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Paraíso Bermudas

Publicado el 09 agosto 2012 por manuguerrero

Claro, uno llega a Islas Bermudas asustado por la leyenda. Y es que resulta que desde mediados de los años 50 del pasado siglo, y tras un primer artículo escrito por un periodista de Associated Press, muchos son los libros y reportajes que se han dedicado, sobre todo en EE.UU, a las misteriosas desapariciones de barcos y avionetas en el triángulo comprendido entre las Islas Bermudas, Puerto Rico y Fort Lauderdale (Florida). Sin embargo, un análisis de las cifras desmonta toda teoría paranormal: se estima que en los últimos 100 años han pasado por la zona unas 10 millones de naves y que desde mediados del XIX han desaparecido un total de 50 barcos y 20 aviones, un índice de siniestralidad muy similar al de otras zonas del planeta. Aunque sí es cierto que debido a las fuertes corrientes y a la profundidad de sus aguas, es especialmente difícil encontrar los restos de las naves accidentadas.

Pero el caso es que merece la pena asumir el “riesgo” de la literatura para conocer este archipiélago conocido también por ser un sorprendente paraíso natural: las aguas turquesas del Mar de los Sargazos, su naturaleza volcánica, sus playas de arena fina, sus exuberantes bosques tropicales y su fauna diversa y particular hacen que esta que sea una isla especialmente vistosa y agradable para los sentidos, algo que saben bien las compañías de cruceros por el Caribe, que la incluyen en sus rutas turísticas. Su pequeño puerto permite atracar a grandes transatlánticos como el Explorer of the seas de Royal Caribbean.

Descubiertas por el navegante español Juan Bermúdez, las islas Bermudas pertenecieron a la Corona de España hasta principios del XVII, que pasaron a formar parte del Territorio Británico de Ultramar, y de ahí su marcado estilo colonial inglés y su encanto particular si las comparamos con otras islas cercanas, del Caribe por ejemplo.

Su capital es Hamilton -cuya población fija no supera los 1.000 habitantes-, centro financiero de las Bermudas, un temprano ejemplo de mundialización y deslocalización económica. Su particular política fiscal la convierte en un apreciado paraíso financiero donde han establecido su sede teórica grandes firmas del mundo de los negocios, aseguradoras y empresas financieras, pero también navieras como DryShips Inc., Frontline Ltd. y Dockwise, una multinacional de la telefonía (Global Crossing) o la archifamosa Bacardí. 1.500 empresas dicen tener su sede en las Bermudas, lo que explica buena parte de la riqueza del lugar.

¿Qué ver en Hamilton? Lo más llamativo de la ciudad son el edificio del Parlamento de las Bermudas, la catedral (Most Holy Trinity), Victoria Park, Barr’s Bay… y por supuesto sus sastrerías, que han hecho de las bermudas, los pantalones cortos militares, un elemento de identificación de las islas. No pierdas el tiempo, en cambio, entrando en joyerías, tiendas de eléctrónica, el centro comercial etc… No encontrarás nada que merezca la pena, están para nutrir a los norteamericanos que pasan allí sus vacaciones. Otra cosa son las tiendas de recuerdos, donde sí te podrás llevar algún objeto curioso a un precio razonable.

Bermudas es, sin duda, un destino para pasar unos días (una o dos semanas, por ejemplo) en cualquiera de sus múltiples chalecitos de alquiler, para poder practicar a placer diferentes deportes acuáticos. El archipiélago es un auténico paraíso para los aficionados al buceo, la vela o la natación. Sin embargo, si dispones de poco tiempo, mi recomendación es dar un paseo general por la isla y por las calles de Hamilton (existe un pase para coger todos los autobuses que quieras durante un día y montarte en el ferry que va de la capital al puerto) y a continuación disfrutar sin prisas de sus playas, ya que cuenta con algunas de las mejores del mundo:

-Horseshoe Bay Beach: De arena rosada, una de las más bellas de la isla. Como su nombre indica, tiene forma de herradura.

-Tobacco Bay: Sus coloridos corales hacen que sea una playa ideal para practicar esnórquel. 

-Elbow: Junto a la ciudad de Hamilton.

-Warwich Long Bay: Casi un kilómetro de largo, apartada de las urbanizaciones, de color rosado y con dunas.

-Jobson’s Cove: Una calita protegida por acantilados.

Conocida es mi fascinación por el mar. Aprendí a nadar prácticamente a la misma vez que a caminar, por lo que en cualquier lugar del mundo con playa podría pasar días enteros en remojo o embadurnado en su arena, con cualquier libro entre las manos. Pero claro, si uno pisa una isla tan legendaria como esta, qué menos que dar fe de haber pisado el centro de la ciudad.


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