
Pocos programas de televisión he seguido con tanto entusiasmo como el mítico Quién sabe dónde. No me perdía ni un solo capítulo, que esperaba con impaciencia durante toda la semana. Quizá fuera porque, en esos años de Bachillerato, unía dos de mis grandes pasiones: el periodismo y la investigación policial. Quizá fuera también por el magnetismo personal de su presentador, el gran Paco Lobatón. Su forma de comunicar, tranquila y sosegada, siempre me ha parecido la idónea para tratar los asuntos que me interesan. Hoy le acaban de conceder el Premio Ondas Especial de la Organización en reconocimiento a una trayectoria marcada por la utilidad social, la televisión de servicio público y la firmeza ética en la profesión.
Nacido en Jerez de la Frontera el 6 de diciembre de 1951, Paco es uno de los rostros más emblemáticos del periodismo televisivo en España. Comenzó su trayectoria profesional en su tierra natal, presentando entre 1968 y 1970 el magacín nocturno de Radio Jerez, cadena a la que entró cuando fue a promocionar una campaña benéfica en Jerez; sin embargo, su voz gustó al director de la emisora y se quedó. También trabajó en programas musicales e informativos locales de dicha emisora.
Después se fue a vivir a Madrid, donde compaginó los estudios trabajos variopintos, como ser cartero, representante comercial de una farmacéutica o el encargado de limpiar y preparar la calefacción del Hospital Infantil del Niño Jesús. Elegido como representante estudiantil para una asamblea en tiempos de la dictadura franquista, en 1974 lo detuvo el policía torturador Antonio González Pacheco «Billy el Niño», apuntándole a la cabeza con su pistola, razón por la cual fue condenado a una multa por esos hechos.

Pasó mes y medio en la cárcel de Carabanchel, como arresto sustitutorio de una multa de 150.000 pesetas, que pagó su tía, por su detención en la Facultad de Ciencias Políticas. A continuación fue juzgado y condenado por el Tribunal de Orden Público franquista a cinco años y medio de prisión. Mientras se recurría la sentencia, decidió exiliarse a Suiza, donde obtuvo la condición de refugiado político y donde siguió haciendo política entre los emigrados españoles. Tras la muerte de Franco, pudo regresar a España.
Su salto a la televisión llegó en la década de los ochenta, participando en programas informativos y de actualidad. Sin embargo, su consagración como figura mediática llegó en los 90 con la creación de “Quién sabe dónde”, el espacio emitido por TVE dedicado a la búsqueda de personas desaparecidas. El programa, pionero en su género, combinó periodismo de investigación, servicio público y sensibilidad humana, convirtiendo a Lobatón en un referente del compromiso social en los medios.

A lo largo de su trayectoria, ha conducido y producido diversos formatos televisivos y radiofónicos, siempre con un sello de periodismo ético y humano. En los últimos años, ha continuado su labor al frente de la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas QSDglobal, desde donde impulsa iniciativas para mejorar la coordinación y visibilidad en la búsqueda de desaparecidos.
Premiado por su labor informativa y su compromiso cívico, Paco Lobatón ha mantenido una carrera marcada por la vocación de servicio público, la empatía hacia las víctimas y la defensa de la información responsable. Su nombre sigue ligado, más de tres décadas después, a la esperanza de quienes buscan respuestas.

Es un periodista que ha dejado huella por su manera de trabajar, siempre desde el rigor, la profesionalidad y la cercanía, como yo mismo pude comprobar personalmente años después. Fue precisamente él quien desvió mis intenciones de dedicarme a la prensa escrita y probar suerte en televisión. Tras entrevistarlo para Diario Córdoba, el periódico donde me ganaba unos cuartos mientras estudiaba Periodismo, me propuso hacer un cásting para un nuevo programa que se disponía a hacer en el prime time de Canal Sur TV. Sería La llamada del Sur, y tras superar esa prueba, sería mi bautismo en televisión. En aquella sección titulada «El Cibercafé», mi trabajo consistía en investigar a los protagonistas de cada semana, preparar la información y contarlo en directo cuando él me daba paso ¡frente a un millón de personas! ¡qué temeridad!
En aquella redacción de la calle Cuna, donde luego me quedé tantísimos años, aprendí algunas de las cosas más valiosas que he aprendido en mi carrera. Para mí, Paco fue un maestro, un referente, alguien de quien aprendía independientemente de que la cámara estuviera encendida o no. Por eso hoy me he alegrado tanto de su reconocimiento. Porque es un premio que se merece. Por tantos años dignificando el bello oficio de quienes trabajamos en televisión.

