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‘Beethoven’: el gran precursor del rock cordobés

Publicado el 09 marzo 2026 por manuguerrero

Cuando se habla de música, casi siempre se pone el foco en los nombres que aparecen en los grandes carteles, en los artistas que suenan en la radio o que llenan estadios. La historia oficial suele escribirse desde el éxito, desde la popularidad, desde la visibilidad. Pero conviene recordar que el éxito es una cosa… y el talento, otra muy distinta. A lo largo de los años ha habido músicos extraordinarios que, por circunstancias diversas, no alcanzaron la repercusión que merecían, y eso no los hace menos importantes. Muy al contrario: en muchos casos son ellos los que sostienen la verdadera historia de la música.

También olvidamos con demasiada facilidad que no todos los artistas han jugado con las mismas cartas. Durante décadas, vivir en ciudades como Madrid significaba tener más cerca los estudios, las discográficas y, sobre todo, los medios de comunicación, que al final son quienes deciden —no siempre con justicia— quién sube y quién se queda en el camino. Desde provincias, desde ciudades alejadas del foco mediático, el talento ha tenido que abrirse paso con mucho más esfuerzo y, a menudo, con mucho menos reconocimiento.

Hace ya unos años tuve la suerte de conocer a uno de esos músicos de raza, de los que entienden la música como una forma de vida. Tanto es así que también su pareja e hijos viven o han vivido de la música. Se llama José Santiago, aunque todo el mundo lo conoce como “Beethoven”. En Córdoba, hablar de Beethoven es hablar de los orígenes del rock en la ciudad. Fue uno de los primeros en apostar por este estilo cuando aún era casi una rareza por aquí, y estuvo al frente de algunos de los grupos más importantes de aquella primera época: Las Manos, Los Califas, Los Difíciles, Trinidad o Flor y Nata, nombres que forman parte de la memoria musical cordobesa aunque no siempre aparezcan en los libros de historia.

Hace unas semanas, Beethoven me regaló una pequeña joya: un mini-LP de lo que fue su proyecto más ambicioso, La Banda Sureña. Hoy el nombre es conocido en toda España por su trayectoria como orquesta, respetada y veterana, con miles de actuaciones en nuestro país. Pero lo que mucha gente no sabe es que, en sus comienzos, La Banda Sureña fue un grupo que hacía canciones propias. Y canciones muy buenas.

En aquel disco aparecían “No te puedo comprender”, “Amanece” y “Crisis”, tres temas publicados en 1983 que, escuchados hoy, sorprenden por su calidad. No exagero si digo que tenían talento de sobra para haberse convertido en grandes éxitos en su momento. Musicalmente estaban por encima de muchas canciones que sonaban entonces en plena Movida madrileña, una época en la que triunfaron artistas con mucha imagen y no siempre con las mismas aptitudes. En el caso de La Banda Sureña ocurría justo lo contrario: lo que les sobraba era precisamente eso, aptitudes. Compositivas, musicales y vocales.


En aquella formación estaban el propio Beethoven a la guitarra y voz, junto a Kino Carrasco, Paco L. Arribas, Antonio F. Arcos y Ricardo F. Quijada, músicos que demostraban en cada tema que había madera de sobra para haber llegado muy lejos.

Con el tiempo, La Banda Sureña tomó el camino de las versiones, y hay que decir que lo hizo con enorme éxito. Pocos grupos pueden presumir de una trayectoria tan larga y tan respetada. Aun así, siempre me queda la duda de hasta dónde habrían llegado si hubieran seguido apostando por el repertorio propio. Porque talento no les faltaba. Ni mucho menos.

Pero si hay algo que hace especialmente admirable a Beethoven no es solo su faceta como músico, sino su empeño en que no se pierda la memoria del rock cordobés. Hace unos años publicó un libro en el que recopiló toda la información que pudo reunir sobre los grupos que han existido en la ciudad, un trabajo enorme que demuestra que aquí hubo mucho más movimiento del que muchos imaginan. Al recorrer esas páginas uno se da cuenta de que Medina Azahara ha sido la banda con mayor proyección internacional, sí, pero también de que hubo decenas de grupos con calidad suficiente para haber llegado muy lejos si hubieran tenido un poco más de suerte, un poco más de apoyo o un poco más de visibilidad.

Por eso, cuando pienso en Beethoven, no lo veo solo como un músico veterano que se pegó décadas enteras encima de un escenario, sino como uno de esos pioneros que abrieron camino cuando todo estaba por hacer. Alguien que creyó en el rock en Córdoba antes de que fuera fácil creer en él. Y quizá por eso es de justicia llamarlo el gran precursor del rock cordobés. Porque hay historias que no salen en los grandes titulares, pero sin ellas la música no sería igual.

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