
Hoy he llegado a la oficina y me la he encontrado así, desmantelada.
Hay algo extraño en ver un lugar que durante tantos años fue una segunda casa reducido a paredes, mesas movidas y silencios. Como si de pronto alguien hubiera retirado el decorado y, al hacerlo, nos hubiera dejado desnudos. Y no he podido evitar recordar. Casi todo bueno.
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