Archivado en | Artes, Destacados

3 poemas geniales para descubrir a De Cuenca

Publicado el 04 junio 2025 por manuguerrero

Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) es una de las voces más singulares de la poesía española contemporánea. Erudito, irónico, accesible y profundamente lírico, su obra ha sabido tender puentes entre la cultura clásica y la cultura popular, entre el mundo antiguo y los cómics, entre el amor y el desencanto. Sin embargo, a pesar de su amplísima trayectoria, del reconocimiento institucional — acaba de ganar el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, también ganó el Nacional de Poesía en 2015 y fue director de la Biblioteca Nacional— y de su notable influencia en generaciones de lectores y escritores, su ingreso en la Real Academia Española ha sido vetado.

Una decisión polémica que ha generado sorpresa y cierto malestar en el mundo literario, especialmente porque parece ignorar la vitalidad de una obra que ha sabido conectar con públicos muy diversos. La RAE se lo pierde, que necesita más a Luis Alberto, que Luis Alberto a la academia. Nosotros, frente a la discriminación institucional, proponemos una manera directa y gozosa de (re)descubrirlo: a través de 3 de mis poemas favoritos. Una puerta de entrada a un universo literario que mezcla a Homero con Batman, a Eurídice con los bares de madrugada.

  1. El desayuno. El poeta traslada su lirismo a lo cotidiano. Es uno de los grandes aciertos de su obra: tratar lo doméstico como una escena cargada de afectividad y símbolos. El poema capta la rutina con una ternura sobria, cargada de complicidad.

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

2. Voy a escribir un libro. Un mapa sentimental del yo a través de las mujeres que marcaron su vida, entre la idealización romántica y el humor desmitificador. Con referencias míticas y cotidianas, entre Ginebra y jeans blancos, el poeta convierte su biografía amorosa en brillante y chispeante literatura.

Voy a escribir un libro que hable de las (poquísimas)
mujeres de mi vida. De mi primera novia,
me enseñó el amor y las puertas secretas
del cielo y del infierno; de Isabel, que se fue
al país de los sueños con el pequeño Nemo,
porque aquí lo pasaba fatal; de Margarita,
recordando unos jeans blancos y unos lunares
estratégicamente dispuestos; de Ginebra,
que le dejó a Lanzarote plantado por mi culpa
y fundó una familia respetable a mi costa;
de Susana, que sigue tan guapa como entonces;
de Macarena, un dulce que me amargó la vida
dos veranos enteros; de Carmen, que era bruja
y veía el futuro con ojos de muchacho;
de la red que guardaba los cabellos de Paula
cuando me enamoré de su melancolía;
de Arancha, de Paloma, de Marta y de Teresa;
de sus besos, que izaron la bandera del triunfo
sobre la negra muerte, y también de su helado
desdén, que recluyó tantas veces mi espíritu
en la triste mazmorra de la desesperanza.
Voy a escribir un libro que hable de las mujeres
que han escrito mi vida.

3. Insomnio. El poeta contrapone la fugacidad de la vida —demasiado breve para comprenderla— con una noche de desvelo que se vuelve interminable. La última línea encierra toda la paradoja vital: lo efímero del vivir frente a la eternidad de una noche en vela.

La vida dura demasiado poco.
No da tiempo a hacer nada. No hay manera
de reunir los suficientes días
para enterarte de algo. Te levantas,
abrazas a tu novia, desayunas,
trabajas, comes, duermes, vas al cine,
y ni siquiera tienes un momento
para leer a Séneca y creerte
que todo tiene arreglo en este mundo.
La vida es un instante. No me explico
por qué esta noche no se acaba nunca.

La poesía de Luis Alberto de Cuenca no necesita solemnidades ni academias para brillar. Su fuerza está en los versos que iluminan con ironía y emoción la vida diaria, y en la manera en que ha democratizado el acceso a la poesía sin renunciar a la belleza formal ni al legado cultural. Si la RAE no quiere darle una silla, quedémonos con su obra. Ahí tiene el más preciado de los tronos.

Si te interesa, puedes leer aquí la extensa entrevista que hicimos a Luis Alberto de Cuenca para esta web.

Responder

Social Widgets powered by AB-WebLog.com.