La lealtad siempre ha sido uno de mis valores predilectos. No es algo que haya aprendido con los años ni una cualidad que haya decidido adoptar en la madurez. Tengo la sensación de que me acompaña desde que tengo uso de razón, como una especie de brújula interior que, en los momentos difíciles, marca el camino incluso cuando ese camino no es el más cómodo ni el más rentable.
Cuando se habla de música, casi siempre se pone el foco en los nombres que aparecen en los grandes carteles, en los artistas que suenan en la radio o que llenan estadios. La historia oficial suele escribirse desde el éxito, desde la popularidad, desde la visibilidad. Pero conviene recordar que el éxito es una cosa… y el talento, otra muy distinta. A lo largo de los años ha habido músicos extraordinarios que, por circunstancias diversas, no alcanzaron la repercusión que merecían, y eso no los hace menos importantes. Muy al contrario: en muchos casos son ellos los que sostienen la verdadera historia de la música.
En el cuarto de siglo largo que llevo trabajando en televisión, pocos proyectos me habían suscitado, a priori, menos interés que el último en el que he estado trabajando estos meses de atrás, “Mujeres en el olvido”. Y no por su temática, ni mucho menos. Al contrario. El problema era otro: ¿cómo contar en imágenes la historia de ocho mujeres que, como su propio nombre indica, han sido olvidadas? ¿Cómo construir un relato audiovisual cuando apenas quedan testimonios de quienes las conocieron y cuando, en muchos casos, ni siquiera disponemos de fotografías o imágenes de archivo?
Hay artistas a los que uno sigue por gusto. Y hay otros a los que uno sigue también por afecto, por historia compartida, por la sensación de haber estado mirando su camino desde muy cerca durante años. En mi caso, eso me ocurre con Javier Estévez. Conozco a Javi desde hace más de dos décadas, desde aquellos tiempos en los que formaba parte de Estirpe, y desde entonces he seguido su evolución con una mezcla de admiración, curiosidad y alegría sincera por cada paso que da. Ahora regresa con un nuevo adelanto de Subtónica, “Jueces en Berlín”, última ventana abierta a su próximo disco, Salvarnos. Y sí: es un temazo.
Hay expresiones que atraviesan el tiempo y se convierten en brújula moral. “Estar en el lado correcto de la Historia” es una de ellas. No es una consigna partidista ni un eslogan oportunista —o no debería serlo—, sino una afirmación ética que apela a algo más profundo: la convicción de que, con el paso de los años, la justicia acaba imponiendo su criterio sobre la fuerza, y la dignidad humana sobre la barbarie.
Me encanta que se reconozca el trabajo bien hecho de periodistas ejemplares, cada uno en su ámbito. En un tiempo en el que el rigor, la vocación y la honestidad son más necesarios que nunca, celebrar trayectorias sólidas y comprometidas es también una forma de reivindicar el buen periodismo. Por eso aplaudo las menciones especiales concedidas por la Asociación de la Prensa de Sevilla a José Luis Losa, Inma Carretero y Marina Bernal.
En las últimas semanas hemos sido testigos de una escalada de intervenciones directas de Estados Unidos contra líderes de otros países que deberían hacernos reflexionar profundamente sobre el rumbo de la política internacional. Bajo la presidencia de Donald Trump, en lo que ya se perfila como un segundo mandato marcado por el uso desmedido de la fuerza, Estados Unidos ha ido más allá de sanciones o presiones políticas: ha detenido y extraditado al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y ha participado activamente en la muerte de Alí Jameneí, el líder supremo de Irán.