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José Domingo Mora: “El libre albedrío no existe”

Publicado el 11 mayo 2018 por manuguerrero

Basta pensarlo un momento para darnos cuenta: somos fruto de la casualidad. Nuestra vida no es sino el resultado de infinitas y sucesivas casualidades, la de los seres vivos que sobrevivieron y fueron transmitiendo su legado hasta llegar a nosotros. En el camino quedó la mayoría, también víctima de la casualidad, esta vez desafortunada.

Y precisamente en cómo la casualidad determina nuestra vida indaga el periodista y profesor José Domingo Mora en su primera incursión novelística, La espiral del Caos (Arma Poética, 2018) después de estrenarse en 2008 con el poemario Con la palabra en un puño. Ahora está de nuevo feliz porque su libro está funcionando y él es un tipo ambicioso, que a menudo asocia resultados con estados de ánimo, bienestar con logros. Ahora está empeñado en vender un millón de libros. Y no tengan dudas de que lo conseguirá.

-Hola José Domingo. Me gusta ofrecer un trago a quien pasa por aquí. ¿Qué te pongo?

No sé si tendrás sidra natural. Es mi bebida favorita, soy un enamorado de Asturias. Si no tienes, cualquier vino de la tierra. Gracias.

-En primer lugar, enhorabuena. Menuda forma de empezar en narrativa…

Gracias otra vez, el agradecido soy yo por esta oportunidad de dar a conocer mi obra en tu web. No puedo estar más contento después de ver cómo mi primera novela ha llegado a la tercera edición.

-Comienzo por lo evidente: exquisita edición la de tu novela. Ha quedado bellísima. Incluso alguien que no la hubiera leído, pienso, optaría por colocarla junto a los clásicos, los libros más queridos… Se agradece una presentación tan cuidada en esta época de libros digitales… ¿Se ajusta a lo que tú habías deseado?

Arma Poética Editorial, con Jaime Ruiz al frente, tiene un sentido de la estética muy similar al mío. El libro ha quedado tal como imaginé. Bellísima edición de enorme calidad en papel e impresión. La cubierta es preciosa, tal vez hubiera elegido otra imagen, pero la que seleccionó la editorial me parece también correcta. La tipografía, el interlineado son los adecuados. No puedo ni debo ocultar que estoy muy satisfecho con la edición.

-¿Cuándo y por qué decidiste escribir La espiral del Caos?

La decisión de escribir esta novela la tomé en la primera mitad del año 2010. Mi narrativa es y será el resultado de plasmar en la ficción mi viaje interior. Extraigo a la vida la chispa filosófica y construyo historias cuyos personajes realicen el mismo viaje. En mi caso un capítulo excepcional de ese viaje interior sucedió en julio del año 2008, cuando superé las oposiciones para el cuerpo de profesores. Por nota quedé el séptimo de mi tribunal. Luego, cuando se aplicaron los puntos, porque se trata de un Concurso-Oposición, los profesores interinos, al poseer mayor puntuación que yo por haber trabajado mucho tiempo, me desplazaron a la posición número 35 de nada menos que 35 plazas. Obtuve la última plaza de mi tribunal. Es fácil contarlo, pero vivirlo fue un delirio. El caso es que terminó el proceso y lo celebré como era merecido. Luego vino la fase de prácticas en el instituto de Jabugo (Huelva) y la superé. Y precisamente después de haberla superado llegó una carta a mi nombre desde la Junta de Andalucía al instituto. Yo estaba en ese momento de guardia, en la sala de profesores. Se trataba de una citación en la Delegación para entregar mis alegaciones debido a que un aspirante a profesor, el que había quedado en la posición número 36, había reclamado la validez de medio punto de un curso que según él sí estaba homologado y que en el proceso selectivo le denegaron por lo contrario. En su recurso había aportado una fotocopia con mayor calidad en la que sí se apreciaba el sello que acreditaba que ese curso era válido. Imagínate a esa persona aquella mañana, o aquella tarde, cuando iba a su habitual papelería, dejó su diploma y aquella máquina obró el milagro. Ahí comenzó la espiral del Caos. Una simple fotocopia en mal estado, ¡por Dios, habrá suceso más vulgar y sin importancia que una vulgar fotocopia más de un día cualquiera de la vida…! Como digo, una simple fotocopia, en mal estado, hizo posible que ese aspirante quedara en la plaza número 36 y yo mantuviera la 35. Un abismo. Me recuerda esto a la película La lista de Schindler: “Más allá de estos límites hay un abismo”. Yo estaba dentro de esos límites, aquel aspirante no. Yo logré mi plaza fija como profesor, la otra persona no. Yo fui destinado a un lugar, el otro no. Yo conocí a diversas personas que influyeron en mí, pude hacer mi vida de una manera muy diferente a la que hubiera sido si no hubiera obtenido plaza… ¿Cómo habría sido mi vida entonces…? Supe que lo que me había sucedido era un ejemplo real de lo que expone la teoría del Caos: un suceso intrascendente, el aleteo de una mariposa en Uganda, puede provocar radicales consecuencias, un huracán, en la costa de Estados Unidos. Fue cuando decidí dar vida a numerosos personajes que fueran objetos del Caos, como yo. En mi caso me benefició, pero en muchos casos perjudica.

José Domingo Mora y Antonio Muñoz Molina intercambian sus últimas novelas en la feria del libro de Tomares.

-¿Cómo recuerdas ahora el proceso de escritura? ¿Fue una experiencia tan tortuosa como dicen algunos escritores?

Casi me avergüenzo del proceso de escritura porque empleé cinco años en la redacción del manuscrito. Es demasiado tiempo para escribir una novela de 200 páginas. A excepción del quinto año, escribí a tirones, según mis estados de ánimo y las temporadas de trabajo. Hoy soy consciente del tiempo que desperdicié. Desde que soy padre jamás desperdicio una hora de cada día de mi vida. El proceso de escritura de La espiral del Caos fue doloroso, buscaba cualquier pretexto para no escribir, siempre por el temor a que el resultado de la jornada de escritura fuera infructuoso. He sido un obseso de la frase literaria bien construida y no lograrlo me frustraba. En el quinto año logré la disciplina de escribir casi a diario y al final hasta llegué a disfrutar de cada sesión. Tanto es así que ahora en la redacción de mi segunda novela no puedo vivir sin escribir a diario. Estoy disfrutando de lo lindo.

-¿Qué te resultó más complicado? ¿El diseño de los personajes? ¿la trama? ¿hilar los acontecimientos? ¿la descripción de los ambientes?

Sin duda alguna la estructura de la obra, siempre inductiva y compleja. La estructura es lo más original. No es una novela de personajes en el sentido de tener que construirlos psicológicamente. A lo largo del libro pululan muchos personajes, pero era necesario ahondar en ellos porque mi intención es la de invitar a la reflexión final sobre la teoría del Caos y la incidencia en las vidas de las personas. 

-¿Por qué escogiste Perú, Sevilla y Florencia y por qué los 90? ¿cómo fue el proceso de documentación? ¿te obsesionó alguna vez la verosimilitud?

Perú porque me fascina Machu Pichu como cultura iniciática, porque cuando comencé a escribir la novela soñaba con ir de misiones en Hispanoamérica para ayudar como profesor de lengua española a los niños pobres, y porque también era simpatizante en aquel momento de la revolución americana. Florencia porque para mí es la gran insignia del Arte en Europa. Sevilla porque es la gran ciudad española que más conozco. Decidí que fuera a comienzos de los noventa porque el periodo gobernado por Fujimori era un escenario idóneo para la acción que quería reflejar en el primer capítulo. Eso marcó que toda la novela tuviera que desarrollarse en el mismo marco temporal.

El primer capítulo está enormemente documentado. Me empapé de la situación sociopolítica y geográfica de Perú en aquella época. Todo lo que sucede en ese capítulo es histórico: el secuestro y asesinato de los nueves estudiantes y el profesor Hugo Muñoz en la Universidad de Lima en 1992, los reportajes de Gustavo Gorriti en El País. Es el capítulo con mayor elaboración de todos. El resto de capítulos es pura ficción, tan sólo necesité verificar nombres de calles y ciudades, restaurantes, centros públicos y disposición de calles en Florencia y Sevilla.

Y por supuesto, la verosimilitud fue una obsesión en todo el proceso creativo. De no ser así, no sería creíble que la teoría del Caos esté influyendo constantemente en la vida del humano.

-Tu novela no es fácilmente catalogable… Lo que sí está claro es el trasfondo, que además va impreso en el título: la teoría del caos. Un tema muy interesante del que mucho se ha escrito en ensayo, pero no tanto en novela…

Por eso creo que es una novela original en contenido y forma. Yo la catalogaría como una novela filosófica.

Portada de “La espiral del Caos”

 

-En cierto sentido tu novela me ha recordado a Jorge Luis Borges y, específicamente, a El jardín de senderos que se bifurcan. ¿Ha sido para ti, el argentino, un escritor de referencia?

Borges es uno de los escritores que me fascinan por cuanto su mundo mítico y literario siempre ha sido de mi interés. Sus laberintos y sus espejos participan bastante de la teoría del Caos. Hay mucha filosofía también en la obra de Borges.

-¿Qué autores, dirías, han influido más en tu afición por la escritura?

El escritor que hizo que me decantara por la literatura fue Martín-Santos, con Tiempo de Silencio. Me embrujó su escritura barroca y tan precisa. Clarín me enamoró con La Regenta y Muñoz Molina con Plenilunio y El invierno en Lisboa. Finalmente quedé prendado por las digresiones de Javier Marías. Esa manera tan especial que tiene Marías de desnudar la psique humana es un referente para mí.

-Y en lo personal, ¿qué episodios fortuitos han cambiado tu destino? ¿te sientes afortunado?

Aquella fotocopia en mal estado, como habrás comprobado, cambió mi destino. Pero también me lo cambió haberte conocido a ti y a Manuel Ruiz Rico y a Álvaro Romero Bernal allá en 1997, cuando iniciamos nuestros años de licenciatura en Periodismo. Recientemente, un episodio decisivo ha sido haber encontrado la Enseñanza que imparte el psicoanalista, investigador y conferencista internacional José Luis Parise (Argentina), en cuya escuela llevo ya año y medio de recorrido en la Iniciación, Psicoanálisis y Ocultismo, estudiando y aplicando los pasos que siguieron los grandes de la Historia como Cristo, Buda, Mahoma, Platón, Sócrates, Descartes, Da Vinci o Newton entre otros. Parise ha realizado más de 200 viajes a las Culturas Originarias y ha estudiado las principales sagradas escrituras hasta descubrir cuál fue el verdadero camino para generar realidad propia. Su escuela, E.D.I.P.O. (Escuela de Iniciación, Psicoanálisis y Ocultismo), ha cumplido recientemente 35 años, algo que es difícil lograr. Gracias a aplicar esa Enseñanza he logrado resolver un problema muy serio que me ha perseguido toda mi vida. Por lo tanto me siente plenamente afortunado. (José Domingo, como dirá más adelante, prefiere no desvelar ese problema personal felizmente superado).

-¿Crees en las meras casualidades o, como dice la vieja reflexión budista, “lo que sucede, conviene”?

En Occidente si algo se logra por casualidad tiene poco valor. En Oriente una casualidad es signo de algo sagrado. Gracias a esa Enseñanza se aprende a causar casualidades, las casualidades mediante las cuales logramos generar nuestra realidad, la que queremos. Lo que sucede no tiene que convenir necesariamente. Si lo que sucede era lo que yo había decidido entonces si con-viene porque viene-conmigo desde mi decisión. Pero si lo que sucede no es lo que yo deseo, entonces no conviene aunque también venga conmigo. Tal vez en ese segundo caso lo que sucede debería valernos para saber qué es lo que estamos haciendo mal desde lo psíquico hasta el punto de entramar casualidades no armónicas con lo que queremos lograr. Entonces es necesario desocultar nuestro inconsciente y aportar una respuesta propia con la que fundar una nueva realidad, la que deseamos. Ese suceder que no nos conviene tal vez sea un maestro disfrazado de enemigo que nos enseña el camino que debemos tomar.

-¿Por qué estudiaste periodismo? ¿qué te llevó a la poesía y después a la novela?

Decidí estudiar periodismo, escribir poesía y actualmente novela porque siempre he sentido el deseo de hacer llegar mi voz a la Humanidad. Hay una Enseñanza que he de transmitir al tiempo que la aplico a mi vida y que la Humanidad ha de conocer para aplicarla también. Esa enseñanza nos lleva a una Nueva Era en la que el humano no dependa de los paradigmas imperantes: la política, la economía, la ciencia y la religión. Cuando el humano no dependa de esos mitos y genere de uno en uno su propia realidad, entonces habremos cambiado de Era. El periodismo, la poesía y la novela son, además de mi labor como docente, los cauces que utilizo para transmitir esa Enseñanza.

-En La espiral del Caos es Luca Demetrio Tascani, un cartero de Florencia, quien decide qué cartas entrega y cuáles no. Y eso condiciona la vida del resto de personajes… Luca es un Dios humano (valga la estridencia), un primus inter pares…

Has entrado en una de las enseñanzas más sublimes que pueden extraerse de mi novela: la toma de decisiones. ¿Somos libres realmente cuando decidimos? ¿Existe el libre albedrío…? Se ha demostrado científicamente (aunque la Ciencia sólo es un paradigma más, y además se contradice cada veinte años) que diez segundos antes de tomar una decisión, el Inconsciente ya la ha tomado. Antes de verbalizar si determinaremos izquierda o derecha, blanco o negro… nuestra mente ya ha decidido por nosotros. En ese sentido parece que hay malas noticias: no existe el libre albedrío. A todas luces parece que Luca es un Dios humano, pero en realidad no lo es porque ningún humano, a menos que se inicie en resolver lo oculto en el Inconsciente, tiene deseos, decisiones o respuestas propios. La divinidad en cada humano es un estado por alcanzar, y ése es el gran sentido del humano cuando se encarna. Cristo dijo: “Sois dioses, mas lo habéis olvidado”. También dijo: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”, pero la frase, en su versión latinizada ha sido lamentablemente muy mal traducida porque no respetaron los idiomas originales. Como acabas de escuchar, hay una doble verdad en esa cita, pero en el griego y el arameo Cristo dijo realmente: “Conoceréis la aletheia y la emunáh os hará libres”. Resulta una broma de mal gusto pensar que por conocer la verdad de algo me libero de ella. No es así. Si conozco que tengo cáncer no por saber esa verdad me libero del cáncer. La aletheia es una verdad oculta en cada uno de nosotros. Veinte siglos después Freud la denominó el Inconsciente, que es el 90 por ciento de lo que somos, decimos, sentimos y pensamos. Mientras el consciente es un caballo que tira hacia una dirección, el inconsciente son nueve que tiran en la contraria. También lo dijo Einstein, otro de los grandes iniciados de la Historia: el ser humano sólo usa un 10% de su mente en el mejor de los casos. Se refería al consciente sabiendo de veras que el otro 90 es el Inconsciente. Por eso Cristo dijo que si conocemos la aletheia, el Inconsciente, la emunáh nos hará libres. ¿Qué es la emunáh? Es la palabra creadora, la nueva realidad que se desea fundar tras conocer la aletheia y bloquearla al mismo tiempo que uno da respuestas propias. La emunáh es confianza y seguridad en que lo que se dice ya fuera del Inconsciente se cumple sin lugar a dudas puesto que al haber averiguado hacia donde va el Inconsciente, la persona lo bloquea y se dirige a lo que ha dicho que va a lograr. En la E.D.I.P.O. hemos conocido varios casos en los que aplicando esa Enseñanza ha habido personas que se han liberado de un cáncer y de otros asuntos de menor gravedad. Yo mismo descubrí cuál era mi aletheia en un asunto personal que tú conoces pero que no quiero develar aquí porque lo estoy novelando actualmente y gracias a mi emunáh me liberé de ella. Es una Enseñanza que fun-cio-na. Cuando lo logramos comenzamos a usar nuestra divinidad y ejercemos el libre albedrío. Sin ello no. En ese sentido, Luca es perfectamente un esclavo de su Inconsciente, por muchas decisiones de no entregar o quemar ciertas cartas…

 

-Es curioso que, ahora que está tan en auge el pensamiento liberal y el individualismo, estamos más interconectados que nunca. Es decir, nunca antes dependimos tanto de los demás, aunque nos empeñemos en negarlo, ¿no crees?

De nuevo la teoría del Caos, todo depende de todo, de ahí la espiral. Lo verdaderamente valioso es lograr que esas dependencias no generen nuestra realidad, sino que estemos por encima de esas dependencias para fundar nuestra realidad propia.

-Hace unos días leía en Homo deus: breve historia del mañana, de Yuval Noah Harari, que uno de los conceptos clave para entender el mundo del futuro es “el pacto”, todo aquello que firmamos (y cedemos) a cambio de vivir en este modelo de sociedad. ¿A ti te gusta el pacto que cualquier individuo firma al nacer en este momento histórico?

Los pactos que se generan desde los paradigmas imperantes: la política, la economía, la ciencia… están para cumplirlos porque forman parte de la realidad y porque no se debe tachar el otro polo: el otro, los otros. Ahora bien, eso es lo mismo que decir: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

-Algo tan, aparentemente, prescindible como un teléfono móvil o una dirección de correo, se ha convertido en parte de nosotros. ¿Quién es capaz de renunciar a ello sin sentirse marginado?

No hay que renunciar a eso porque permite la sincronicidad entre personas de cualquier lugar del mundo. Otro asunto es depender de ello. Si no somos capaces de estar una semana en la aldea global, el Inconsciente nos tiene atados de pies, manos, hombros y cabeza… (ríe)

-¿Dios ha dejado de existir?

En tu pregunta se advierte una aletheia (ríe). Si Dios deja de existir es que ha existido. Nada puede dejar un estado si ese estado no existe previamente. Otra cuestión sería: ¿Existe Dios o no existe? Si concebimos a Dios como un ser superior que comanda el Universo, diría que nunca existió esa opción. Esa idea de Dios es una especie de monarquía absoluta. Dios es la divinidad que existe en cada alma. La palabra Dios lleva contenido el verbo dar (Dio), por algo ambas palabras han confluido en los mismos significantes… Es un don inherente a cada humano (pero creo que va más allá de lo humano). Dios es la suma de dioses en potencia. Por el contrario, el diablo es división (decir una cosa y hablar otra: di-ablo). Cuando hay división de fuerzas no se genera realidad propia. De ahí que la divinidad sea un decir en la unidad (di-uinidad), y ahí volvemos a constatar que en ese decir se halla la Palabra, el Logos creador.

-¿El ser humano es cada vez más valiente o más dependiente?

Eso dependerá de cada ser humano, pero la tendencia es hacia la dependencia.

-¿Qué es lo que más te irrita del mundo actual?

De todo lo que he dicho, se deduce que lo que más me irrita es vivir en el yo (el Inconsciente), esclavizado por los paradigmas imperantes que dicen lo que se puede y lo que no se puede, lo que se tiene o lo que no se tiene, lo que se debe o no se debe hacer y lo que, y lo que sé ha de saber y lo que no se puede saber… 

-Una última pregunta, José Domingo. ¿Por qué recomiendas la lectura de La espiral del Caos?

La recomiendo porque es la primera fase para acceder a la Divinidad en cada uno de nosotros: la toma de conciencia de que hay algo que decide por nosotros, pero podemos y debemos ir más allá del Yo.

-Muchas gracias, amigo.

El agradecido soy yo. Gracias por tu amabilidad y por permitirme desarrollar tan sublime Enseñanza.



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séneca ok

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Séneca is pop

Publicado el 27 abril 2015 por manuguerrero

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Sigue muy vivo el dilema de las lenguas muertas. De cuando en cuando, y me temo que para siempre, a alguien se le ocurre desterrar el griego y el latín como excusa para invertir en ciencias, matemáticas o tecnología. Un carpetazo que, a la vez, cierra la puerta a los grandes sabios de la tradición grecolatina.

Sin embargo hay empresas como Ediciones Tácitas que se proponen divulgar y actualizar lo mejor del humanismo clásico. Después recuperar a Tucídides, Catulo, Sofocles o Platón, entre otros muchos, acaba de editar Cartas sobre la muerte, del pensador cordobés Lucio Anneo Séneca, en una acertada, asequible y amena traducción de José Luis Ramaciotti, una de las mentes más brillantes y cultas del Chile actual.

Un trabajo, además, cristalino porque incluye, en cada página par, el texto original escrito por el filósofo a su amigo Lucilio, a quien expone sus reflexiones acerca del arte del buen vivir (y morir). Unos pensamientos que han quedado como una de las grandes aportaciones de la filosofía a la innata preocupación del ser humano por el más allá. Y es que hace aproximadamente dos mil años, antes por tanto de la irrupción del Cristianismo, defendía que “la vida es como una obra de teatro donde lo que importa no es el tiempo que dura sino cuán bien representada fue” (carta LXXVII), después de asegurar que “la muerte es el no ser y, lo que eso sea, ya lo conozco. Después de mi muerte seré lo mismo que ya fui antes de mi nacimiento”.

Séneca era un tipo que apreciaba la austeridad, la independencia del sabio, la igualdad entre los hombres y pedía secundar la naturaleza, limitar los deseos, aceptar la brevedad de la vida y asociaba la felicidad a la virtud y al despojo de toda ambición. Solo quien es capaz de asumir con tranquilidad la muerte es capaz de vivir sin temor, plenamente. Porque no se trata de transitar por una vida oscura, entre tinieblas, sino de ajustar cada día las cuentas con la vida. “Aquel que está pendiente del futuro no aprovecha el presente. Solo vive seguro aquel que vive cada día como si fuera toda su vida”. Asumir radicalmente ese precepto te garantizará el gusto por la comida, el sueño y el placer sexual, sostenía el filósofo, político y orador cordobés.

Leyendo estas Cartas sobre la muerte yo he sentido la mirada fija del propio Séneca, revelándome el secreto matriz, el más necesario y uno de los más denostados por la mayoría de las religiones que aún imperan en el mundo. Unas recomendaciones, por cierto, que ya sedujeron en tiempos menos pretéritos a intelectuales como Dante, Quevedo, San Agustín, Descartes, Rousseau o Baudelaire. Mentes libres que hubieran suscrito estas otras palabras de Séneca a cuenta de la libertad: “Trata de no hacer nada contra tu voluntad. Todo lo que es obligado le parecerá desgraciado al que se resiste, pero no lo verá así el que tiene su corazón dispuesto” (carta LXI).

Como podrán apreciar: reflexiones añejas, pero no caducas. Útiles para estos tiempos en los que, ante el vendaval, conviene no perderse ni dejarse llevar por la superstición.

Portada Cartas sobre la Muerte

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