERRA Y ESPERANZA

Publicado el 12 febrero 2010 por manuguerrero

Aquella estampa -Antonio Ramos recibiendo de Manuel Chaves la Medalla de Andalucía- ponía punto y final a una época. A una época marcada por un estilo de hacer periodismo, más sencillo, natural y humano. Un periodismo dominado por la libreta y la plumilla, sí, casi como ahora, pero con el rasgo definitorio de querer cambiar el mundo. Y no sólo de contarlo o venderlo.
 
Y es que los premios vienen a significar eso. Son una forma de reconocer el trabajo de alguien (en su caso, merecidísimo), pero también de darlo por acabado. Antonio, lo sabemos todos, sigue trabajando (a gran ritmo, además) porque es incapaz de parar pero su impronta, su época dorada, su gran fogonazo quedó atrás, justo en el momento en que esta comunidad, Andalucía, caminaba hacia su entera mutación. De tierra en barbecho a laboratorio de vanguardia.
 
En esas estamos. Andalucía ya no es lo que era (afortunadamente) pero el periodismo tampoco (por desgracia). Se ha diluido el escaso espíritu transgresor que quedaba y los periódicos, las radios y los informativos de televisión ya no tienen rostro humano, sino oficial. Por eso el mismo Antonio pide “reconquistar el corazón de las redacciones, recuperarlo y quitárselo a los empresarios”, porque sólo así este oficio será “digno y creíble”, que es lo que la democracia necesita para ser llamada así.
 
Lo dice con su mejor voluntad y con el permiso de la experiencia. A lo largo de su vida, este señor generoso y bonachón ha ejercido de redactor, corresponsal, director (de periódicos, de documentales de televisión…), escritor, profesor y enciclopedista (Enciclopedia General de Andalucía), pero Antonio Ramos Espejo sigue siendo lo que siempre ha sido: reportero. El gran reportero andaluz de los últimos 40 años. El que ha contado, de piel a piel, lo que ha vivido el pueblo de Andalucía (sobre todo ese que sufre siempre los caprichos de la Historia, la injusticia y el poder.)
 
Los medios de comunicación de hoy no guardan sitio para reporteros como él. Porque sus destrezas, su temperamento, su actitud humana y humanista, no casan bien con los yuppies y sus aprendidas técnicas de mercadeo. El cambio de época y tendencia es evidente, pero no inevitable. Por fortuna ahí queda su magisterio, latente en varias generaciones de jóvenes periodistas: “Recuperad el orgullo de ser los primeros en el eslabón de la Historia y rescatad de su actual secuestro el corazón de la Redacción”.
 
-Buenas tardes, Antonio. Me gusta que quien pase por aquí se sienta a gusto. Pídeme un trago, una música de fondo… Lo que prefieras.
-Un gin-tonic, por ejemplo, con una rodaja de limón, que después me pueda comer. Pero, quedaría mejor con una pequeña dosis de Leonard Cohen, “Pequeño Wals Vienés” por ejemplo.
 
-He oído muchas veces que Antonio Ramos, el reportero, suele compartir pan y vino con la gente, con las personas que luego protagonizan sus reportajes. ¿Eso es una forma de hablar, una metáfora, o realmente forma parte de tu manera de trabajar?
-Bueno, eso depende de las circunstancias. Hay veces que esa iniciativa parte de la generosidad u hospitalidad del entrevistado. Por ejemplo, Caballero Bonald te invita a una copita de manzanilla en su casa de Sanlúcar; Isabel García Lorca y Laura de los Ríos calman la sed de los caminantes en la Huerta de San Vicente con una limonada con yerbabuena (realmente se la pusieron a Alberti y a los que lo acompañábamos…) Los descendientes de Almutamid en su modesta casa de Agmat te ofrecen un cuscús con té verde; los padres de las niñas que se casaron con el Lute y el Toto por el ritual gitano en un olivar de los Monte de Granada me ofrecieron aquella noche, cuando había vuelto una de las niñas, vino con torreznos que tenían en una sartén. Y entonces el reportero, aunque no tenga ganas, acepta para darles confianza y abrirles el corazón (hoy día el reportero tendría que abrir la billetera.) Y otras veces es el reportero el que invita como aquel día que reunió a mi tío Adolfo, secuestrado por el maquis, a mi padre y a uno de sus secuestradores de la partida de Roberto (aquel jefe maquis que de ser un héroe pasó a ser un villano cuando delató al final de la historia a sus últimos compañeros por los montes de Frigiliana, en Málaga…) Y en fin es que has tocado un tema muy interesante, que sería, ahora que me lo has planteado, para dedicar un librito sobre las artes de los reporteros, o de este reportero, para conseguir sus objetivos, lícitos, eso sí.
 

-A los periodistas de mi generación puede parecernos impensable esa estrategia. Siempre hay un jefe o coordinador que te llama repetidamente para preguntarte cuánto te queda. ¿Tanto ha cambiado el periodismo en los últimos años?
-El jefe con sus urgencias siempre ha existido. Creo que, en este sentido, se mantienen esas prisas, quizás ahora más porque los cierres en los periódicos, sobre todo si no tienen rotativa propia, están más ajustados. Siempre ha habido un dicho a esas horas de la noche: “venga que vamos a perder los correos”. Y eso no se puede consentir porque perder el correo es perder las ventas. Y también porque toda la cadena de redacción, como es lógico, recae sobre el redactor, que se lo hace todo. Antes la cadena era más amplia: teletipistas, linotipistas, correctores… Y sobre todo redactores veteranos que ayudaban a salir del aprieto. Y lo que es peor: que hay menos redactores y los que logran sobrevivir están sobrecargados de trabajo. Han cambiado las estrategias. Ahora hay informaciones que compiten o están por encima de las más auténticas o más interesantes y vitales para los lectores, que aquellas otras que se imponen en lugar de preferencia y extensión: son las que conllevan intereses políticos o financieros; aquellas que surgen de las redes o del tráfico de informes y demás “documentos”, soplos o cualquier otro procedimiento, que tienen envenados los periódicos y por lo tanto a buena parte de los lectores… Aquí muchas veces hay quienes compran los periódicos, y no digamos la radio que no cuesta un duro, y ahora también las tertulias televisivas, porque necesitan estar cabreados contra alguien. Y es una pena que se pierda el tiempo de un periodista, su ética y su pundonor en escribir para mantener tenso el ánimo de un cierto tipo de lectores que suelen ser, en cada caso, los más afines a la línea editorial del medio.

-¿El teléfono móvil llegó también con sus contraprestaciones para el periodismo?
-El móvil es un gran invento para el periodismo. Antes, cuando había una noticia muy importante, o la daba de inmediato la radio o incluso se adelantaban las agencias con un flash de urgencia y lo advertía con una pitada que sonaba en los teletipos como si de pronto sonara la campana de una iglesia advirtiendo de un incendio. Ahora el móvil tiene esa primacía. El problema es cuando se quieren hacer todas las informaciones a golpe de móvil o de internet, fomentando un periodismo de mesa, pasivo, alejado de la realidad de la calle, sin rostro humano.

-Los que ahora hacemos periodismo usamos, además, internet, gps, ordenadores portátiles y muchas veces hasta jefes de prensa. ¿Todo esto nos ayuda a comprender al ser humano y todo lo que le ocurre o es, por el contrario, un arma de doble filo?
-Los avances tecnológicos han sido siempre fundamentales para la comunicación. Tanto para el medio de comunicación como para los redactores, o para un simple ciudadano que tiene la oportunidad de comunicar un suceso o formular críticas y sugerencias. Todo depende del uso que se haga; y de la libertad que sientas cuando los manejas. Porque también uno se puede convertir en un esclavo de las tecnologías y perder más tiempo en tus horas de trabajo, dentro o fuera de casa, jugando a los marcianos, por ejemplo.

-¿Cómo era el periodismo, cómo se trabajaba, a grandes rasgos, cuando tú empezaste?
-Era un periodismo más artesanal y también más creativo. La televisión estaba aún por desarrollar, en la radio no había información, apenas la oficial; primaban los seriales, el fútbol, los toros y el folklore. En los periódicos –mi época es de los mediados de los 60 del siglo pasado en adelante- primaban los grandes reportajes, las crónicas del extranjero… A la más mínima me decanté por el reporterismo, más libre, sin encorsetar. También es verdad que era un periodismo en el que se mezclaban grandes firmas, grandes periodistas, ya veteranos, y los jóvenes valores, junto a profesionales que adolecían de formación académica, que cultivaban un periodismo más primario, que se aplicaba a los deportes, los sucesos y las informaciones rutinarias. Sin embargo, conozco casos de profesionales que, sin una adecuada formación, a base de tesón, intuición y aprendizaje en esa escuela de periodismo que da la calle y el medio, se hicieron excelentes reporteros o editores.

-¿Qué es lo que te atrajo de esta profesión?
-La aventura, la posibilidad de abrirte un camino… Lo mío no fue flechazo; fue como una oportunidad para desarrollar las inquietudes literarias y filosóficas (yo hice primero Filosofía), que tenían que salir por algún sitio.

-¿Entonces no hubo vocación?
-De entrada no, pero sí, casi de inmediato, vi una luz que te marca un camino y entonces es cuando piensas que ahí puede estar tu vida. Ten en cuenta que yo empecé casualmente. Mi paisano Andrés García Maldonado –hoy presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa de Andalucía- estaba ya en el Sol de España, un periódico que pertenecía al España de Tánger y que se instala en Marbella (porque no podía hacerlo en la capital, donde reinaba el diario Sur, del Movimiento). Por Andrés me entero (yo entonces estaba recién salido de la mili, y vivía en Málaga) que la empresa necesitaba un periodista o “algo parecido” para hacer una página diaria de Torremolinos. Me fui a Marbella y, sin más, Cándido Calvo, el director, me dijo que adelante: me vio como un chico con inquietudes. De esa manera, este cateto de Alhama, se vio a los cinco días haciendo una página diaria, que el director la llamó “…Y siempre Torremolinos”, que se publicaba en la contraportada. Tuve la suerte de encontrarme con un buen fotógrafo, Paco Bóveda, que me doblaba la edad. Y además Bóveda tenía dos hijos mellizos, con los que podía contar para salir, sobre todo de noche a buscarnos la vida. (Entonces asistimos, por ejemplo, a las inauguraciones del Pippers, Tífannis, tenía la oportunidad de esperar en el aeropuerto a artistas que iban camino de los westerm de Almería, como Brigitte Bardot, o actuar de extras en rodajes). Años más tarde me encontré que uno de mis reporteros mellizos, Paco, fue, creo, el primer alcalde socialista de Torremolinos.

-¿Y quién te marcaba en esa época?
-A mí me han marcado filósofos-periodistas como Albert Camus. Y cuando estaba más afianzado García Lorca, que me lleva a Gerald Brenan. Pero quienes me apoyan en mi hoja de rutas son fundamentalmente, como ya he dicho, Cándido Calvo y Melchor Saiz-Pardo, además de José Ángel Escurra y Víctor Márquez Reviriego. El primero como director y el segundo como redactor-jefe de la revista Triunfo. Esta revista me da un alcance nacional y la posibilidad de darle una dimensión nueva a mis reportajes.

Cándido Calvo fue el primero que vio en mí algo especial. Después de Sol salté a Roma, en 1970, donde iba a continuar mis estudios de filosofía y trataba además de hacer periodismo. Tuve la suerte, a través de Miguel Ángel Gozalo, subdirector del diario Madrid, al que conocí gracias a mi buen amigo y protector Chumy Chúmez, de entrar en contacto con la agencia EFE en Roma. Al frente de la delegación estaba el periodista granadino Melchor Saiz-Pardo. Y ahí empezó mi mejor estrella. Roma y aquel ambiente periodístico de libertad me cambiaron totalmente. Después, a Melchor lo nombraron director de Ideal. Yo me quedé un tiempo más en Roma ya como corresponsal del diario Ya, donde entro a través de Luis Blanco Vila que era su corresponsal en Roma. Un año más tarde me reclama Melchor y me convierte en reportero para toda la cadena Edica. Un lujo para aquellos tiempos.

-¿Provenías de una familia que hablara por entonces de política, de lo que pasaba en este país? Por ejemplo, ¿de qué se hablaba por las noches, antes de dormir? ¿Tu familia era una de las muchas silenciosas y silenciadas?
-Mi familia era tradicionalmente de derechas, sin estar adscrita al régimen ni recibir prebendas. En mi casa no se hablaba de política; y nunca nos inculcaron ideales del régimen. De hecho ninguno de mis hermanos estuvo en colegios del régimen, sino en colegio de pago en los que se cantaba más la Salve que el Cara al Sol. Por otra parte, sí se advertía un cierto miedo, sobre todo en mi madre, a que fuéramos captados por las organizaciones del régimen por miedo a significarse. Después, con el tiempo, cada uno optamos por posiciones progresistas.

-¿Eras un niño despierto?
-¡Y qué remedio! Avispado para los estudios… De lo contario te podías, como muchos de mis familiares y paisanos, enrolar en la carrera de hacer surcos con una yunta.

-¿Cuándo descubriste que la vida iba en serio?
-A los ocho años, cuando mis padres me dijeron que me tenía que ir al colegio, interno a los jesuitas de Málaga (San Estanislao de Koska, más conocido por el Palo, nombre de una importante barriada), donde hasta entonces habían estado mis dos hermanos mayores. Pero yo me iba solo… Absolutamente solo. Esa sí fue mi carrera iniciática hacia no sabía dónde. Solo ante un camino que imaginabas infinito.

-¿Y pasaron muchos capítulos de crueldad ante tus ojos de niño?
-De niño, los episodios violentos se retienen como tragedias que estarán siempre presentes. Recuerdo que de niños oímos un fuerte tropel en la calle. Era casi la hora de colegio. Un vecino había matado con la paleta del brasero a su mujer. Después él se quitó la vida pegándose un tiro, decían que con un rifle, cayendo al vacío del tajo del pueblo. Cuando estábamos en el portal, muertos de frío, oíamos comentar a la gente que junto al cadáver había un gato aullando. Como si fuera aquel el único familiar de la víctima. Por esas fechas me impactó aún más cuando la Guardia Civil mató a siete leñadores que hacían de enlaces con los hombres de la sierra (maquis) y los pasearon echados, como guarros después de una matanza, encima de sus propios burros. Aquella sí que fue terrible. Tres días después entró en mi casa a trabajar una mujer vestida de negro, totalmente enlutada. Se llamaba Presenta. Tenía tres hijos pequeños. Junto a ella pasé algunos años de mi vida. No se puede borrar de la mente de un niño el dolor de aquella mujer y el de sus tres hijos, que se criaron a la par que algunos de nosotros.

-También debió impresionarte, y que nadie piense que estoy frivolizando, la muerte de Claveles. ¿Es cierto que tuviste una cabra como nodriza?
-Yo tenía una cabra, que se llamaba Claveles, porque era el sexto de mi casa y ya no quedaba teta para mí. Como en otros muchos casos, se reservaba la leche de esa cabra-nodriza exclusivamente para el niño, en este caso para mí. La alimentaban con garbanzos para que diera la leche más azucarada. Y es curioso porque, desde entonces, yo nunca he tomado la leche con azúcar, ni siquiera con el café… Hace años leí que Carlos Castilla del Pino, en uno de los dos libros de memorias, contaba esto mismo. Él tuvo también su cabra nodriza y en una ocasión intercambiamos experiencias. Y el caso de Gerald Brenan fue aún más especial porque su nodriza fue una burra. Ya se sabe que la leche de burra da mucho juego. Siguiendo con mi cabra, Claveles tuvo un final fatal, como era el destino de las cabras ya viejas. Un año, cuando ya había cumplido con sus funciones de ama de leche, en mi casa se hizo una matanza sonada, como en una casa de campo en la que habría que preparar carnes, que se convertían en embutidos, tocinos para las ollas, para el personal de la casa y de fuera que trabajaba en el campo. Y mataron en el cortijo de Polilla, que así se llama esta casa de campo familiar, una vaquilla, trece cerdos y dos cabras, una de ellas mi Claveles. No hubo piedad. Con la carne de cabra se hacía un chorizo fino, que gustaba mucho. Lo que recuerdo de ese momento, aparte de la magnitud de la matanza, fue el dolor y el llanto que me produjo la muerte de Claveles. Nunca lo he olvidado.

-¿Eso era común en la época?
-Eso era común en las familias que tenían medios. Ten en cuenta que estamos en los años 43 y 44 de la posguerra, años de muchísima hambre. En ese sentido, como en otros muchos, fui un privilegiado. Podía beber buena leche de cabra.

-Tu familia…
-Una familia normal de clase media de agricultores. Una gran familia, por su categoría humana y por la magnitud: doce hermanos, de los que dos murieron muy pequeños…

-¿En tu casa había más animales que libros o al revés?
-Animales tenía que haber muchísimos para dar de comer a la familia y agregados. Había cerdos, cabras, gallinas, palomas… además de los más domésticos: mulos para la labranza, gatos y buenos perros. Libros había los justos.

 

-¿Y cuándo te llegó la vena lectora?
-Supongo que en el colegio, por obligación, a partir de los ocho años. Había lecturas recomendadas, libros de ejercicios espirituales, muchos tebeos, y mucho Robinson Crusoe, novelas ejemplares… De joven, a los 16-17 años, cuando estaba en el colegio con los dominicos, un compañero mayor me regaló un libro de viejo: La señora Dalloway, de Virginia Woolf. Desde entonces descubrí autores nuevos, había leído a los existencialistas (Kierkegaard, sobre todo) por la vena filosófica, García Lorca, cuyas primeras Obras Completas, autorizadas, me regaló mi hermana Amparo, hoy religiosa dominica en Cuba, donde se ve obligada a cambiar los puros que le dan por la cuota de racionamiento por huevos de codorniz. Y muchos libros de teatro. En realidad, quise ser poeta y dramaturgo. La lectura del teatro me ha servido mucho para las entrevistas periodísticas. De hecho, llegué a escribir algunas obras (inéditas) y experimentaba mucho con los diálogos. Esa forma de construir los diálogos, que tengan sus cadencias, sus entradas y salidas, su buen armazón como una escalera, me ha entusiasmado, sobre todo con personajes populares.

-¿Ser interno en un colegio marcó tu personalidad?
-Indudablemente. Yo me vi de pronto, de una casa de familia numerosa, en cierto modo bastante mimado, solo ante el mundo. Aunque hay que pensar, y éramos conscientes los compañeros que éramos de la misma edad, que en cierto modo, era un privilegio para aquellos padres que podían pagarlo. He recordado en alguna ocasión más o menos formal que esa soledad te marca, te hace más fuerte y más independiente. Por las noches, si sientes frío y te destapas, ¿quién te arropa? Aunque nosotros teníamos un sereno que cuando veía alguno destapado lo arropaba. Pero no es lo mismo… ¿Quién te da un beso? Después, como ese colegio era muy caro y llegó a mi pueblo un padre dominico reclutando niños para el colegio de Almagro (Ciudad Real) me fichó a mí y a mi padre no le pareció mal. A los diez años estaba en un cambio de destino. Y en este colegio, a veces, con el frío de la Mancha, reventaban las tuberías del agua, y teníamos que bajar, a las siete de la mañana, a lavarnos en un depósito helado. Pero ya venía fuerte como para sortear esas circunstancias climatológicas. A lo que no me adapté, hasta dos años después, fue al desayuno con leche de vaca. Criado con la leche de mi Claveles, me costó aceptar ese sabor nuevo. Y todavía me sigue gustando más la leche de cabra, siempre sin azúcar, y mejor natural que caliente.

-¿Salir de Alhama era una huida?
-En términos positivos, sí, de alguna manera. Te vas con la mentalidad del emigrante. Sólo que el colegial interno acaba regresando. El caso del emigrante es, de entrada, dramático porque se ve obligado a salir, es como si fueras expulsado. Después, según la suerte, volverá a comprar una casa, tierras, pondrá un bar; o se quedará en ese destino que le dio la nueva vida y se alegrará de haber tomado aquella decisión tan amarga en su momento.

-¿Y el periodismo te dio calor, con el paso de los años?
-Pues, sí. Me dio refugio, me acogió, aunque yo me busqué esa casa de acogida. Lo que fue una circunstancia, una aventura, sigue siendo una pasión y un compromiso. Creo que sin esos dos ingredientes, más el de la intuición para saber orientarte en cada momento, no podría haber aguantado de la forma que yo he ido sorteando por los vericuetos de esta profesión.

-¿Tienes ahora la sensación de haber empezado en un periodo fascinante para esta profesión?
-Nada es fascinante si tú no lo conviertes en fascinante. Creo que cada etapa, si te vas preparando, tiene que ser diferente. Me he dado cuenta varias veces que no puedes decir, salvo que sea preciso, que yo fui director, el periodista que hizo tal cosa… Uno es el que es en su conjunto, predispuesto siempre a afrontar un destino nuevo. Esta profesión es para vivir en activo de principio a fin. Para un reportero –y ahora estoy distinguiendo entre el periodista a secas o con otros apellidos- y esta otra singularidad, por llamarle de alguna manera, que es la de ser y sentirse reportero. Un reportero no claudica. Siempre está alerta. Porque siempre, a la edad que tengas, tendrás algo que contar.

 

-Trabajaste con dictadura, Transición y democracia. ¿Cuándo viviste una experiencia más apasionante? ¿Cuándo había más por descubrir, por contar?
-Las cosas se cuentan con más interés, emoción y riesgo cuando hay fronteras que impiden comunicar lo prohibido, lo vedado. La libertad democrática es un sueño hasta que se conquista en las urnas. Los sueños son buenos o pasables si duran poco, pero si todas las noches o los días sueñas en la libertad y ésta no llega, se convierte en una pesadilla. Aunque para muchos que la habían soñado ya fue demasiado tarde; pero, afortunadamente se rompió esa barrera. Sin embargo, siguieron otras que hubo que ir derribando. La libertad, de todas formas y en menos en periodismo, nunca se manifiesta en su plenitud. Por eso los periodistas seguimos soñando, aunque sin los sobresaltos de la dictadura. (Aunque a veces, perdón por el inciso sobre algo que necesito decir, uno piensa si no estamos al borde de una pre-dictadura cuando hay jueces que se disponen a llevar a la cárcel si fuera preciso al juez Garzón; y aún peor cuando ves que hay políticos, tan amigos de los jueces, que éstos haga lo que haga Camps, el presidente valenciano, y su amigo “El Bigotes”, hagan lo que hagan, con datos clamorosos sobre presuntos delitos, miran para otro lado. Sencillamente como en una dictadura). Seguimos. Y hay, además, otros pueblos que no han alcanzado esa democracia y eso debe producir en las gentes que vivimos en regímenes democráticos sentimientos y gestos de solidaridad, sobre todo hacia aquellos ciudadanos que se juegan la vida para conseguirla, entre ellos muchos periodistas.

-Qué razón tienes. ¿Y la Transición te cogió en Andalucía? ¿Cómo la viviste?
-Yo la viví desde dos frentes: como ciudadano y como periodista. Y creo que logré unir dos frentes en uno. Mi compromiso con Andalucía coincidía con mi compromiso profesional de reportero o cronista. Es decir, que a grandes rasgos, y salvo situaciones delicadas, tuve la suerte de que me dejaran hacer, con mis dosis de rebeldía, mi inclinación por los temas humanos, contra los casos de represión… Y de ahí salen mis libros: desde el primero “Andalucía: Campo de Trabajo y Represión”, “Pasaporte Andaluz”, “El Caso Almería”, “Después de Casas Viejas”, hasta los que giran en torno a Gerald Brenan o García Lorca.

-¿De dónde provenía tu compromiso por esta comunidad autónoma?
-Como periodista tuve siempre claro un cierto compromiso por mi parcela de patria, que es mi pueblo, mi provincia, Andalucía… En mis primeros pasos en Sol de España, hice un serial largo: “Andalucía paso a paso. Pueblo a pueblo”, que me sugirió mi director Cándido Calvo. Digamos que esa fue mi primera piedra formal en mi carrera hacia un compromiso total por Andalucía. Ese compromiso se hizo más efectivo durante mi estancia en Roma. Cuando estaba, no ya en EFE, sino como corresponsal de YA, trabajaba en la Stampa Estera, donde estábamos ubicados los corresponsales sin delegación propia. En una de aquellas salas coincidí, entre otros, con dos corresponsales: una chilena y un croata. De ellos aprendí a sensibilizarme no ya solo con la apuesta por la democracia y el fin de la dictadura, que en eso ya estaba, sino con los pueblos que luchan por su autonomía. Se me despertó la conciencia de ser del Sur, como a algunos amigos, compañeros de estudios, de Reggio Calabria o de Sicilia. Cuando volví a España, todavía quedaban años para el final de la dictadura, y con el apoyo de mi director, Melchor Saiz-Pardo, mis trabajos, mis reportajes, tenían un marcado fondo de conciencia de pueblo: lo mismo se hablaba del paro, de la emigración, del subdesarrollo en general, que de poetas, cantautores, escritores. La serie “Andalucía: diálogos de urgencia”, con Julián Marías, Alfonso Carlos Comín, Antonio María Calero Amor, José María Pemán, José Cazorla, Manuel Barrios, Gerald Brenan, Bosque Maurell, Murillo Ferrol, Jesé Menese, Alfonso Grosso… contribuyó a fortalecerme en esa línea. En ese camino, me encuentro con Blas Infante, García Lorca, que son dos de mis personajes más investigados durante esa época, que coincide con la cancha que me ofrece la revista Triunfo, donde todos esos temas míos tenían cabida. Entonces me encuentro con compañeros y amigos con los que comparto ese mismo sentimiento, como Antonio Checa, José Aumente, Paco Casero, Diamantino García, o Carlos Cano, con el que recorrí muchos caminos, cuando él cantaba la verdiblanca y a la gente le entraban escalofríos. Bueno, y mucha gente, tanta gente… Ahora mismo me acabo de enterar –y estoy lejos de Sevilla- que ha muerto Luisa Infante, la hija mayor del Padre de la Patria Andaluza. Una gran mujer, como sus hermanas María de los Ángeles y Alegría; como su hijo Luis Blas, con el que pasé casi dos semanas en Ámsterdam, donde trabajaba de camarero y yo estaba allí haciendo reportajes sobre la emigración. 

-¿Cómo crees que trataron a Andalucía las autoridades nacionales durante ese periodo decisivo:1973-1983?
-Ésa es una fecha de referencia, que nosotros utilizamos en la serie de libros “Crónica de un sueño” para marcar la transición, con parte de la dictadura, y los primeros años de la democracia y la autonomía. Por lo tanto, el maltrato a Andalucía es secular, se incrementa con la España de Franco, que aleja a Andalucía de los planes de desarrollo, destinándola a reserva de mano de obra para la emigración y como reserva turística. Luego, con la democracia, a Andalucía se la quiere relegar a una autonomía de segunda división, al margen de las comunidades llamadas históricas: Galicia, Cataluña y Euskadi. Aquí hay que decir que fueron los partidos autonomistas los que tuvieron esa visión de protestar contra la sinrazón, a la que se unirían pronto los llamados partidos centralistas, como PSOE y PCE. ¿Por qué Andalucía tenía que ser de segunda división? Si es por Historia es la más vieja, la más importante desde Tartessos, la Bética, Al-Ándalus… Si es por la II República, el Estatuto de Andalucía se quedó en puertas por la Guerra Civil. Ésta es una larga historia que afortunadamente se rompe porque el pueblo andaluz así lo quiso y lo impuso. El pueblo provocó el despertar de sindicalistas, políticos, intelectuales… Si tenemos que simbolizar en un solo nombre al pueblo ese es José Manuel García Caparrrós, que murió (asesinado) en Málaga el 4 de diciembre de 1977, en la manifestación del Día de Andalucía, presidida por los parlamentarios andaluces (diputados y senadores). Si lo simbolizamos en un político ahí está Rafael Escuredo que se echó al “monte” con el respaldo de los andaluces para que Andalucía se convirtiera en autonomía histórica frente a los propios andaluces de la UCD que prefirieron ser sumisos a las consignas de Adolfo Suárez. Con la excepción tan honrosa del ministro Manuel Clavero Arévalo, que prefirió estar con el pueblo antes de ser uno de sus traidores. Si tenemos que simbolizarlo en sindicalistas: ahí están los dirigentes de CCOO condenados en el Proceso 1.001 (Saborido, Soto y Acosta), además de los fundadores del Sindicato de Obreros del Campo: Diamantino García, Paco Casero y J.M. Sánchez Gordillo. Y si tenemos que simbolizarlo en nombres de la cultura: Rafael Alberti, Carlos Cano, Antonio Gala…

-¿Y qué enemigos había en casa?
-Andalucía, hasta donde nos alcanza la vista en este momento, de los siglos XIX y XX, sus enemigos los ha tenido dentro. Los latifundistas y caciques, aunque consiguieran poder en Madrid, no levantaban un dedo por su tierra. Por lo tanto, hagamos un examen de conciencia antes de culpar del subdesarrollo a los gobiernos de Madrid, que también. Porque, sin ir más lejos, en la dictadura hubo ministros tan señalados como José Solís Ruiz, que colocó, eso sí, como Natalio Rivas décadas antes, a muchos paisanos suyos en Madrid, o sólo pedía para su pueblo, donde reinaba como cacique político. Durante la Transición, los gobiernos de la UCD contaron con andaluces que, salvo el caso de Clavero, no jugaron precisamente para defender los derechos de Andalucía. Y en los gobiernos de Aznar ha habido algún que otro ministro que ha seguido tratando a los andaluces de vagos. Y no hablemos ahora, con una prensa en poder de editores al margen de Andalucía, a la que le interesa sobre todo el valor de lo local, por la publicidad, y el valor nacional por sus propios intereses político-editoriales. Andalucía, en ese sentido, está hoy más desvertebrada que en la Transición.

-¿A tu juicio fue justo y apropiado el proceso de autonomía y su resultado?
-Siempre hay fallos, interpretaciones más o menos interesadas o acaparadoras de la realidad, pero teniendo en cuenta que veníamos de donde veníamos: la oscuridad, el subdesarrollo, el caciquismo, los furgones de cola, el desprecio al pueblo andaluz, hay que reconocer que se ha hecho mucho y que falta mucho camino por recorrer. El progreso no es un fenómeno estático, llega y se para. Y Andalucía no tiene tiempo para mirarse, todavía, el ombligo. Hay que ir más lejos, sabiendo de donde venimos y de donde nos han venido los males.
 
-Por tu larga trayectoria periodística, en la que has desarrollado una importante labor de búsqueda en nuestra Historia reciente (muchas veces oculta) y te has acercado, además, a la gente de la calle con especial interés y dedicación. ¿Qué crees que necesita Andalucía en este justo momento histórico? ¿Qué falta para estar a la altura de otras comunidades españolas o incluso europeas?
-Que nos lo sigamos creyendo. No caer en la desidia, en la rutina, en la desilusión de unos y en los cantos de sirena de otros. Somos un pueblo. Cuando nos lo creamos de verdad, cambiará el rumbo de Andalucía.
 
-En Andalucía hay en torno a un millón de parados, es decir, más del 25% de la población activa. ¿Eso no es insostenible?
-Eso es una barbaridad. Es una injusticia. Parecía que estábamos saliendo del agujero negro del pasado, levantando cabeza, cuando de pronto llega la burbuja del desastre económico y nos aplasta. Y otra vez a empezar, como muchas familias tienen que volver a recuperar un trabajo, una casa… el derecho a vivir dignamente.
 
-¿No veremos pronto otra oleada de andaluces emigrantes?
-Nunca se sabe; pero, será difícil en nuestro tiempo. Pensar en los que llegan, en el abismo que existe. Ojalá que no lleguemos de nuevo a esa situación. Aunque ahora hay más andaluces que se van a la vendimia francesa o que vuelven a ser jornaleros cuando ya parecía que ese era un oficio extinguido para los andaluces.
 
-Además del elevado índice de paro, por aquí acechan otros males como la precariedad (contratos temporales por doquier), la explotación (trabajadores a tiempo parcial con jornadas de diez horas y ganando 600 euros) y la picaresca (pequeñas empresas que despiden a su empleados para que los mantenga el Estado pero a los que, sin embargo, mantienen trabajando en horas de mayor demanda, a cambio de una pequeña cantidad monetaria que complemente la prestación por desempleo). ¿Dónde está el periodismo en esas situaciones?
-La picaresca se agudiza en los tiempos de crisis… Más bien deberíamos decir, ¿dónde está Hacienda? El periodismo debe ir por delante, denunciando situaciones, descubriendo trampas… Pero, ¿nos dedicamos a las pequeñas empresas? Antes habría que perseguir de forma implacable a las grandes empresas, de todo tipo, porque esa es la raíz del mal. Pero las grandes empresas están protegidas, acorarazadas. Y esa picaresca que utilizan las pequeñas empresas existe a mayor escala en las grandes. Eso no quiere decir que no se investigue; pero a todos. No sea que nos fijemos solo en estas cosas pequeñas y en la picaresca de las familias que obtienen pequeños sobresueldos para sobrevivir, mientras salen miles de millones de las arcas del Estado para apoyar a los bancos y grandes empresas, que, como se ha demostrado, utilizan parte de ese dinero para pagar sueldos millonarios a ejecutivos en tiempos de crisis.
 
“Es una pena que se pierda el tiempo de un periodista,
su ética y su pundonor en escribir para mantener tenso
el ánimo de un cierto tipo de lectores”
 
-¿El periodismo no tiene el deber de denunciar aquello que sea incorrecto, impropio o, sencillamente, delictivo?
-Claro que lo tiene…. Pero no somos pirómanos. El fuego también quema. Y a veces se pierde la perspectiva ética cuando el periodista se suma al juego sucio de unos políticos contra otros, de unas empresas periodísticas contra otras, y se ponen a investigar sólo aquello que afecta a los intereses de quienes les pagan. De manera que, hagamos periodismo de investigación, de denuncia, pero sepamos para qué y a beneficio de quién lo hacemos.
 
-¿Crees que éste es el motivo por el cual el oficio ha perdido tanta credibilidad?
-Ha perdido porque las empresas van exigiendo, van reduciendo el margen de libertad de los periodistas. Y resumo: el periodismo está amenazado porque la agenda de los periodistas se hace más pensando en los gerentes y ejecutivos que en la Redacción o en los intereses del público al que sirven. Ahí los periodistas hemos perdido el pulso y estamos obligados a recuperarlo. En el pecado llevamos la penitencia.
 
-¿Confías en que el periodismo recupere esas funciones? ¿Volveremos a ver pronto un periodismo valiente y transgresor?
-La red, internet, traspasará las fronteras, ya lo está haciendo. Y ya no será tan fácil mentir con descaro, ocultar información, porque Internet, cualquier ciudadano desde su casa, nos pondrá colorados. Por lo tanto, será el poder de los usuarios, de los ciudadanos en general, el que rescate a los periodistas de la cárcel en la que andan metidos y no siempre por voluntad propia.
 
-¿Quiénes están decidiendo, a día de hoy y en nuestro país, qué periodismo se hace y qué periodismo no se hace?
-Las empresas, los poderes fácticos, las alianzas mafiosas que reparten dinero negro a espuertas…
 
-Qué periodismo se hace y quién lo hace. Es desolador entrar a cualquier redacción y no ver a ningún redactor mayor de 40 años. ¿Esto por qué es así?
-Por un error financiero. También hay una parte de responsabilidad en los profesionales, que se descuidan, bajan la guardia, no están alerta, cuando quieren acordar los devora el zarpazo de los ejecutivos, esos seres sin alma que diseñan planos en los que deciden quiénes están dentro de ese marco y quiénes se van a la calle con una patada en el culo y si te vi no me acuerdo.
 
-¿Adónde van los periodistas de larga trayectoria? ¿Cómo se ganan la vida?
-Cada profesional es una historia, convergente en muchos casos… Tratar esto produce rabia; sobre todo, porque ya no hablamos de periodistas de gran recorrido, sino de profesionales que a los cuarenta años, a los cincuenta años, los convierten en “viejos” para el sistema. ¿Y qué hacen? Me produce escalofríos pensar en compañeros que se desesperan buscando un trabajo que se les niega. Tal vez sea esta una de las pocas profesiones, por no decir la última, en la que se está despreciando la maestría profesional, las madres del conocimiento… Todo eso va en detrimento de la calidad del periodismo. Las redacciones se quedan sin referentes y eso lo notan también los jóvenes valores que acuden a los medios de comunicación a que los enseñen; y en lugar de ponerles un maestro, un profesional experimentado, les exigen que hagan de profesionales como si ya llevaran cinco años de experiencia.
 
-Antonio, has sido redactor, reportero y director de distintas publicaciones periódicas. ¿Con qué nivel de libertad podrías decir hoy que has desempeñado tu trabajo?
-Quiero recordar… He tenido una suerte relativa, logré escribir entre líneas, y a veces con un estilo muy directo que no hacía gracia a los controladores de turno. Todos hemos sido víctimas de la censura, de la autocensura, y víctimas de nuestros propios y legítimos miedos. Siempre hemos tenido que trabajar con miedo; miedo en la dictadura y miedo en la democracia. Porque si unos te podían llevar a la cárcel, los de ahora te echan al corralillo de los parados.
 

-¿Cuándo sufriste más presiones?
-En Córdoba, en la etapa de director con Cajasur en el Consejo de Administración. Sólo a mí, hoy en democracia, me tocó soportar un consejero delegado que era policía. Y así salieron las cosas; por peteneras… Y ya he dicho bastante y por primera vez por escrito. Porque me lo tenía reservado para ampliar cuando lo crea oportuno y denunciar estas hipocresías de determinadas empresas periodísticas en democracia.

-De acuerdo. Pero sigamos con las presiones. Ahora es muy fácil publicar un reportaje, por ejemplo, sobre la crisis inmobiliaria. ¿Pero no era fácil publicarlo hace unos años sobre los abusos de las inmobiliarias y las concejalías de Urbanismo?
-Ésa es la clave. Que el terreno sobre el que pisa el periodista es movedizo… Las empresas periodísticas temen, como a una vara verde, las constructoras, a las grandes empresas… La publicidad manda. Ahora más que nunca.

-Por cierto, ¿qué es para ti el periodismo cívico?
-Me apasiona el periodismo local en todas sus dimensiones… Lo practicamos en Córdoba hasta el punto que conseguimos hacer un periodismo de convivencia, en defensa siempre de los intereses ciudadanos.

-¿Es más fácil hacer este tipo de periodismo en prensa, televisión, radio o internet?
-En cada uno es necesario… Internet está en la vanguardia, avisando de cómo deben hacerse las cosas y cómo atender a los públicos. Los lectores, cada vez son más locales y, por otra parte, más universales… De Internet van a depender todos medios.

-Por cierto, Antonio, ¿qué tal tu experiencia en televisión?
-Una sorpresa… Y como hablaba antes, un reto que estimula esas tres patas de la intuición, la pasión y el compromiso… Todo lo demás obedece a golpes de suerte, o de fracasos.

-El género documental, generalmente, goza de prestigio pero no de popularidad. ¿Qué posibilidades ves de conectar con la gente a través de él?
-Hay muchas posibilidades, según los enfoques… Si son temas con interés, garra, presentación, sin caer en el amarillimos; con temas humanos, directos, historias sacadas de la vida misma, pueden llegar a tener más éxito que los programas basura. Nadie quiere comer mierda, salvo que te obliguen y te la restrieguen en la boca.

-¿Realmente un documental podría tener la misma repercusión que un reality-show?
-Podría si la realidad que se presenta es de interés. De todas formas hay que hacer camino, o el camino que se había andado se ha ido destrozando, y hay que abonar de nuevo esos campos.

-En tu caso, has dirigido documentales tan interesantes como Andalucía es su nombre, Andaluzas, que además han tenido bastante éxito. ¿Esperabas esa aceptación?
-No… Pero… A la gente le gusta que se le hable del pasado, de su gente, de sus problemas, de los que han construido nuestras bases de convivencia, en todos los órdenes de la vida social, cultural, política…

-¿Qué te llevó a la televisión?
-Como casi todo en mi vida profesional, la circunstancia. Yo no he rondado, ni llamado a despachos… Francisco Romacho, consejero delegado de Mediasur en Andalucía, propuso un programa en vísperas del Referéndum para el nuevo estatuto de Autonomía para contribuir, de alguna manera, a animar la participación electoral. Me propuso que presentara un proyecto de guión, que elaboré con Antonio Checa, Juan José Téllez, Miguel R. Aguilar Urbano y Enmanuel Camacho. Aquello fue una oportunidad para contar la historia de Andalucía de política, represión, cultura, folklore… todo lo que es Andalucía en pequeñas dosis, muy vivo, directo y creíble; con la suerte de contar con un joven realizador, Alejandro Moreu, que le dio un ritmo tan trepidante que cautivó a los espectadores. Esa era la fórmula para mantener la atención, no generar espacios forzados o vacíos. Y así nos entrenamos los más veteranos con los más jóvenes, reatroalimentándonos unos con otros.

-¿Llegaste con algún temor?
-Lógico. Es bueno tenerlo, ser cauto hasta que ya te enteras de cómo va este medio. Pronto tuvo muy buena audiencia, y nuestros esfuerzos fueron mayores. Al principio se pasa muy mal, hasta que tienes que comprender que todo aquello que quieres contar necesita imágenes. Esto es la tele, no un periódico.

-Con Andalucía es su nombre incluso has ganado otra vez el Premio Andalucía de Periodismo… ¿Qué tal sientan los premios después de tantos años de trabajo?
-Te reactivan o te reponen con más fuerza en la profesión. Y por supuesto te quitan el colesterol de la edad y los triglicéridos del puchero.

-¿El más importante para ti ha sido el de la Medalla de Andalucía?
-Bueno, eso es lo más importante que me ha ocurrido en mi vida. Es algo, interiormente, impresionante. ¿Y ahora qué? Pues a seguir en activo, y pensar que tu compromiso con Andalucía, con tu forma de interpretar el periodismo, es aún mayor; y te anima a seguir por ese camino hasta donde puedas llegar cargado de ilusiones. Me han llamado mucho la atención esos periodistas, por lo general americanos, que hemos visto en las películas, ya muy mayores, pero siempre con su bloc de notas al pie del cañón. Así me gustaría que me vieran.

-De alguna forma solemne había que distinguir, además, al director de la Enciclopedia General de Andalucía. ¡Qué proyecto más ambicioso! ¿Qué crees que ha aportado esta Enciclopedia respecto a otras que se habían hecho anteriormente?
-Ha sido el proyecto más ilusionante que te tenido la oportunidad de dirigir. Con un editor, Juan de Dios Mellado, que me dio toda la confianza y herramientas para desarrollarlo, y un equipo de fábula, redactores que había conocido y seleccionado de mis alumnos de la Facultad o de los que ya hicieron prácticas en El Correo de Andalucía: Jesús Chacón, Javier Vidal, José Romero Portillo, Pablo Santiago Chiquero, Antonio J. Reina, Álvaro Romero Bernal, José Luis Jiménez, Manuel Minero… Sin olvidar a Belén Pulido, y a coordinadores como Antonio Checa Godoy, Rafael Rodríguez, Gabriel Cano, Rafael Valencia, Juan José Téllez, Antonio Zoido, José Calvo Poyato…

¿El contenido de esa Enciclopedia, su esencia, podría resumirse en una frase?
-El periódico de la Historia de Andalucía.

-Antonio, no quería terminar esta entrevista sin hablar de tu faceta como profesor, algo que ha llegado a tu vida después de muchos años de periodismo de calle y de una ingente labor de investigación sobre la Historia reciente de Andalucía y algunos de sus personajes más determinantes (Federico García Lorca o Gerald Brenan, por ejemplo). ¿Qué te has encontrado en las aulas?
-Juventud con ganas de saber, de prepararse… Tenemos la generación más preparada… Espero que pronto se les abran las puertas y el control de la situación para que implanten su modelo profesional y sus nuevos modelos de convivencia.

-¿Existe interés por parte de las nuevas generaciones sobre esa realidad andaluza? ¿Y compromiso?
-Cada uno vive su momento… La guerra, la dictadura, el túnel de la transición, la democracia, la normalización… Ahora, objetivamente, el compromiso está más diluido, más disperso si cabe… Los mayores queremos que los más jóvenes pasen por todos los campos de minas que nosotros hemos sorteado. Debemos alegrarnos de que no tengan que vivir eso; no tienen que comer pan duro, ni ir a la mili, ni recibir un bofetón o un correazo, para afrontar su destino.

-¿A día de hoy eres un hombre esperanzado?
-Naturalmente… En mi familia, en mis amigos, en mis compañeros… Y como decía Alfonso Carlos Comín, en mi fe en la tierra, en mi tierra.

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Manuel Ángel Vázquez Medel. LECCIONES DE DIGNIDAD

Publicado el 11 octubre 2008 por manuguerrero

El pasado mes de mayo, Manuel Ángel Vázquez Medel provocó un verdadero tsunami político presentando ante el Parlamento de Andalucía su dimisión como presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA). Alegó la imposibilidad de desarrollar su labor en un órgano totalmente fragmento por intereses partidistas, a pesar de ser, estatutariamente, una institución “independiente” que debe velar “por el cumplimiento de la normativa audiovisual en Andalucía”. Cosas de la política: no le dejaron hacer aquello que le pedían…

Manuel Ángel (Huelva, 1956), para quienes aún no lo conozcan, es un prestigioso catedrático de Literatura y Comunicación y experto en Semiótica y en las enrevesadas relaciones entre medios de comunicación y sociedad. A lo largo de su espaciosa carrera profesional, ha sido fundador y presidente de la Asociación de Editores de Andalucía, miembro del Comité Asesor de la Red de Emisoras Municipales de Andalucía y vocal del Consejo Asesor de RTVA a propuesta del Consejo Andaluz de Universidades. Es autor de varias decenas de libros, tan dispares como La identidad cultural de Andalucía, Mujer, ecología y comunicación en el nuevo horizonte planetario, El poema único. Estudios sobre Juan Ramón Jiménez o La urdimbre y la trama. Estudios sobre el arte de narrar. Es, además, una de las grandes autoridades mundiales en la obra de Francisco Ayala, con quien mantiene una intensa amistad y cuya figura difunde incansablemente allí donde encuentra alguien interesado.

Como profesor universitario, ha recibido en varias ocasiones el Premio a la Excelencia Docente, una distinción que le agrada especialmente porque es el reconocimiento a su valía diaria, a su capacidad e interés por transmitir entusiasmo por los libros y la vida, que a menudo vienen a ser lo mismo. Doy fe, personalmente, de esa fotografía: en mis años de universitario no vi un aula tan abarrotada como cuando era él quien caminaba sobre la tarima.

Es, a la manera de Borges, un Hombre-Libro y un gozoso de la vida múltiple. Un hombre con un sentido muy riguroso de la dignidad. Es, en definitiva y en el buen sentido de la palabra, un hombre bueno.

-Hola Manuel Ángel. Me alegra muchísimo hablar de nuevo contigo después de algunos meses, quizás años. ¿Cómo estás?
-Muy bien. Tal vez en uno de los mejores momentos de mi vida. Ahora, plenamente incorporado a la Universidad, que es mi mundo, tras un paréntesis de dos años y medio. Y con muchos proyectos importantes e ilusionantes. A mí también me encanta hablar de nuevo contigo. Tengo de ti un recuerdo excelente como alumno (aún recuerdo tu empeño por hacer una entrevista a Ayala, ¡y vaya si la hiciste bien!), y luego como profesional en el programa 1001 Noches, en el que colaboré durante varios años. ¡Vamos a la entrevista!

-He podido seguir tus pasos gracias a la cobertura que la prensa escrita ha hecho sobre el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA). ¿Crees que la cobertura mediática ha sido justa y proporcionada?
-La verdad es que no siempre. Una de mis experiencias prácticas durante estos años al frente del CAA me ha llevado a saber que todo lo que yo conocía sobre los medios (para bien, pero también para mal…) necesitaba un baño de realidad. Ahora lo he vivido desde fuera de ellos, como objeto de la información, y desearía en los próximos años acercarme mucho más desde dentro.

Pero vamos al grano: los medios han reflejado en estos dos años y medio los problemas, los conflictos, las confrontaciones en el seno del CAA. En general, su dimensión negativa. Y aun esto, lo han hecho de manera interesada (bastaría entrar en las hemerotecas y ver las diferencias de tratamiento de un medio a otro). En cambio, la cantidad de logros, acuerdos, recomendaciones y actuaciones por unanimidad (algunas de gran trascendencia sobre temas tan centrales como la emigración, la violencia de género, la lectura y la cultura del libro, la comunicación de la ciencia, etc.) han sido -en general- silenciados o poco reflejados.

Lo peor es que los medios han actuado como amplificadores de los intereses internos de los partidos, y han tenido mucho que ver con el desenlace de los hechos en mayo pasado.

-¿La sociedad andaluza, por lo general, sabe qué es y para qué sirve el CAA?
-No mucho. Creo que aún queda mucho por hacer. Y es una tarea prioritaria, ya que si la sociedad no conoce al CAA difícilmente podrá reclamar sus derechos a través de la Oficina de Defensa de la Audiencia. Una de las claves del CAA, junto con su independencia, es alcanzar una autoridad (efectiva, pero también moral) indiscutible, y la confianza de la gente de la calle. Estamos a años-luz de lo uno y lo otro.

-A mí me ha dado la sensación de que, por unos motivos u otros, se ha dedicado más atención al CAA después de tu dimisión que antes… ¿Estás de acuerdo conmigo?
- No lo sé. Tal vez sí. Ojalá que este interés sea sano y positivo y contribuya a que el CAA sea lo que el Estatuto y la Ley dicen que debe ser.

-Hace unos meses supimos que los consejeros del CAA propuestos por el PSOE habían gastado miles de euros sin la debida justificación (desplazamientos, comidas…) ¿Cómo viviste esa polémica?
-Ya, desde fuera, con una profunda tristeza por el daño que se le hace a la institución. En cualquier caso, si alguien se ha excedido indebidamente en gastos de comida o desplazamientos con dinero público, opino que debe reintegrar inmediatamente dichas cantidades y poner su cargo a disposición del Parlamento.

-Durante el tiempo que fuiste presidente, ¿tuviste conocimiento de tal derroche económico?
-Mientras fui presidente insistí por activa y por pasiva en la necesidad de ser austeros, de controlar el gasto de la institución, de atenerse estrictamente a lo que la ley dice y permite. E insistí en ello, especialmente, tras la entrada en vigor del Reglamento Orgánico y de Funcionamiento, y recordé en numerosas ocasiones que ya estábamos moralmente obligados por nuestro Código Deontológico, aprobado en el segundo Pleno de la institución el 10 de noviembre de 2005.

El Pleno del CAA está constituido por el presidente, diez consejeros o consejeras y asistido por el Secretario General. El presidente tiene un rango equivalente al de un Consejero del Gobierno de la Junta, y los otros once, rango de Viceconsejeros. Tratándose de un órgano colegiado, cada uno de nosotros era el responsable de sus gastos, y el Pleno de su supervisión, que se atiene a lo habitual en el control de la intervención. Cuando, con ocasión del cierre del ejercicio 2006, se puso en mi conocimiento que cuatro miembros del Consejo habían percibido indebidamente gastos por desplazamientos, pedí de inmediato al Secretario General que les instara a la inmediata devolución de dichas cantidades. Y así se hizo.

-¿Ese asunto influyó en tu dimisión?
- No.

-¿Qué fue lo determinante?
-Una decisión tan importante no se limita a un solo hecho o circunstancia. Puedo asegurar que lo medité mucho y que ahora, pasados varios meses de mi dimisión, creo que fue lo más adecuado.

Cuando acepté, ante la petición unánime de los cuatro partidos presentes en el Parlamento, de que pusiera en marcha una institución independiente encargada de velar por los derechos y libertades de la ciudadanía en el ámbito audiovisual, insistí mucho en que lucharía por ello. Y que, si por la razón que fuera, no llegaba a conseguirlo plenamente, informaría al Parlamento y dimitiría. Así lo hice.

Comprendo que la gente quiere detalles, circunstancias, e incluso nombres… Pero creo que esto es lo de menos: entendí que, en un órgano colegiado en el que las decisiones se adoptan en el Pleno no era posible mantener una constante confrontación con cinco votos contra cinco y con mi voto siempre dirimiendo en todos los asuntos. Trabajé mucho por el consenso, y hubo unanimidad en las decisiones del CAA durante más de un año. Creo que ello daba solidez y prestigio a la institución, especialmente cuando conseguíamos acuerdos sensatos y razonables ante cuestiones muy complejas. Luego, el consenso se rompió con ocasión del Reglamento, y entonces se provocó un innecesario conflicto institucional. A partir de entonces muchos, dentro y fuera, han protagonizado actuaciones irresponsables, porque pensaban que “cuanto peor, mejor” para sus intereses.

-“Parece que no hay término ni hay tasa para ciertos comportamientos incalificables por parte de quienes están obligados a una alta ejemplaridad ética en una institución que sólo desde su independencia y su prestigio puede cumplir con eficacia la misión que le ha sido encomendada”, dijiste en el Parlamento de Andalucía el día de tu despedida. ¿A quiénes te referías concretamente?
-A quienes utilizan la institución en beneficio propio y/o del partido que les propuso, por encima de los intereses de la ciudadanía; a quienes tienen una avidez desmesurada de poder por el poder, de medro y lucro personal y han convertido los instrumentos que son las instituciones en fines en sí mismos olvidando a la gente de la calle… A quienes actúan con una soberbia y prepotencia patológica. En suma, a quienes no les importa utilizar la mentira, el engaño y las medias verdades, falsear los hechos y desprestigiar a personas e instituciones en beneficio propio.

-Después de tu dimisión, has reconocido haber recibido presiones tanto de dentro como de fuera del Consejo. ¿De quiénes exactamente? ¿Qué te pedían? ¿Actuaste siempre bajo el mandato de tu conciencia?
-Habría que decir que denuncié presiones de dentro y fuera bastante antes de presentar la dimisión. Y algunos medios recogieron con equidad esta denuncia. Nunca he querido personalizar estas presiones porque creo que esto no es siquiera lo más importante. Sí lo era que en el fondo revelaran que ni tirios ni troyanos querían un CAA realmente independiente, sino al servicio de sus intereses de partido. La confrontación interna llegó al punto de que mi voto era siempre el decisivo. Pero puedo asegurar que siempre actué conforme a mi conciencia, después de analizar los informes técnicos y jurídicos, de oír todos los argumentos y pensando en los intereses de los andaluces. Hay un dato incuestionable: he sido el único miembro del CAA que siempre ha votado en sintonía con los informes técnicos y jurídicos de una administración que intentamos fuera competente e independiente. Yo no tenía que salir de los Plenos para llamar por teléfono, bien para recibir instrucciones, bien para transmitir los resultados de decisiones a cuyo secreto estábamos obligados.

-En su web oficial, el Consejo Audiovisual de Andalucía se define como un “órgano independiente que vela por el cumplimiento de la normativa audiovisual en Andalucía”. ¿Cuál es el problema? ¿Que no es tan independiente? ¿Qué no es vinculante? ¿Qué es lo que falla?
-Lo que dice la web es lo que dice la Ley 1/2004 que el CAA debe ser. Lo cierto es que es una ley muy limitada, si la comparamos con otros Consejos de nuestro entorno como el de Catalunya, Francia o Portugal… Un buen número de los dictámenes de la institución son preceptivos, pero no vinculantes. Pero, más allá de la ley el problema es que en la actualidad el CAA no es una institución independiente al servicio de la ciudadanía, sino un conglomerado de intereses de partidos en el que no siempre se impone lo que es más razonable…

-Durante el tiempo que fuiste presidente, ¿qué fue, a tu juicio, lo más grave ocurrido en el panorama audiovisual andaluz?
-En concreto, la presencia de pornografía, de violencia y otros contenidos inadecuados en horario de protección de menores… Y el pluralismo (o más bien la ausencia de él) al que los medios –especialmente los públicos- están obligados.-El Consejo denunció la falta de pluralismo de la RTVA durante la última campaña electoral. Mientras tanto, Rafael Camacho, su director general, manifestó su indefensión ante tal acusación. ¿El Consejo puede o pudo demostrar empíricamente esa manipulación?
-Más exactamente, el CAA se pronunció sobre el cumplimiento del servicio público a que está obligada la RTVA y cuya vigilancia corresponde al CAA. Lo hizo a través de su dictamen jurídico y de una decisión por mayoría absoluta válidamente adoptada, que no comportaba limitación de derechos en el operador. Y las decisiones de una alta institución deben ser acatadas –si bien existe el derecho de discrepar, utilizar recursos de reposición o incluso acudir a los tribunales. Y esto no puede llamarse precisamente “indefensión”. En este caso, por razones que desconozco, no se utilizó el recurso de reposición ante el propio Consejo que sí había sido ya utilizado por desacuerdos menores, y que es el procedimiento adecuado para “defenderse”.

-Manuel Ángel, te propongo ahora un juego de imaginación. Piensa por un momento que el Consejo Audiovisual de Andalucía pudiera pasar una encuesta anónima a todos los periodistas que trabajan para la RTVA preguntándoles sobre su libertad e independencia. ¿Qué crees que contestarían?
-Creo que esa tarea no corresponde al Consejo. Hay otras vías e instrumentos de la RTVA, sobre todo desde la aprobación de la nueva Ley, como el Consejo de Administración o, incluso, el superior control del Parlamento. Sinceramente, si se hiciera tal encuesta no sé qué contestarían.

-¿Alguno de esos periodistas te ha confesado, off the record, algo que jamás diría públicamente?
-Sí. Pero también he de decirte que muchas de las quejas de excelentes profesionales de la RTVA vienen de ese estado permanente de sospecha (cuando no de abiertas acusaciones injustificadas) a que están sometidos. Y esto también es injusto.

-Por cierto, ¿de quién depende garantizar que la selección de esos periodistas que trabajan para la RTVA se hace con criterios objetivos de profesionalidad?
-El art. 27.2 de la Ley 18/2007, de 17 de diciembre, de la radio y televisión de titularidad autonómica gestionada por la Agencia Pública Empresarial de la Radio y Televisión de Andalucía (RTVA) dice: “La contratación del personal laboral con carácter fijo se realizará de acuerdo con los principios de igualdad, mérito, capacidad y publicidad, mediante las correspondientes pruebas definidas, establecidas y convocadas por la persona titular de la Dirección General de la RTVA, de acuerdo con el Consejo de Administración”. Creo, por tanto, que el Consejo de Administración tiene una gran responsabilidad sobre ello. Y, por supuesto, “la persona titular de la Dirección General de la RTVA” elegida por el Parlamento.

-¿Te vas del CAA con la sensación de que aún quedan esperanzas para la ciudadanía, que tiene derecho a sentirse protegida frente al mercado audiovisual?
-¡Por supuesto que quedan esperanzas para la ciudadanía! En esto y en todo. No soy en absoluto fatalista, ni siquiera pesimista. Eso es lo que quieren quienes desean mantener el statu quo. El sistema audiovisual ejerce una gran influencia sobre la ciudadanía y ésta, como bien dices, debe protegerse y ser protegida, garantizándose el cumplimiento de cuanto dicen las leyes (por ejemplo, en cuanto a la emisión de pornografía, violencia o contenidos inadecuados para los menores; tiempo y carácter de la publicidad; pluralismo y veracidad informativa, etc.)

-Por cierto, Manuel Ángel, ¿ya trabajas en suelo universitario?
-El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, a petición propia, formalizó mi cese como presidente del CAA el 27 de mayo de 2008, y ese mismo día entró en el registro de la Universidad mi petición de reincorporación, que se hizo con fecha y efectos del 28 de mayo, día en el que me presenté en la Facultad de Comunicación, hablé con el Decano y con el Director de mi Departamento, y comencé a trabajar en mi despacho. Desde ese día estoy trabajando con más ilusión que nunca, y con proyectos muy importantes. Incluso tuve ocasión de impartir la última clase de la asignatura de Emilio Guichot el 2 de junio, sobre el CAA. La semana del 9 de junio hice un curso de actualización sobre WebCT y Genius para impartir docencia on-line. El 25 de junio –todo un signo de mi vuelta a la Universidad- Antonio Gómez Aguilar defendía una espléndida Tesis Doctoral codirigida por mí, y el día siguiente tuve el honor de ofrecer en Antequera una ponencia-marco sobre la reforma de los planes de estudio y el especio europeo de educación superior. Ese mismo día los alumnos del programa Aula Abierta de la Facultad me entregaban -¡fue una sorpresa para mí!- el premio como Universitario del Año en Andalucía, que recogí junto al Rector de la Universidad de Granada. Y el 29 de septiembre, día en que regresaba de un Congreso Internacional en Nueva York, cogí un taxi para la Facultad y comencé mis clases de este Curso 2008/2009.

-¿Trabajar en la Universidad es muy distinto a trabajar fuera de ella?
-En parte sí y en parte no. Sí, porque la institución universitaria debe garantizar la libertad de cátedra y de investigación, y te sientes mucho más libre, con el objetivo de responder a las grandes cuestiones e intereses humanos, de la gente de la calle, y no a concretos intereses ideológicos, económicos o políticos (al menos, así es en mi caso). En parte no, porque la Universidad tiene –como todos los ámbitos de la vida- su cuota de miseria humana, y en ella se reproducen, en escalas distintas, conflictos y confrontaciones que se dan fuera de sus muros. En cualquier caso, yo entiendo la Universidad como la institución encargada por la sociedad de acrecentar, cuestionar, conservar y transmitir los conocimientos a su más alto nivel, y por ello se debe y ha de rendir cuentas a la sociedad. No la idealizo, pero son ya casi 30 años de dedicación, y me siento muy feliz de haber podido convertir mi vocación (de compartir el conocimiento) en profesión.

-¿Qué te aporta la Universidad que no encuentres fuera?
-Mucha libertad, independencia, tiempo y serenidad para reflexionar. Y algo que tiene un valor imponderable: el diálogo constante con los alumnos, que enriquece y cuestiona nuestros conocimientos y certezas.

Y no quiero olvidar el contacto fecundo con muchos compañeros y compañeras con los que, codo a codo, en sinergia, construimos un conocimiento complejo y proyectado al mundo de la vida que va más allá de lo personal y patrimonial y que se enriquece con la colaboración. He de mencionar aquí, de manera muy especial, a Ángel Acosta, compañero y amigo desde hace ya décadas y secretario de mi grupo de Investigación en Teoría y Tecnología de la Comunicación, y a Elena Barroso, verdaderamente admirable por su entrega y rigor académico.

-¿Tus alumnos suelen ser conscientes de lo que les espera más allá de su graduación?
-En general no, aunque puedan imaginarlo. Es muy importante prepararlos también durante los años de su formación para facilitar su integración en el mercado laboral, aunque la Universidad tenga funciones formativas que van mucho más allá de ello y de una estricta “formación profesional”. Precisamente hemos dedicado, la segunda semana de septiembre un importante Curso en la UNIA a “Los nuevos perfiles profesionales ante las transformaciones del sistema audiovisual”. Y las estadísticas del INEM son terribles: 1 de cada 4 (25%) trabajará en el ámbito en el que ha sido formado; 1 de cada 4 (25%) trabajará también en comunicación, pero en otras especialidades distintas. Y el 50% restante no trabajará en Comunicación (serán oficinistas, camareros, etc.). Y los que tengan la suerte de trabajar en lo suyo, lo harán con una precariedad y desconsideración a su cualificación verdaderamente ofensivas…

-¿Crees que el periodismo es una profesión demasiado mitificada?
-Tal vez sí. Al menos, es lo que piensan los alumnos al entrar en la Facultad. Quieren ser periodistas siguiendo el modelo del 1 % de la profesión que triunfa y tiene una gran presencia mediática. Pero no cabe duda que –sobre todo ahora, cuando el periodismo es el primer poder, más que el cuarto poder- necesitamos periodistas honrados, valientes, dedicados a su profesión para el bien de la sociedad.

-¿Achacas algún tipo de responsabilidad a los medios de comunicación sobre ciertas anomalías políticas y económicas acaecidas en nuestro país durante los últimos 15 años? ¿Crees que han mirado deliberadamente hacia otro lado?
-Sin duda hay responsabilidades. Desde el hecho de que algunos medios participen o hayan participado en verdaderas conspiraciones antidemocráticas, hasta los silencios o connivencias que derivan de tener que financiarse con recursos de instituciones y empresas a las que no se puede cuestionar.

-¿La Universidad puede hacer algo, no sólo sobre los futuros profesionales de la Comunicación sino sobre el resto de la sociedad, para evitar que los medios públicos o privados se replieguen a los intereses del poder?
-Creo que sí. Una de las cosas en las que más he insistido en los últimos años es en la urgente necesidad de una adecuada alfabetización mediática que alcance a toda la sociedad para dotarla de medios, conocimientos y recursos para defenderse de una auténtica avalancha que le lleva a pensar, sentir, temer o adoptar pautas de comportamiento y valores. En ello la Universidad tiene mucho que hacer y que decir.

-¿Impartirás clase los próximos meses?
-Tengo muchísima ilusión en este curso, tras el paréntesis 2005-2008. Y tengo la suerte de impartir tres asignaturas preciosas y muy vivas: “Literatura y Espectáculo Audiovisual”, “Creatividad Literaria y Mitocrítica” e “Introducción a la Semiótica (Semiótica General y Aplicada)”. Durante los meses de junio y julio hice las nuevas guías didácticas para las asignaturas y he creado una plataforma para gestionar parte de la docencia por Internet. Y por supuesto, una parte importante de mi dedicación está volcada en la investigación, la reflexión y la creación.

-Por cierto, Manuel Ángel, ¿cómo es tu relación con los alumnos?
-Excelente. Verdaderamente inmejorable. Y -¡ojo!- esto no quiere decir que no haya habido algunos desajustes en más de 25 años de docencia, ni –mucho menos- que yo le caiga bien a todos los alumnos. Pero creo que mis alumnos y alumnas perciben el profundo respeto que siento por ellos, la importancia que doy a su libertad y al fomento de su capacidad crítica y creativa, el empeño que pongo para que participen, para que acudan a tutorías, para que dejemos atrás los objetivos meramente formales, y vayamos todos a enriquecernos a través de la construcción dinámica del conocimiento.

-¿Qué supuso para ti recibir el Premio a la Excelencia Docente?
-Fue fantástico. Sobre todo la primera vez, que fue un ensayo de los posteriores premios. En aquella ocasión se elegía sólo un profesor por Facultad, y no llegábamos a la veintena en toda la Universidad. Luego lo he recibido en cuatro ocasiones más (todas las que, voluntariamente, me presenté a la evaluación). Pero, sobre todo, me siento muy obligado: creo que cada vez debo realizar mejor esa tarea dignísima que es la docencia –para mí tan importante como la investigación. No sólo lo entiendo como un reconocimiento, sino como un verdadero reto para mantener viva mi motivación, mi actualización científica y también los procedimientos para transmitir de un modo eficaz y atractivo el conocimiento y fomentar habilidades, capacidades y actitudes adecuadas. 

-¿Qué es lo más importante que te ha ocurrido como profesor?
-Encontrarme, pasado el tiempo, con alumnos y alumnas que me han venido a ver porque -según algunos de ellos-, de algún modo, las clases conmigo contribuyeron a cambiar en algo –para bien- su vida. A veces incluso creo que puede ser excesivo, pero por mi parte creo que también tuve la suerte de encontrarme con profesores y profesoras que me abrieron la mente y de algún modo cambiaron mi manera de pensar y de sentir.

Por otra parte, lo mejor como profesor es llegar a aprender de aquellos a los que has transmitido conocimiento y contribuido a su aprendizaje. Me sentí muy bien hace apenas un año, al reencontrarme con un alumno de la primera promoción que tuve de Crítica Literaria, que es ya Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Huelva, y que aún recordaba algunos de los poemas que comentamos en el Curso 1980-81. Más recientemente una de las personas con las que puedo mantener conversaciones de auténtico calado intelectual es Antonio Pineda, que fue alumno en la carrera, a quien codirigí la Tesis y del que sigo aprendiendo mucho (¡sobre todo sobre Propaganda política!).

-A menudo se critica el sistema educativo español. Tú lo conoces bien y además, como profesor universitario, has recibido alumnos de muy distintas generaciones. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
-En primer lugar, los aspectos nucleares de la educación deben sacarse de la confrontación política y ser objeto de un gran pacto de Estado por la Educación que dé estabilidad e ilusión al sistema educativo. Por supuesto, ello no significa que en ciertos aspectos cada partido pueda diferir, pero sobre la base de acuerdos fundamentales.

Tal vez lo peor de las últimas décadas son las reformas y contrarreformas del sistema educativo (que se agudizan en el caso de la Universidad). Creo que no tenemos un mal sistema educativo, pero es preciso invertir mucho más en educación, reconocer y motivar el trabajo de maestros y profesores, y potenciar la colaboración entre los diferentes niveles educativos. La Universidad tiene un papel muy importante en la actualización científica y profesional de los docentes de otros niveles educativos.

Desde luego me preocupa el progresivo deterioro formativo que se percibe promoción tras promoción. Y me inquieta que algunos quieran aprovechar el proceso de construcción del Espacio Europeo de Educación Superior para convertir los Estudios de Grado en el Bachillerato que no han superado adecuadamente (en cuanto a su formación) muchos alumnos.

-¿Cada vez recibes alumnos mejor o peor formados?
-En general, peor formados, aunque con llamativas excepciones que demuestran que no tendría por qué ser así. Eso quiere decir que, junto a un tono general más bajo, en la actualidad también acceden a la Universidad algunos alumnos con la mejor formación. Como no soy elitista, creo que esto debe corregirse. Por supuesto, hacia arriba…

-Conociéndote, Manuel Ángel, me resulta extraño pensar que sólo te dedicarás a dar clases…
-Bueno… La propia naturaleza de la docencia universitaria impide que nos dediquemos sólo a dar clases. Tras cada clase debe haber un buen número de horas de lecturas, de investigación, de preparación tecnológica, de construcción activa del conocimiento.

Por otra parte, siempre he pensado que hay que intensificar la relación entre Universidad y Sociedad, por lo que, dentro del marco de nuestra compatibilidad, siempre he participado en otros proyectos (ciclos, conferencias, congresos, etc.)

Y, por supuesto, es mi objetivo intensificar mi dedicación a la creación en los próximos años.

-¿Tienes en mente volver a escribir?
-Nunca he dejado de escribir. Creo que ello forma parte de mi vida, casi como respirar o alimentarme. Y cada vez más imperativamente. Quizás el hecho de que haya sido –quizás en exceso- muy exigente conmigo mismo y haya publicado poca creación puede distorsionar mi perfil.

Antes de pensar en ser profesor universitario, tenía muy claro que mi vocación era la escritura creativa: poesía, narración, ensayo… Y ahora estoy dispuesto a darme mi definitiva oportunidad.

Pero pienso también en otras formas de creatividad que sabéis me gustan y respeto mucho, fundamentalmente en el ámbito audiovisual e informático (ahora me estoy dedicando intensamente a mi blog http://fcom.us.es/blogs/vazquezmedel) aún en fase experimental.

-Durante tu larga vida profesional, has estudiado a fondo la obra de importantísimos autores como Fernando Pessoa, Luis Goytisolo, Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Fernando de Herrera, Luis Cernuda y, cómo no, Francisco Ayala (¿cómo está don Francisco?) ¿Cuál de ellos te parece más fascinante?
-Ante todo: don Francisco está fenomenal con sus casi 103 años. Hace apenas unas semanas estuvimos en Madrid (mi esposa y yo) con Carolyn Richmond y con él, y nos tomamos una espléndida paella, acompañada de buen Rioja… Tiene un apetito excelente. Y, como siempre, estuvo divertido, con buen sentido del humor y esa extraordinaria inteligencia ética que le caracteriza… Aunque muy preocupado por todo lo que ahora está ocurriendo, y siguiendo con mucho interés las elecciones presidenciales norteamericanas.

En cuanto a la otra parte de la pregunta, me alegra pensar que la experiencia literaria y artística (la de los creadores, pero también la de los receptores) no exige jerarquías ni prelaciones, aunque inevitablemente todos tenemos nuestros favoritos.

Cuando yo pienso en los escritores sobre los que más he escrito, veo ahora un cierto hilo conductor. Sin duda, los que más intensamente me han acompañado han sido Juan Ramón Jiménez y Francisco Ayala, tan distintos y, por otra parte, con aspectos esenciales en común: su insobornable libertad e independencia crítica, su amor a la obra bien hecha, su profundo sentido ético y estético…

Comencé trabajando sobre el poeta sevillano Fernando de Herrera porque –como dice Gabriel Celaya- es el primer poeta puro de Europa: un hombre que se dedica por completo a la escritura, con una exigencia extraordinaria… Por otro lado, fue un defensor de Andalucía frente a Castilla, y tuvo que pagar un precio muy alto por ello. Forma parte de lo que Blecua llamaba “el rigor poético”, y sus mayores representantes en España han sido Juan Ramón y Herrera.

Fernando Pessoa es un caso especial: fue un descubrimiento deslumbrante en los años ochenta –mi Fernando Pessoa: identidad y diferencia es una contribución a su centenario en 1988- y me ha seguido acompañando hasta hoy. Por otra parte, con mis estudios a su obra –como en el caso de José Saramago- puedo demostrar mi amor profundo por la lengua y la cultura lusas (y aquí incluyo a Brasil, junto con Portugal).

Para mi generación, que es la de los ochenta (en poesía, García Montero, Benítez Reyes –al que tuve, por cierto, como alumno- o Carlos Marzal, algo más jóvenes que yo), junto con la lectura de la generación del medio siglo (¡me encanta Caballero Bonald!), fue determinante el deslumbramiento del 27 y sus poetas. Mis primeros artículos estuvieron dedicados a ellos, participé en los actos del Ateneo de Sevilla en el homenaje del cincuentenario en 1977 –con apenas 20 años-, y tuve la suerte inmensa de conocer y tratar a Alberti, como cuento en mi Rafael Alberti y Andalucía. No es extraño, pues, que dedicara a La última estación poética de Vicente Aleixandre mi lección para las oposiciones a Titular, que aceptara ofrecer una lectura viva y divulgativa de Luis Cernuda en mi libro El deseo, la rosa y la mirada, o que eligiera la relación entre Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca como lección de ingreso a la Academia de Buenas Letras de Granada… Para la investigación de Cátedra trabajé sobre la relación de Unamuno con el periodismo, y pronto saldrá un volumen sobre ello.

He de añadir algo más: tengo una especial predilección por aquellos autores, de innegable valía literaria y que por alguna razón aún no han sido leídos y reconocidos como merecen. En este proceso, he visto cambiar –favorablemente- la apreciación de alguno de ellos: es el caso de Ayala o de Sánchez Ferlosio… Pero me quedan importantes batallas por librar, por ejemplo, en el caso de Antonio Carvajal, uno de los mejores poetas vivos en lengua española…

Canción de la ciudad
Amo a los hombres que una luz futura
nutren con los ardores de su vida
y saben que el presente es la mentida
brasa de una existencia no segura.

Los que son faros en la noche oscura
para la nave errada o sacudida;
los que ponen ungüentos en la herida
y dan alivio y paz, si no dan cura.

Los que comparten mesa y agonías
y duplican tus gozos y alegrías
y, si te falta fe, te dan certeza.

Ellos, que, si has caído, te levantan
y sufren más que tú y que yo y que cantan
la vida por hacer y su belleza.

Antonio Carvajal.

-¿Tu amor a la literatura (aparentemente desmedido) procede de algún autor en concreto?
-Bueno: mi amor a la literatura es más que “aparentemente” desmedido: es desmedido en el sentido en que, como experiencia, supera todo límite y medida. Porque he alcanzado en mi personal relación con la literatura algunos de los momentos más intensos de mi vida, sólo comparables a los momentos especiales con mis personas más queridas. Y por ello deseo contagiar este entusiasmo a otros: porque creo que lo que es bueno para mí, y me hace feliz y mejor persona, tal vez pueda contribuir también a la felicidad de los demás… No hay otras razones o argumentos. No, desde luego, de carácter erudito: la literatura que amo es experiencia real, viva, intensa…

Sería injusto si no reconociera el papel que desempeñaron en mi amor por la literatura mis profesoras de ingreso y de cuarto de bachillerato –doña Carmen Solís y doña Dolores. También la fascinación del primer libro que tuve muy pequeño: Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. Quizás haya sido Juan Ramón quien haya tenido un mayor peso en mi amor por la literatura.

Todo esto se resume en el título de un librito que saldrá pronto: Razones para leer: razones para vivir.

-¿Cómo recuerdas tus primeras lecturas?
-Vivamente, con pasión, con entusiasmo… He de recordar que yo conocí la televisión –que comenzó en España el año de mi nacimiento- ya siendo un niño crecido, por lo que la lectura y la música (oída en la radio, y más tarde, a los 14 años, en el primer reproductor de casetes que pude comprar) fueron para mí –con los juegos infantiles- los principales ingredientes de mi ocio.

Como entre semana no nos dejaban leer, ya que había que hacer los deberes del colegio, esperaba con fascinación el sábado y el domingo: aún me veo metido en la cama, sintiendo el olor limpio de las sábanas y leyendo Robinson Crusoe, La isla del tesoro, Las aventuras de Tom Sawyer o las novelas de Julio Verne…

-¿Empezaste por el tebeo, la novela, la poesía…?
-Por supuesto, por los tebeos: era un lector incansable de tebeos (Capitán trueno, Hazañas bélicas… me divertían especialmente Mortadelo y Filemón), y de los primeros libros de cómics que nos llegaban de América… Y, como acabo de decir, me encantaban las novelas fantásticas y de aventuras (¡las aventuras de los 5!). Pero siempre dejé un lugar muy especial en mi corazón para la poesía, que sentía muy agudamente. Comencé con algunos poemas de Bécquer –me fascinaron sus Rimas y Leyendas-, Darío, Machado, Juan Ramón… Y recuerdo especialmente, en los años tempranos de nacimiento de mi conciencia social (¡fui procesado por el Tribunal de Orden Público con 16 años!) la lectura de los poemas de Miguel Hernández en una Antología de Plaza y Janés, aún entonces censurada. No olvidemos la importancia que para mi generación tienen los cantautores: el Machado o el Hernández de Serrat, o el amplio repertorio de poetas que llevaba Paco Ibáñez. Esa es la atmósfera en que nace en Huelva Jarcha, un grupo en el que tenía varios compañeros y amigos.

-¿A lo largo de tu vida has tenido una lectura ordenada de autores, géneros y movimientos?
-No exactamente. Aunque la formación filológica pautó ciertos ritmos de lectura, nunca me gustó leer sólo por obligación. Incluso ahora, cuando estoy algún tiempo centrado en algún autor o época, procuro leer al mismo tiempo otras cosas por puro placer. He leído más creación literaria contemporánea, pero para ello es también necesario conocer las épocas anteriores. La lectura es como la vida misma. En ella hay algo de azaroso, de caótico, de improviso… Y así hay que aceptarlo.

-¿Has elegido los libros que has leído o ellos te han elegido a ti?
-Es una buena pregunta. Aunque aparentemente somos nosotros los que elegimos los libros, hay numerosos factores que nos ponen en contacto con otros libros que parecen elegirnos a nosotros. Y hay en esto como “flechazos”: cuando menos lo esperas, aparece –como me ocurrió, por ejemplo con Pessoa o con Carvajal- autores que te fascinan y que sabes que te van a acompañar siempre… Igual me ocurre con la investigación y el ensayo, que considero tan creativo como la poesía o la narrativa: hay autores que han cambiado mi modo de ver las cosas, como Víktor Frankl y su “logoterapia”, que me llegó de la mano amiga de Adrián Huici…

-¿Crees que los libros que leemos determinan nuestra actitud ante la vida?
-Sin duda. Como no soy “determinista” diría que “condicionan” nuestra actitud, nuestros valores… Y hasta conforman nuestros deseos y temores.

-¿Leer siempre nos hace libres y felices?
-Las lecturas adecuadas, sí. Hay otras que, como en los paquetes de tabaco, se debería indicar que pueden ser perjudiciales para la salud. Pero los buenos libros (los que nutren la gran literatura) ensanchan nuestra mirada, nos ofrecen horizontes nuevos, nos permiten vivir vidas que nos han sido vedadas, ponernos en el lugar del otro… Y por ello ser más tolerantes, más comprensivos y… sí, más felices, aunque a veces en esa felicidad haya también dolor. Se trata de una experiencia de gozo y no sólo de placer: el gozo es conformidad con nuestras propias raíces y disfrute desde nuestra integridad.

-¿Y entre la buena literatura existen las malas compañías?
-Entre la buena literatura, por definición, no. Hay formas de creación y formas de lectura –e insisto en esto último- que pueden dar lugar a representaciones mentales y actitudes vitales negativas, como las malas compañías. Por ejemplo, un autor tan estimulante y crítico como Nietzsche, mal leído, nutrió la monstruosidad del nazismo…

-Y hay libros que nos generan dudas tan peligrosas que pueden incluso acabar con nosotros…
-Es cierto. Un libro activa en nuestra mente representaciones, conexiones, estados de ánimo, que pueden resultar peligrosos. Por ello hay que formar adecuadamente para la lectura. Un buen lector sabe tomar distancia y ser más inmune a ciertos valores negativos que podrían desprenderse de ciertas lecturas. Forma parte de ese pacto ficcional que preside la experiencia de la literatura de ficción. Si no, puede ocurrirnos como a aquellos oyentes de La guerra de los mundos que creían que lo que oían por radio estaba sucediendo en realidad.

-Una curiosidad sin demasiada importancia: ¿cuántos libros calculas haber leído en tu vida?
-¡No los he contado, pero varios miles…! Es cierto que, de ellos, me han marcado de verdad apenas unas decenas, que constituirían mi “biblioteca ideal”. Borges fue muy valiente al ofrecernos una selección personal de sus libros más queridos, entre los cuales, por cierto, hay muchos que también lo son para mí.

-Y a estas alturas, ¿qué lees?
-En estos justos momentos estoy releyendo por enésima vez los libros de Lírica de una Atlántida, de Juan Ramón Jiménez; también releyendo El libro del desasosiego de Fernando Pessoa; varios libros sobre “creatividad”… y un excelente libro de relatos de Adrián Huici titulado In nomine patri(s) y otros relatos.

-Siempre he admirado tu optimismo, tu capacidad para ver estrellas entre el gris oscuro de las nubes. ¿Me sabrías decir de dónde proviene ese aspecto de tu carácter?
-Bueno… Ante todo, muchas gracias: para mí es importante que las personas a las que aprecio y me importan –y tú estás entre ellas- perciban esto y tengan esta opinión. En efecto, procuro ser optimista, positivo; mirar siempre adelante sin que me enreden los lastres ni las nostalgias del pasado. No neutralizarme con resentimientos ni odios estériles. Y creer en la gente, confiar, aunque por esto también pague mi precio y haya tenido traiciones y desencantos. He tenido siempre como principio de acción hacer todo el bien posible y evitar todo el daño posible.

Creo en la Gaudium essendi, la Alegría o Gozo de Ser, que está más allá de las alegrías o placeres de tener, poder e incluso saber… Y nadie nos la puede arrebatar. Creo que la ilusión, el entusiasmo, la felicidad son contagiosos y “revolucionarios”, en su etimológico sentido de “transformadores”.

Y hay algo muy importante: una buena parte de todo ello, desde hace más de tres décadas, lo debo a mi compañera, Juana, para mí la persona más alegre y más hermosa que he conocido nunca… Creo en el Amor como categoría central de la existencia, y creo que el fruto del Amor es la Alegría y la Paz… Por ello mis hijas se llaman Leticia e Irene.

 

 

-Permíteme, por un momento, volver a don Francisco Ayala. ¿Qué te une a él?
-Son muchas las cosas que me unen a Francisco Ayala, tanto literaria como personalmente. Sobre todo, su sentido justo de la vida, con los pies en la tierra, sin falsas esperanzas, pero con la capacidad de seguir viviendo y superar todas las adversidades sin victimismos. Me interesa su aguda inteligencia, su sentido del humor, su mirada crítica sobre el mundo. Su profundo sentido de libertad y de fidelidad a su propio destino.

En un comentario a su relato Glorioso triunfo del príncipe Arjona lo expresé con concisión, y no sabría ahora hacerlo mejor: “Tal es verdaderamente (y no la victoria de Kurutsetra) el ‘Glorioso triunfo del príncipe Arjuna’: aceptar su destino; actuar con ecuanimidad; buscar un orden pacífico y justo… superar los engaños de los sentidos, la avidez de placeres, el miedo al dolor… aceptar la muerte para vivir con dignidad y reconocer que sólo es invulnerable quien ya está muerto. Pero que, tal vez, en esa total extinción, en esa nada, se alcance la felicidad prometida del nirvana. Ayala es, por encima de toda consideración, un escritor ejemplar: un clásico, un modelo digno de imitación. La aceptación de sus circunstancias vitales, la sabia distancia que adopta ante una felicidad que sabe efímera y un dolor que proclama inevitable, la capacidad de indicarnos el camino desde nuestra situación histórica hacia la radical pregunta por el Ser (y hacerlo de manera tan hermosa)… su conformidad ante la fatalidad de la muerte le han hecho ya, de alguna manera, inmortal… En ello consiste el glorioso triunfo de Francisco Ayala”. Además, Ayala es de las pocas personas de las que puedo decir, a pesar de los 50 años que nos separan, que es mi amigo.

-Somos muchos quienes nos rendimos a su grandeza literaria, a su ironía, a su sentido del humor. ¿Crees que su obra aún no goza del debido reconocimiento público y oficial?
-No. O, tal vez matizando algo: goza de reconocimiento (tiene todos los grandes Premios –Cervantes, Príncipe de Asturias, de las Letras Españolas- excepto el Nobel) pero no de suficiente conocimiento. A la gente “le suena”, pero no lo ha leído, que es el mayor homenaje que se puede hacer a su obra. De ahí mi personal empeño en potenciar su lectura: porque creo que, además de hacernos disfrutar, nos hace mejores, más libres, más abiertos, más tolerantes, más exigentes con nosotros mismos.

Tal vez si se consiguiera llevar al cine sus grandes novelas Muertes de perro y El fondo del vaso, y a la televisión una serie basada en Los usurpadores y La cabeza del cordero, se promovería más su lectura, como ocurrió con Torrente Ballester a propósito de Los gozos y las sombras.

-¿Ganará el Nobel?
-Creo que, por desgracia, no ganará el Nobel. Nunca se ha concedido el Nobel a una persona centenaria. Pero en su caso, como en de otros grandes escritores, ni conseguirlo añade, ni no conseguirlo resta nada a su producción literaria. En esto comparte destino con su amigo Jorge Luis Borges.

-Y ya para terminar, Manuel Ángel, ¿cómo me definirías la palabra “dignidad”?
-Dignidad es calidad (humana, profesional, etc.), es responsabilidad y decencia, es fidelidad a valores e ideales nobles pero concretos y, para mí, es servicio a los demás. Sobre todo, es mantenerse íntegros e insobornables ante nuestras convicciones más profundas.

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Luis Alberto de Cuenca. LA POESÍA QUE RESPIRA

Publicado el 11 junio 2008 por manuguerrero

Ya he recetado varias veces los poemas de Luis Alberto de Cuenca para ahuyentar esos momentos de sosiego emocional, inevitables en este mundo intrépido. Lo hago porque su poesía resulta conmovedora, transcultural, sencilla, culta y elegante, cualidades suficientes para distanciarlo del resto de poetas españoles conocidos, habitualmente asociados en tribus.

Luis Alberto es Doctor en Filología Clásica y traductor de, entre otros, Homero, Eurípides, Calímaco, Charles Nodier y Gérard de Nerval. En 1987 obtuvo el Premio Nacional de Traducción por su versión del Cantar de Valtario y dos años antes el Premio Nacional de la Crítica por La caja de plata. También ha sido director del Instituto de Filología del CSIC y de la Biblioteca Nacional de España (1996-2000) así como Secretario de Estado de Cultura (2000-2004).

Mucho antes ya era popular por sus canciones para la Orquesta Mondragón: “Caperucita feroz”, “Viaje con nosotros”, “Garras humanas”, “El diablo dijo no” etc… y a finales de los noventa, Loquillo escogió un poema suyo, “Cuando pienso en los viejos amigos” para comenzar uno de sus mejores discos: Con elegancia. Pero no quedó ahí la cosa. Ha vuelto a recurrir a él para su último trabajo, Balmoral (donde solían compartir copas y largas conversaciones), y además publicará en breve otro exclusivamente con sus poemas, de nuevo musicados por Gabriel Sopeña, a quien conocemos muy bien en esta web. Todo esto quizá sea porque Luis Alberto es un poeta con mucho oído, entregado prudentemente a la música y la vida. Es fácil percibirlo. 

-Hola Luis Alberto. Encantado de saludarle. Bienvenido a este rincón dedicado a la cultura, el periodismo y la democracia. Antes de nada quiero decirle que me gusta que mis invitados se sientan cómodos. Para ello, qué mejor que ofrecerle un vaso lleno. ¿Qué prefiere?
-Aquarius, por favor.

-Tenía muchas ganas de conversar con usted porque, entre otras cosas, esta misma mañana he acabado de leerme su obra poética completa y he de reconocer que muchísimos de sus poemas me han conmovido. Me he topado con sensaciones que jamás había descubierto en otros poetas, pero es que además he compartido algunos de sus textos con amigos de muy variopinta identidad y nadie ha logrado poner objeción alguna. ¿Cree que algún día llegará usted a conocer ciertamente lo que sentimos sus lectores?
-Si me lo dicen con palabras tan cariñosas como las que usted acaba de emplear, seguro que acabaré conociendo con certeza ese presunto sentimiento de mis lectores.

-¿Y qué siente usted escribiéndolos?
-Si se refiere usted a mis poemas, siento satisfacción cuando los termino.

-¿Es un poeta metódico?
-Si por metódico entiende usted que escribo todos los días, no. Pero cuando me pongo a escribir un poema, como cuando me pongo a hacer cualquier otra cosa, sí soy metódico, y disfruto siéndolo.

-¿Ser poeta es un oficio como otro cualquiera, cuya técnica se puede aprender?
-Hoy me siento romántico y le respondo que no. Los poetas nacen. Pueden perfeccionarse, pero sus aptitudes son innatas.

-¿Es un poeta vocacional?
-Todo lo que he sido o hecho en mi vida ha sido de manera vocacional. Nunca me he sentido obligado a hacer esto o aquello sin que me apeteciera hacerlo.

-¿Cuándo se sintió seducido por la poesía?
-Desde siempre. Pongamos que desde que mi padre me recitaba poemas de Rubén Darío en aquella edición pequeñita de Afrodisio Aguado.

-¿Qué había leído antes de escribir su primer poema?
- Juan Ramón Jiménez y Tagore (ambos en la Biblioteca de Premios Nobel, de Aguilar).

-¿Recuerda cuál fue?
-Recuerdo dónde lo escribí: en un cuaderno de tapas rojas que me regaló mi madre precisamente para que lo llenara de poemas.

-No debió extrañarle a nadie verle escribir poesía porque en su familia ya había antecedentes. Quizás el más ilustre sea su bisabuelo Carlos Luis de Cuenca (1849-1927). ¿Qué le contaban de él cuando era niño?
-Poca cosa. Que era muy divertido y siempre estaba de broma. Cosas así.

-¿Él era entonces uno de sus referentes?
-No. Mi bisabuelo sobresalió como poeta festivo. Y yo no empecé escribiendo poemas humorísticos, por más que el humor ha estado y estará muy presente en mi obra.

-Fue un escritor muy conocido en su época. Y además muy prolífico. Escribió más de 8.000 poemas… ¿quién construye o deconstruye los mitos?
-El hombre es quien construye los mitos para explicarse un mundo inexplicable. Lo de ‘deconstruir’ apesta a Derrida. No soporto la palabreja. Pero el hecho de que mi bisabuelo sea hoy un poeta olvidado no tiene nada que ver con los mitos.

-Una curiosidad: ¿Alguno de los libros de su biblioteca ha pasado a sus manos?
-Sí. Por ejemplo, estos dos: el libro que J. E. Rodó dedicó a Rubén Darío en 1889; la primera edición –póstuma– de las seis primeras Musas de Quevedo (Madrid, 1648).

-¿Es usted coleccionista de libros? ¿Cuántos tiene?
-Soy coleccionista de libros y de tebeos. No los he contado últimamente, pero muchísimos.

El desayuno

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

Luis Alberto de Cuenca 

-Alguna vez le he oído decir que la poesía debe salir “del gueto, de las mafias y sectas, del malditismo y de su tediosa iconografía”. ¿El ambiente que rodea a cierta poesía española es el principal obstáculo entre los (posibles) lectores y la poesía?
-Sí. Es un ambiente muy reducido, demasiado “familiar”. Estoy convencido de que mi poesía podría tener tiradas de cien mil ejemplares si alguien preparase un lanzamiento adecuado.

-¿Por qué ocurre eso en nuestro país?
-Ocurre en todas partes. Los poetas son iguales aquí o allá. Se sienten diferentes, y eso es un error gigantesco.

-¿La poesía también está politizada?
-A veces lo está. Y es normal que así sea. En el fondo, todo es política.

-¿Es más cuestión de ideas o de amistades?
-De las dos cosas. Si uno se rodea de manzanas podridas, termina uno en el pudridero.

-¿Y cómo cree que la poesía puede descontaminarse?
-De ninguna manera. En la contaminación está el gusto. ¿Qué hubiera sido del teatro de Plauto y de Terencio sin la contaminatio?

-No obstante, existen islas resguardadas. Muchos le sentimos un poeta diferente, cosmocultural. En una página nos fascina con Euforión de Calcis y en otra nos cuenta su curiosa relación con un Blandiblub. ¿Es usted tan absorbente como su poesía?
-Antes sí que lo era y me ponía muy pesado con los seres humanos que me rodeaban. Ahora vivo y dejo vivir, que no es poco.

-Una de las principales características de su poesía es la narratividad, la precisa narratividad diría yo. Un poema suyo puede contar una historia casi con la misma exactitud que una película americana. Otro de los rasgos definitorios es su amor por los nombres propios. ¿Estas dos cualidades eran habituales en la poesía clásica o son rasgos vanguardistas? ¿Alguna vez se ha reconocido en algún autor clásico?
-Esas dos cualidades estaban ya en los poetas clásicos. En Calímaco de Cirene, por ejemplo, con quien me siento muy compenetrado.

-¿Abusar de los nombres propios puede salirle caro a su poesía? Piense que dentro de cien años igual nadie sabe lo que es un Blandiblub o les resulta imposible entender “La malcasada”.
-En mi poema “Mi monstruo favorito” no menciono el Blandiblub; sólo hablo de ese juguete cuando leo el poema en público. Mis poemas son, al mismo tiempo, expresión de una época y palabras para siempre.

-¿Escribir le hace feliz?
-Me hace feliz haber escrito, que es diferente.

-¿Para usted en qué consiste la felicidad?
-En una biblioteca bien elegida y en alguien con quien compartirla.

-¿Y qué le aportan sus trabajos como investigador del CSIC y traductor?
-Mucho. Pero todo en mi vida gira alrededor de mi poesía. Yo miro el mundo desde una perspectiva poética. Todo, hasta lo más antipoético, es susceptible de convertirse en poema.

In illo tempore

Tus padres se habían ido a no sé dónde
y la casa quedó para nosotros,
lo mismo que el convento abandonado
del poema de Jaime Gil de Biedma.
Con la música a tope, preparaste
una mezcla explosiva en una jarra
mientras yo te quitaba, dulcemente,
la ropa de cintura para arriba.
Llenaste las dos copas hasta el borde.
Bebimos. Nos entró la risa tonta,
y se nos puso un brillo en la mirada
que subrayaba nuestra juventud,
y nos besamos como en las películas,
y nos quisimos como en las canciones.

Cuando la realidad era el deseo
y nuestro reino no era de este mundo.

Luis Alberto de Cuenca

-¿A Luis Alberto de Cuenca le gusta echar la vista atrás?
-Inevitablemente lo hago. Tengo esa edad en que es inevitable mirar hacia el pasado. Pero prefiero “echar la vista hacia adelante” (suponiendo que exista la expresión).

-¿Cómo recuerda ahora su paso por la Biblioteca Nacional, de la que fue director (1996-2000), y por la Secretaría de Estado de Cultura (2000-2004)?
-Como una época muy ajetreada y confusa.

-¿Qué fue lo más importante de esos ocho años?
-Conocer a Alicia Mariño, que es ahora mi mujer.

-Confiésenos algo: ¿se paseó alguna noche, a solas, por los pasillos de la Biblioteca Nacional?
-No. Sólo estuve una noche en los depósitos de la B. N. e iba acompañado de Juan Manuel de Prada, el fotógrafo Gonzalo Cruz y varios guardias de seguridad: Prada me estaba haciendo una entrevista que vería la luz en ABC.

-¿Tanto libro junto desprende algún tipo de ruido?
-Si uno aguza el oído, esos libros desprenden “el sonido y la furia” del mundo, que dirían Shakespeare y Faulkner.

Debajo de la piel

Dos millones después, tengo tan claro
que el viaje hacia el lenguaje y hacia la inteligencia
no precisaba alforjas, que me sacan de quicio
los que distinguen entre personas y animales,
como si hubiera alguna diferencia entre el hombre
y el resto de seres vivientes del planeta
que no sea a favor de estos últimos. Pero,
al margen de este hecho incontestable, existe
algún hecho menor que justifica, acaso,
el dolor de ser hombre: debajo de la piel
de la especie hay un hueco para el temblor inútil
y hermoso que transmiten los poemas homéricos,
la Eneida de Virgilio, el teatro de Shakespeare,
las Sonatas de Valle o los cuentos de Borges,
por citar sólo cinco momentos memorables
de la literatura universal. No salvan
a nadie, ni nos quitan atávicas zozobras,
pero nos comunican un placer que mi perro,
con ser bastante menos desdichado, no siente.
Dos millones de años después, tan sólo eso
ha valido la pena.

Luis Alberto de Cuenca

-¿Cómo se ve la realidad cultural de este país desde esa situación estratégica?
-En el campo de la creación literaria, y desde cualquier situación en que me encuentre, aunque sea estratégica, veo bien la realidad de este país, o sea, de España. Culturalmente, y hablando en términos generales, estamos bajo mínimos por culpa de la galopante degradación educativa.

-¿Cree que existe buena comunicación entre los ciudadanos y los gestores de los recursos públicos?
-Más de lo que parece. Ciudadanos y gestores públicos aspiran a una sola cosa: la conversión de la cultura en mero espectáculo, el triunfo de la vacuidad. Hay excepciones, cómo no, pero la regla es la que es.

-Por cierto, ¿qué le ha parecido la gestión cultural de la primera Administración ZP?
-No entro en valoraciones al respecto.

-Si no estoy mal informado no pertenece a ningún partido político, pero desde hace muchos años está vinculado al Partido Popular. Vuelvo a preguntarle algo parecido a lo de antes: ¿Por ideas o por amistades?
-No pertenezco a ningún partido político. Pero mis ideas giran en torno a dos conceptos básicos que se expresan en dos adjetivos: ‘conservador’ y ‘liberal’. Las amistades no me han influido a la hora de rendir culto a esos dos términos, que para mí van siempre entrañablemente unidos.

-¿Cómo cree que le ha influido ideológicamente el ambiente en el que ha nacido/crecido?
-Probablemente mucho. Pero hay mucha gente de mi misma procedencia social que anda hoy por otros derroteros ideológicos.

-¿En algún momento se ha sentido un disidente?
-Siempre que el Matrix progre –como dirá Prada– ocupa el poder. Espero dejar de sentirme disidente pronto.

-Ha escrito discursos para José María Aznar, Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre, entre otros. ¿Se disfruta escribiendo por encargo?
-Apenas he escrito discursos para esos políticos que usted menciona. Recuerdo uno que escribí para Rajoy cuando era Ministro de Educación y Cultura. Ha sido el único que he escrito entero por encargo. He colaborado, eso sí, en la elaboración de discursos para Aznar y Esperanza Aguirre, pero de modo tangencial e irrelevante. Cuando escribí el discurso para Rajoy, disfruté escribiéndolo. Después de pronunciarlo, Rajoy me llamó por teléfono y me dijo que le había parecido “colosal” (un adjetivo muy suyo).

-¿Ha llegado a conocer flagrantes casos de incoherencia entre lo que se lee y lo que se piensa? ¿Existe afición por la Literatura entre los grandes de la política y la empresa?
-Hay de todo. A Aznar, por ejemplo, le chiflaba la poesía. Y le gustaba de verdad, no por mera pose.

-¿Sigue vinculado al partido?
-Tengo buenos amigos y amigas en el Partido Popular, más que en ninguna otra formación política.

-Por cierto, Luis Alberto, ¿qué opinión tiene de lo que está ocurriendo actualmente en el Partido Popular, es decir, sobre la tensión latente entre unos grupos y otros dentro del mismo partido, un partido que no se ha caracterizado nunca precisamente por manifestar sus diferencias internas?
-Es bueno que se manifiesten las diferencias internas. Las discrepancias deben salir a la luz; si no, se enquistan y es mucho peor.

-¿Cree que el partido debería dejar paso a la siguiente generación?
-Un partido, como cualquier asociación, debe dar cobijo a diferentes generaciones. Lo importante es el individuo, no la generación a la que pertenezca.

-¿Quién opina que podría suplir una supuesta crisis de liderazgo?
-No estoy afiliado al Partido Popular. Eso deben decidirlo los afiliados exclusivamente.

-¿Por qué Alberto Ruiz-Gallardón levanta tanta admiración, entre incluso quienes no votan al PP, y sin embargo parece contar con tan poco apoyo de la directiva actual?
-No tengo ni idea. Lo único que puedo decir al respecto es que quiero y admiro a Alberto desde antiguo.

-¿Qué falló en las pasadas elecciones (2008)?
-Falló la maquinaria de comunicación del PP. El pueblo es fácilmente influenciable, y Zapatero se llevó el gato al agua.

-Creo que actualmente en la calle, incluso en los bares, se habla más de economía que nunca anteriormente. ¿El olor a crisis nos tiene a todos acobardados?
-Está bien que se hable de economía. Aunque no sea más que para que deje de hablarse un ratito de la crisis del PP, que es el tema recurrente de los medios de comunicación en los últimos tiempos.

-¿Cree que la situación llegará a tanto como parece (en la calle) o se quedará en nada (como dicen en el Gobierno)?
-No soy adivino. Pero estoy convencido de que el ciclo económico en que estamos inmersos es cualquier cosa menos bueno.

-¿Cómo se vive en la alta cultura esos momentos de recesión? ¿Se produce menos? ¿Se consume más?
-En la alta cultura, no lo sé. En la mezcla armoniosa de alta cultura y cultura popular, que es donde yo me encuentro, la recesión no influye lo más mínimo ni en la producción ni en el consumo. Al menos hasta ahora.

-¿Son buenos tiempos para la transgresión propia del cómic y la poesía?
-Hay cómics y poemas que transgreden. Otros cómics y otros poemas no son nada transgresores. Y hay buenos y malos cómics y buenos y malos poemas en el grupo de los que transgreden y en el de los que no transgreden. Cualquier tiempo está bien para lo uno y para lo otro.

-¿Qué se dice/hace por Madrid? ¿Es una ciudad culturalmente viva?
-Yo creo que sí. Me he acercado a su corazón cultural y sigue palpitando.

-Por último, Luis Alberto, voy a pedirle que cierre esta entrevista como desee. Proponga por ejemplo unos versos que le gusten. Mientras tanto, voy a llenarle el vaso otra vez, si quiere.
-Se me ocurre una frase en vascuence: Amaia da hasiera, o sea, “El fin es el principio”. Aparece como Leitmotiv en una célebre novela de Navarro Villoslada: Amaya o los vascos en el siglo VIII. Y sí, póngame otra dosis de Aquarius, que estoy completamente deshidratado después de tantísimas preguntas.

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Me corresponde decir…

Publicado el 13 mayo 2008 por manuguerrero

La sección de esta web a la que tengo más cariño es la de entrevistas, género periodístico al que me he sentido especialmente vinculado desde que apenas rozaba los quince años de edad. Cada vez que puedo, me gusta dedicar parte de mi tiempo libre a entrevistar a aquellas personalidades del mundo de la cultura que me parecen más interesantes. Huyo de las entrevistas exprés, que son las que abundan en los medios de comunicación convencionales, y prefiero las que son sosegadas, reflexivas y, en la medida de lo posible, atemporales. Sustanciosas, diría yo, aunque por supuesto no será un servidor quien diga si en cada ocasión se consigue o no. Mi objetivo siempre es llegar a las entrañas de mis invitados para colocarlas en el ordenador de cualquier internauta interesado, de cualquier lugar del mundo. 

Quizá por ello, desde el principio, es decir, desde el 26 de marzo de 2007, no he parado de recibir correos electrónicos (de México, Chile, Estados Unidos, Argentina, España…) en los que se me pedía permiso para utilizar las entrevistas en trabajos universitarios, como documentación bibliográfica, o sencillamente para reproducirlas en otras páginas web. Por supuesto que en todos los casos he dado mi aprobación siempre y cuando se respetara estrictamente lo dicho por mis entrevistados y nunca se tergiversaran sus palabras. 

Quiero por tanto agradecérselo a todos aquellos que con su interés mantienen viva la sección y por supuesto, de forma muy especial, a mis entrevistados que muy generosamente ceden su tiempo para contestar mis preguntas. Gracias por compartir conmigo y con todos los lectores el valor terapéutico e infaliblemente comunicativo de las palabras. Por confiar en palabras sin recortes ni interferencias. Por creer, esencialmente, en la palabra viva.

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Shuarma. MÁS ALLÁ DE LOS ELEFANTES

Publicado el 07 abril 2008 por manuguerrero

El 15 de diciembre de 2005 fue un día gris para todos los seguidores de Elefantes. El grupo, uno de los más capaces del pop español, anunció su disolución sin aclarar motivos ni dar pistas sobre lo que sería de cada uno de ellos. Parecía inexplicable porque el éxito venía abrazándoles desde su disco Azul, un placer para el oído, y era ciertamente difícil asumir la desaparición de aquella perfecta conjunción entre la dulzura de Shuarma, su compositor y cantante, y la instrumentación potente y sugestiva de los demás miembros del grupo. Pero así es la vida, se esfumaron como nubes blancas.

Dos años después, Shuarma apareció por sorpresa con Universo, su primer disco en solitario. Trece canciones (con sus trece videoclips) cargadas de luz y dispuestas a llevar el espíritu elefantes a otros territorios más íntimos y espirituales, confirmando además que de un tipo como él, que con solo tres años ya vivía unido a un saxofón, cabe esperar cualquier pirueta salvo una jubilación anticipada. 

-Aunque no te conozco personalmente, siempre te he imaginado muy volcado en tu trabajo. Quizá sea porque transmites una imagen de artista enamorado de la música. ¿Me equivoco?
-La música es para mí un refugio, un lugar en el que estoy a salvo. Una habitación en la que me gusta encerrarme. Hay cosas que digo mejor cantando que hablando y como siempre me ha gustado opinar, pues ahí estoy escribiendo canciones compulsivamente.-Últimamente estás de gira con Universo, tu primer disco en solitario. ¿Qué sensaciones has recogido hasta el momento?
-Sensaciones diversas. Es muy distinto empezar en solitario después de estar 10 años en un grupo. Es un aprendizaje que necesitaba revivir. Tenía que volver a ilusionarme y había que correr riesgos.

-Subiéndote al escenario como solista –y a veces, sin músicos acompañantes- ¿no te has llegado a sentir solo en el escenario?
-No, nunca me siento solo en el escenario si hay público que viene a oírme.

-¿Consigues ahora una relación con tus espectadores distinta a la que tenías cuando te presentabas con el resto de elefantes?
-La verdad es que me siento más querido porque ahora me sigue gente que ha aceptado mi decisión de acabar con un grupo querido por el público y ha aceptado que necesitaba un cambio y de alguna manera lo ha vivido conmigo.

-La separación del grupo fue muy sonada. Además, ocurría en un momento álgido, cuando ya no quedaba nadie que no os conociera. Sinceramente yo sentía el temor de perder el espíritu elefantes. ¿Cómo recuerdas el último directo del grupo? ¿Fue aquella la experiencia más intensa de toda tu carrera?
-Fue una experiencia realmente intensa. Lo que sentimos en el escenario fue importante. Durante el concierto reviví toda la carrera del grupo a través de las canciones.

-¿La ruptura fue por motivos personales o influyó también la crisis en la industria musical? ¿Fue doloroso para ti?
-Fue muy doloroso para todos los del grupo, pero hay veces en la vida en la que has de tomar decisiones por muy dolorosas que sean. Influyeron muchas cosas, pero nunca la industria musical.

-¿Sentías que presentarte con el nombre de un grupo no era justo, que no se reconocía el valor que aportabas tú al conjunto?
-No, sencillamente creía que Elefantes había acabado. 

-Ahora muchos seguidores de Elefantes podemos estar tranquilos porque con Universo, aunque sea un disco distinto a los anteriores, seguimos teniendo tus letras, tu voz y, en definitiva, los mismos valores que antes. Sigue habiendo la misma luz.
-Para mí hay más luz, aunque aún no haya encontrado la manera de mostrarla. Pero estoy seguro de que lo conseguiré. 

-Por cierto, ¿sientes fascinación por la luz? Lo habitual en el panorama musical español es lo contrario: refugiarse en la noche, la oscuridad, la bohemia de lo incierto.
-Claro que siento fascinación por la luz. Me gusta sentirme bien. El dolor me duele. Aunque entiendo que desde la “oscuridad” o el sufrimiento estás mas en contacto con tus sentimientos y el acto creativo puede ser más puro. Pero siempre preferiré la luz a la oscuridad.

-A ti la música, aparte de como fuente de ingresos, ¿te sirve para algo?
-Soy incapaz de decirte qué me aporta la música, igual que soy incapaz de pensar en mi vida si no hubiera música. Es mi tabla de salvación.

-¿Cuándo y cómo descubriste la expresividad de la música?
-Realmente no lo sé, ni recuerdo un momento concreto. Sencillamente fui escuchando música, luego me regalaron una guitarra y ahí empecé a contar cosas.

-¿Es cierto que a los tres años te regalaron un saxofón? ¿Cómo aprendiste a tocarlo?
-Nunca aprendí a tocarlo, pero siempre iba con un instrumento encima.

-¿Por qué te decidiste, años después, a escribir una canción?
-Supongo que fue un impulso que afortunadamente no reprimí.

-Juan era mi amigo fue la primera canción que escribiste, dedicada a un atentado que cometió la banda terrorista ETA en Barcelona. ¿Cómo ves esa canción ahora, tantos años después? ¿Tu carrera musical ha evolucionado tal y como podías imaginar esa tarde?
-Apenas recuerdo el estribillo de la canción, pero sí recuerdo la sensación de haber escrito algo que me importaba. Estaba cantando algo que sentía en mi interior y eso fue importante para mí. En cuanto a mi carrera, creo ha evolucionado de forma muy coherente, ya que sigo escribiendo desde el corazón, igual que esa tarde.

-¿Tu hijo Sunna anda también tocando ya algún instrumento?
-Le encanta la guitarra eléctrica. Tiene una y es un super rockero.

-Tu compañera Susu también se dedica a la música. Bajo el nombre de La media luna ha sacado ya dos discos. ¿En tu hogar la música lo invade todo?
-La música está muy presente en casa y espero que no falte nunca. 

-¿Cómo crees que ha influido Sunna en vuestros últimos discos?
-Mucho, desde que apareció ha influido mucho en todo lo que hacemos y por supuesto en nuestra música también. De qué manera no lo sé exactamente, supongo que nos ha ayudado a quitarnos prejuicios y quizás a hacer menos ruido.

-En el tuyo, es decir, en Universo, aparte de la luz de la que hablábamos antes, hay sosiego, espiritualidad, naturaleza… ¿Te consideras un hombre esencialmente optimista?
-Me siento bastante optimista. Durante el periodo en el que escribí Universo, viví momentos preciosos que han quedado reflejados en el disco. Para mí es importante ser transparente con mis emociones.

-¿Crees que el contagio de optimismo puede salvarnos de la depresión a la que parece abocarnos la ultraindustrialización de la vida?
-Creo que el optimismo es una decisión muy difícil y muy valiente. Y creo firmemente en el poder que tiene para mejorar las cosas.

-¿Te gusta el modo en que se organiza la vida de la gente de tu alrededor, de tu ciudad, de tu país?
-Creo que el ser humano es maravilloso, hacemos cosas increíbles y de extremada delicadeza y dulzura, pero a su vez también somos capaces de lo contrario. Intento no fijarme mucho en lo que hace la gente, no juzgar, pero no lo consigo y no me gusta nada cómo se organiza la sociedad. Parece que vamos en contra de nosotros mismos.

-Y si hablamos del mundo en general, ¿nos echamos a llorar?
-Depende de cada uno. Como ya te he dicho, yo admiro al ser humano. 

-¿Crees que lo que ocurre en África tiene solución?
-No lo sé, pero mientras decidimos si la tiene o no hay que tender la mano.

-En octubre, Miguel Bosé, Dover y tú llevasteis 600.000 firmas al Palacio de la Moncloa para pedir al Gobierno español que reconsidere sus posturas sobre el comercio con los países subdesarrollados. ¿Os fiáis de las estrategias de la UE?
-No, no me fío, si me fiara no hubiera hecho falta ir a recoger firmas.

-¿Te sientes especialmente vinculado a África?
-No, no especialmente. Me siento vinculado a las personas que carecen de necesidades básicas como comida, higiene o educación. Si le faltara eso a mi hijo me sentiría muy desgraciado.

-¿Qué viste en tus viajes al continente negro?
-Mucha alegría, mucha fe y muchas ganas de cambiar las cosas. 

-Sin dioses en los que creer, ¿nos será más fácil buscar culpables y soluciones?
-Para mí los dioses son las ilusiones y afortunadamente nunca he dejado de creer. No necesito buscar culpables, pero las soluciones nos vendrían muy bien. Y hay mucha gente muy ocupada buscándolas.

-Por cierto, ¿eres un hombre muy espiritual? ¿En qué crees?
-Creo en la ilusión y en la buena gente.

-¿Te seduce la belleza por encima de todo lo demás?
-No por encima de todo lo demás, pero como persona a la que le fascina el arte, la belleza es importante para mí. 

-Un aspecto que siempre me ha gustado de ti es la belleza de tus videoclips porque independientemente de los medios que dispongas, siempre presentas vídeos creativos y muy brillantes. ¿La inspiración te llega también a modo de imágenes o es que sencillamente estás bien rodeado?
-Estoy muy bien rodeado y afortunadamente mi creatividad es también fértil.

-En esta página web hemos hablado algunas veces de Bushido, un disco muy brillante, con grandes canciones (para mí, uno de los mejores de lo que llevamos de siglo) pero del que tú no guardarás gratos recuerdos. ¿Me equivoco? ¿Por qué aquel enfrentamiento entre Bunbury y tú? ¿Cuál era la razón de las disputas?
-Yo sí guardo un buen recuerdo de Bushido, fue algo intenso y a mí me gustan las cosas intensas. Allí hubo un choque entre Enrique y yo, pero cuando las personas ponen el corazón en lo que hacen es normal que los choques sean más aparatosos. Afortunadamente es agua pasada y el disco sigue ahí.

-¿El peso de la amistad ha puesto las cosas en su sitio?
-La amistad real nunca se vio afectada, la superficial mucho.

-¿Ves probable algún proyecto junto a él?
-Hace muy poquitos días entramos en estudio para hacer una nueva versión de “El tiempo se puede parar”. 

-¿Y qué relación tienes con los demás, es decir, Morti y Carlos Ann?
-Somos muy buenos amigos y me encanta tenerles cerca.

-¿No era demasiado temeroso meter a cuatro artistas con tanto talento y carácter en una masía?
-No sé si con tanto talento, pero lo que sí teníamos era cuatro puntos de vista distintos y eso era lo bonito del proyecto.

-Una curiosidad ¿sueles escuchar los discos que grabas?
-No. Nunca los escucho. Ya me los sé…

-En mi opinión tienes una voz admirable, con mucha personalidad y que transmite principalmente buenas vibraciones. ¿Te gusta tu voz?
-Nunca me he cuestionado si me gusta mi voz, quizá porque es la única que tengo y si la respuesta fuese “no” estaría en un serio apuro.

-¿Cómo aprendiste a cantar?
-Jamás me he preocupado en cantar bien. Lo que me interesa es transmitir. Para mí lo de cantar bien es como el zapatero que hace zapatos. El primero le sale normalito, el segundo mejor y cuando lleva cien los hace muy bien.

-¿Como músico tienes inquietudes que tu voz no te permita cantar?
-No.

-¿La someterás a nuevos caminos en tu próximo disco?
-Puede ser.

-Por cierto, ¿algún día te has parado a pensar que la imaginación también se topará, posiblemente, con los malditos límites?
-Creo que subestimas a tu imaginación.

-Suerte.
-Gracias e igualmente. 

Más información sobre nuestro entrevistado en www.shuarma.com

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Myriam Seco. AÚN QUEDAN TESOROS OCULTOS EN EL VIEJO EGIPTO

Publicado el 22 marzo 2008 por manuguerrero

 

Myriam Seco se convirtió en 2003 en la arqueóloga española más importante al descubrir diversos vestigios relacionados con Amenophis III, un faraón que gobernó el Valle del Nilo hace más de 3.000 años. Aquel descubrimiento fue una noticia sorprendente: una mujer española haciendo Historia en la ciencia. Es, por ende, una de las egiptólogas más importantes de su generación además de autora de varios libros de referencia. Ha liderado excavaciones en Oriente Medio y Egipto, donde actualmente reside la mayor parte del tiempo trabajando en diferentes proyectos arqueológicos. En la última década, sus investigaciones y descubrimientos han sido cruciales para entender las costumbres del antiguo Egipto.

Formó parte de la primera expedición que recorrió el Nilo en toda su extensión, es decir, desde su origen en las montañas etíopes hasta su desembocadura en el Mediterráneo, la aventura, según nos dice, más apasionante de su vida. Aunque, como se puede comprobar en esta entrevista, no es la única repleta de intensas emociones.

Algunos la llaman la “Indiana Jones” española. Es Myriam Seco.

-Hola Myriam. ¿Cómo estás? ¿En qué lugar del mundo te encuentras?
-Sigo en Qurna trabajando en el templo funerario de Amenophis III, en los Colosos de Memnon y me quedaré aquí hasta comienzos de abril. Es un proyecto dirigido por la egiptóloga Hourig Sourouzian. Yo empecé a trabajar con ellos en el año 2000 y normalmente hacemos campañas anuales de 3 meses.

-¿Qué investigas allí?
-Se trata del templo funerario mayor de Tebas construido por Amenophis III, en la XVIII dinastía, en el momento de mayor esplendor artístico. Nosotros ahora tenemos la suerte de excavar todas esas maravillas del arte egipcio. Somos un equipo internacional formado por más de 30 especialistas procedentes de más de 10 países diferentes y con una cuadrilla de unos 250 obreros locales.

-Estos días nos informa la prensa española que en Egipto la situación se está complicando. Dicen que aumenta el paro, la pobreza y la inflación. ¿Es como un volcán a punto de estallar?
-Es cierto la situación económica está complicada para la mayoría de la población. Los precios han experimentado un gran aumento, mientras los sueldos siguen siendo muy bajos. No sé cómo pueden llegar a final de mes. Cuando charlo con los obreros del yacimiento me cuentan horrorizados que los precios de los alimentos básicos se han triplicado. Un kilo de tomates cuesta casi 4 libras egipcias, cuando hace un año no llegaba ni a una libra. Un kilo de lentejas vale entre 7 y 8 libras, casi un euro, lo cual supone una fortuna.

-¿Influye eso en tus trabajos de investigación?
-Claro que influye. Nosotros le damos trabajo a unos 250 obreros, muchos de ellos especializados en restauración, excavación o movimiento de bloques de piedra, que no tienen ningún otro trabajo. Son personas con capacidades pero sin ningún futuro en el mercado laboral.

-¿Todos los arqueólogos acaban en Egipto?
-No todos, pero es un buen sitio para dedicarse a la arqueología. ¡Aunque hay tantos lugares interesantes! A mí me atrae muchísimo el Próximo Oriente, lugares como Irak, Siria o Líbano. Pero también otras zonas como Yemen, Etiopía, Sudán o Libia. Y me gustan muchísimo las culturas precolombinas, creo que excavar en México o en Perú también debe de ser interesantísimo.

 

-¿Y por qué la cultura egipcia seduce a tantísima gente?
-Por muchos factores. Uno de ellos es la grandiosidad de su arte. Consiguieron la eternidad que tanto anhelaban construyendo edificios duraderos y fueron maestros de la ingeniería. Por otro lado, sus creencias en la vida del más allá, que tanto llaman la atención. Su filosofía quedó plasmada en templos y tumbas que hoy podemos seguir admirando. Eso es lo fascinante de Egipto.

-Por cierto, ¿qué impresión ha causado, entre los aficionados al patrimonio cultural, la revista que tú diriges, Legado Histórico, recientemente presentada?
-Ha tenido muy buena acogida. No hay revistas de este tipo que traten temas de patrimonio, y creo que hacía falta crear algo así para que las novedades en el patrimonio lleguen al público. Además creo que el patrimonio en Andalucía ocupa un lugar importante y en la actualidad se llevan a cabo muchísimas intervenciones y hay que informar al público interesado.

-¿Interesan la Historia y la Cultura en tiempos de telebasura, estrés y bajos índices de lectura?
-Claro que interesa. Como se suele decir, hay gente para todo.

-¿Es cierto que los arqueólogos siempre lleváis champán a las expediciones por si descubrís algo?
-No siempre. Lo que sí hacemos es celebrar los descubrimientos y qué mejor manera que bebiendo una copa de champán. Aunque a mí no me importaría celebrarlo con un buen Ribera del Duero.

 -¿Cómo son tus jornadas de trabajo en Egipto?
-Agotadoras. Cuando estoy de campaña arqueológica nos levantamos muy temprano y comenzamos a trabajar a las 6 o 7 de la mañana hasta las 2 de la tarde en el yacimiento. Luego viene el trabajo de redacción frente al ordenador. Esto durante 6 días a la semana. Por eso cuando estás 3 meses de campaña arqueológica te desconectas totalmente del mundo, pero como el trabajo que realizas te absorbe, no eres consciente del paso del tiempo.

-¿Y conoces bien el país?
-Bastante bien, a mí me encanta viajar, por eso he visto cada rincón. Además, como llevo más de 10 años he tenido muchísimas oportunidades de conocer todas las zonas. Aunque aún me quedan algunas por descubrir, como por ejemplo algunas partes del desierto. Me encantaría viajar a Gilf el Qebir.

-Una vez incluso formaste parte del primer descenso completo del Nilo, desde que nace hasta el Mediterráneo, unos 5.200 kms ¿cómo fue aquella aventura?
-La mejor de mi vida. En aquel momento disfruté muchísimo pero, como suele ocurrir, no era del todo consciente de lo que me estaba pasando. Recorrimos el Nilo Azul desde su nacimiento en el Lago Tana (Etiopía) hasta la desembocadura en el Mediterráneo. Eso me permitió conocer zonas de Etiopía y Sudán que nunca hubiera imaginado poder conocer.

  

-¿Qué viste?
-Vi el Nilo en su estado natural, el Nilo del que te hablan los textos y se representa en los relieves y pinturas de tumbas y templos. Cuando navegaba por el Nilo en rafting era como si una de las representaciones de pesca que suelen aparecer en las tumbas egipcias hubiese cobrado vida y yo estuviera dentro de ella. Las orillas del río llenas de papiros, gran cantidad de pájaros de diversos colores, los cocodrilos y sobre todo los hipopótamos, que me impresionaron muchísimo.

-¿Qué fue lo que más impactó?
-Sin duda el Lago Tana, para mí un lugar mágico. Me impactó todo: la luz, los olores, la fauna. Fue precisamente en el Lago Tana donde tuvimos nuestra primera reunión de trabajo. Nos alojábamos en un hotel a orillas del lago. Justo frente a nosotros apareció el primer grupo de hipopótamos, para mí fue un momento muy impactante.

-¿Es la aventura más apasionante de tu vida?
-Por ahora, sin duda.

-Por cierto, ¿cómo es para ti la vida en Egipto?
-Muy variada. Cuando estás de excavación vives en otro mundo, pero cuando me instalo en El Cairo llevo un ritmo de vida muy diferente. Es muy enriquecedor, pues encuentras a una cantidad de gente, que llevando a cabo otro tipo de vida nunca hubiera encontrado. Te relacionas con extranjeros, con egipcios y con españoles.

-¿En qué se asemeja un hogar del viejo Egipto a uno actual?
-Para encontrar el modo de vida del viejo Egipto tienes que ir al campo. Ahí viven exactamente igual que hace 3.000 o 4.000 años. Viajar por el Egipto Medio en coche y visitar los pueblos equivale a hacer un viaje en el tiempo. Yo he visitado casas en las que la vaca, las gallinas y los gatos convivían en perfecta armonía con todos los miembros de la familia y el televisor en el salón.  

-¿Qué impresión te causó cuando llegaste por primera vez?
-Horrible. Yo llegué a El Cairo, una ciudad tan grande, desorganizada y caótica que te apabulla. Soy una persona muy sensible y me sentía en cierto modo agredida por el ruido, la masificación. Pero muy pronto descubres que ese caos tiene su orden y en cierto modo te atrae. Es entonces cuando comienzas a descubrir y al final te sientes totalmente enganchada. Ahora me parece una ciudad interesantísima y me encuentro muy cómoda en ella. Aunque hay que salir de vez en cuando. Más de tres semanas seguidas en El Cairo, sin salir de la ciudad, se hace insufrible. De todos modos, yo tengo suerte, pues mi trabajo me exige moverme de un lugar para otro constantemente.

-Habías estudiado la carrera en Sevilla y te doctoraste en Alemania, ¿siempre soñabas con acabar viviendo allí, en Egipto?
-Yo hice la carrera de Historia Antigua en Sevilla y los cursos de especialización en Egiptología en el Instituto de Egiptología de la Universidad de Tübingen, donde pasé tres años. Luego me doctoré en la Universidad de Sevilla. Soñaba con trabajar en Egipto, pero nunca hubiera pensado que acabaría viviendo aquí.

-¿Está la profesión debidamente valorada?
-Por supuesto que no. Si lo estuviera, el presupuesto dedicado a la investigación arqueológica y a la conservación del patrimonio se multiplicaría al menos por diez.

-¿Quién suele financiar los proyectos de investigación histórica?
-Pues hay algo de dinero del gobierno, como puede ser del Ministerio de Cultura o Exteriores, pero la gran fuente de ingresos viene del mundo privado. Mecenas ricos, empresas interesadas por un motivo u otro, bancos, fundaciones dedicadas a la investigación etc.

-¿Y luego los tesoros a quién pertenecen?
-Los tesoros pertenecen, sin duda, al país donde se encuentran. 

-¿Eres partidaria de devolver a los países de origen todo el patrimonio expoliado?
-Bueno, es una pregunta bastante compleja. Creo que hay cosas que sí podrían volver a sus lugares de origen, pero devolver todo no tiene ahora sentido. A finales del XVIII, durante el XIX y principios del XX era normal excavar y quedarse con lo que se excavaba o al menos con una parte. Y eso era aceptado por todos y forma ya parte de la historia. Diferente es todo lo que sale de forma ilegal, en ese caso debería volver al país de origen. Aunque en general creo que los objetos están mejor in situ, pues al sacarlos de su lugar de origen se descontextualizan y pierden parte de la información histórica.

-¿Crees que volverán a España las monedas que supuestamente extrajo el Odissey Explorer de un pecio español?
-Creo que no.

-¿Se trataría de uno de los mayores tesoros jamás encontrado?
-No tengo suficiente información como para evaluarlo, pero lo que sí está claro es que se trata de un tesoro importante. Y no creo que hubiese resultado tan sencillo recuperar todo ese tesoro en un lugar cercano a la costa americana.

-¿Los fondos marinos españoles guardan aún importantes tesoros?
-Muchísimos tesoros. La arqueología submarina en España necesita una inyección de dinero para llevar a cabo proyectos. No sólo se trata de supervisar si existen restos arqueológicos a la hora de hacer obras en puertos, habría que abrir líneas de investigación para inventariar todo el patrimonio existente. Ese es el primer paso para preservar el patrimonio. Para preservar hay que conocer los que se tiene. ¡Queda tantísimo por hacer!

-¿Te gustaría alguna vez sumergirte en aguas andaluzas?
-Por supuesto que sí. Mi sueño es excavar restos de la época fenicia en Andalucía.

-¿El Estrecho es una mina de oro?
-Claro que sí.

-¿Cómo averiguáis los arqueólogos en qué punto exacto se encuentran los tesoros marinos?
-Hay muchas maneras. Una de las fuentes principales son los pescadores, que al fin y al cabo son los que pasan la vida en el mar y conocen cada rincón. Otras veces la información se encuentra en los archivos y bibliotecas y en otros casos se encuentran muchísimos restos haciendo prospecciones.

-¿Qué papel juega la casualidad en las exploraciones marinas?
-A veces se encuentran restos arqueológicos por casualidad, pero normalmente se lleva una idea de lo que se espera encontrar. 

-¿Qué te llevó al fondo del mar por primera vez?
-La casualidad. Nunca había imaginado bucear, no era algo que me atrajera, pero por una serie de circunstancias me ofrecieron la posibilidad de participar en una campaña arqueológica submarina en el Mar Rojo. Y para allá que me fui. Hice un primer curso de buceo y trabajé tres meses en el yacimiento de Sadana Island. Excavábamos un pecio del S. XVIII que tenía un cargamento de porcelana china y me pareció apasionante excavar en el mar. Ahí se me abrieron las puertas para seguir en el mundo de la arqueología submarina. Después de esto comencé a trabajar en el yacimiento de Qaitbay en Alejandría cartografiando los restos del famoso faro de Alejandría, donde he estado trabajando desde el año 1998 hasta el año 2004.

-¿Has sufrido algún percance en las profundidades?
-No y espero no tener ninguno.

-¿Te gusta más explorar el fondo marino o el terrestre?
-Creo que combinar ambos es lo ideal.

 

-Una curiosidad. ¿Por qué en el viejo Egipto se le daba tanta importancia a la muerte?
-En realidad no era la muerte lo que tenía importancia, la importancia la tenía la vida después de la muerte y todo el ritual que hacía posible que la vida continuase.

-¿Crees que la muerte en sí ha perdido valor con el paso del tiempo?
-No, lo que sí ha perdido valor es la creencia en una vida después de la muerte.

-¿Ha sido Egipto el país con mayor riqueza espiritual?
-Si no el de mayor riqueza espiritual al menos sí uno de ellos.

-Además de todo lo que venimos hablando, eres experta en vida y costumbres de los niños en el Antiguo Egipto. ¿Se respetaba la infancia hace miles de años?
-Claro que se respetaba, pero la importancia de las representaciones de los niños en las tumbas no era sólo por reflejar aspectos de la vida cotidiana, el niño tenía un papel simbólico, era una garantía de los padres para resucitar. Con los niños la vida se renovaba y con ellos se aseguraban que la vida continuaría después de la muerte.

-¿El subsuelo egipcio guarda aún muchos secretos por descubrir?
-Muchísimos. Es un país con un potencial arqueológico inmenso.

-¿Queda por descubrir más de lo que se ha descubierto ya?
-Queda muchísimo por descubrir.

-¿Crees que algún día habrá que revisar sustancialmente la Historia de Egipto y, por tanto, la de la Humanidad?
-La Historia de Egipto cambia con cada descubrimiento que se hace. Las nuevas líneas de investigación abren nuevos horizontes.

-Otro país en el que estás trabajando últimamente es Líbano, donde las cosas tampoco pintan demasiado bien. Allí organizas y diriges un importante proyecto. ¿En qué consiste?
-Dirijo un proyecto arqueológico submarino español-libanés en Tiro. Excavo un pecio del S. V a.C, con un cargamento de estatuas de terracota, la mayoría de ellas femeninas con atributos que aluden a la fertilidad de la mujer. Aunque también hay ánforas y algunas estatuas masculinas. El barco se hundió a 4,5 kilómetros de Tiro. Este proyecto, financiado por Cajasol, comenzó con una prospección en junio del 2006 que finalizó con la localización del pecio y continuó con una campaña arqueológica en junio-julio de 2007, que nos permitió recuperar 157 piezas del mar. En el proyecto también colaboran la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico de Sevilla, la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla, la Fundación Tres Culturas y el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. El equipo estaba formado por 9 especialistas, 5 españoles y 4 libaneses. Y si la situación política lo permite, haré en el próximo año otra campaña arqueológica para terminar de excavar el pecio y llevar al museo de Beirut las estatuas recuperadas del mar y restauradas.

-Tiro, que hoy se denomina Sur, es una de las ciudades libanesas con más restos arqueológicas, por eso fue precisamente declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984… ¿qué queda por descubrir allí?
-Muchísimo. Los restos arqueológicos que vemos en la actualidad es de la época Helenística y romana, pero queda por descubrir, por ejemplo, la ciudad fenicia. Se han encontrado tumbas fenicias, pero no la ciudad. Y en el mar hay un gran patrimonio por descubrir.

-Para terminar me gustaría que nos confesases un deseo: ¿Qué es lo que más te gustaría descubrir?
-El puerto utilizado por los egipcios en Biblos.

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Ramón Reig. ESPÍRITU DE SALMÓN

Publicado el 09 noviembre 2007 por manuguerrero

 

Ramón va a contracorriente, no a contrasentido, pues el sentido -especialmente el sentido común- no suele ser corriente. Es por ello que sus reflexiones son imprescindibles no sólo para cualquier aspirante a buen periodista sino para todo ciudadano con pretensiones de estar bien informado. Su trabajo es descorrer cortinas incluso cuando lo que hay detrás son dulces cadáveres en avanzado estado de putrefacción. Lo hace y dice en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla pero también allá donde lo llaman. En México por ejemplo.

Es autor de libros como Dioses y diablos mediáticos, El éxtasis cibernético, Medios de comunicación y Poder en España o La mente global. Ahora acaba de publicar en Anthropos El periodista en la telaraña. Nueva economía, comunicación, periodismo, publicos. Sostiene como argumento principal que la democracia es cada vez más formal. Sólo formal. Hablemos.

-Hola Ramón. ¿Cómo estás? ¿Qué te sirvo?

-Estoy bien, dentro de un orden. Si quieres servirme, me vale un vaso de gazpacho.

-Perfecto, aquí no podía faltar, y además muy fresquito. Hoy he terminado de leer El periodista en la telaraña, tu último libro, y tengo algo que objetar. Creo que no has sido lo suficientemente justo con todos aquellos periodistas que, desde la retaguardia de sus blogs, tratan de hacer un trabajo a contracorriente y que tienen, diariamente, miles de lectores…

-Pues es verdad, tendría que haber aludido a ellos pero sólo aludir porque mi libro pretende hablar de los periodistas asalariados por cuenta ajena, esos que tienen detrás una maraña de intereses que no los deja trabajar a gusto. Precisamente ésa es una de las causas que originan la creación de los blogs, además de la vanidad, claro.

-¿No es Internet el único reducto libre para el inconformismo?

-Para el verdadero inconformismo, sí. Los otros medios “de masas” suelen ser un coro monocorde, como ABC o El País, más algún herético invitado a escribir o hablar para que el medio pueda autojustificarse como pluralista cuando el pluralismo real está en Internet. 

-¿Es el medio más inteligente?

-Internet es el medio más inteligente y más bodoque también, se encuentran maravillas y las mayores idioteces, como en todo lugar donde prime la cantidad sobre la calidad. Internet es una red, en efecto, porque deja a la gente atrapada en sus vanidades, en sus individualismos menos y más extremos, representa la etapa self media de la comunicación, de la que ya hace muchos años habló Jean Cloutier, si no recuerdo mal. 

-¿En manos de quién está la red?

-En manos de los servicios de inteligencia y de las redes satelitales de control, a los que desde el 11-S Microsoft e IBM, entre otras empresas, dejan entrar. Internet era algo nuevo en la Historia: un “arma” en manos de la gente, a la que el Estado –propietario del monopolio de la violencia- no controlaba. Pues eso se acabó, lo que pasa es que el control aún no es total, entonces la solución es idiotizar a la gente de manera que la mayoría chatee o juegue, sobre todo. Y se distraiga además comprando cacharritos. La sociedad actual está continuamente jugando con cacharritos, muy útiles, desde luego, lo malo es que son el centro de la vida de muchos. Y la red es de todos también, por supuesto, pero si nos quitan el enchufe, adiós red. Es privada. Lo que pasa es que aquí han aparecido las contradicciones del sistema. Ahora ya está en marcha el negocio y no hay quien lo pare, por tanto hay que procurar que los clientes sean tan dóciles como se pueda y controlar a los díscolos. 

-¿Es posible que en Internet también se concentre algún día el poder, como ocurre con otros medios tradicionales?

-Claro que es posible, ya está siendo posible. Hay blogs de periodistas conocidos que parecen libres pero que en realidad están financiados por grupos de comunicación, esto lo han investigado profesores de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona. Tu blog, por ejemplo, si se hace muy célebre, recibirá ofertas, como pasa con cualquier negocio pequeño y próspero. No hay ningún poder tradicional que no tenga espacios amplios en Internet y que no esté extendiendo sus tentáculos constantemente. La obligación del Poder es estar en todas partes, es el Gran Hermano. El papanatas de Orwell pretendía criticar al comunismo cuando tenía al enemigo en casa. El comunismo ya no es nada. ¿Se ha acabado por eso el totalitarismo? Pobre Orwell, tan listo, tan servicial, pero tan poco inteligente.

-¿Cómo afecta la concentración del poder económico en el mensaje que llega a la ciudadanía?

-La concentración del poder económico es un efecto del desarrollo de la economía de mercado, una dinámica típica de este sistema que domina todos los centros de poder y mediáticos masivos. Por tanto, el mensaje que llega es coyuntural, referido siempre a esa dinámica mercantil y de acuerdo con ella; nadie tira piedras contra su propio tejado al menos de manera sistemática y cuando se tiran son pequeñas, para lograr eso que antes llamaba autojustificación (“somos libres”, “independientes” y demás sofismas). La consecuencia es que el público se empobrece por falta de transgresión y pensamiento crítico.  La gente cada vez vota menos porque no es tonta del todo, es su forma de decir: nosotros vamos por un lado y vosotros por otro. Aún así, al sistema le importa poco la abstención y debería preocuparle por el bien del negocio (democracia y mercado se identifican en el discurso ideológico), la farsa tiene que seguir. Muchas elecciones deberían ser nulas por lógica y por números pero son legales y punto, a seguir con el teatro. La concentración de poder es un buen negocio mercantil pero un mal “negocio” para la libertad del periodista, de la consciencia y de la conciencia. 

-Por cierto, ¿por qué ya no se utiliza la palabra “ciudadano” y siempre se habla de “gente”?

-Se utiliza menos eso de “ciudadano” pero aún se utiliza. Lo malo es que de ciudadano se pasa a gente y de gente a plebe y de plebe a chusma. Hay otro concepto: pueblo. ¿Hay pueblo? Ortega dejó clara la diferencia entre masa y pueblo. El pueblo tiene consciencia, la masa no. La sociedad actual, la que fabrica el sistema, tiende al “individualismo masivo”, a los públicos, se adapta a los segmentos sociales que origina el propio sistema. Se adapta para venderles productos, se desea antes consumidores que ciudadanos. El ciudadano es el habitante de la “polis”, se le exigía formación, ahora sobre todo se le exige que compre. La formación real, sincrónica, se les da a los ciudadanos de elite, destinados a perpetuar el Poder. La izquierda no se da cuenta de esto y las universidades públicas tampoco, ahí interesa el populismo porque es obra de políticos. ¿Por qué ocho o nueve universidades en Andalucía? Por decisión política. Y ahora nos piden que logremos recursos propios y que nos jubilemos pronto, están introduciendo parámetros liberales salvajes en lo que se supone que es la cuna del conocimiento. El llamado Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) en el fondo no es más que exigirles a las universidades que dejen su condición de tales y pasen a ser auxiliares del mercado, fabricantes de piezas humanas para su engranaje, piezas, no seres humanos, trabajadores formados y críticos.

-¿Somos más libres ahora que hace veinte años?

-Sí, claro que sí, pero en esa libertad está la trampa, en esa libertad está la esclavitud o al menos el no ser tan libres como podríamos ser. La libertad exige esfuerzos, el hecho de no tener en España a “papá Franco”, que te lo resolvía todo con dos ideas peregrinas, obliga al ciudadano a esforzarse por alcanzar el conocimiento de sí mismo y de su entorno. Porque eso es la libertad: el conocimiento, y el conocimiento es subversivo y es muy difícil de poseer. Se puede votar cada cuatro años o más, se pueden tener leyes democráticas pero eso no significa que se viva en democracia. Se puede vivir en la dictadura de los imbéciles, de los indocumentados, de los indolentes. La democracia en la que vivimos es el mejor sistema de dominio que se ha ideado porque te hacen creer que eres libre y encima tienes que dar las gracias. La gente tiene a su alcance los elementos para formarse pero le han arrebatado la perspectiva histórica y el método para poder hacerlo. A su vez, la gente no desea formarse mientras tenga sus necesidades mínimas cubiertas y pueda consumir, estamos en la sociedad de “hágalo todo sin esfuerzo” pero en este aspecto no ha cambiado nada: lo que vale conlleva mucho esfuerzo. Pero esta sociedad está llena de necios que confunden valor y precio, como diría Antonio Machado. A estas alturas de mi vida –bueno, desde hace años- me gusta apostar por la minoría ilustrada, mejor que por la mayoría adocenada. El pensamiento siempre ha sido minoritario, incluso el marxismo-leninismo y el anarquismo son minoritarios y se le venden al personal como algo de masas. Eso es falso, de ahí que en la práctica fracasen, porque no se trata de un partido ni de votos, se trata de evolución del cerebro de la especie. La especie es la que es y no otra cosa, evoluciona o no. Y en estos momentos estamos viendo a la especie tal y como es: cruel consigo misma y su entorno, individual excluyente, no solidaria, enemiga de la libertad de todos, mediocre por regla general, contraria a que una minoría le coloque el listón demasiado alto, por eso otra minoría la puede dominar. 

-El poder hegemónico que patentaba Estados Unidos hasta hace bien poco parece estar en peligro por las nuevas políticas de Rusia, el crecimiento de Europa y, sobre todo, la eclosión china. ¿Cómo afecta todo eso a la comunicación entre seres humanos y a su nivel de vida?

-Esencialmente, en poco o nada. ¿Acaso las nuevas políticas de Rusia, Europa o China son diferentes a las de los EEUU? Los imperios y las potencias suelen presentarse casi siempre de la misma manera: “imponiendo” sus patrones de comportamiento. Pero es que si se “impone” algo es porque hay una predisposición en el humano a que algo se le imponga. EEUU, desde el punto de vista teórico y ético, es un cáncer para la Humanidad, eso ya lo he dicho y escrito. Pero es que el ciudadano, los gobiernos y los magnates aceptan ese cáncer y sus metástasis. Europa camina con escaso rumbo, no buceamos en nuestras raíces filosóficas para diferenciarnos con toda claridad de EEUU y europeizar el mundo, no por la fuerza sino con un comportamiento y unas bases culturales acordes con nuestra historia más positiva. Rusia ha pasado de una dictadura a otra, sólo que antes al menos la gente tenía sus necesidades cubiertas. En Rusia existe el mercado más feroz con la connivencia de Occidente. Y en China el mercado avanza, llegará un momento en el que el Partido Comunista Chino, o dejará de existir o sólo le quedará el nombre porque a China se le puede aplicar un precepto marxista: en un momento determinado, las fuerzas productivas chocan con las relaciones sociales de producción y se produce una conmoción más o menos grande. En China, ese mercado que existe irá pidiendo cada vez más espacio y le estorbará el PCCH y entonces el mercado y el propio partido contribuirán a que el régimen desaparezca del todo. Caso de que EEUU vaya hundiéndose, es decir, caso de que el tumor primario desapareciera, aún nos quedarían las metástasis. Lo que yo deseo es que Europa reaccione y sea Europa pero, ¿tú qué Europa ves?, ¿ves a Europa o ves a EEUU? ¿Qué es lo que más ves? Yo lo que más veo es a EEUU, incluso en Francia, donde hablan de excepción cultural mientras que el 70 por ciento de la población prefiere cine yanqui a cine europeo o francés. 

-Recuerdo cuando en clase decías que “el precio de la libertad es la soledad y, a veces, la neurosis”. En cambio, en televisión, coches, móviles y bancos se anuncian vendiendo libertad. ¿Hablamos de distintos tipos de libertad? ¿te has sentido alguna vez solo?

-Sí, digo siempre eso en clase. Y añado a veces: sed buenos, si sois buenos y os enredáis con el PSOE, PP u Opus Dei, no os faltará el trabajo, pero tenéis que ser dóciles, al menos de partida. Esto lo digo porque ahora dicen que los jóvenes son pragmáticos y lo que quieren es un curro y a vivir. Ya se arrepentirán, sobre todo los más inteligentes porque tener es una droga que necesita su inyección intravenosa todos los días. De todas maneras, por fortuna, hay una juventud crítica que le preocupa y mucho lo que le rodea, eso es síntoma de que la evolución sigue, junto a la involución. La libertad que se nos vende es ir corriendo por un prado o por una playa dando saltos, “libre como un pájaro”. ¿Es que acaso el pájaro es libre? No, está sometido a unas leyes, a sus genes, y se acuesta siempre a la misma hora y se levanta a la misma y va de acá para allá cuando la climatología se lo dice. La libertad humana es el autoconocimiento, por ahí empieza. Eso puede llevar a la soledad y a la neurosis y a cosas peores, por eso la gente, en general, huye de ello. Yo trato de hacerle frente, soy muy nietzscheano en esto, como en otros aspectos, pero no me siento solo porque estoy contento conmigo. Hay una ya vieja canción de George Moustaki que dice: “Non, je ne suis jamais seul, avec ma solitude” (“No, yo no estoy nunca solo con mi soledad”). Pues eso. Aunque me queda mucho por aprender, soy muy vago y demasiado loco para mi edad pero me gusto así, ahora que en lo intelectual esa locura se paga, ¿eh? Se paga produciendo obras peores o pocas obras. A veces me reúno conmigo mismo y me echo una bronca pero no escarmiento del todo.    

 

-¿Será algún día posible recibir influencias culturales no sólo norteamericanas sino de otros países o continentes?

-Sí, claro, pero esas influencias serán similares a las de EEUU, de hecho ya las recibimos. Muchas películas, programas, series y dibujos de animación europeas y asiáticas que vemos en TV muestran el canon made in USA. Ese canon es comercial: se estudia la psicología social para vender. ¿Qué le atrae a un ser humano, tomado en su generalidad de consumidor? El sexo, la violencia, el morbo, las emociones en general, tratado todo o casi todo ello de forma inversa a como sucede en la realidad para que la gente pueda hacer catarsis. Pues se trata entonces de fabricar un producto así y venderlo. Yo no creo en la diversidad cultural, para mí no es significativo que un occidental vista con corbata y un oriental con turbante o túnica, ambos desean en esencia lo mismo: tener pertenencias y estar ellos bien como individualidades. La prueba de fuego de los seres humanos es el mercado. Todo va hacia el mercado, toda cultura va hacia el mercado y suele sucumbir ante él. Me refiero al mercado de la mundialización porque los seres humanos han mercadeado desde siempre. Si se diera alguna cultura que, de entrada, antes de experimentarlo, o cuando empezara a hacerlo, rechazara al mercado, entonces creería en la diversidad cultural. En la URSS se estaba creando al nuevo hombre y el nuevo hombre hoy ve Dallas o Falcon Crest por la TV. En India o en Arabia triunfan las cadenas de comida rápida de los EEUU, los jóvenes rechazan el Islam y toda imposición estrecha. Los árabes estaban muy satisfechos en Egipto porque bebían una cerveza que creían suya y resultó ser de Heineken. El Dalai Lama va por ahí como un cura de aldea cazando actores y actrices de Hollywood para sacarles dinero. No hay varias culturas sustancialmente distintas, hay una especie, la humana, que se rige por unas leyes –unas más claras de ver, otras menos, otras misteriosas aún- que la llevan al mismo lugar. La cultura distinta, esencialmente distinta a la de mercado, la tiene la gente en los libros, está ahí, pero no la quiere aceptar. El pensamiento de los grandes genios está ahí, el pensamiento de las excepciones que confirman la regla, de los cerebros que lo han visto casi todo con lucidez ontológica lo tenemos a nuestra disposición pero la ciudadanía lo rechaza y además el sistema creado por el ser humano, o sea, el mercado, que al final queda en manos de unos pocos, como todo sistema de dominación, estimula el analfabetismo funcional por medio de la hiperinformación. La obligación de todo poder es dominar y eso hace el mercado, pero la obligación del ciudadano es pensar y meterse en la vida que le rodea. No lo hace y además el mercado se encarga de agotar su mente y de distraerlo con otras cosas más cómodas de llevar que el cultivo del conocimiento según las directrices de los presocráticos, por ejemplo. Los presocráticos y los filósofos posteriores de la Grecia clásica lo dijeron ya casi todo, lo que estamos haciendo (la minoría que piensa y actúa) es demostrar lo que ellos dijeron pero eso al personal no le importa mucho aunque se aproveche del trabajo y de los avances que llegan gracias a la minoría. La libertad del mercado es a la vez la esclavitud de los seres humanos. Y en esa esclavitud no sólo vive la gente común sino esos que se llaman alternativos, antiglobalizadores, etc. La izquierda no sabe ni por dónde tirar, en el fondo es esclava del propio sistema. ¿Por dónde llegará entonces un cambio? Si llega, lo hará por Occidente pero, ¿por qué tiene que haber un cambio? A la especie no se le puede pedir que sea lo que no es, como a un olmo no se le pueden pedir peras.    

-Mientras tanto, a mí me sigue sorprendiendo mucho que no sepamos apenas nada de Portugal y sí bastante de Los Ángeles. ¿Quién hay detrás de todo eso?

-A mí no me sorprende, un imperio siempre o casi siempre actúa así. Quien tiene el dominio del comercio y de la tecnología y de la fuerza militar tiene el dominio de las mentes. En los libros leemos que han existido imperios, como el de Alejandro Magno, que respetaban la cultura de los dominados. No sé hasta qué punto esto es cierto pero lo que está claro es que los EEUU creen que la suprema verdad es la suya y nadie les hace frente en eso. Al decir nadie me refiero a los otros segmentos de Poder del mundo. En lugar de enfrentarse claramente a ese Imperio destructivo, lo imitan y lo apoyan porque ahora el Imperio ya no tiene una sola sede, tiene varias, y, sustancialmente, todos los poderes dominantes se han identificado con él. Es más fácil y ventajoso para un poder el despido libre o afirmar que la gente marginada o en paro lo está porque no se adapta al sistema, dando por sentado que el sistema es lo mejor. Es más fácil destruir que construir, es más fácil perfeccionar las formas que el fondo. EEUU es el pragmatismo del vendedor analfabeto y puritano que se cree en posesión de la verdad por simple ortodoxia de la ignorancia y por prepotencia, aunque no haya ganado ni una sola guerra en solitario en el siglo XX. Pero las otras potencias (sus segmentos dominantes) se lo permiten y la población también. Pues a jodernos, a saber más de Los Ángeles que de Portugal pero, eso sí, la gente puede irse de esa dinámica porque existen otros elementos a los que acudir para saber tanto de Los Ángeles como de Portugal. El Poder cumple con su obligación: domina e impone. ¿Cumple el ciudadano con el suyo o es un simple borrego?

-¿Qué balance haces tú de estos años de globalización en España?

-Un balance positivo, teniendo en cuenta que nos han llegado sus desventajas, como la deslocalización pero eso le ha pasado a Francia y a EEUU también. Ahora bien, la apertura de España y la penetración de lo global nos han beneficiado, el español se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos con más velocidad que el francés, el inglés o el italiano. Ya es hora de que acabemos con los complejos de que todo lo europeo es mejor que lo nuestro. Hay que seguir aprendiendo pero ahí están los alemanes y los ingleses, con su puritanismo protestante a cuestas y aquí estamos nosotros, con una mente más abierta a todo, a todo, menos Jiménez Losantos y sus huestes que representan la reserva espiritual de Occidente y la España de sotana, charanga, pandereta y de unidad de destino en lo universal, pero son divertidos y, a veces, dicen verdades como puños cuando critican a la progresía que tiene la picha hecha un lío y dice y hace muchas pamplinas también. La globalización nos ha traído la cruda realidad y nos hemos adaptado a ella, me gusta esto porque es apasionante: la globalización pone a prueba nuestra voluntad y nuestra inteligencia. Te dice: sucumbe ante mí o vénceme, contrólame y ponme a tu servicio pero yo no voy a morir, tengo vida propia. Ése es el reto del siglo XXI. Luego están los efectos perversos, los que demuestran que los gobiernos son títeres. Ni el gobierno de Madrid ni el de Sevilla han podido nada contra Boliden o Delphi, que son el Poder mientras que los políticos no son más que pobres diablos seducidos por coches oficiales y despachos, que tienen entre ellos sus comiditas, sus saraos y sus pamplinas, es un mundo aparte de la sociedad lo que pasa es que no hay más remedio que aguantarlo pero la política ha terminado siendo lo que decía Nietzsche, un oficio de mediocres, por regla general.   

-¿La globalización y la disensión son buenas amigas?

-Todo poder necesita sus elementos contestatarios, eso lo ha aprendido muy bien el mercado. La globalización es el Poder y, por tanto, necesita de los que disienten para ser más fuerte; la disensión –bien llevada por el Poder- fortalece al Poder, no lo debilita. Por eso el Poder, al mismo tiempo, necesita controlar a quienes disienten para que no pasen de un cierto punto. La globalización teme a los que se organizan y ella no controla, teme a quienes tienen poder real como ella, fuerza, armas, por eso teme a Chávez o a Irán y temía a la URSS. Y a nosotros, los teóricos intelectuales académicos, nos soporta, nos tolera porque estamos recluidos en la Universidad. La globalización es violenta porque procede de un sistema violento explícita e implícitamente. Por eso teme tanto a lo violento porque la pone en peligro, pone en peligro sobre todo a su elite. En concreto, contestando, cuando la disensión es auténtica y está bien articulada, la globalización la combatirá con todas sus armas.  

-Aparte de en la red ¿dónde están los disidentes?

-En su casa, escribiendo, pensando, publicando en tribunas minoritarias, semidesconocidas, hay que buscarlos con lupa, los tienen ahí, marginados, o los sacan de vez en cuando de paseo a algún medio de comunicación, como floreros, pero esos floreros siembran, ¿eh? Entre una minoría pero siembran. Por eso los exponen poco. Y admito que están en la red, por supuesto.

-Siempre he admirado tu pensamiento crítico, prolífico y mordaz. ¿Has sufrido algún tipo de represalia?

-Claro, tengo mis heridas de guerra, pero no es cuestión de contar batallas, hay que mirar adelante. Eso sí, no olvido los vetos que me han largado en algunos medios de comunicación ni olvido a la gente que en su día jugó con mi pan y con el de mi familia a causa de mi forma de concebir la vida. Aún lo sufro algo en la universidad pero ya soy muy libre, puedo hablar en una clase de la universidad con más libertad que en un medio de comunicación, sin duda. En la universidad –pública, más que la privada- no tienes que responder ante nadie, sobre todo cuando ya has alcanzado un nivel curricular relevante. Si embargo, ojo con eso, ¿eh? El neoliberalismo se está metiendo en la universidad y al final quien paga manda. En los medios, hasta el director está siendo vigilado siempre, a ver lo que dice y hace. A veces he participado en mesas redondas junto a directores o jefes de programación que en público sostenían algo contrapuesto a mis opiniones y luego en privado me han dado la razón. Mis doctorandos, cuando elaboran sus tesis doctorales y utilizan fuentes orales de alto nivel periodístico, se encuentran con la sorpresa de que les hablan de otra manera y es que si lo hicieran de manera oficial los borraríamos de la investigación, no necesitamos que nos digan lo que les dicen a todos, para eso ya tenemos las webs de sus empresas.

-A menudo se culpa del actual estado de cosas a las nuevas generaciones y yo pregunto: ¿dónde están ahora aquellos del mayo del 68?

-Con toda claridad: os hemos dejado solos o casi, a los jóvenes. Los del 68 y los de los 70 –que es mi generación- andamos por ahí desengañados y asqueados cuando no bien acomodados. Los Verdes en Alemania se vendieron por unas moquetas, los del 68 siguen haciéndose pajas mentales y hasta el diario de Sartre, Liberación, ya es de la Banca y un poquito de El Mundo. Estáis solos, ahora tenéis que buscar, comprender e interpretar qué está pasando y actuar, documentándoos en textos escritos por los pocos que no os han dejado solos y por los libros clásicos de toda la vida, más Internet. Nosotros estábamos solos en el franquismo y nos buscábamos la vida, sin Internet, pero, la verdad, entonces había profesores y otros cerebros importantes que nos ayudaban, ahora eso se ha terminado en buena medida. Pero ya que he citado a Sastre, él decía que el ser humano construye su existir sobre la marcha, con su actuar, con su decidir.

-Los que hemos llegado al periodismo recientemente nos hemos encontrado en periódicos, cadenas de televisión y radio, unas plantillas muy jóvenes (es raro ver en activo a un periodista de más de 40 años, a menos que sea jefe). ¿Deserción, reciclaje?

-Las empresas quieren gente joven para pagarle menos y manejarla mejor porque el espíritu crítico ha disminuido al tiempo que el paro aumenta por la cantidad de facultades y centros donde se forma uno en periodismo. Junto con eso, que repercute negativamente en la calidad del producto, los profesionales de más de 40 años están hartos, se marchan a gabinetes de comunicación de instituciones importantes o a la universidad. O fundan empresas de servicios. Y otra cosa: se van de corresponsales por ahí, de esa manera desarrollan un periodismo atractivo y no soportan a los “niños” de veintipocos años mimados por la empresa que se creen que lo saben todo y carecen de humildad. Otra cosa que hacen los trabajadores más veteranos es acudir a la universidad a elaborar una tesis, a estudiar doctorado. En mi departamento –Departamento de Periodismo II, Universidad de Sevilla- hemos tenido y seguimos teniendo alumnos con muchos años de trabajo detrás y son excelentes. Yo he dirigido tesinas y tesis a profesionales de prestigio que son muy sinceros y humildes, de los que aprendes cosas y a los que enseñas otras.   

-Por cierto, ¿existen periodistas “muertos”?

-Claro, todo aquel que se resigna en una butaca y no aporta alguna pizca de rebeldía en su trabajo está muerto. Si no hay ilusiones y nada que cazar el ser humano está muerto. Y todo aquel que carece de una buena formación y de un espíritu crítico está muerto, ya puede ser muy famoso o puede tratarlo muy bien la empresa. Hay bastantes periodistas que son analfabetos funcionales, esos están muertos pero pueden resucitar si lo desean. Este tipo de muerte tiene arreglo.

-¿Crees que el lector/telespectador/oyente es consciente de las presiones que habitualmente sufre el profesional de la información?

-Sabe de ellas, de oías o con algún fundamento, según de qué tipo de receptor se trate pero no tiene consciencia de hasta qué punto se producen. Y no estoy seguro si reaccionaría, caso de que se le explicara con detenimiento. Faltan centros donde se eduque al receptor, falta incluso educomunicación en las escuelas, eso casi se ignora. ¿Quién imparte la materia Información y Comunicación en los institutos españoles? ¿Profesionales de la Comunicación? No, por regla general, no, los profesionales de la Comunicación están en paro o subempleados en su mayoría, esa materia es optativa y la imparte el profesor que menos carga lectiva tenga. Y no pasa nada. Los sindicatos de periodistas no tienen fuerza porque los periodistas tienen miedo de afiliarse y las asociaciones de la prensa están politizadas por el PSOE en Andalucía, por el PP y el PSOE en Madrid. Si está así la profesión, ¿cómo se van a enterar bien los receptores de la telaraña de intereses que sufren los profesionales?     

-¿Y puede hacer algo para evitarlo?

-Sí, leer libros, artículos especializados en Internet y en revistas científicas, enterarse de lo que pasa, hay corrientes muy críticas con esta situación dentro del periodismo y la universidad; luego organizarse y luego actuar pero no lo va a hacer, como dicen en México, le da hueva y tiene sus necesidades cubiertas, el frigorífico está bien surtido. Está bien distraído por el sistema, distraído en su sentido doble: mental y emocional. 

-En los últimos años, muchos ciudadanos han tenido por primera vez un periódico en sus manos gracias a los que se reparten gratuitamente. También es constatable que jamás se había visto tantos periódicos tirados por el suelo. ¿Qué análisis haces tú al respecto? ¿Es buena idea “regalar” información?

-Eso no es periodismo en realidad, es propaganda y publicidad disfrazada de periodismo. Es más información que periodismo, más un tebeo, un cómic, porque sigue sus pautas: mucha imagen, poco texto, y porque está pensado para que la gente no piense sino que sepa cosas. Me alegro por los colegas que tienen trabajo gracias a ellos pero no son periodismo. Si ya los periódicos de pago salen al mercado con un precio falso porque el resto se supone que lo costea la publicidad, qué decir de estos. La publicidad será buena para sus profesionales pero para el periodismo donde hay publicidad ni hay periodismo ni hay auténtica libertad de expresión que, como madre, sólo hay una. Y como la gente sabe en el fondo algo o bastante de esto, los arroja al suelo o a la papelera cuando los ven, porque son para ver, no para leer. Es información kleenex. Lo que sucede es que hay que entender a la gente: sabe que el periódico de pago, aunque tenga un precio falso, es caro para lo que dice y se va al gratuito. La gente ya no se ve reflejada en los periódicos ni se fía de los periodistas, ¿cómo se va a gastar dinero en un periódico? Hay que captarla con promociones pero eso fabrica compradores, no lectores.

-Como periodista y profesor, has tenido contacto directo con varias generaciones de ciudadanos. Ahora que se cumplen treinta años de democracia en España, ¿cómo ha evolucionado nuestra conciencia colectiva? ¿somos un país maduro?

-La madurez no se alcanza así como así pero para lo que hay en Occidente ya he dicho que hemos evolucionado muy bien, nos hemos adaptado al mundo a una asombrosa velocidad, hemos tenido hasta a un vicepresidente con amante y nadie se ha escandalizado. En EEUU por unas felaciones empapelaron a un presidente. Hemos tenido nuestros escándalos de corrupción y nuestro GAL y todo lo hemos llevado a los tribunales como se llevan las cosas en Occidente, con más ruido que nueces, no podemos quejarnos, somos un país moderno. Últimamente hasta nos metemos abiertamente con la Monarquía y eso es un síntoma de mayor madurez y a la vez así la Monarquía se eternizará porque pasará a formar parte del paisaje y del celtiberia show, según la expresión del fallecido periodista Luis Carandell. Qué más queremos, tenemos todos los “avíos” para considerarnos un país moderno. Otra cosa es maduro… ¿Dónde hay un país maduro? En España se hacen muchas cosas que demuestran inmadurez: no nos hemos librado de la Iglesia en las escuelas, seguimos dándole dinero público; y hemos confundido democracia con populismo, por ejemplo, con los planes de estudios de las enseñanzas primaria y media, con eso de las cuotas femeninas porque sí y con la cantidad de inexactitudes y tonterías que tenemos que aguantar con el Estado de las Autonomías. Han surgido las historias por doquier, historias localistas y miopes, en esto se ha ido para atrás. Lo autonómico no puede estar reñido con el rigor. También ha existido una degradación en la calidad de la clase política: por lo general, los políticos de ahora son de mucho menor calado que los de la Transición y años posteriores.   

-¿Por qué proliferan en televisión los programas basura?

-Porque la gente los acepta y porque hay detrás de ellos cerebros que estudian cómo elaborarlos para que la gente los acepte. Y porque estamos en una sociedad llamada de mercado donde todo vale para ganar dinero. Los llamados programas basura son muy útiles para estudiar a la sociedad y para divertirse. Demuestran la poca vida interior que tiene el ciudadano en general, que busca para huir de sí mismo los jaleos de los famosos. Pero hay algo más. El receptor puede ver en esos programas frívolos lo que él quisiera hacer y no es capaz de hacer: dejar a su mujer, dejar a su marido e irse con el hombre o la mujer que le gusta, en realidad puede hacer catarsis con la programación llamada basura. Y tenemos otro factor: los programas basura ofrecen aquello que practicamos en la vida real sólo que estudiado, con estrategias de venta claras. En los trabajos, en los barrios, la gente habla de chismes continuamente, nos despellejamos unos a otros. Eso se lleva a la programación corregido y aumentado, de ahí que atraigan los programas de este tipo, reflejan la sociedad o gran parte de ella y, al mismo tiempo, la refuerzan y siguen estimulando este tipo de comportamiento. También refuerzan la ganancia fácil y sin esfuerzo, son ideología igualmente, ideología de mercado mezclada con sexo y emociones varias.

-¿A eso se debe tanto interés por el insulto, la intimidad de determinadas personas y el espectáculo/miedo?

-Sí. Vivimos en una sociedad violenta, el ciudadano vive atosigado por los intereses que se crea: deudas varias con los bancos, deseos de tener porque lo identifica con ser y como tener no es más que un imaginario al alcance de unos pocos se producen frustraciones y el instinto violento aumenta. La atracción por la intimidad se deriva de la inhibición y del carácter de voyeur que poseemos y el miedo está relacionado con el instinto de muerte, la muerte te hace temer y al mismo tiempo atrae el tema de vivirla pero a través de los demás; es el morbo, que se define como la atracción intensa y desmedida por las desgracias ajenas, no por las propias, claro está. El miedo ha acompañado a los seres humanos toda su historia, el miedo es misterioso igual que la muerte y el ser humano posee un instinto explorador y cazador que lo impulsa a querer esclarecer lo que le inquieta. Todo esto mezclado produce la atracción por lo que me preguntas.

-Hace unos meses publiqué en mi blog un texto donde cuestionaba la credibilidad de los datos de audiencia. Creo que el número de audímetros es insignificante y que hay sobre la mesa demasiado dinero como para dejar las reglas en manos del azar. ¿Serías partidario del método universal, es decir, un audímetro por cada televisor para saber realmente qué es lo que quieren las audiencias? ¿nos asombraríamos aún más?

-Soy partidario de todos los audímetros que hagan falta para explicarnos mejor el comportamiento social que no tiene límites, posiblemente. Ya se han televisado autopsias en Inglaterra, con éxito de audiencia, y se sigue intentando televisar una ejecución en EEUU, sin que se haya logrado por el momento pero todo llegará. En Gran Hermano cada vez hay más sexo explícito, no hay más remedio para vender, eso se veía llegar desde el primer año de emisión. ¿Qué deseas de una gente que no dice nada interesante porque sabe que está actuando y la están viendo? Que forniquen, pues lo veremos, hay programas similares como esos que Localia TV muestra por las noches para escarnio de las mujeres. Es curioso: Localia es de Prisa, que en El País defiende la dignidad femenina, y en Localia la tira por tierra con esos espacios que consisten en que las mujeres se vayan desnudando poco a poco para lograr dinero. ¿A qué nos recuerda esto? A ese juego sobre las prendas que practicábamos cuando niños, a jugar a los médicos. Nos pasamos la vida jugando, en eso se basa también la industria del mensaje. Otro motivo por el que nos atrae.  

-¿Ver televisión es un acontecimiento íntimo?

-La televisión poco a poco se irá haciendo más personalizada, la sociedad actual de la información lleva al sujeto a lo que es: individual, la gente se fabricará su información como de hecho ya hace. A la vez, seguirá existiendo una televisión en abierto, cada vez menos, y hablo de Occidente, donde el receptor se podrá reunir con sus amigos para hacer algo de vida social. El ser humano es individual pero, a la vez, precisa la aprobación y la relación con el grupo porque no soporta su soledad.

-¿Tú ves mucha televisión? ¿qué ves?

-No, mucha no, la veo sobre todo a partir de las diez de la noche, en que dejo de trabajar en casa, hasta las doce o por ahí. Y no veo nada trascendente, veo programación de evasión, sobre todo cine pero no cine de calidad, me distrae mucho el cine catastrofista. Además, me río mucho con las pamplinas estadounidenses, sus chistecitos, su egocentrismo, su proyección ideológica. Aprendo mucho de ahí. También veo telenovelas aunque ahora no tengo tiempo para engancharme. En ellas aprendo la importancia de las emociones, nos movemos por ellas, sobre todo. Los llamados programas culturales están muy mal hechos, me aburren. O será porque dicen cosas que están basadas en una actualidad que ya me sé por los libros y los monográficos de los diarios. 

-En tu libro dices: “Los públicos, por regla general, son cobardes porque no todo el mundo está capacitado para afrontar la verdad, los hechos con todas sus aristas”. ¿Por dónde habría que empezar?

-Se trata de una cuestión genética y de capacidad mental. Luego está lo cultural, lo adquirido. La mayoría de los ciudadanos no da más de sí, no está preparada para más ni tiene potencialidad para más, de ahí que el mundo sea conducido por minorías y la gran masa de gente sea consumidora de todo. La tendencia general es a que te arreglen las cosas… otros. Existen personas que sí tienen capacidades pero no las desarrollan por cobardía o por comodidad. La democracia, en realidad, es un insulto para la inteligencia, en esto sigo a Nietzsche, y demuestra la incapacidad del Estado, lo que sucede es que la utilizamos de mito para que las minorías dominantes no se destruyan. La minoría y la masa se necesitan mutuamente para otorgarse significado una a otra. 

-Mencionas también una expresión de David Riesman que a mí me gusta mucho, muchedumbre solitaria, por lo acertada –creo-. ¿Ves posible un retorno a la oralidad, a la comunión, a saber más de nuestro compañero de trabajo o nuestro amigo que del pantojillo?

-Sí, lo veo posible. La gente no soporta la soledad porque le falta valor y vida interna. Poco a poco, irá saliendo de casa y volverá a la calle. De hecho ya es así. Un concierto, una ópera, son excusas para la relación social. Y en Internet se da una tendencia a, si se puede, no comprar por la pantalla sino ir personalmente a entenderse con el vendedor, cara a cara. La gente seguirá estando sola pero con pan las penas son menos penas, es decir, si compartes con los demás tu estado ya no te sientes tan extraño. Las relaciones por la red acaban casi siempre en el encuentro cara a cara, igual que en otros tiempos o ahora una relación por teléfono terminaba en una cita, en un encuentro. El contacto personal, el calor, el lenguaje verbal directo y el lenguaje no verbal son imprescindibles para los humanos. Paradójicamente, en esta sociedad en red hay más asociaciones que nunca. Es una reacción, una búsqueda del contacto físico. 

-Sueles “acusar” de este fenónemo a una minoría organizada que posee el poder económico, controla los medios de comunicación y teledirige determinadas conductas de la población, pero ¿esa minoría se conoce? ¿se reúne? ¿es un coto privado?

-Esa minoría claro que se conoce y se reúne y es un coto privado que admite sus socios con cuentagotas. Y se pelea entre ella también, los poderosos se pelean entre ellos y esas peleas se dejan notar en los mensajes de los medios pero lo que sucede es que eso no se les dice a los receptores. Losantos se mete desde la COPE con ABC y entonces el dueño de ABC, Vocento, que tiene parte de la propiedad de Tele 5, empieza una tremenda campaña desde Tele 5 contra una muerta, Encarna Sánchez, a la que acusa de tirana y de lesbiana, entre otras cosas. Le lanza así un mensaje a la COPE de los obispos: “Vosotros, que tanto criticáis a las lesbianas, tuvisteis ahí a una años y años empleada, en la COPE”. Murdoch se encarga de que en sus medios aparezca su fobia por los demócratas, Prisa carga o no contra Zapatero en función de que éste se porte según los dictados de la casa. Pero al final hay una entente cordial en torno al nuevo orden mundial, en eso están de acuerdo, una cosa son las discusiones de familia y otra los números y los negocios.  

-Recientemente falleció el gran magnate de la comunicación en España, Jesús de Polanco, sobre quien se ha hablado muy bien y muy mal. ¿Qué pensabas de él? ¿Cómo gestionaba su poder?

-Polanco era un gran manipulador de la gente y ahora es un gran manipulador que está muerto y deja su herencia. Cada cual hace lo que puede para vivir, él se enriqueció gracias a las informaciones que le filtraron los franquistas en relación con los planes de estudios de comienzos de los setenta. Así fue creciendo Santillana. Hay que agradecerle su contribución a la educación de los niños a través de sus libros, y que impulsara El País, a mi juicio el diario menos malo de España, pero eso no le da derecho a emprender las campañas de desprestigio que ha emprendido a través de sus medios ni a pontificar qué es el progresismo y crear sanedrines donde se le entrega a unos sí y a otros no el diploma de progresista o de reaccionario. 

-Decían de él que respetaba la libertad de los periodistas que trabajaban a su cuenta. ¿Es cierto?

-Respetaría la de los que se adaptaban bien al ideal de la empresa pero por ahí hay libros que demuestran lo contrario.

-¿Cambiará algo, a grandes rasgos, la comunicación en España con su ausencia?

-A grandes rasgos, no, las personas pasan, las instituciones y los sistemas, permanecen. Polanco era un pequeño elemento de una estructura de poder, una célula de esa estructura que se muere pero la maquinaria que ha creado ya va sola, siguiendo otros dictados que están por encima del propio Polanco.

-En nuestro país, el periodismo es cada vez más una profesión desprestigiada. Las redacciones están llenas de becarios que cobran poco (o nada) y de profesionales que apenas tienen tiempo para documentarse, para contrastar. Creo que eso lo dice todo. ¿Por qué se invierte tan poco dinero en las redacciones?

-Porque se confía en las agencias, en los comunicados de prensa y en los colaboradores y expertos de fuera de la redacción, porque apenas se puede hacer buen periodismo ya, debido a los intereses que están detrás del periodista. Ya está suficientemente demostrado que la mayoría de los contenidos de los medios proceden de informaciones oficiales y oficiosas. Se apuesta por el periodismo espectáculo y por las promociones o por el publiperiodismo.

-¿Existe un periodismo más útil –para la sociedad- que el actual?

-Sí, claro que sí, existe, aún se puede encontrar en los diarios de referencia, en las revistas especializadas y en Internet.

-¿Tan importantes son los medios de comunicación en la formación de una persona y en su vida interior?

-Primero es importante su formación en el seno de una familia ilustrada, luego con los libros, con las obras clásicas de todos los campos del saber –y ahí entra en juego tanto el papel de la familia como el de la enseñanza primaria, media y superior- y luego con los medios de comunicación, incluido Internet, por ese orden.

-¿Un periódico puede ayudarnos a ser más felices?

-Claro que sí, a mí me han ayudado los diarios y las revistas. Me han ayudado los artículos valientes de la página 3 de El Correo de Andalucía a finales de los sesenta y en los setenta del siglo pasado, me ha ayudado Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, La Calle, Posible, Argumentos… por supuesto que sí, uno se levantaba e iba con ilusión al quiosco a comprarlos. Te ilusionaban porque iban por delante de los acontecimientos sin inventarlos, porque eran transgresores pero no propagandistas, porque te formaban por medio de la utilización del contexto y la perspectiva histórica.

-Para terminar, Ramón, una curiosidad: Si un día te dieran a escoger a veinte personas a las que impartir alguna de tus clases. ¿A quién elegirías?

-Mejor que fueran todas las interesadas y ya veríamos porque nos tendríamos que elegir mutuamente. Lo que sí digo es que estoy harto de alumnos que calientan las bancas y que no deberían estar en la Universidad y menos en mis clases. Y estoy harto de la infantilización de la juventud, cada promoción es más acusada. Eso es el efecto de la educación protectora de los padres. 

 

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Matías Regodón. EL HOMBRE QUE CAMBIA VIDAS

Publicado el 01 noviembre 2007 por manuguerrero

 

 

Aquella mañana, Matías se presentó en su clase del IES Gran Capitán (Córdoba) con un tesoro bajo el brazo. Como todos los días, nos saludó muy amablemente y se dejó llevar:

 «En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata, las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre, las curtidurías, a lejías cáusticas, los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo, el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, si, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor.»

Todos los alumnos escuchaban embelesados el principio de El perfume de Patrick Süskind. Puedo asegurar que nunca he escuchado un silencio tan respetuoso hacia un profesor. Entre los jóvenes imbuidos, había uno especialmente vivaracho y callejero que, contra las evidencias, no pudo escapar al poder seductor de aquellas palabras, aquellos gestos, aquel ritmo corporal y aquella historia alucinante y obsesiva. En ese justo instante, como por arte natural, el adolescente comenzó a vivir una desmedia relación de amor con la lectura que le contrajo graves (pero interesantes) efectos secundarios. Y sé que no fue el único caso.

Ahora que muchos con la educación (unos por votos, otros por dinero y otros por las dos cosas) he querido plantear una serie de cuestiones esenciales a un profesor que se entrega diariamente no sólo a la enseñanza de su asignatura, Lengua y Literatura, sino a formar personas libres y responsables. Incluso a cambiar vidas.

Al margen de su abnegación en clase, Matías Regodón comparte sus conocimientos en diversas publicaciones y páginas webs.

-¿Y los alumnos suelen dejar huella en los profesores?

-Con los alumnos convivo durante un año, a veces, incluso más. Acabo conociéndolos humanamente y valorándolos no sólo como alumnos de mi asignatura, sino también como personas, con sus virtudes y defectos. Mi relación con ellos, al principio es distante, pero, a medida que avanza el curso, se torna cercana y cálida. En cuanto a si dejan huella, te tengo que responder que sí, sobre todo los que han manifestado un interés especial por mi asignatura, los que han disfrutado con ella, y también los que me han deslumbrado con su sensibilidad, por ejemplo, para analizar textos. He leído o escuchado, a veces, comentarios de alumnos que me han impresionado e incluso me han hecho variar la interpretación de un texto. Y esto, cuando ha sucedido, siempre me ha llenado de satisfacción y nunca lo he rechazado, al contrario, lo he aceptado como algo que me ha enriquecido a mí y que forma parte del proceso de enseñanza-aprendizaje, un proceso en el que no siempre enseñamos los profesores y aprenden los alumnos, sino que también se puede dar en el sentido inverso.  

-¿En clase se hacen amigos?

-En clase no hablaría yo de amistad, porque los roles de alumno y profesor deben mantenerse. Nosotros, los profesores proponemos y coordinamos las actividades que se desarrollan en el aula y, por tanto, nunca debemos perder nuestra autoridad. Es como el árbitro en un partido de fútbol, que hace que se aplique el reglamento. En nuestro caso, las normas pasan, en primer lugar, por el respeto mutuo y, en segundo lugar, por el trabajo que es lo que en definitiva nos hace y les hace crecer como personas. Sin embargo, fuera de clase, sí puedes entablar amistad con los alumnos. Yo, de hecho, en ocasiones he salido con algunos de ellos, sobre todo en mis primeros años, aunque no es lo más frecuente, sobre todo por razones de edad e inquietudes.

-¿Eres partidario de establecer distancias respecto a tus alumnos?

-Mi relación con los alumnos suele ser afable. El primer día de clase les planteo lo que considero necesario, tanto para convivir, como para progresar en los estudios y, a partir de la aceptación de estas propuestas por parte de ellos, la relación se desarrolla en un clima de confianza y naturalidad. Aunque conozco compañeros, los menos, que prefieren el usted, con el fin de marcar distancias y asegurarse un mínimo de respeto, yo prefiero el tuteo, quizá porque pertenezco a una generación que vivimos la dictadura en nuestro periodo escolar y entrábamos con miedo a clase. La distancia entre el profesor y los alumnos era abismal, tanto que se solía recurrir a la intimidación y a la violencia, no ya para corregir actitudes inadecuadas, sino como argumento para enseñar. Era un tiempo de silencio en todas las facetas de la vida, como lo definió Martín Santos en su novela del mismo nombre, donde las personas carecíamos de derechos; un tiempo donde todo eran obligaciones. No había posibilidad de un aprendizaje significativo, que es el que te hace construir tu propio conocimiento, porque los profesores solían hacer tabla rasa, es decir, partían de la ignorancia supina del alumno, con la excepción de un grupo minoritario y privilegiado al que consideraban la elite de la clase. La dictadura de Franco no estaba demasiado interesada en la instrucción, al menos en la instrucción de la mayoría de la población. Ya, desde el inicio de la Guerra Civil, el llamado bando nacional se encargó de depurar al cuerpo de maestros, tan apoyado por los gobiernos republicanos. ¿Por qué? Porque aquellos maestros, y así lo atestiguan libros como el recientemente publicado por María Antonia Iglesias, hacían pensar a los niños para que tuvieran capacidad de decidir por sí mismos y no siguiendo las indicaciones del señorito de turno. Disculpa esta digresión para explicar por qué tuteo a mis alumnos; pero creo que aquella escuela franquista condicionó definitivamente mi concepción de la enseñanza y la relación con mis alumnos. Desde que comencé a impartir clases, quise alejarme de aquel modelo tan humillante y tan poco respetuoso con el alumnado.

-Pero hay quien piensa que el origen de muchos problemas escolares es su escasa capacidad para imponer su autoridad y hacerse respetar…

-No creo que la forma de tratar a los alumnos tenga mucho que ver con los problemas que actualmente tenemos en la enseñanza. Además, un profesor se gana el respeto de sus alumnos cuando éstos perciben que le gusta su asignatura y asume con responsabilidad su papel de profesor, es decir, prepara sus clases con rigor y, al mismo tiempo, intenta hacérselas lo más amenas posible.

-¿El sistema no respalda suficientemente la figura del profesor?

-La respuesta a lo que preguntas no es simple y merece algunas consideraciones. Cuando hay algún conflicto ocasionado por un alumno, Jefatura de Estudios, antes de tomar alguna decisión, no sólo escucha al profesor, sino también al alumno implicado, y esto genera, en ocasiones, desconcierto, porque el profesor tiene bien claro el comportamiento inadecuado del alumno y le gustaría que la sanción fuera inmediata. Pero así debe ser el funcionamiento democrático de un centro de enseñanza. Por otra parte, las sanciones, a diferencia de lo que ocurría antes, suelen ser educativas, porque se parte de la base de que lo importante es la formación integral del alumno, que éste, aunque sea conflictivo, no vea al profesorado como un enemigo que únicamente sanciona su conducta inadecuada, sino como personas que le ayudan a superar sus problemas. Claro, este planteamiento no todos los profesores lo entienden y, en algún momento se pueden sentir desprotegidos. Por último, tengo que decirte que los profesores no siempre se sienten respaldados por la Administración. El caso más reciente que conozco es el del profesor Carlos Cabanillas, jefe de estudios del IES Santiago Apóstol de Badajoz, que fue condenado injustamente por supuestas injurias y vejaciones a un alumno y que, por lo que dicen su propios compañeros, no tuvo el respaldo que merecía por parte de la Delegada de Educación. Es un caso de indefensión jurídica, pues la jueza que condenó al profesor sólo tuvo en cuenta las declaraciones de alumnos.

-¿Y qué responsabilidad tienen los padres en que el alumno tenga en buena consideración a su profesor?

-Los padres tienen mucha responsabilidad en la consideración que tienen sus hijos de nosotros. Antes, la autoridad del profesor nunca se cuestionaba, siempre tenía razón ante los padres. Ahora, las cosas han cambiado, casi podría decir que nos hemos ido a las antípodas, pues la razón ha pasado a tenerla en exclusiva el alumno. Esto ha ocurrido paradójicamente, porque, a raíz del restablecimiento de la democracia, que ha traído libertad y derechos para todos, existe más diálogo entre padres e hijos y se razonan más las cosas. Lo justo sería escuchar a las dos partes. Con cierta frecuencia los padres van al instituto con la versión de sus hijos y no suelen modificar ni escuchando al profesor.

-¿Los padres colaboran adecuadamente en la instrucción de sus hijos?

-En general, sí colaboran. Además, últimamente, se está viendo en nuestro centro una mayor implicación de la Asociación de madres y padres, que ha aumentado sensiblemente su número de asociados. No obstante, el nivel cultural de los padres sigue siendo una barrera importante y establece una diferencia entre los alumnos, que precisamente trata de paliar la enseñanza secundaria obligatoria y el plan de familia.

-¿Existe buena comunicación entre los padres y el profesorado?

-La comunicación entre los padres y el profesorado se establece sobre todo a través de los tutores, que en los tres primeros curso de la ESO tienen dos horas de reducción para esta tarea. Esto permite a los padres entrevistarse con ellos, siempre que lo soliciten. En mi centro, al menos, la comunicación entre padres y profesorado, por esta vía, es continua y constante a lo largo del curso.  

-¿Existen fronteras claras entre las obligaciones de un padre y las de un profesor respecto a la educación de un adolescente? Por ejemplo, ¿a quién corresponde inculcar el amor por la lectura?

-Las fronteras las marca el instituto, donde educamos los profesores, y la casa, donde lo hacen los padres. Pero la tarea de educar nos corresponde tanto a unos como a otros. Los nuevos planes de estudio hacen mucho hincapié en la educación en valores. Se considera que valores como la tolerancia hacia determinados colectivos sociales o el respeto al medio ambiente impregnan los currículos de todas las asignaturas, es decir, son los llamados temas transversales. Por consiguiente, educar en estos valores forma parte de labor diaria de cada uno de los profesores.

-¿Eres partidario de incluir la asignatura Educación para la ciudadanía en los planes de estudio como asignatura obligatoria?

-Hoy en día los jóvenes lo consiguen todo muy fácilmente, sin apenas esfuerzo, desde pequeños. Esto los convierte en personas demasiado consentidas a las que cuesta aceptar de buen grado posibles fracasos por pequeños que éstos sean. Personas para quienes los derechos están por encima de las obligaciones y, como consecuencia de todo ello, personas poco respetuosas con los demás y con el medio en el que viven, poco solidarias. No digo que la mayoría de nuestros jóvenes sea de esta manera, pero sí un porcentaje significativo. Por eso, todo lo que sea reforzar la educación en valores, en los derechos y las obligaciones que todos los españoles nos hemos dado y que recoge nuestra carta magna, lo veo positivo y necesario. La asignatura “Educación para la ciudadanía” está orientada en esta dirección.

-¿Ha creado algún problema en tu instituto?

-Al contrario, por lo que sé, es una asignatura muy bien aceptada por el alumnado, no sólo por su contenido, sino también por cómo se está impartiendo, con respeto a la forma de pensar de cada uno y a partir de actividades en las que los alumnos participan y debaten entre ellos.

-Llevas ya muchos años impartiendo clases… ¿cuando comenzaste existía esa necesidad reglada de educación en valores?

-Cuando yo comencé, hacía poco tiempo que se había restablecido la democracia en España y todavía no se había planteado la necesidad de una asignatura de esas características, probablemente porque existían otras urgencias, como elaborar una ley de educación, similar a la de otros países democráticos, que estableciera la enseñanza secundaria obligatoria. No obstante, ese vacío lo ocupaban los profesores de Historia y Filosofía, que explicaban los valores de nuestra Constitución. Y también el resto del profesorado con nuestra actividad diaria en las aulas.

-¿Cómo han cambiado las actitudes de los alumnos en los últimos 15 o 20 años respecto a la convivencia social?

-El cambio más importante ha venido dado por la implantación de la enseñanza secundaria obligatoria. Cuando yo empecé, existía el BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) para los alumnos que deseaban estudiar una carrera universitaria y la FP (Formación Profesional) para los que querían integrarse lo antes posible en el mercado laboral. Yo llegué a impartir clases tanto en el BUP como en la FP y el nivel de exigencia, al menos en mi asignatura de Lengua Castellana, era infinitamente mayor en el primero que en la segunda. Con la ESO, se ha pretendido dar las mismas oportunidades de acceder a unos estudios mínimos a todos los alumnos hasta los 16 años, con independencia de su origen social. Es una medida, por tanto, igualitaria, que pretende paliar las diferencias existentes en la sociedad. ¿Quiénes iban antes a la universidad? Normalmente, los hijos de familias de un poder adquisitivo medio o alto. Apenas había hijos de obreros. Ahora, las cosas han cambiado, entre otras razones, porque existe la ESO, que abre las puertas al bachillerato y, más tarde, a la universidad.

-¿Y respecto a la convivencia interna, de los centros?

-La convivencia en los centros se ha resentido, pero no sólo por la ESO que obliga a permanecer en el sistema educativo a chicos que no quieren estar, sino también por un cambio de mentalidad: la convicción, cada vez más generalizada, de que sólo tenemos derechos y de que todo se consigue fácilmente, como te decía antes. Se olvidan las obligaciones, así como la cultura del esfuerzo y el trabajo para conseguir los objetivos que nos marcamos en la vida.

-¿Qué influye más en la salud de la educación secundaria: el entorno social o los planes de estudio?

-La salud de la ESO tiene mucho que ver con la percepción que se tiene de ella. En los sectores más conservadores de la sociedad se oye decir, como argumento para justificar la ignorancia supina de un joven, “es de la generación LOGSE”, olvidando deliberadamente que esta ley, a diferencia de la que existía antes, establece la educación obligatoria hasta los 16 años. Sin embargo, hay otros sectores, entre los que me incluyo, que no obviamos esta diferencia sustancial y que somos conscientes de que el grado de exigencia, en cuanto a contenidos, en la ESO, no puede ser el mismo que antes, aunque creo que se ha ganado en lo que llamamos destrezas básicas. Me refiero a que la actual normativa sobre educación, de acuerdo con el espíritu de la vituperada LOGSE, insiste sobre todo en que los alumnos perfeccionen destrezas, como la expresión y comprensión oral y escrita, que a la larga es lo que les hace madurar como personas y les va a facilitar su integración en el mundo laboral.

-¿Existe, tal y como se expone en los medios de comunicación, violencia en las aulas?

-No, al menos en mi centro, lo cual no significa que, de vez en cuando, salga a la luz algún caso. Lo que ocurre es que, cuando esto sucede, los medios de comunicación le dan tal relevancia que lo presentan como algo normal. La mayor parte de los alumnos aceptan las normas de convivencia, a pesar del ambiente de violencia que, como tú dices, existe a nivel global y que perciben día tras día en la televisión o Internet. De todas formas, insisto en que vosotros los periodistas tenéis mucho que decir en este aspecto. Te pongo un ejemplo: hace unos días la madre de un alumno de nuestro centro denunció a otro alumno por acoso escolar. El asunto prácticamente se estaba solucionando, porque esta madre aceptó las disculpas del agresor. Sin embargo, al día siguiente, un periódico de Córdoba lo destacó con un titular que venía a decir, más o menos, “Acoso escolar en el I.E.S. Gran Capitán”, con lo cual los lectores de ese diario se hicieron una idea equivocada de lo que realmente sucedió.

-¿Cómo recuerdas el primer día que entraste en un aula como profesor?

-Mi primer día de clase fue en el curso del CAP (Certificado de aptitud pedagógica). Recuerdo que consensué con mi profesor tutor que hablaría de Luis Cernuda, uno de mis poetas favoritos. Me dirigí al instituto nervioso, pero confiado al mismo tiempo, pues tenía el convencimiento de que la clase sobre este escritor les iba a interesar a los alumnos. Esta era mi mayor preocupación: que no se aburrieran y sabía que hay algunos poemas de Cernuda, que sólo pueden entenderse considerando su homosexualidad, un tema tabú en aquella época. Así, conseguí despertar su atención sobre el mundo poético, tan personal del autor de “Los placeres prohibidos”. Así, y hablándoles con naturalidad, como un colega más. Claro, tenía la ventaja de que sólo iba a impartir dos clases, en las que podía mostrarme a ellos todo lo cercano que quisiera.

-¿Has cambiado mucho en este tiempo? ¿y tus alumnos han cambiado?

-Creo que el mundo ha cambiado más que el alumnado, al menos es la percepción que tengo. El mundo dividido en dos bloques, uno capitalista y otro comunista, no tiene nada que ver con el de ahora, donde tenemos una única nación que ejerce, con mano de hierro, su función de gendarme mundial. Es triste echar de menos un periodo de enfrentamiento, de guerra fría, se decía entonces; pero lo cierto es que el equilibrio de fuerzas entre los dos mundos daba una cierta tranquilidad, principalmente porque existía un temor mutuo entre Estados Unidos y la Unión Soviética a una destrucción mutua, tal era el armamento nuclear que poseía cada una de estas dos superpotencias. Ahora se hace lo que dicta EEUU, aunque vaya contra las leyes internacionales que todos deberían respetar. Fíjate en la invasión de Irak y las dramáticas consecuencias que está teniendo. España también ha cambiado, porque la democracia se ha ido asentado progresivamente y hemos vivido uno de los periodos más largos en democracia con todo lo positivo que ello conlleva. En cambio, para mí los alumnos son los mismos. Nosotros envejecemos; pero ellos no, y ¿sabes quién me ha ayudado más a entenderlos? Mis propios hijos, que han hecho que me sitúe en su lugar y que valore más el esfuerzo que hacen. Antes, por ejemplo, raras veces ponía un 10, porque quizá pensaba presuntuosamente que el único que se lo merecía era yo. Pero, gracias a la influencia de mis hijos, me he dado cuenta de que la perfección no existe y que, en consecuencia, no puedo reservar el 10 para una persona utópica, que no existe. Ahora valoro más el trabajo y el esfuerzo que hacen mis alumnos para mejorar. En eso he cambiado y creo que he mejorado como docente, porque en la educación hay dos polos diferentes, pero, al mismo tiempo unidos: enseñar, que nos corresponde sobre todo a nosotros, y aprender, que es función de los alumnos. Es el proceso de enseñanza-aprendizaje, que implica para el profesor ponerse en el lugar del alumno, porque, al fin y al cabo, el objetivo final es que éste aprenda. Ahora me fijo más en los conocimientos con los que vienen los alumnos, porque sé que sólo, a partir de lo que saben, podrán construir sus nuevos conocimientos. También considero más la didáctica; procuro hacerla más amena y siempre orientada a que los alumnos aprenden por sí mismos.

-¿Te consideras un profesor vocacional? ¿De dónde proviene esa vocación?

-La verdad es que, cuando acabé Filosofía y Letras, prácticamente la única opción de trabajo que tenía era la enseñanza. De manera que nunca pensé en otra profesión. Pero me gusta compartir lo que sé con mis alumnos, ayudarles a construir, como te decía antes, sus propios conocimientos. Creo que soy afortunado por trabajar en algo que me gusta y que supone relacionarte todos los días con grupos de personas jóvenes, cuya formación depende en parte de ti. Y no me refiero sólo a los conocimientos de lengua castellana que puedan adquirir, sino a inculcarles determinados valores, como el trabajo y la disciplina en el estudio, la curiosidad intelectual, el disfrute con la lectura…

-¿Amar la profesión debería ser uno de los requisitos para ser profesor?

-Sí, porque he conocido a algunos compañeros a los que no les gusta su profesión, que vienen al instituto con la única intención de cumplir su horario y que no transmiten a sus alumnos el amor por la asignatura que imparten. No es mi caso, pues, además de gustarme mi profesión, me gusta la asignatura que imparto y procuro no sólo son mis conocimientos, sino también con mi actitud inculcarle amor hacia ella. Otra cosa distinta es que lo consiga, porque también hace falta un mínimo de interés por parte del alumno, un mínimo deseo de aprender, una mínima receptividad. Pero, en cualquier caso, considero un requisito fundamental el amor a la profesión. No es lo mismo hablar con apasionamiento de un escritor, implicándote en su vida y en su obra, identificándote con lo que expresa, que utilizar la técnica del distanciamiento, que diría Brecht. Además, en la medida en que amas tu profesión, te entregas a ella con abnegación, le echas horas los fines de semana o en las vacaciones…

-¿Estás de acuerdo con los parámetros actuales de selección del profesorado?

-Creo que los criterios que se siguen para seleccionar a los profesores en las oposiciones, que es el sistema de acceso vigente, son más completos que antes. Porque se incluyen aspectos didácticos que considero indispensables para desarrollar la función docente. No obstante, la preparación didáctica del profesorado debería hacerse antes, es decir, durante la carrera universitaria, como sucede en otros países o como se da en el nuestro en los estudios de magisterio.

-¿Proviene de ahí la causa de la desmotivación del profesorado, un problema que puede llegar a ser nefasto? ¿Con qué obstáculos os encontráis en vuestra labor diaria?

-La desmotivación de algunos profesores se debe, en gran parte, al cambio en el tipo de alumnado. Antes, impartíamos clase a alumnos que habían elegido libremente estudios de BUF o FP. Ahora, con la ESO, que yo considero un avance social extraordinario, que nos ha puesto a la altura de los países democráticos más desarrollados del mundo, nos encontramos con alumnos que no quieren seguir estudiando, pero que están obligados por ley. Esto hace que su actitud en clase, a veces, no sea la adecuada y ocasionen problemas al profesor para impartir con normalidad su asignatura. Pero los que nos dedicamos a la enseñanza sabemos que debemos adaptarnos a estos nuevos alumnos, intentando motivarles para que se interesen por los estudios.

De todas formas, su presencia es sin duda el principal obstáculo que nos encontramos actualmente los profesores. Yo personalmente lo pasé bastante mal los primeros años de la ESO y conozco compañeros que solicitaron el traslado a centros donde sólo se impartía el bachillerato, huyendo de este tipo de alumnos. Pero poco a poco he ido tomando conciencia de que mi labor en el aula no es sólo enseñar lengua y literatura castellana, sino también educar a mis alumnos como personas libres y responsables, respetuosas con sus compañeros y con el medio en el que viven. Además, he podido comprobar que, con frecuencia, determinados comportamientos inadecuados responden al ambiente familiar en el que se han criado los alumnos y, en este sentido, la escuela o el instituto tienen que compensar estas deficiencias, aunque no sea la labor que más nos guste.

-En tu caso particular, como profesor de Lengua y Literatura, supongo que deberás contagiar el amor hacia la lectura. ¿Es un reto complicado?

-Pienso que es el gran reto; pero difícil de conseguir, porque los adversarios con los que competimos son muy poderosos y más atractivos para nuestros alumnos. Pero estamos en la era de lo audiovisual, de los ordenadores y de Internet, y más que enfrentarnos a estas nuevas tecnologías, debemos incorporarlas al proceso de enseñanza-aprendizaje. Por ejemplo, ya que hablamos de lecturas, por mucho que yo defienda el formato clásico del libro, lo cierto es que la mayor parte de los mensajes que leen nuestros alumnos lo hacen en formato digital. Pues bien, adaptémonos y utilicemos los ordenadores, accedamos a los numerosos textos que podemos encontrar en Internet y hagamos que nuestros alumnos lean en este formato. Esto sin menoscabo del libro editado en papel. Alternemos los dos formatos. De esta manera, será más fácil crear en ellos el hábito de leer. Por otra parte, las lecturas obligatorias no pueden ser sólo las clásicas de la historia de la literatura española. En mi opinión, hay que seleccionar, entre los numerosos títulos de narrativa juvenil, los que tengan un mínimo de calidad literaria –y te puedo asegurar que hay buenos escritores en este género- y, por supuesto, que planteen una temática atractiva para nuestros alumnos, que tengan intriga…  A esto hay que añadir la lectura en alto por el profesor –recuperando la costumbre de los cuentos al calor de la lumbre de nuestros abuelos-, una lectura expresiva, que imite las voces de los personajes, que juegue con los tonos de voz, para interesar así a los alumnos. Por propia experiencia, te puedo decir que la lectura en alto del profesor puede enganchar a los alumnos. Cuando se crea el silencio en la clase, un silencio que se puede cortar con los dedos, porque has conseguido guiarlos con la sola ayuda de tu voz por el mundo de ficción de la literatura. Recuerdo, por ejemplo, haberles leído el primer capítulo de “Los santos inocentes” de Miguel Delibes, cuando Azarías sale a correr el cárabo y avanza por el bosque, tropezándose con las piedras, arañándose el cuerpo con las ramas de los árboles, lleno de excitación. Y recuerdo cómo los alumnos lo acompañaban en su recorrido y le escuchaban citar al cárabo, atentos a la lectura en alto que yo les hacía. Son momentos mágicos que se producen en el aula y siempre te queda la esperanza de que los alumnos se aficionen así a la lectura. 

-¿Funcionan los encuentros con los autores?

-Los encuentros con los escritores funcionaron muy bien durante un tiempo, porque resulta excitante poder ver y entrevistar al autor de una novela que has leído; pero, como todo, cuando se repite, se convierte en una rutina. Y eso fue lo que pasó: notamos que, cuando los alumnos habían participado en el encuentro con un escritor, la segunda vez ya no era igual que la primera, la expectación disminuye y el interés es menor, de tal manera que también nosotros nos enfriábamos. De todos modos, creo que el grupo de trabajo “Autores y lectores en las aulas”, que organiza estos encuentros, aún sigue funcionando. En mi instituto, queda de aquella experiencia, el hábito de elaborar guías de lectura, con actividades variadas de comprensión, expresión, reflexión y creatividad, que tienen como finalidad sacar un mayor provecho del libro que leen los alumnos.

 -¿Disfrutas cuando disfrutan?

-Claro, no puede ser de otra manera. Cuando observo sus caras expectantes ante una reflexión, o cuando todos se callan para escuchar una lectura en alto, o cuando planteo a debate un tema que les interesa y la mayoría levantan la mano para intervenir, o cuando les propongo una actividad, a través de Internet y les observo embebidos en la pantalla del ordenador. En esos momentos, el tiempo, siempre subjetivo, pasa rápido para ellos y suelen decir, entre sorprendidos y satisfechos, cuando suena el timbre que indica el final de la clase: “¿Ya ha pasado la hora?” Lograr que los alumnos se interesen hasta ese límite de atención es mi máxima aspiración como profesor, o encontrarme con ellos, años después de haberles impartido clase, y que me den las gracias por haberles despertado el gusto por la lectura. También el mero hecho de que me saluden por la calle, contentos de haberme reconocido y que yo les reconozca a ellos, produce satisfacción.

-A menudo, cuando los chavales se comunican por teléfono móvil o Internet adulteran de tal modo el lenguaje que resulta incluso ininteligible para los adultos. ¿Son luego capaces de escribir correctamente en exámenes, ejercicios o redacciones?

-Esta es otra de las batallas que estamos librando y de la que esperamos salir victoriosos; pero es difícil, porque, con la comunicación a través del móvil e Internet, se ha producido una cambio sin precedentes en el uso del lenguaje. Nuestra sociedad avanza a un ritmo trepidante y este ritmo ha afectado también a los alumnos, que carecen del sosiego necesario para escribir con pausa. Esto unido a que resulta más económico abreviar las palabras da como resultado un lenguaje que, como tú bien dices, es ininteligible para nosotros los adultos. La tendencia de estos chicos, cuando les planteas una redacción, es utilizar este nuevo lenguaje. Por eso, hay que advertirles continuamente que en castellano hay unas normas de ortografía que necesariamente deben respetar, que los hablantes de una lengua no pueden escribir cada uno como quiera, porque con el tiempo esa lengua acabaría desapareciendo, como ocurrió, por ejemplo, con el latín, cuando la norma lingüística proveniente de Roma dejó de llegar a las restantes provincias del imperio.

-¿Escriben cada vez peor?

-Cuando se hacen este tipo de afirmaciones, debe tenerse en cuenta que el número de alumnos que estudian es mayor que antes y, entre éstos, hay que incluir a los que no quieren estar; porque, de lo contrario, se desvirtúan los datos. De todas formas, aunque fuera cierto que escriben peor, también lo es que tienen una mayor capacidad crítica y un mayor conocimiento de las nuevas tecnologías que les será muy útil para integrarse en el mercado de trabajo.

-¿Los malos hábitos son fácilmente corregibles?

-Corregir los malos hábitos que adquieren con el manejo de los móviles e Internet pasa por que tomen conciencia de la importancia de las normas ortográficas en una lengua, la importancia de conocerlas y mejorar, así, el uso y conocimiento de ésta; de que no es suficiente con comunicarse, como suelen razonarte algunos alumnos, cuando insisten en emplear abreviaciones, como x en lugar de “por”, o prescindir de las haches, cuya presencia no implica diferencias entre las palabras. 

-¿La cultura audiovisual, en la que incluimos Internet, les despierta la imaginación o en cambio perjudica su capacidad de comprensión y entendimiento del mundo?

-Nuestros alumnos están conociendo y comprendiendo el mundo, a través de la cultura audiovisual. No creo que este hecho sea algo que les perjudique o les beneficie. Es lo que hay. Ellos, en cierto modo, son hijos de esta cultura, forman parte de ella y así es su percepción del mundo. Lo que sucede es que la información que reciben, fundamentalmente por Internet, es tanta y tan variada que, si queremos utilizar la red como herramienta didáctica, debemos seleccionar esta información. Nosotros estamos en un centro TIC, porque cada uno de los departamentos didácticos elaboró un proyecto de utilización de las nuevas tecnologías del conocimiento y la información, lo cual supone el uso sobre todo del ordenador, no de modo exclusivo en el aula, sino como una herramienta más en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En este sentido, hay recursos educativos muy interesantes, como, por ejemplo, la Webquest, en la que los alumnos buscan información en una serie de páginas Web, que tú previamente les has seleccionado. Su utilización propicia el desarrollo de diferentes capacidades como: síntesis, análisis, comprensión, valoración, aplicación, cotejo de fuentes, etc.

-¿Después la calle les resulta fría?

-Nosotros somos de la generación de la calle, pues nuestro tiempo libre lo empleábamos en ese espacio. Allí estaban nuestros amigos, nuestros juegos, etc. Ellos, los alumnos, comparten la calle, que ha dejado de ser un espacio exclusivo de diversión, con la casa y, en particular, con su habitación, donde tienen el ordenador personal con acceso a Internet, los videojuegos, etc. Hay un fenómeno curioso, en este sentido, que se ha dado en Japón; pero que es representativo del nuevo tipo de joven. Me refiero a los hikikomori, jóvenes que un día deciden recluirse en su habitación, aislarse, perder el contacto con sus amistades e incluso con su familia. Y todo esto parece ser que se debe a la excesiva presión que se ejerce sobre ellos, responsabilizándoles del futuro del país.No sé hasta qué punto se da en España este fenómeno. En concreto, en el barrio de Fátima, donde se ubica mi instituto, jóvenes de este tipo, si los hay, resultan excepcionales. Al menos eso he podido comprobar por las redacciones que les encargo a mis alumnos, invitándoles, por ejemplo, a describir lo que hacen un día cualquiera de su vida. La mayoría alterna la casa con la calle, el ordenador con los amigos…

-El 30% de los alumnos no acaba la Educación Secundaria y el 80% de los jóvenes delincuentes ha sufrido fracaso escolar. ¿En el Instituto se pueden reducir los índices de delincuencia sin perjudicar el desarrollo intelectual –y personal- de los mejores estudiantes?

-A pesar de las críticas que recibe desde determinados sectores de la sociedad, yo estoy convencido de las bondades de la ESO. Cuando se implantó en España, y también cuando se estableció la atención sanitaria universal y gratuita, dimos un paso definitivo y, a mi entender irreversible, para colocarnos entre los países democráticos más desarrollados del mundo. Con la ESO, se igualan las diferencias existentes entre las personas por su origen social. Es decir, chicos y chicas de origen humilde que, en un país subdesarrollado, no hubiesen podido estudiar, pueden y deben hacerlo gratuitamente. Una educación básica, fundamentalmente en Matemáticas, en idiomas y en el dominio de tu propia lengua, le facilita al joven su entrada en el mercado laboral. Y todo eso unido a una formación en valores, bien a través de los temas transversales, bien a través de asignaturas, como “Educación para la ciudadanía”, le proporciona los rudimentos necesarios, desde el punto de vista ético, para integrarte en la sociedad, aceptando sus normas de convivencia. Estoy convencido de que a mayor educación, menor delincuencia. El dato que tú ofreces lo corrobora: el 80 % de los delincuentes ha sufrido fracaso escolar. Incluso otros factores que pueden explicar estos comportamientos antisociales, como la falta de expectativas laborales, el desencanto ante el futuro o las pocas oportunidades que la sociedad les da a estos jóvenes, entiendo que están directamente relacionados con el hecho de haber abandonado sus estudios de Secundaria. En cuanto al posible perjuicio que puedan ocasionar los alumnos desmotivados a los que sí lo están, te puedo decir que es un tema de conversación recurrente en la comunidad educativa. Quizás habría que retomar la idea de los diferentes itinerarios que recogía la ley de calidad de la enseñanza, según las distintas expectativas del alumnado, pero sin que eso suponga una separación entre torpes y listos, o quizá habría que incluir en el segundo ciclo de la ESO asignaturas optativas prácticas, como talleres de iniciación a determinados trabajos, que resulten atractivos para los alumnos que quieran incorporarse cuanto antes al mundo laboral. En cualquier caso, es un problema complejo que no tiene fácil solución.

-¿Un alumno debe admirar a quien le enseña a vivir?

-Supongo que te refieres a que si un alumno debe admirar a su profesor. Yo le daría la vuelta al planteamiento: un profesor debe ganarse el respeto y la admiración de los alumnos con su trabajo, con su actitud favorable a la asignatura que imparte, con su pasión por enseñar y, también, y esto me parece fundamental, tratándoles con respeto, sabiendo situarse en el lugar de ellos, particularmente de los más díscolos y desinteresados.

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Gabriel Sopeña. UN HUMANISTA DEL SIGLO XXI

Publicado el 29 junio 2007 por manuguerrero

La obra de Gabriel Sopeña (Zaragoza, 1962) es casi inabarcable para un entrevistador. Es doctor en Filosofía y Letras, con Premio Extraordinario de Doctorado y profesor de Historia Antigua.  Como tal es autor de libros como Dioses, ética y ritos. Aproximaciones para una comprensión de la religiosidad entre los pueblos celtibéricos o Buda. Imágenes y devoción. Pero además es poeta y músico y es ahí donde su producción se convierte en un mar gigante donde navegar por años sin necesitar más que sus aportes emocionales. Comenzó su carrera en 1983 y lideró bandas como Ferrobós y El Frente, además de colaborar estrechamente con Más Birras. En España ha escrito para Héroes el Silencio, Amistades Peligrosas, Los Rebeldes, María del Mar Bonet, José Antonio Labordeta etc.

Según cuenta el mismo Loquillo, cuando grababa su disco Hombres (disco muy recomendable, editado en 1991) recibió una canción de regalo a nombre de Gabriel Sopeña. Se llamaba Brillar y brillar y creo que le salvó la vida. A partir de ahí comenzó la etapa más fructífera para el Loco con discos como La vida por delante y Con elegancia, elaborados por Gabriel sobre textos de Bernardo Atxaga, Antonio Gamoneda, Gil de Biedma, Lorca, Pavese, Octavio Paz, Mario Benedetti, Vázquez Montalbán, Luis Alberto de Cuenca etc… dos proyectos gigantes. En mi opinión, dos de los mejores discos publicados en España jamás.
 
También puso música a Universo en ciernes, una selección de poemas de Mari Pau Domínguez a los que dieron vida las voces, por ejemplo, de Víctor Manuel, Ana Belén, Luis Eduardo Aute, Javier Ruibal, Mercedes Ferrer, Miguel Ríos, Carmen Linares, Pedro Guerra, Loquillo y el mismo Sopeña.
 
Ya en 1997 publicó su primer disco en solitario Mil kilómetros de sueños, muy esperado por sus seguidores. Es un disco excelente con canciones como Armando al amor, Nunca he despertado junto a ti, Un fogonazo, Apuesta por el rock and roll, Por los ojos de Raquel o John Milner. En él se atrevía, virtuoso, con cualquier instrumento. No lo busquéis, se agotó.
 
Después ha trabajado con la mítica cantante brasileña María Creuza (A mitade do mondo) y con Lucía Soralová, para quien hizo la adaptación al español del musical Juana de Arco. También es el autor de la música de Misiles melódicos, una tragicomedia que advierte que las armas perjudican seriamente la salud.
 
Como poeta es autor de Arras de Luzbel (1982), Sortilegio del ruido (1984), La noche del Becerro (1995) o El cantar de los destierros (2000) entre otros. Como se puede ver, su obra es casi infinita y entrevistarlo es todo un placer.
 
-Hola Gabriel. ¿Cómo estás? El otro día comentaba aquí mismo que recibir buena música en casa, por sorpresa, era lo mejor que me podía ocurrir en las tardes en la que no espero prácticamente nada. Después de tantos años dedicándote profesionalmente a la música, creando de forma constante ¿sigues sintiendo ese entusiasmo por escuchar/descubrir nuevas músicas?
-En cierto modo, creo que lo siento más intensamente. Soy más selectivo, he perdido espontaneidad, sin duda, pero tal vez he ganado en percepción.
 
-¿Qué aporta la música en tu vida?
-Fundamentalmente, oportunidades de aprender y de comprender lo aprendido. Desde que tengo uso de razón, acercarme a la música, en cualquiera de sus vertientes, ha ensanchado mi visión del mundo y mi confianza en la posibilidad de entendimiento de las personas. Y sigue haciéndolo.
 
 
-Me apetece mucho hablar de tus trabajos. Si te parece, podemos empezar por el final. De azúcar y viento, más que un conjunto de canciones es un proyecto de hermanamiento entre León (Nicaragua) y Zaragoza. Aún no entiendo por qué cuando se publica un disco tan brillante como ese no se paraliza la actualidad cultural de un país para escucharlo y compartirlo. Merece estar en todas las radios, en todas las revistas, en todas las cadenas de televisión. ¿Por qué algo tan bello se distribuye sólo por canales alternativos?
-Te agradezco el verbo merece, y lo considero un elogio; pero mi opinión es algo distinta. Tal y como está concebido el disparate de la industria musical española, todo autor que se respete debe reflexionar sobre el destino de su trabajo. Hay una enorme diferencia entre la orfebrería como disciplina y la chatarra destinada al consumo masivo, de usar y tirar. Es una diferencia que afecta a la propia visión del mundo de cada cual: la diferencia entre un humanismo pleno y enriquecedor y Treblinka. Y la hay, en el mismo sentido, entre la canción realizada con mimo, con objetivo, con meditación, con serenidad y los artefactos que se inventa la industria para su ávido lucro y depredación constantes: con objetivos exclusiva y únicamente económicos. Los canales son necesariamente diferentes. Todo creador debe saber dónde se ubica. Yo no espero nada a este respecto: ofrezco mi fruta al pie del árbol donde la crío, o donde me lleva mi humilde transporte; y me importa muy poco todo lo que no tenga que ver con los valores intrínsecos de mi profesión.
 
-A menudo se habla de “telebasura” pero jamás he oído la palabra “radiobasura”. ¿Es que no existe?
-No se le da tanta importancia como a la imagen, simplemente. Existir, existe. Ya lo creo que sí…
 
-Llevas varios años produciendo, dirigiendo y componiendo para artistas dotados de las más bellísimas voces del momento (Norma Helena Gadea, Lucía Soralová, María Creuza, Ramón Mejía etc.) ¿Qué te aportan estas voces, después de tanto tiempo persiguiendo que los textos fueran redondos y los arreglos estuvieran milimétricamente adaptados a sus correspondientes letras?
-Supongo que perspectiva, fundamentalmente. Una manera de ver mi propio perfil, en el fondo; y armas para comprender al hombre a través de distintos cauces y sensibilidades. Me siento un privilegiado al poder compartir el talento y el sentir de personas de tanta calidad como las que has citado, entre otras muchas; y de haber podido conocer cotidianamente diversos países, lenguas, culturas y formas de entender la vida. Pero siento que he acabado esa etapa. Han sido diez años, desde 1997 hasta hoy, y creo que he cerrado un ciclo.
 
-Por cierto, ¿qué significa De azúcar y viento?
-Es uno de los versos del poema “Los portadores de sueños”, de Gioconda Belli, que cierra el disco (“eran felices en su mundo de azúcar y viento”). En un disco de hermanamiento, me parecía una bonita imagen para aludir a Nicaragüita (el azúcar, que define su insuperable ron; y su afable carácter) y a Zaragoza –y Aragón, por extensión-, donde el cierzo del Moncayo constituye una seña de identidad tan importante como el Ebro.
 
-¿Cómo y cuándo te enamoraste de Suramérica?
-Creo que después de llorar con Don Atahualpa Yupanqui, teniendo yo unos doce o trece años. No sé: ¿cómo podría saberlo? Luego el enamoramiento se ha convertido en ternura, en complicidad, en admiración constante.
 
-¿Cómo te las has ingeniado para coordinar el trabajo de tanta gente, estando a tantos kilómetros unos de otros?
-Las técnicas actuales permiten que las distancias se acorten: a veces, no hay más remedio. No obstante, me gusta sobre todo sentir el calibre de las miradas, valorar las emociones de los intérpretes, dominarme a mí mismo. No hay nada como las viejas cintas analógicas, el roce, la sensación de misterioso y frágil equilibrio cuando todo el mundo toca a la vez en un estudio… Siempre procuro, de un modo u otro, que una grabación sea algo físico.
 
-En ese disco hay una conmovedora canción sobre un poema de Eladia Blázquez…
 

A un semejante 

Vení, charlemos, sentáte un poco,
la Humanidad se viene encima,
ya no podemos, hermano loco,
buscar a Dios por las esquinas.
Se lo llevaron, lo secuestraron
y nadie paga su rescate.
Vení, que afuera está el turbión
de tanta gente sin piedad,
de tanto ser sin corazón.

Si a vos te duele como a mí
la lluvia en el jardín y en una rosa.
Si te dan ganas de llorar
a fuerza de vibrar, por cualquier cosa.
Decí qué hacemos vos y yo,
qué cosa vos y yo sobre este mundo,
sembrando amor en un desierto
tan estéril y tan muerto, que no crece
ya la flor.

Vení, charlemos, sentáte un poco.
No ves que sos mi semejante.
A ver probemos, hermano loco,
salvar el alma cuanto antes.
Es un asombro tener tu hombro
y es un milagro la ternura,
sentir tu mano fraternal,
saber que siempre para vos
el bien es bien y el mal es mal.

Si a vos te duele como a mí
la lluvia en el jardín y en una rosa,
si te dan ganas de llorar
a fuerza de vibrar por cualquier cosa,
decí qué hacemos vos y yo.

 
 
-¿La muerte de Dios (o su secuestro) obedecía a intereses prefijados?
-Para mí, no hay duda: siendo El Creador fue engañado por una Editorial musical que se forró con él sin hacer absolutamente nada a cambio, dejándolo caer en la indigencia; y fue luego extorsionado por una Discográfica. Y nunca más se supo.
 
-¿Crees que la gente sencilla se encuentra hoy más desamparada que hace doscientos años, por ejemplo? ¿En qué medida crees que los bastones en los que nos sujetamos los humanos son cada vez más superficiales?
-Resulta complicado responder a esa pregunta de manera sintética: el problema es grave y se despliega en múltiples matices. Yo creo que El Poder es El Poder, en cualquier momento de la historia; pero también estoy persuadido de que las fuerzas que lo contrarrestan y han sido capaces de vencerlo siempre nos definen como especie: el amor, la disciplina de la comprensión del otro, los valores relacionados con la solidaridad, la ternura, el afán por la paz, la fraternidad, el trabajo del espíritu, la abnegación… Esas fuerzas no tienen nada que ver con los intereses materiales y los bajos instintos de la codicia, el dominio y el lucro –que son los que maneja el Poder, con absoluta exclusividad- y corresponden, siempre, a las gentes sencillas, al ámbito del día a día, fuera del cálculo frío de los políticos; y eso con todos los problemas y conflictos que deseemos añadir. Precisamente esos valores han hecho que este planeta se sostenga, a pesar de los manejos del Poder, tan interesado en destrozarlo todo. Yo no creo que los bastones sean más superficiales, creo simplemente que El Poder es cada vez más cruel, ignorante y ambicioso. Sus embestidas son cada vez más brutales y nos tiemblan las piernas mucho antes.
 
-Interesante reflexión. Me parece fascinante que además de músico y poeta, seas profesor de Historia. ¿Existe alguna constante ideológica o iconográfica que haya subsistido desde, por ejemplo, la cultura celtibérica hasta la actualidad?
-Muchas. Los seres humanos somos absolutamente distintos entonces y ahora, pero profundamente los mismos. Concretamente, creo que la necesidad misma de creación de símbolos es una constante. La religión, la poesía, las matemáticas, cualquiera de las artes y las ciencias, el mismo lenguaje… Los seres humanos nos hemos dotado, a toda costa, de toda clase medios para crear símbolos. Necesitamos entendernos, a nosotros mismos y a los demás, desde siempre.
 
-¿Qué queda en nosotros del pueblo celta?
-Tantas cosas… Desde un punto de vista más superficial se me ocurre que el placer por escuchar buenas historias, el ansia de vivir intensamente (en todas las facetas) y un cierto espíritu burlón y elusivo. Además del aprecio por el vino y la cerveza….
 
-¿Creer en Dios ha salvado a alguna civilización? ¿Los dioses creen en nosotros?
-El Pueblo de Israel ha sobrevivido gracias a ello y -con todos los matices que se desee y a pesar de la torpeza del Estado de Israel, con su despiadada actuación- ha construido algunas empresas culturales admirables y de sutileza exquisita, la Biblia entre ellas. Con respecto a la segunda cuestión, me cuidaré mucho de ser yo portavoz de qué es lo que piensan, quieren o designan los dioses. El empeño del espíritu –la fe, si queremos llamarlo así- es algo tan profundo, tan esencial, tan personal, tan importante, que no soporta juicios a la ligera. Me resulta detestable la manipulación de la fe. La fe no es ningún salvoconducto para clubes exclusivos.
 
Cantores
Gabriel Sopeña
 
Ojalá que los cielos te den su favor
y, si crees en un dios, te crea:
las palabras que pueden hacer comprender
hacen daño y hay que ir a por ellas.
 
Cuando la dignidad es un Judas traidor
y la paz una falsa moneda,
no queda más remedio que agarrar el timón
o naufragar en esta tormenta.
 
Sostendré esta canción hasta que la verdad
me derrote y me cierre los labios.
Entonces mi soledad será profunda y cruel
y pondré mi guitarra en tus manos.
 
Es sencillo cantar por cantar, y cantar
escondiendo sonrisas a medias.
Es muy fácil cantar sin mancharse y triunfar
como un simple muñeco de cuerda.
 
Están comprando conciencias como mineral:
combustible de tumbas abiertas.
Es más fácil obedecer a un general
que saber a qué pueblo condena.
 
Sostendré esta canción hasta que la verdad
me derrote y me cierre los labios.
Entonces mi soledad será profunda y cruel
y pondré mi guitarra en tus manos.
 
 
-Por cierto, ¿qué diferencia existe entre un cantante y un cantor?
-Cantante, entendido como se hace hoy en día –como producto de mercado, clónico, siguiendo un patrón único, uniforme-, puede ser cualquiera y basta con tener buena planta, sea uno mujer u hombre: da igual la voz, que puede arreglarse o inventarse directamente con los evolucionados medios técnicos actuales. La figura del cantante ya no tiene la más mínima importancia, fuera de la simple ejecución, del cometido del títere, en la música popular; pero a la industria, como es lógico, le interesa todo lo que no tenga el más mínimo contenido, que no moleste, que no suscite la reflexión. El cantor, sin embargo, lo es porque asume una responsabilidad moral honda y es representante del uso de la palabra: un cantor es depositario de una tradición muy honda que nace con la civilización misma. Ser cantor exige tener pueblo detrás, discurso, oficio y una percepción afinada. Un cantor tiene un deber: asume ser un humanista, un arquitecto. Alguien con la vocación constante del pionero: debe abrir caminos, ser crítico, no dejar trampas al que viene por detrás sino retirarlas previamente.
 

 

-¿Tiene presencia real la música en la calle?
-Sí, todavía. A pesar de las estupideces que a veces perpetran los políticos, de la incalificable y perpetua perversidad de las discográficas y de la detestable dictadura mediática. El alma de cada generación busca respuestas, y suele tropezar con ese enorme caudal de amparo que proporciona la música.
 
-Más allá del reconocimiento público, ¿qué es lo más valioso para un creador?
-La verdad, no conozco ningún creador que merezca tal nombre excesivamente preocupado por eso. El creador, por definición, ama a su criatura, la ama profundamente; y, por extensión, a las criaturas de los demás. Ni comercia ni hace pornografía con ellas: todo lo contrario. Detalle, precisión, apertura de caminos que humanicen el mundo: esas son las claves. El reconocimiento vendrá dado por sí sólo, si se debe dar. En cualquier caso, para mí, no tiene la menor importancia en este oficio.
 
-¿La popularidad influye en el carácter?
-En lo que yo pueda conocer, definitivamente sí. Para mal, por supuesto, pues conlleva mezquindad, frivolidad, superficialidad y mella de la autocrítica. Ningún especialista puede bajar la guardia, jamás; y un creador es un especialista. El respeto es totalmente diferente a la popularidad: exige la atención, la vigilia y la disciplina constantes.
 
-¿Alguna vez has sentido que perdías autoridad sobre alguna de tus canciones o poemas?
-Hace años, sí. Me dejaba arrebatar mucho más durante el proceso de creación y seducir sin apenas ofrecer resistencia. Ahora me ocurre pocas veces. Pero cuando me sucede, lo disfruto más que cuando tenía dieciocho años. Es maravilloso sentir el poder de esa fuerza, cuando la observo actuar en los compositores jóvenes: es delicioso ver surgir la materia espiritual, tomar forma y tratar de escapar de las manos de su artífice. Adoro ver a los autores crecer, en este sentido: me parece estimulante, magnífico. Desgraciadamente, privarse de ese placer es uno de los costes de la edad.
  
-Como profesor debes apreciar cómo cambia el valor de los conceptos, de las ideas, pero ¿y las personas? ¿cómo es la juventud de la Era de la Información?
-La juventud que yo conozco, la que llega a mis clases de la Universidad, es fantástica, un tesoro en el que debemos invertir a toda costa: a pesar de haber sido condenados a ser clientes o votantes perpetuos, a pesar de haber sido víctimas de una educación secundaria surrealista y castrante -diseñada por unas políticas sencillamente suicidas-, a pesar de estar confusos y aturdidos por los retos terribles que se ven obligados a arrostrar, a pesar de estar torturados por unas reglas absurdas que no pueden comprender: resultan de una enorme y emocionante dignidad. Tienen el impulso del corazón intacto y un sentido muy alto del valor de la libertad, de la solidaridad, de la posibilidad de concordia entre todos los seres humanos. Aprendo a diario de la gente joven. Esa es mi opinión y soy –prudentemente- optimista, en este sentido, por el futuro.
 
-¿Crece o disminuye su interés por la poesía?
-Crece, por supuesto, ya que no puede disminuir lo que nunca nació. Sus padres no han tenido posibilidad de darles esa formación y sus políticos se la han ocultado, como tantas otras cosas importantes, bloqueando el acceso libre a los medios de comunicación y manipulando el mercado para dejarlos inermes. Resulta extrañísimo encontrar alumnos que hayan tenido conocimiento previo y serio de la literatura (no sólo de la poesía), así como de la geografía, las matemáticas o tantas otras herramientas imprescindibles para todo espíritu libre.
 
-Te considero uno de los músicos más lúcidos en la adaptación de poemas a canciones. ¿Cómo consigues encajar en una melodía contemporánea un texto de hace 70 u 80 años sin faltarle al respeto?
-Es una cuestión de posición, supongo. Volver a los orígenes conduce a la originalidad y yo trato de colocarme allí siempre. Abolir el tiempo histórico es prerrogativa de la fiesta, mientras que una relectura crítica de los clásicos permite integrar los elementos del imaginario humano en la visión actual, absolutamente histórica. Fiesta y reflexión son términos que, en mi opinión, funcionan estupendamente juntos desde que la poesía empezó a ser cantada, desde los mismos orígenes.
 
 
-Es algo que hiciste muy bien, por ejemplo, en La vida por delante y Con elegancia para Loquillo. ¿Cómo conseguiste, en ambas ocasiones, reunir un poemario tan a su medida?
-Fueron años de búsqueda. Lustros enteros, para mí como compositor y para él como artista. Y no sólo de la búsqueda del repertorio, sino de la ocasión y de la expresión adecuada: sin ella, de nada sirve un buen repertorio. Fue un verdadero milagro tener la oportunidad de reunir a esa banda de maestros, algo que dudo se vuelva a repetir: Jordi Pegenaute, Enric Illa, Sergio Fecé, David Mengual y Liba Villavecchia.Era increíble poder grabar con ellos, experimentar, debatir acerca del camino de la música sobre un poema. Había veces que me daban ganas de salir saltando de pura emoción: el escenario ardía de pasión y aventura. Todos y cada uno vivían a Lorca o a Octavio Paz en cada acorde. Me siento sumamente afortunado, bendecido por haber podido contar con ellos, tocar junto a ellos en dos giras enteras y aprender de su colosal talento y sensibilidad.
 
-Hay determinados poemas (No volveré a ser joven, Transgresiones, Quin fred al cor, camarada! o Cuando pienso en los viejos amigos) que incluso parecen escritos para Loquillo…
-Supongo que algo tendré yo que ver, cómo negarlo; pero creo más bien que eso es una faceta destacada de la elegancia: saber vestir los trajes de manera que parezcan parte de uno. Y el Loco es verdaderamente único en ese sentido. Tiene ese don.
 
-En una ocasión, mientras hacía un curso de especialización en la Universidad Complutense de Madrid, un profesor bastante mayor recurrió precisamente a La vida por delante para explicar parte de la poesía en castellano de la segunda mitad del siglo XX… ¿un artista es consciente de hasta qué punto influye socialmente su obra creativa?
-Debe ser consciente de que su oficio, como todos, entraña una seria responsabilidad: su actitud y su trabajo deben estar bien hechos, beneficiar espiritualmente a quien acceda a ellos, crear un espacio de placer, libertad y debate. Pero, más allá, en mi opinión, es tan inútil como absurdo preguntárselo. En un sentido concreto, claro: sé que muchos chicos y chicas que tenían diecisiete o dieciocho años cuando grabamos La vida por delante descubrieron a Antonio Gamoneda o a Pedro Salinas entonces. Eso me llena de satisfacción, evidentemente; pero por la satisfacción del beneficio –y el disfrute de la literatura lo es- compartido, de la apertura de espacios de reflexión y de humanidad. Todas las demás consideraciones, me resultan perfectamente prescindibles.
 
-¿Cómo recuerdas aquellos primeros encuentros en los que Loquillo, una leyenda del rock and roll, algo visceral y bastante arrogante y tú, un humanista del siglo XXI y entusiasta de la Historia y la cultura en general, definíais esos proyectos conjuntos de poesía?
-Como dos tipos tratando de fregar la cubierta de un barco en medio de una tormenta de fuerza 10 en el Mar del Norte. Pregúntale al Loco: creo que su opinión no andará lejos de la mía…
 
-Por cierto, ¿cómo es Loquillo en las distancias cortas?
-El Loco está sometido a una tremenda presión: de él depende un equipo muy grande de gente y muchos ojos están puestos en él. Es precisamente en las distancias cortas cuando la persona emerge. Pero es sumamente selectivo: sus amigos son amigos de verdad.
 
-Siempre he pensado que tú le salvaste. Llegaste justo cuando él grababa Hombres, un disco que parecía ya el último, pero de repente brillar y brillar y llegó su renacimiento, su etapa más creativa y adulta. Sus hitos.
-Brillar y brillar fue muy importante para mí, puesto que yo también atravesaba un período vital muy duro. Permitió que descubriera un camino nuevo y me dio confianza. En todo caso, agradezco mucho a esa canción la amistad que surgió con el Loco desde entonces hasta hoy.
 
-Viéndolo cantar Lisboa (qué lástima que no exista videoclip de esa canción), un poema de tu libro La noche del becerro, el Loco parece vivir minuciosamente ese arraigo habitual del fado o de la poesía de Fernando Pessoa. ¿Cuando escribes te resulta fácil desligarte de ti mismo o sueles recurrir a tu más estricta intimidad?
-Me resulta interesante vivir otras vidas, en sentido artístico, puesto que me ayuda a mirar mi propio perfil. En Lisboa, concretamente, mezclo vivencias personales y otras que no lo son. Pero mi estricta intimidad es mi santuario: tengo un límite de privacidad en mi escritura que no me permito sobrepasar jamás.
  
-Otro disco de poemas sobresaliente en el que has trabajado recientemente es Cuando tú me leas, sobre la poesía de Miguel Labordeta, un poeta al que el recuerdo le debe un montón de copas. ¿Es cierto que el tiempo siempre acaba siendo justo al presentar las cuentas? ¿pone a cada cual en su sitio?
-Hasta ahora, creo que ha sucedido así. El motor de la sociedad es muy dinámico y la creación, entendida como obra humana colectiva, tiene un cauce gigantesco que acomoda todas las corrientes, mitigando vaivenes. Lamentablemente, las discográficas y las editoriales musicales al uso cuentan en estos tiempos con patente de corso para imponer su dictadura y torturar al criterio, hasta hundirlo en el subsuelo. Falta aún algo de tiempo para contrarrestrar este intento. Mediante las nuevas tecnologías, el impulso vivificador de los jóvenes acabará por imponerse, espero que sin esos intermediarios indeseables. Pero, en España, hay ya dos generaciones artísticas enteras perdidas por la demencia ignorante e insensible de la industria musical.
 
-¿Qué parámetros son los que determinan quiénes entran y quiénes no en los libros de Historia o Literatura?
-En el siglo XIX el género que copaba todas las listas de éxitos, por el que desfallecían por igual los espíritus cultivados y la gente común, el mimado por las editoriales y los comerciantes era el folletín. Había folletines por todas partes, librerías y bibliotecas atiborradas de folletines: el éxito de los folletines, el folletín vendía… Respóndeme en diez segundos: ¿recuerdas el título de algún folletín, de algún autor de folletín?
 
-Uff… ¿tiene que ser en diez segundos?
-El folletín se descalificó por sí mismo, y es una profunda lección que hay que aprender. En mi opinión, la Humanidad, en perspectiva histórica, busca mucho más que un simple entretenimiento momentáneo: sea de un verano o de una generación entera. Resulta de una soberbia infinita –además de suponer un canal de frustración- pensar que nuestra limitada vida marca el tiempo de nuestra especie. Existe una responsabilidad con los que nos suceden. Es una ley implacable: Rosalía de Castro, Salvador Espriu o Federico García Lorca –por citar tres autores en diversas lenguas españolas- están en los libros por derecho propio.
 
Siempre solo
con mis sueños
y mi carne.
Con mi cantar indeciso
entre labios
atravieso las calles
bajo la lluvia.
Miguel Labordeta
 
 
-Por cierto, ¿cómo te las ingenias para hacer de un poema tan breve como Siempre solo una canción de más de tres minutos y no pierda intensidad y emoción?
-Contando con el descomunal genio de Pablo Guerrero y con la afinada inspiración de media docena de músicos soberbios, uno se atreve a todo. Yo me limito a estudiar a fondo los ingredientes del guiso y cómo armonizarlos para un formato adecuado. Colocar el azafrán es un arte, sin duda; pero sin un buen arroz, cocinar bien un plato así es casi imposible.
 
-Recientemente, también hiciste la adaptación al español de la música de Juana de Arco. ¿La música para el teatro es más versátil que la que se hace para escuchar, por ejemplo, en el coche?
-Una de las condiciones de la música es, por definición, la versatilidad. Quizá la música del teatro musical lo sea más, por su extensión y su propia condición dramática. Pero supongo que al aludir al coche te refieres a que es un lugar de paso, donde estamos entre un sitio y otro. Eso no debe significar que en el coche deban llevarse productos-papilla: el coche, los medios de transporte, son una alegoría de la vida actual: los I Pods y el formato mp3 permiten escuchar música libremente, encontrar nuevos espacios de libertad personal.
 
-Juana de Arco es un musical que se ha representado por gran parte de Europa (España incluida). ¿Reaccionan los espectadores igual ante una misma música aquí que el Reino Unido, por ejemplo?
-Creo que sí. Alguien que va a ver un musical como Juana de Arco es alguien avisado, no un turista despistado. Por lo tanto, tiene criterio y valora la obra en su conjunto, le guste al final más o menos.
 
-¿Qué recuerdas de tus actuaciones en el Lincoln Center?
-La sincera atención del público neoyorquino. El silencio que se guarda mientras el artista interpreta: el respeto por el compositor, perdido ya en España. Nueva York es una ciudad fascinante para la creación e irresistible para disfrutar todas las sensaciones que provoca el buen arte.
 
 -Pero si hay algo que te agradecemos tus admiradores es tu único trabajo en solitario, Mil kilómetros de sueños. ¿Te resultó difícil enfrentarte a tus propias canciones, en muchos casos ya popularizadas por grupos como Héroes del Silencio o Amistades Peligrosas?
-Sí. De hecho, fue un ejercicio que me supuso un esfuerzo grande y cuya conveniencia no veía claramente. En concreto, yo no necesitaba hacer mi versión de Apuesta por el R&R en disco: ya la había hecho en 1987 con Más Birras; y la de Héroes y luego de la de Enrique Bunbury me parecían simplemente geniales. Lo mismo sirve para todas las demás versiones, incluyendo Es muy difícil, que ya había grabado estupendamente con El Frente. La política de la discográfica quedó satisfecha. Yo, no tanto. Cedí, eso es todo.
 
Nunca he despertado junto a ti
Gabriel Sopeña
 
He reventado en arneses que suplican corazón,
fui pescador en las redes de una mar embravecida.
Me he camuflado en poemas de raíces y de rocas.
Amanecí en los caudales de un torrente sentenciado.
¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin…!;
pero nunca he despertado junto a ti.
 
He conversado en corales que han crecido sobre alcohol,
he sostenido algún cuerpo listo para arder entero,
comí fruta en el paraíso, fui la arena en los relojes,
quemé mis naves y el fuego ha bloqueado mi timón.
¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin…!;
pero nunca he despertado junto a ti.
 
He sido espada en la guerra, me he convertido en canción.
He sido cuerda en el arpa, me he convertido en palabra.
He sido el agua en los ojos, me he convertido en tristeza.
He sido espuma en el cielo, me he convertido en tormenta.
¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin…!;
pero nunca he despertado junto a ti.
 
He aprendido despacio los mil nombres de la furia
y vendí todos mis pasos a los puntos cardinales.
He hipotecado mi tiempo por una rueca de azares
hilvanando un verso duro como acero en las pupilas.
¡He amado tantas cosas que anuncian que llega el fin…!;
pero nunca he despertado junto a ti.
 
Te he deseado en harapos; has puesto sitio a mi carne;
te soñé un millón de veces tibia de alba, enfurecida,
te he abrazado tan dulcemente en horas de naufragio.
Y he sofocado mi anhelo con las lenguas que aprendí;
pero nunca he despertado junto a ti.
 
¡Y he amado tantas cosas que anuncian que llega el fin…!;
pero nunca he despertado junto a ti.
 
 
 
-Creo que en ese poema hay gran parte de tu vida, ¿me equivoco?
-No, no te equivocas. De hecho, estoy corrigiendo algunos versos para poder cantarla de nuevo, quince años después de escribirla.
 
-En Mil kilómetros de sueños también se incluía, a mi juicio, la mejor versión jamás grabada de John Milner: por la instrumentación y porque el piano de Fecé suena irresistiblemente fascinador. Esa historia nos transporta directamente a muchos años atrás. ¿Cómo toleras el paso del tiempo? ¿duele la nostalgia?
-Es curioso: cuando escucho esa versión también me quedo cautivado por la maestría de Sergio, volando sobre el piano y lanzando las guitarras hasta el mismo cielo. Me gusta mucho porque fue grabada en una toma única, sin apenas correcciones, tocando todos a la vez. En cuanto a la nostalgia, no me afecta demasiado con respecto a las cosas. Me gusta crecer y creo que asumo el paso del tiempo con normalidad.
 
-Además de escribir y componer, tocas varios instrumentos. ¿Cuál te reporta más sensaciones?
-Según los casos, los lugares, las situaciones; pero mi relación con la guitarra acústica es muy especial.
 
-¿Con cuál compones?
-Con piano y con guitarra. Suelo combinarlos.
 
-Pues me emociona especialmente cuando tocas la armónica ¿cuándo y por qué aprendiste a tocarla?
-Casi por casualidad. Mauricio Aznar me regaló una cuando teníamos doce años. La guardé durante algún tiempo, hasta que conocí a un chico de Boston, que estaba en la base norteamericana que había en Zaragoza, haciendo la mili. Tocaba increíblemente bien y tenía un método muy completo que había traído de Estados Unidos. Me lo dejó y comencé a practicar en serio. Algunas veces tocábamos juntos y me enseñó técnicas de control de la respiración, el emboque y el manejo de las manos, que son básicas para dominar el instrumento. Luego he seguido perfeccionando hasta hoy. La armónica me ha dado muchas satisfacciones y llegó a definir el sonido de Más Birras, la banda con la que más colaboré en los años ochenta.
 
 

 

-Por cierto, ¿para cuándo tu segundo disco en solitario?
-Estoy acabando ahora un disco, con canciones para niños; y cierro con él un ciclo de diez años como compositor y director de proyectos corales. No sé si he agotado toda la enorme carga de generosidad que hace falta para llevar estas empresas adelante, pero siento de corazón que he dado todo lo que podía en este terreno y que han concluido aquí tanto mi posibilidad de ser útil como mi propio aprendizaje en este ámbito. En el umbral de mis 45 años necesito nuevas fuentes de saber, nuevas metas de ánimo. Quiero volver a cantar mis canciones en teatros. Lo de grabar no me preocupa mucho en mi caso, quizás a finales del 2008.
 
-¿Y el de poemas de Luis Alberto de Cuenca, junto a Loquillo?
-He concluido ya la composición. Faltará arreglarlo y grabarlo, quizás a fines de año. Depende de las complicadas agendas de Jaime Stinus, que será el director musical, y del propio Loco, que es quien debe decidir en última instancia cuándo se siente con fuerzas para abordar el proyecto.
 
-¿Cómo te organizas para llevar tantas cosas adelante? ¡Vas a tener que impartir clases de gestión del tiempo!
-Oficio, control de los recursos de la profesión, equipos fieles y bien engrasados; y paz mental: sin ella, nada prospera.
 
-Y siguiendo con la enseñanza… eres profesor, pero como alumno ¿qué es lo más importante que has aprendido en tu vida?
-Sigo aprendiendo a escuchar. Estoy matriculado en esa asignatura a perpetuidad. Nunca se termina de aprender.
 

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