En 2005, en pleno torbellino de la piratería digital y con un panorama musical dominado por las radiofórmulas y la precariedad de los espacios especializados en rock, la banda cordobesa Estirpe lanzó un disco que, con el tiempo, se revelaría como una obra mayor: Inventarse el mundo.
El próximo jueves, el Ayuntamiento de Córdoba concederá a Medina Azahara la Medalla al Mérito de la Ciudad, un reconocimiento tan merecido como esperado. Y es que pocas veces un grupo musical ha sabido llevar el nombre, los valores y la historia de su tierra con tanto orgullo y fidelidad, y al mismo tiempo alcanzar un éxito tan amplio y duradero.
Asistimos a un fenómeno preocupante: la erosión progresiva de la democracia, esa que se cimenta en instituciones fuertes, contrapesos de poder y respeto por los derechos fundamentales. Entre las causas más alarmantes figura el ascenso de líderes populistas y autoritarios como Vladimir Putin y Donald Trump, cuyos estilos de gobernar amenazan convertir la democracia en una sombra de lo que fue. Este nuevo mal podría llamarse “demodura” —una deflación deliberada y calculada de la democracia—. Una dictadura con apariencia democrática.
Hace exactamente un año decidí retomar el kéfir de leche en mi dieta diaria. Lo hice porque en su día me había ido muy bien, pero tras morir los nódulos en un largo verano, no encontré a nadie que pudiera donarme. En aquella ocasión, sin embargo, no fui tan regular como esta vez, por eso, tras 12 meses de consumo constante, quiero compartir mi experiencia y las conclusiones a las que he llegado.