
El Gobierno federal de EEUU lleva un mes sin aprobar un nuevo presupuesto general. Como consecuencia, se está produciendo una parálisis que está afectando a servicios esenciales. Uno de ellos, el que pone en riesgo el programa de ayudas alimentarias Supplemental Nutrition Assistance Program (SNAP), que da de comer a 42 millones de personas, lo que representa a casi uno de cada ocho ciudadanos. La situación no deja de ser sorprendente: un país con amplios recursos, extensa capacidad militar y enorme aparato estatal, que sin embargo se ve paralizado por discrepancias políticas, con efectos directos sobre la gente más vulnerable.
En España, la situación es muy diferente: el Gobierno trabaja desde hace años bajo la condición de presupuestos prorrogados y se sigue operando con el del ejercicio anterior. Y sin embargo, los resultados económicos y fiscales están siendo sólidos:
- En 2024, el déficit público se cerró en el 2,8 % del PIB, por debajo del 3 % que marca la regla europea de estabilidad.
- En ese mismo año, la recaudación alcanzó niveles récord: el IRPF creció un 7,6 %, el Impuesto de Sociedades subió un 11,5 % y el IVA un 7,9 %.
- El gasto público, aunque crece, lo hace por debajo del crecimiento de la economía, particularmente gracias a la contención que implica estar en prórroga presupuestaria. Además, el Gobierno ya ha adelantado que puede “aguantar sin Presupuestos para 2026” precisamente porque cuenta con unos ingresos fuertes y capacidad para seguir operando con la prórroga.
España gestiona, en medio de cierta fragilidad parlamentaria, un modelo que le permite recaudar, gastar y cumplir objetivos fiscales sin necesidad de aprobar unas cuentas nuevas cada año (o al menos sin hacerlo a tiempo).

¿Es España un país más eficiente que EEUU ante el bloqueo presupuestario?
1. Capacidad de gestión vs bloqueo político
En EE.UU., el bloqueo presupuestario tiene efectos rápidos y graves (como la interrupción de ayudas alimentarias o el despido masivo de empleados públicos). En España, aunque también hay bloqueo parlamentario y ausencia de mayoría clara, el mecanismo de prórroga presupuestaria permite que el Gobierno siga operando, incluso sin nuevo presupuesto, adaptando el gasto mediante modificaciones, ampliaciones de crédito, reasignaciones… Esto da una “continuidad institucional” que evita parálisis. Por ejemplo, en 2024 el Gobierno español hizo ampliaciones de crédito por más de 50.000 millones de euros y reasignaciones de crédito por otros 40.000 millones, aun con presupuestos prorrogados. Ese funcionamiento pragmático—aunque imperfecto—contrasta con el colapso que amenaza en EE.UU.
2. Resultados fiscales
España ha logrado reducir el déficit, crecer la recaudación y mantener (o incluso reforzar) la cobertura estatal sin gran drama político por la prórroga presupuestaria. EE.UU., por el contrario, está presentando una imagen de riesgo: el hecho de que un programa alimentario clave pueda quedarse sin fondos debido al bloqueo político es una señal de ineficiencia institucional. Así, en términos de “eficiencia fiscal” (la capacidad de generar ingresos, contener déficit, mantener funcionamiento del Estado) España puede considerarse mejor situada que Estados Unidos hoy.
3. El coste humano y social
Cuando un país con los recursos de EE.UU. tiene que enfrentarse a la interrupción de ayudas a 42 millones de personas por un fallo presupuestario, la “ineficiencia” adquiere rostro humano. Las entidades de ayuda advierten de un aumento de demanda, de familias que podrían quedarse sin comida si el bloqueo continúa. En España, aunque por supuesto hay retos (alto endeudamiento, el grave problema de la vivienda, la necesidad de reformas…), no se da esa situación de parálisis social masiva provocado por el presupuesto no aprobado.
La comparación entre EE.UU. y España en materia presupuestaria revela que no basta con tener gran poderío para funcionar bien: es fundamental tener un sistema que resista la parálisis, que sea capaz de recaudar, gastar, ajustar y gobernar con continuidad. Porque el hambre de los más vulnerables no puede estar a expensas de la gresca política.

