
Hoy tenía concertada una entrevista con Antonio Orozco para un documental del que pronto podré contar detalles. Ha sido uno de esos reencuentros que dejan huella: verlo feliz, tranquilo, en armonía y profundamente ilusionado con su nueva gira, La gira de tu vida, confirma que hay trayectorias que no solo resisten el paso del tiempo, sino que se fortalecen con él.
Digo reencuentro porque la primera vez que lo vi fue a comienzos de 2001. Acababa de lanzar su primer disco y su entonces mánager, Sergi, me había hablado de él. Yo, casi por casualidad, había escuchado “Locura de amor” en el gimnasio y supe al instante que aquello tenía algo especial. Concertamos una actuación en directo para el programa en el que trabajaba, en Canal 2 Andalucía. Eran otros tiempos: podías invitar a artistas que te gustaban, entrevistarlos sin prisa y, además, disfrutar de su música en vivo y en directo. Sin mucha tontería.
Antes de entrar a plató, en ese espacio informal que crea una barra con tirador de cerveza, mientras afinaba su guitarra, le propuse una idea: hacer una parodia de ese programa que por entonces arrasaba en televisión. No hace falta decir cuál. Él llevaba años componiendo y tocando en bares de Cataluña sin alcanzar aún la popularidad que merecía, mientras otros saltaban a la fama de la noche a la mañana interpretando canciones ajenas. “Por supuesto, me parece muy buena idea ¿qué quieres hacer?”, me respondió sin dudar.
-«Yo quiero aprender a cantar, y tú me enseñas en un momento».
-«¿Te parece bien ‘Locura de amor’?», me preguntó.
Con el descaro de tener 21 años y la tranquilidad de saber que a esas horas tus padres y amigos ya dormían, protagonizé probablemente la peor interpretación de la historia de cualquier canción. Pero de eso se trataba: de reírnos, de cuestionar formatos, de jugar con la música. Y lo conseguimos. Fue un momento tan absurdo como entrañable. El público se partía de la risa.

Esta mañana, antes de empezar la entrevista, le enseñé aquella foto sin previo aviso. La observó con atención, amplió detalles con los dedos, se detuvo en nuestras caras, levantó la mirada y dijo, sorprendido: “1001 Noches, me acuerdo perfectamente”. Solo han pasado 25 años, pero en realidad ha pasado toda una vida. “No sabes lo que me alegro de todo lo que has conseguido”, le dije. Porque cuando nos hicimos aquella foto, él era apenas una promesa. Hoy es una de las voces más respetadas de la canción de autor.
Escucharle sigue siendo una experiencia profundamente emocional. Hay artistas que cantan, y hay artistas que te atraviesan. Él pertenece, sin duda, a los segundos.
Me ha alegrado —mucho— haber seguido de cerca su camino: su crecimiento imparable, su talento inagotable y esa fidelidad a lo que le trajo hasta aquí. Incluso a esa música que, siendo niño, le marcó para siempre. Pero de eso, de momento, prefiero no adelantar nada. Pronto habrá más pistas.

