
Tras la calurosa acogida del primer capítulo de Érase una vez en Marbella, este domingo llega a Atresplayer el segundo episodio de esta docuserie que intenta mirar a los ojos a una ciudad que siempre ha vivido entre el lujo y la sombra, entre el mito y la sospecha.
Y si el primer capítulo sirvió como introducción a la Marbella de las mil caras, este segundo episodio se sumerge en dos de sus historias más oscuras y apasionantes: la fuga de los nazis a España tras la Segunda Guerra Mundial y el Caso Malaya, el mayor escándalo de corrupción urbanística de la historia democrática española.
Hablar de nazis en Marbella puede sonar a relato de ficción, pero no lo es. Personajes como Léon Degrelle, criminal de guerra belga y protegido por el régimen franquista, vivieron tranquilamente en la Costa del Sol durante décadas. Degrelle, que llegó a fotografiarse con Hitler y juró lealtad eterna al nazismo, encontró en Marbella el refugio perfecto para su ocaso: sol, anonimato relativo, y una red de contactos discretamente poderosos. Su presencia, y la de otros como él, nos habla de un pasado que España nunca terminó de enfrentar del todo, y que este capítulo rescata con detalle e imágenes inéditas.
El otro tema del capítulo lo llevo marcado a fuego en la piel. Porque si hay una trama que me haya exigido implicación, rigor y esfuerzo personal, ha sido la del Caso Malaya. No solo por la complejidad de la investigación, sino por lo difícil que ha sido dar con voces que hablaran con profundidad, honestidad y sin filtros de lo que allí ocurrió. Yo no me conformo con testimonios que hablen de oídas. Busco siempre los verdaderos protagonistas. Durante meses, hablé con decenas de personas: el entorno cercano de Juan Antonio Roca, detectives privados que conocieron los entresijos de la operación e incluso empresarios que aún hoy lidian con las consecuencias de aquella caída del castillo de naipes.
Pero lo más difícil, y a la vez lo más gratificante, fue conseguir que por primera vez frente a una cámara de televisión (ocurrió en 2022), hablaran los tres pilares clave de aquella investigación:
- Miguel Ángel Torres, el juez instructor del caso, cuya valentía y determinación marcaron un antes y un después en la lucha contra la corrupción. Aún recuerdo la contundencia con la que en una primera llamada telefónica, el juez me dijo: «Nunca he hablado del tema, y no pienso cambiar de opinión. Ni con un cheque en blanco por delante». Unos meses después estábamos frente a frente sentados en su juzgado de Melilla, como puede atestiguar mi compañera del alma Eva Pérez.
- José Manuel Rando y Marcos Romarís, los policías nacionales que dirigieron la investigación y que relatan, con una mezcla de orgullo y crudeza, cómo se gestó y ejecutó una de las operaciones más complejas de la historia reciente de la policía judicial española. Entrevistarlos en la Comisaría Provincial de Málaga fue una sensación entrañable, como volver a casa. Yo me crié en un cuartel por ser hijo de un policía nacional del que siempre presumí, que se batió el cobre en los más crudos años del terrorismo etarra. Marcos, José Manuel y su infatigable equipo son héroes que nunca deberíamos olvidar.
Desde aquí, quiero agradecerles públicamente a los tres su participación, su tiempo y, sobre todo, su generosidad con un periodista del que no tenían referencias, pero que ha intentado estar a la altura de la confianza que me dieron. Aquí me tienen, siempre, para lo que puedan necesitar.
Érase una vez en Marbella no es solo una serie sobre una ciudad. Es un intento de levantar las alfombras del paraíso y entender qué se esconde debajo. Y este segundo capítulo, quizás el más ambicioso hasta ahora, es una invitación a mirar de frente esas historias que muchos preferirían olvidar.
Ya disponible en Atresplayer Premium. Espero que os remueva tanto como me removió a mí.

