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Vuelve «El Último de la Fila», pero ¿quiénes diablos son?

Publicado el 28 mayo 2025 por manuguerrero

En una época en la que las giras se anuncian por TikTok y los hits nacen en Reels, el regreso de El Último de la Fila podría sonar, para muchos jóvenes, como el de una banda sacada de una cápsula del tiempo. Como si a mí, a los 20 años, me dijeran que regresaban Los Pekenikes. Y en cierto modo, es normal.

Este mítico dúo catalán, formado por Manolo García y Quimi Portet, fue durante los años 80 y 90 una de las bandas más influyentes, haciendo pop con claras influencias del rock andaluz, y cosechando un éxito desmedido entre gente muy dispar. Se separaron en 1998, cuando muchos de los actuales oyentes de música urbana ni siquiera habían nacido. Tanto Manolo como Quimi continuaron haciendo música en solitario, y en el caso de García, con un éxito similar al que había tenido el grupo. Su primer disco fue «Arena en los bolsillos», que me pilló en primero de Periodismo y haciendo mis pinitos en varias revistas musicales. Recuerdo que cuando Manolo García pasó por Sevilla para presentar el disco, allí me planté y tras el show, muy generoso, me dijo: «Chaval, pasa conmigo al camerino y pregúntame lo que quieras». Aquello acabó a las cuatro de la madrugada y me fui a dormir con la sensación de que era una estrella enorme en el uniforme de una persona sencilla.

Ahora, más de dos décadas después, anuncian su vuelta a los escenarios con una gira que promete ser más que una simple nostalgia: una reivindicación de una forma de hacer música que ya casi no se estila.

El Último de la Fila fue una banda singular, difícil de etiquetar. Combinaban letras poéticas, a menudo crípticas, con melodías pegadizas, influencias mediterráneas, toques de rock y una sensibilidad pop muy personal. Su música fue la banda sonora de una generación que vivió la transición democrática, el desencanto juvenil y la efervescencia cultural de la Movida.

Aunque sus comienzos fueron modestos, su ascenso fue meteórico. Llegaron a llenar estadios y sus discos vendían millones de copias, algo poco habitual para una banda que nunca fue del todo “mainstream”. En 1993, la revista Billboard los reconoció como el grupo más importante del pop-rock español.

Su reunión parecía tan improbable como la de Duncan Dhu, pero torres más grandes han caído.

Cinco canciones esenciales para iniciarse en ‘El último de la fila’

Para los que no tienen ni idea de quiénes son, aquí van cinco canciones clave para descubrir (o redescubrir) su legado:

1.«Insurrección»
Un himno generacional. Guitarras afiladas, letra desgarradora y una interpretación vocal que escupe rabia y belleza a partes iguales. Una de las canciones más coreadas en sus conciertos. Habrás escuchado, seguramente, la versión con Miguel Ríos, con un ritmo mucho más acertado.

    2. «Aviones plateados»
    Una mezcla perfecta de melancolía y esperanza. Suena a carretera, a despedidas y a cielos infinitos. Es probablemente una de las letras más poéticas de su repertorio.

    3. «Como un burro amarrado en la puerta del baile»
    Irónica, crítica y profundamente original. Esta canción es un ejemplo del estilo irreverente y reflexivo de Portet y García.

    4. «Querida Milagros»
    Con una sencillez desconcertante, esta canción se ha convertido en una de las favoritas de los fans más acérrimos. Es una historia en miniatura, contada con sensibilidad cinematográfica. Junto a «Insurrección», mi canción favorita.

    5. «Lápiz y tinta»
    Una canción que destaca por su belleza y la simplicidad de su mensaje, entorno a la creación y la vida cotidiana.

      ¿Por qué su regreso es importante?

      Más allá de la nostalgia, el regreso de El Último de la Fila pone en el centro del debate la vigencia del lenguaje musical de una época pre-digital. En tiempos de canciones de 90 segundos, el dúo regresa con temas densos, complejos y cargados de mensaje. ¿Funcionarían hoy? ¿Conectarán con las nuevas generaciones o quedarán como un bonito recuerdo para los que ahora peinamos canas?

      Lo que sí es seguro: cuando Manolo y Quimi suban al escenario y empiecen a sonar los acordes de «Insurrección», más de uno, incluso sin saber quiénes diablos son, va a sentir algo. Y eso ya es mucho.

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