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Un trabajo maravilloso

Publicado el 20 Marzo 2017 por manuguerrero

Nunca he tenido un trabajo tan emocionante. Es verdad que no me puedo quejar: casi todos han sido interesantes y entretenidos, algunos incluso muy divertidos, pero jamás hubo ese derroche de emociones como en el proyecto actual. No es frecuente en televisión ver llorar a tus compañeros operadores, editores, redactores… Como un cirujano en su sala de operaciones, el profesional de la televisión se inmuniza ante el material con el que trabaja, sobre todo si ha pasado por la gran escuela de los programas informativos, donde un día ves a niños descalzos en un asentamiento chabolista y otro a una familia entera entre los amasijos de un coche destrozado. En Gente maravillosa noche, sin embargo, te quedas sin defensas porque se impone la más absoluta e incuestionable verdad, la de la gente.

La televisión como cultura e industria se mueve por tendencias. Ahora imperan dos: la de los personajes notables que muestran su vida y la del debate (decir debate es acotar muy poco, pero es que hay programas donde se discute de todo, desde propuestas políticas hasta cotilleos sin relevancia). En cambio, hay pocos espacios donde  el protagonista sea el ciudadano anónimo y, muchos menos, quizá ningún otro, donde el protagonista sea el ciudadano anónimo que se levanta cualquier mañana sin saber que ese día se va a convertir en la gran estrella de un programa de televisión. Y ahí radica la gran verdad de la que hablaba antes. Porque en Gente maravillosa noche recreamos con actores situaciones tristemente injustas y dejamos que la sociedad actúe por sí misma, sin prejuicios ni condicionantes. Por supuesto, esa respuesta la grabamos y la compartimos con la audiencia.

Gracias a este formato no solo hemos descubierto que las calles de Andalucía están repletas de personas maravillosas, sino que estamos siendo testigos de un hecho insólito: estamos viendo con absoluta objetividad el otro lado de los grandes problemas sociales, como la homofobia, la pobreza, el acoso laboral, la violencia machista, el fraude etc… Lo frecuente en los medios de comunicación es contar el drama y no la respuesta o solución a ese drama. Se hace noticia con “el niño que muerde al perro”, pero no con “la persona que coge al perro y se lo lleva a casa para curarlo”, tirando de una de las grandes máximas del periodismo. Creo que pocas veces en la historia de la televisión se ha puesto rostro y nombre a tanto héroe sin capa, como le gusta decir a nuestra presentadora.

A mí personalmente me tranquiliza comprobar que la más aplastante mayoría de la gente se implica para defender al prójimo (y quien no lo hace es por timidez, fundamentalmente). No hay sociedad habitable sin solidaridad y GMN no solo la refleja sino que además, la fomenta. Es más efectivo (por emocionante) el espontáneo abrazo a un desconocido en apuros que la clásica campaña de concienciación emitida a diestro y siniestro por todos los canales de comunicación. Una reinvención necesaria porque la conciencia social hay que seguir abonándola: hubo quien pensó que habíamos conquistado por fin el ansiado edén de la tolerancia y basta leer los periódicos para darse cuenta de que aún hay asignaturas pendientes. Los niños tienen pene y la misa, fuera de la televisión, por citar solo dos escombros ideológicos aparentemente distantes pero nutridos por un mismo ingrediente, la ignorancia.

Por suerte, lo vemos cada semana, no hay motivos para el desánimo. La gente es maravillosa porque piensa que, a pesar de todo, lo importante es no perder la esperanza.

GMN se emite todos los jueves en Canal Sur Tv a las 21.45h.



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