
Hay películas que no pueden explicarse sin la figura de su creador. Obras que, más allá de su trama o su estética, llevan incrustada en cada plano una forma de estar en el mundo, de mirar sin concesiones, de pensar sin cortapisas. “Deseaba llamarla su[misión] pero con el sexo nunca sé bien lo que quiero” es una de esas películas. Y su autor, Gonzalo García-Pelayo, uno de esos pocos cineastas capaces de hacer del cine no solo un medio de expresión, sino un ejercicio de libertad radical.
Este nuevo largometraje es una exploración frontal, valiente y sin máscaras de la sexualidad humana. No es una película “sobre sexo”; es una película a través del sexo, como prisma para pensar el amor, el deseo, el poder, la necesidad, incluso la espiritualidad. García-Pelayo se adentra en territorios que muchos evitarían por pudor o por miedo: el cuerpo como campo de batalla simbólico, las prácticas como metáfora de estructuras sociales, el éxtasis como revelación o penitencia. No hay complacencia ni escándalo gratuito, solo una mirada lúcida y provocadora, en el mejor sentido de la palabra: una mirada que obliga a replantearse lo que creíamos saber.
El cine de la libertad absoluta
Lejos de moralinas o discursos manidos, el film se mueve con soltura entre lo íntimo y lo filosófico, entre lo sensual y lo sagrado. Y lo hace con esa mezcla de insolencia y ternura que caracteriza al cineasta sevillano. Hay aquí una osadía que no es pose, sino convicción: la de que el arte debe incomodar a veces, sacudir, abrir grietas. Pero también la de que el espectador adulto merece ser tratado como un ser pensante, capaz de enfrentarse a lo complejo, a lo contradictorio, a lo verdaderamente humano.
Esa premisa de madurez e inteligencia es asumida desde un primer momento por los actores que participan en la película: Anikka, Keila Bassi, Nono, Tasha, Eddie Lion… Todos sin excepción superan con solvencia el difícil reto de un cine tan atrevido, que exige liberación absoluta física y mental.
La música, como en tantas obras de García-Pelayo, no es un mero acompañamiento: es una guía sensorial y emocional. En esta película, el protagonismo de los ritmos africanos cobra una dimensión casi ritual. Su fuerza primitiva, su cadencia hipnótica, conecta directamente con lo instintivo, con ese territorio donde el cuerpo manda y la conciencia observa. No es casual su presencia: la música africana actúa como catalizador de una sexualidad que no se representa como artificio, sino como expresión natural, esencial, profundamente humana. A través de esos sonidos ancestrales, la película nos devuelve al origen: al deseo como impulso vital, no como construcción social.

Gonzalo García-Pelayo es (junto a su inseparable hermano Javier), sin exagerar, una figura fundamental en la cultura española contemporánea. Su nombre está ligado a descubrimientos musicales que cambiaron la historia de la música española: sin él, quizá nunca habríamos escuchado a Triana, a Medina Azahara, a Lole y Manuel, a María Jiménez… Su sensibilidad para detectar y potenciar talento es legendaria. Pero aún más admirable es su coherencia a lo largo de los años: su rechazo a lo previsible, su constante reinvención, su voluntad de seguir creando como si el tiempo no existiera. Director, productor, escritor, filósofo del azar… García-Pelayo es un artista total, inclasificable, único e irrepetible.
Esta película no es para todos los públicos (es para adultos de verdad, no solo para quienes hayan cumplido los 18 años) y eso es justamente parte de su grandeza. No porque excluya, sino porque exige. Exige apertura, curiosidad, coraje. Exige mirar sin filtros, pensar sin miedo, sentir sin culpa. Y en ese gesto, tan raro hoy en día, reside su profundo valor.
“Deseaba llamarla su[misión]…” no se limita a representar el sexo: lo interroga, lo atraviesa, lo desvela. Y al hacerlo, nos devuelve una imagen poderosa —y a menudo incómoda— de lo que somos. Solo Gonzalo García-Pelayo podría firmar una película así. Y solo un espectador dispuesto a dejarse interpelar podrá disfrutarla como merece.
Puedes verla gratuitamente en su página web. Pero recuerda: ES SOLO PARA ADULTOS.


