Granada es una ciudad llena de tesoros. Los tiene históricos, como la Alhambra; arquitectónicos, como las callejuelas del Albaicín; inmateriales, como Morente o los 091; naturales, como Sierra Nevada; y también los tiene gastronómicos. Porque entre tanta grandeza, hay lugares que brillan con una luz cegadora. Uno de ellos es, sin duda, La Chantarela.
Ayer conocimos una noticia que, sinceramente, llevaba tiempo esperando: el restaurante ReComiendo de Córdoba ha sido galardonado con su primera estrella Michelin. Y no puedo ocultar la enorme alegría que me produce este reconocimiento. No solo porque sea un restaurante al que he acudido en varias ocasiones desde su apertura, y por tanto le tenga aprecio, sino porque creo firmemente que esta distinción era merecida desde hace bastante tiempo. ReComiendo llevaba años demostrando que estaba a la altura de los más grandes, y haciéndolo desde la diferencia.
Detrás de este proyecto se encuentra Periko Ortega, un chef nacido en Jabalquinto pero criado en mi querida Linares cuya trayectoria sigo muy de cerca desde que participó en el programa «La tapa es nuestra» de Canal Sur TV. Un espacio que, curiosamente, se grababa en la empresa donde yo trabajaba entonces, Itaca Producciones, y que me permitió conocer de primera mano su filosofía y su manera tan personal de entender la cocina. Desde entonces, he observado con admiración su evolución y la consolidación de un estilo propio que hoy, por fin, ha sido reconocido al máximo nivel.
El planteamiento gastronómico de ReComiendo es, sencillamente, una experiencia diferente: platos divertidos, sorprendentes y llenos de personalidad, con mucho ‘power‘, como suele resaltar Periko. No se trata solo de una cocina técnica y perfectamente elaborada, ni de una presentación exquisitamente cuidada, que también. Lo verdaderamente especial es ese punto lúdico que convierte cada plato en un guiño constante a la memoria colectiva. La nostalgia está muy presente, especialmente la de quienes crecimos en los años 80 y 90. Sabores, aromas y referencias que nos transportan directamente a momentos de nuestra infancia y juventud, siempre con un giro inesperado. En ReComiendo, nada es lo que parece, y precisamente ahí reside gran parte de su magia.
Así que sí, me alegra enormemente que, por fin, la guía Michelin haya puesto el foco donde debía. Aunque, permitidme acabar con una pequeña broma: esperemos que esta estrella no convierta conseguir mesa en una misión imposible… porque algunos todavía queremos seguir disfrutando de ReComiendo sin tener que reservar con un año de antelación.
Enhorabuena a Periko Ortega y a todo su equipo. Esta estrella no solo brilla en la puerta del restaurante, también lo hace en la historia gastronómica de Córdoba.
23 de abril de 2007. El sol caía a plomo sobre la plaza de toros de la Maestranza, y en el tendido se respiraba una mezcla de perfumes, habanos y expectación. Yo estaba allí por trabajo: enviado por José Ribagorda para Informativos Tele5 a cubrir una corrida de Morante de la Puebla, que esa tarde toreaba junto a Jesulín de Ubrique y Alejandro Talavante. El sevillano reaparecía tras unos años cuidando su salud mental.
Hace exactamente un año decidí retomar el kéfir de leche en mi dieta diaria. Lo hice porque en su día me había ido muy bien, pero tras morir los nódulos en un largo verano, no encontré a nadie que pudiera donarme. En aquella ocasión, sin embargo, no fui tan regular como esta vez, por eso, tras 12 meses de consumo constante, quiero compartir mi experiencia y las conclusiones a las que he llegado.
Si hay algo que los bares de toda la vida saben hacer bien es el morro frito. Crujiente por fuera, tierno por dentro y con ese saborcito inconfundible que pide a gritos una caña bien fría al lado. O una copa de vino tinto. ¿La mejor noticia? No hace falta ser un chef para prepararlo en casa: con unos pocos pasos y un toque de mimo, tendrás un aperitivo de categoría que hará que todos se chupen los dedos.
Vivimos en la era de la telerrealidad. La tecnología, que se presuponía motor de progreso y de unión entre los pueblos, no ha sido suficiente para frenar una injusticia tan atroz, la del genocidio al pueblo palestino. Gaza es hoy una herida abierta, y nosotros, espectadores impotentes, asistimos a la aniquilación de miles de personas inocentes (incluidos niños como tus hijos y los míos) a manos de un gobierno que ha convertido el terror en política de Estado.
Olivia Valere, en el salón de su casa. Última entrevista que concedió antes de morir.
Durante años, todo lo que ocurría entre las paredes de Olivia Valere quedaba envuelto en un halo de misterio. Era la discoteca más exclusiva de Marbella, un templo nocturno donde se cruzaban estrellas de Hollywood, príncipes árabes, modelos internacionales y empresarios millonarios. Pero detrás del lujo, los focos y el champagne, había historias que nunca se contaron… hasta ahora.
Hay algo curioso (y muy revelador) que sucede con Marbella: mucha gente en el mundo no sabría ubicar España en un mapa, pero sí sabe exactamente dónde está Marbella. ¿Cómo se explica ese extraño fenómeno?
Lo que hace unos años era un pequeño refugio para los amantes de la naturaleza se ha convertido en otro ejemplo de la fiebre turística que vive España. En plena temporada alta, un apartamento para cuatro personas en la sierra de Cazorla puede costar más que uno en el centro de Oporto o incluso en algunos barrios de París. Un dato que sorprende y refleja una tendencia más amplia: el auge del turismo en España está tensando el mercado de los alojamientos hasta límites impensables.
En un mundo cada vez más acelerado, y con menos margen para momentos tan deleitosos como cocinar, pedir la cena a casa se ha convertido en un recurso muy socorrido. Algunas empresas prometen traerte el pedido en menos de 30 minutos. Pero esa comodidad tiene un precio que, en demasiadas ocasiones, no pagamos nosotros. Lo pagan otros. Por eso, yo nunca he pedido comida a domicilio. Aquí te explico por qué.