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El Cabrero, memoria viva de la dignidad

Publicado el 13 mayo 2026 por manuguerrero

La muerte de El Cabrero deja hoy un silencio extraño. Porque se ha ido mucho más que un cantaor. Se ha ido una conciencia libre, una voz incómoda, un hombre que jamás aceptó domesticar sus postulados.

Su música me acompañó desde niño. En mi casa sonaban sus discos porque mis padres lo admiraban profundamente, y así fue cómo su voz indómita y humana terminó formando parte de mi memoria sentimental. Hay artistas que uno descubre; a El Cabrero, en realidad, uno lo hereda. Y con el tiempo entendí que detrás de aquellos fandangos, de aquellas seguiriyas y de aquella manera única de decir el cante, había algo mucho más profundo: dignidad.

Siempre admiré su compromiso ético y político. En una época en la que tantos eligieron acomodarse, él decidió permanecer al margen del sistema, sin pedir permiso ni perdón. Nunca quiso convertirse en un personaje domesticado para los grandes escaparates culturales. Fue un disidente de verdad. Y quizá por eso muchos medios intentaron arrinconarlo o tratarlo como una figura incómoda, cuando en realidad era uno de los artistas más importantes y auténticos que ha dado el flamenco contemporáneo.

Tuve además la enorme suerte de conocerle personalmente, y también a su hijo Emiliano y a Elena Bermúdez, compañera imprescindible de su vida y de su obra. Guardo aquellos encuentros como un privilegio íntimo y humano. Porque detrás del mito había una familia generosa y una coherencia vital difícil de encontrar en estos tiempos.

Cuando me tocó dirigir redacciones de informativos, siempre tuve claro que los discos y conciertos de El Cabrero merecían el espacio cultural que muchas veces se les negó desde las grandes plataformas mediáticas. Hablar de él no era un gesto de nostalgia ni de militancia romántica: era simplemente hacer justicia con un artista gigantesco al que nunca pudieron doblegar.

Hace poco tuvo lugar otro de esos regalos que la vida concede de vez en cuando: participé en el documental dedicado a su figura y tuve el honor de ser entrevistado para hablar de su legado. Fue un verdadero privilegio poder aportar mi mirada a una obra que ayuda a comprender quién fue realmente El Cabrero: no solo un cantaor irrepetible, sino una forma de entender la libertad.

Hoy solo se marcha el hombre. Porque hay artistas que pertenecen a una época y otros que terminan integrándose en el adn de la gente. El Cabrero forma parte ya de esa estirpe inmortal de los que nunca se vendieron, nunca se callaron y nunca dejaron de cantar frente a frente con la verdad.

Descansa en paz, maestro. Tu cante seguirá caminando por la sierra, libre como el viento de poniente.

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