Archivado en | Artes, Pensamientos

La imprescindible pluma de Romero Bernal

Publicado el 22 marzo 2026 por manuguerrero

A veces caemos en el error de pensar que alguien es bueno en lo suyo —da igual si hablamos de cine, literatura, fútbol o elaboración de chocolates— solo cuando adquiere una indiscutible notoriedad, una fama incuestionable. Pero no, nada más lejos de la realidad. Detrás de un superventas suele haber talento, oportunidad y una buena dosis de fortuna. Sin embargo, casi siempre lo más interesante se encuentra más allá del foco, en ese territorio donde trabajan los que no necesitan ruido para demostrar su valía. Es el caso de mi amigo Álvaro Romero Bernal, uno de esos autores cuya obra se disfruta con la sensación de estar descubriendo algo valioso antes de que lo descubra todo el mundo.

Romero Bernal no es solo uno de los escritores más excelsos de las letras vivas actuales —no me cabe duda de que su obra irá adquiriendo notoriedad con el tiempo— sino también un periodista de raza, de la mejor escuela posible, la del oficio verdadero, esa que entiende el periodismo como una forma de mirar el mundo con honestidad y de contarlo con precisión. En ese sentido, pertenece a la estirpe de nombres como Manuel Chaves Nogales, Joaquín Romero Murube o Antonio Ramos Espejo, tres gigantes del periodismo español del siglo XX, independientemente de la fama que cada uno llegara a proyectar. Como ellos, Romero Bernal entiende que el periodismo no consiste en opinar más alto que nadie, sino en observar mejor que los demás.

Desde hace tiempo firma reportajes memorables en el periódico digital La Voz del Sur, donde ha consolidado una forma de escribir que recuerda a la mejor tradición narrativa del periodismo clásico. La calidad literaria y humana de sus textos está muy por encima de lo que uno puede encontrar hoy en cabeceras de gran tirada como El País, La Vanguardia o ABC. Basta leer cualquiera de sus piezas para comprobar que ahí hay algo distinto: una mirada limpia, una prosa cuidada y una voluntad clara de contar la verdad sin adornos innecesarios.

Su gran especialidad —más allá de los entresijos de la literatura, que domina como pocos— es retratar con enjundia a la gente sencilla. Romero Bernal tiene el raro talento de poner en valor a los verdaderos protagonistas de la Historia, que a menudo no son los que tienen apellidos ilustres ni los que firman los papeles oficiales, sino quienes se dejan la piel cada día para que el país funcione. En sus reportajes aparecen agricultores, maestros, curas de pueblo, artesanos, obreros, jubilados o vecinos anónimos que, gracias a su pluma, adquieren la dignidad narrativa que tantas veces les niega la actualidad.

Un ejemplo reciente y deslumbrante es el reportaje que ha dedicado a Manuel Condán, un sevillano que se ha jubilado a los 84 años después de toda una vida trabajando sin hacer ruido. En el artículo, Romero Bernal retrata a un hombre que ha seguido en activo hasta una edad en la que la mayoría lleva décadas retirada, no por ambición ni por necesidad de protagonismo, sino por puro sentido del deber y por una ética del trabajo que hoy parece de otro tiempo. La pieza no se limita a contar una anécdota, sino que convierte la vida de Condán en símbolo de toda una generación que levantó el país con esfuerzo silencioso, y que probablemente merecería reconocimientos oficiales como la Medalla al Mérito en el Trabajo, aunque casi nunca los reciba. Ese es precisamente el tipo de historia que Romero sabe encontrar donde otros no miran, y que sabe contar sin sentimentalismo, pero con una emoción profunda que nace de la verdad.

Por eso es una delicia dedicar cada día unos minutos a leer los artículos de Álvaro, del mismo modo que lo es abrir cualquiera de sus libros. Hay en su escritura una sensación muy particular, la de estar saboreando un tesoro que todavía no ha sido descubierto por el gran público. Algo parecido a comer en un restaurante extraordinario justo antes de que le concedan tres Estrellas Michelin. Uno sale con la certeza de haber estado en el lugar adecuado antes que nadie.

Y sí, claro que me entendéis. Porque todos sabemos que lo verdaderamente bueno casi nunca empieza siendo famoso. Pero cuando lo es, ya no hay quien lo discuta.

Responder

Social Widgets powered by AB-WebLog.com.