Hay películas que no pueden explicarse sin la figura de su creador. Obras que, más allá de su trama o su estética, llevan incrustada en cada plano una forma de estar en el mundo, de mirar sin concesiones, de pensar sin cortapisas. “Deseaba llamarla su[misión] pero con el sexo nunca sé bien lo que quiero” es una de esas películas. Y su autor, Gonzalo García-Pelayo, uno de esos pocos cineastas capaces de hacer del cine no solo un medio de expresión, sino un ejercicio de libertad radical.
Atresplayer estrena, por fin, ‘Érase una vez en Marbella’, la nueva docuserie de la factoría Happy Contents. A lo largo de cuatro capítulos, la serie reconstruye ocho historias reales que definieron el auge y la decadencia de una ciudad donde el lujo, la política, el crimen y la prensa del corazón convivieron en un único escenario. Porque Marbella es la única ciudad del mundo donde todo es posible.
En un mundo cada vez más acelerado, y con menos margen para momentos tan deleitosos como cocinar, pedir la cena a casa se ha convertido en un recurso muy socorrido. Algunas empresas prometen traerte el pedido en menos de 30 minutos. Pero esa comodidad tiene un precio que, en demasiadas ocasiones, no pagamos nosotros. Lo pagan otros. Por eso, yo nunca he pedido comida a domicilio. Aquí te explico por qué.
En una televisión cada vez más dominada por realities virales, tertulias de trinchera y contenido efímero, sorprende que un programa como Gente Maravillosa, producido por Happy Contents emitido por Canal Sur TV y presentado por Toñi Moreno, mantenga tras siete temporadas una audiencia fiel y entusiasta. Anoche, sin ir más lejos fue líder absoluto en su franja, lo más visto en la FORTA y el programa con más espectadores en todo el día en Canal Sur TV.
Es un caso único en la historia de nuestro país. Un perfecto desconocido que se presenta al mundo rodeado de viejas leyendas del rock y de la canción de autor. Lo más granado de nuestro país bendiciendo su talento. La fórmula para lograrlo la explica con detalles en esta entrevista, pero puedo adelantar que no me sorprende en absoluto que algunas de las mayores glorias de nuestra música hayan querido estar en El heredero, el disco con el que JJ Fuentes toma el relevo para llevar el rock patrio a otro nivel. En tiempos de confusión, lo mejor es tenerlo claro. Y él sabe perfectamente adónde va.
Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) es una de las voces más singulares de la poesía española contemporánea. Erudito, irónico, accesible y profundamente lírico, su obra ha sabido tender puentes entre la cultura clásica y la cultura popular, entre el mundo antiguo y los cómics, entre el amor y el desencanto. Sin embargo, a pesar de su amplísima trayectoria, del reconocimiento institucional — acaba de ganar el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, también ganó el Nacional de Poesía en 2015 y fue director de la Biblioteca Nacional— y de su notable influencia en generaciones de lectores y escritores, su ingreso en la Real Academia Española ha sido vetado.
Una decisión polémica que ha generado sorpresa y cierto malestar en el mundo literario, especialmente porque parece ignorar la vitalidad de una obra que ha sabido conectar con públicos muy diversos. La RAE se lo pierde, que necesita más a Luis Alberto, que Luis Alberto a la academia. Nosotros, frente a la discriminación institucional, proponemos una manera directa y gozosa de (re)descubrirlo: a través de 3 de mis poemas favoritos. Una puerta de entrada a un universo literario que mezcla a Homero con Batman, a Eurídice con los bares de madrugada.
El desayuno. El poeta traslada su lirismo a lo cotidiano. Es uno de los grandes aciertos de su obra: tratar lo doméstico como una escena cargada de afectividad y símbolos. El poema capta la rutina con una ternura sobria, cargada de complicidad.
Me gustas cuando dices tonterías, cuando metes la pata, cuando mientes, cuando te vas de compras con tu madre y llego tarde al cine por tu culpa. Me gustas más cuando es mi cumpleaños y me cubres de besos y de tartas, o cuando eres feliz y se te nota, o cuando eres genial con una frase que lo resume todo, o cuando ríes (tu risa es una ducha en el infierno), o cuando me perdonas un olvido. Pero aún me gustas más, tanto que casi no puedo resistir lo que me gustas, cuando, llena de vida, te despiertas y lo primero que haces es decirme: «Tengo un hambre feroz esta mañana. Voy a empezar contigo el desayuno».
2. Voy a escribir un libro. Un mapa sentimental del yo a través de las mujeres que marcaron su vida, entre la idealización romántica y el humor desmitificador. Con referencias míticas y cotidianas, entre Ginebra y jeans blancos, el poeta convierte su biografía amorosa en brillante y chispeante literatura.
Voy a escribir un libro que hable de las (poquísimas) mujeres de mi vida. De mi primera novia, me enseñó el amor y las puertas secretas del cielo y del infierno; de Isabel, que se fue al país de los sueños con el pequeño Nemo, porque aquí lo pasaba fatal; de Margarita, recordando unos jeans blancos y unos lunares estratégicamente dispuestos; de Ginebra, que le dejó a Lanzarote plantado por mi culpa y fundó una familia respetable a mi costa; de Susana, que sigue tan guapa como entonces; de Macarena, un dulce que me amargó la vida dos veranos enteros; de Carmen, que era bruja y veía el futuro con ojos de muchacho; de la red que guardaba los cabellos de Paula cuando me enamoré de su melancolía; de Arancha, de Paloma, de Marta y de Teresa; de sus besos, que izaron la bandera del triunfo sobre la negra muerte, y también de su helado desdén, que recluyó tantas veces mi espíritu en la triste mazmorra de la desesperanza. Voy a escribir un libro que hable de las mujeres que han escrito mi vida.
3. Insomnio. El poeta contrapone la fugacidad de la vida —demasiado breve para comprenderla— con una noche de desvelo que se vuelve interminable. La última línea encierra toda la paradoja vital: lo efímero del vivir frente a la eternidad de una noche en vela.
La vida dura demasiado poco. No da tiempo a hacer nada. No hay manera de reunir los suficientes días para enterarte de algo. Te levantas, abrazas a tu novia, desayunas, trabajas, comes, duermes, vas al cine, y ni siquiera tienes un momento para leer a Séneca y creerte que todo tiene arreglo en este mundo. La vida es un instante. No me explico por qué esta noche no se acaba nunca.
La poesía de Luis Alberto de Cuenca no necesita solemnidades ni academias para brillar. Su fuerza está en los versos que iluminan con ironía y emoción la vida diaria, y en la manera en que ha democratizado el acceso a la poesía sin renunciar a la belleza formal ni al legado cultural. Si la RAE no quiere darle una silla, quedémonos con su obra. Ahí tiene el más preciado de los tronos.
No queda la menor duda de que el Loco es incombustible: tras concluir una exitosa gira de 30 años de transgresiones poéticas, publicar su nueva entrega de memorias (‘Paseo de gracia‘, 2025) y vender de sopetón la primera tirada de ‘Europa’, el majestuoso vinilo blanco dedicado a la obra homónima de Julio Martínez Mesanza, planea ya la que será su gira de retorno a los más puros estándares del rock and roll animal, los que le colocaron hace décadas en lo más alto de la música nacional. Y esa gira vendrá, cómo no, acompañada de un nuevo disco, esta vez de clásicos imprescindibles cantados junto a estrellas de distinto pelaje y condición.
En una época en la que las giras se anuncian por TikTok y los hits nacen en Reels, el regreso de El Último de la Fila podría sonar, para muchos jóvenes, como el de una banda sacada de una cápsula del tiempo. Como si a mí, a los 20 años, me dijeran que regresaban Los Pekenikes. Y en cierto modo, es normal.
Este mítico dúo catalán, formado por Manolo García y Quimi Portet, fue durante los años 80 y 90 una de las bandas más influyentes, haciendo pop con claras influencias del rock andaluz, y cosechando un éxito desmedido entre gente muy dispar. Se separaron en 1998, cuando muchos de los actuales oyentes de música urbana ni siquiera habían nacido. Tanto Manolo como Quimi continuaron haciendo música en solitario, y en el caso de García, con un éxito similar al que había tenido el grupo. Su primer disco fue «Arena en los bolsillos», que me pilló en primero de Periodismo y haciendo mis pinitos en varias revistas musicales. Recuerdo que cuando Manolo García pasó por Sevilla para presentar el disco, allí me planté y tras el show, muy generoso, me dijo: «Chaval, pasa conmigo al camerino y pregúntame lo que quieras». Aquello acabó a las cuatro de la madrugada y me fui a dormir con la sensación de que era una estrella enorme en el uniforme de una persona sencilla.
Ahora, más de dos décadas después, anuncian su vuelta a los escenarios con una gira que promete ser más que una simple nostalgia: una reivindicación de una forma de hacer música que ya casi no se estila.
El Último de la Fila fue una banda singular, difícil de etiquetar. Combinaban letras poéticas, a menudo crípticas, con melodías pegadizas, influencias mediterráneas, toques de rock y una sensibilidad pop muy personal. Su música fue la banda sonora de una generación que vivió la transición democrática, el desencanto juvenil y la efervescencia cultural de la Movida.
Aunque sus comienzos fueron modestos, su ascenso fue meteórico. Llegaron a llenar estadios y sus discos vendían millones de copias, algo poco habitual para una banda que nunca fue del todo “mainstream”. En 1993, la revista Billboard los reconoció como el grupo más importante del pop-rock español.
Su reunión parecía tan improbable como la de Duncan Dhu, pero torres más grandes han caído.
Cinco canciones esenciales para iniciarse en ‘El último de la fila’
Para los que no tienen ni idea de quiénes son, aquí van cinco canciones clave para descubrir (o redescubrir) su legado:
1.«Insurrección» Un himno generacional. Guitarras afiladas, letra desgarradora y una interpretación vocal que escupe rabia y belleza a partes iguales. Una de las canciones más coreadas en sus conciertos. Habrás escuchado, seguramente, la versión con Miguel Ríos, con un ritmo mucho más acertado.
2. «Aviones plateados» Una mezcla perfecta de melancolía y esperanza. Suena a carretera, a despedidas y a cielos infinitos. Es probablemente una de las letras más poéticas de su repertorio.
3. «Como un burro amarrado en la puerta del baile» Irónica, crítica y profundamente original. Esta canción es un ejemplo del estilo irreverente y reflexivo de Portet y García.
4. «Querida Milagros» Con una sencillez desconcertante, esta canción se ha convertido en una de las favoritas de los fans más acérrimos. Es una historia en miniatura, contada con sensibilidad cinematográfica. Junto a «Insurrección», mi canción favorita.
5. «Lápiz y tinta» Una canción que destaca por su belleza y la simplicidad de su mensaje, entorno a la creación y la vida cotidiana.
¿Por qué su regreso es importante?
Más allá de la nostalgia, el regreso de El Último de la Fila pone en el centro del debate la vigencia del lenguaje musical de una época pre-digital. En tiempos de canciones de 90 segundos, el dúo regresa con temas densos, complejos y cargados de mensaje. ¿Funcionarían hoy? ¿Conectarán con las nuevas generaciones o quedarán como un bonito recuerdo para los que ahora peinamos canas?
Lo que sí es seguro: cuando Manolo y Quimi suban al escenario y empiecen a sonar los acordes de «Insurrección», más de uno, incluso sin saber quiénes diablos son, va a sentir algo. Y eso ya es mucho.
Los nacidos entre 1965 y 1980 estamos siendo testigos de una transformación sin precedentes en la historia de la humanidad. Tuvimos infancia en un mundo analógico (yo jugaba a las chapas, a la lima y a innombrables juegos callejeros) y hemos madurado en un entorno digital, presenciando en pocas décadas más avances científicos y tecnológicos que los que vivieron generaciones enteras durante siglos pasados. Un campesino del siglo VIII, por ejemplo, se dormía durante 300 años, y al despertar en el siglo XI, apenas se beneficiaría de la novedad de alguna herramienta agrícola. Pero su mundo, en lo práctico, seguía siendo igual.
Johnny Cash, Nina Simone, Bob Dylan, Víctor Jara, Aretha Franklin… Todos tienen algo en común: pertenecen a ese escueto puñado de artistas rebeldes, valientes, que han sido capaces de jugarse el tipo para explorar sus propios territorios, al margen de las corrientes éticas (mucho más importantes que las estéticas) que les tocaron vivir. José Domínguez ‘El Cabrero’ pertenece a ese linaje de artistas incorregibles, como ha demostrado a lo largo de su extensa y prolífica trayectoria vital.
Agradezco a la vida haber crecido con sus cantes. Sus fandangos forman parte del sonido de mi infancia, en los infinitos olivares de Jaén. Mientras otros niños de mi edad se embelesaban con la canciones de Enrique y Ana o Parchís, a mí lo que me emocionaba de verdad era escuchar a José cantando aquello de…
Muchos prometen la luna hasta llegar al poder. Muchos prometen la luna y cuando arriban se ven no escuchan quejas ningunas y te tratan con el pie.
Dice un libro que leí que el poder da mucha fuerza. Dice un libro que leí, pero no entra en mi cabeza, que yo tenga que vivir alabando la riqueza.
Y es que José, además de sus bellísimos cantes líricos, aún por estudiar y divulgar, dedicó buena parte de su carrera a quejarse de lo mal que está hecho el mundo, y de lo injusto que es que siempre sean los mismos quienes tengan que pagar las facturas de la fiesta. Y quizás eso, lo de no quitar el dedo de la llaga, fue lo que lo apartara, durante tanto tiempo, del reconocimiento que se merecía, como ser un invitado ineludible en la Bienal de Flamenco de Sevilla u otorgársele la Medalla de Andalucía, que sí tienen otros cantaores de menos relevancia y menor tirón popular. Porque hay que recordar que a esa carrera tan audaz no le faltó nunca la bendición del público, que abarrotaba festivales para verlo a él, mucho más que incluso a otros cantaores, digamos, más ‘cool’, más ‘fresquitos’ como se decía entonces. O lo que es lo mismo: más acordes con los intereses del poder… Ir por libre, es lo que tiene. Eso ha sido así desde el principio de los tiempos.
Pero alguien tenía que venir a poner pie en pared, a no dejar que el tiempo diluyera el legado de El Cabrero. Porque sus cantes seguirán siempre ahí, sí, disponibles para la afición, pero era necesario un gran documental con la historia de José. Porque no es justo privar, a los aficionados del futuro, de su trascendental historia. De la vida de un cabrero que nunca renunció a su ganado para triunfar en los escenarios, ni colgó las botas para seguir de pasto con sus cabras. Es conmovedor saber que José, mientras escuchaba los encendidos aplausos en un abarrotado teatro de París, en lo que pensaba era en dónde llevar a comer a su rebaño a la mañana siguiente.
Pues ese imprescindible documental se llama Mi patria es la libertad, y está producido y dirigido por Joaquín Mimbrero de Culturas Indómitas, y cuenta con el guion de quien mejor conoce los entresijos de la vida y la carrera del cantaor, su pareja Elena Bermúdez, compañera infatigable durante los últimos 50 años. Nadie mejor que ella podría elegir los pasajes y los cantes más relevantes de José.
SINOPSIS
Mi patria es la libertad es el retrato de un artista que trascendió su arte, de un icono imperecedero, de rabiosa actualidad. La historia de una las carreras artísticas más fulgurantes y atípicas de un cantaor flamenco clásico y rotundo en sus convicciones. Es imposible separar lo que canta de lo que es y viceversa.
La suya no solo era, y es, una voz necesaria porque lo que reclama es una vida justa y humana, sino que, además, su integridad y honestidad se mantuvo impoluta, negándose a servir de altavoz de otros intereses o rechazando reconocimientos con los que pretendían comprarle.
Tan grande era su figura que no es de extrañar que ahora se le eche de menos en mil sitios: en la dehesa y en la trinchera, en el auditorio, en las convicciones y en el alma. Es el grito del pueblo.
INTERVIENEN
Además de familiares y amigos, que cuentan las anécdotas más interesantes y desconocidas de José, aparecen otros artistas como Paco Ibáñez, periodistas como Pilar del Río o Antonio Ortega, escritores como Javier Salvago o flamencólogos como Manuel Martín Martín. En el plantel de participantes, tengo el gusto de hacer mi modesta aportación sobre una familia que no solo forma parte de mi identidad sentimental, sino que además he tenido la suerte de conocer bien a lo largo de mis años en televisión.
DÓNDE VER EL DOCUMENTAL
Por estricta coherencia con lo que ha supuesto José a lo largo de su vida, el proyecto nació con la intención de ser difundido en abierto y de forma gratuita, por lo que está disponible en este enlace de Youtube, donde en apenas 4 días ya roza las 25.000 reproducciones. Su público, repartido por el mundo, anhelaba este documental sobre uno de los más grandes cantaores en la historia del flamenco. Pero atención, porque no será el único.