
En 2005, en pleno torbellino de la piratería digital y con un panorama musical dominado por las radiofórmulas y la precariedad de los espacios especializados en rock, la banda cordobesa Estirpe lanzó un disco que, con el tiempo, se revelaría como una obra mayor: Inventarse el mundo.
Dos décadas después, aquel álbum no solo ha resistido el paso del tiempo, sino que se ha consolidado como un referente imprescindible en la historia del rock español. Lo que en su día fue recibido con discreción —ahogado por las circunstancias de una industria en crisis— hoy brilla como un testimonio de talento, ambición artística y honestidad. Algunos sí nos dimos cuenta desde el principio. Yo personalmente los llevé al programa en el que trabajaba, M1N de Canal 2 Andalucía, donde presentaron el disco en directo (con su respectiva entrevista con Las Niñas) dejando para el archivo de la televisión andaluza un tesoro de inmenso valor.
Un disco adelantado a su tiempo
Inventarse el mundo mostró a Estirpe en estado de gracia. Con un sonido que navegaba entre la contundencia del rock alternativo, la riqueza melódica y una producción de gran calidad, el disco reflejaba la madurez de una banda que ya había demostrado ser mucho más que una promesa. Canciones intensas, letras cargadas de emoción y un pulso creativo que se notaba en cada arreglo situaban al álbum en una liga propia.
En un momento en que el mercado discográfico español parecía más preocupado por sobrevivir a la copia ilegal de CDs y al incipiente intercambio de archivos, Estirpe optó por la vía más difícil: la de la autenticidad. Y ese riesgo, que en su momento les restó visibilidad, es el que hoy engrandece su legado.
El corazón de Estirpe
Hablar de Inventarse el mundo es también hablar de Mart, su carismático vocalista y compositor. Con una voz inconfundible y una capacidad expresiva poco común, Mart supo dotar de profundidad a cada verso y de intensidad a cada interpretación. Su pérdida, a causa de un cáncer en 2021, convirtió el disco en una obra aún más cargada de significado: la huella imborrable de un artista que dio todo en cada canción. Quienes le conocimos, nunca olvidaremos la pasión con la que enfrentaba cualquier paso de su carrera.
Pero el mérito no fue solo suyo. Los músicos que acompañaron a Mart en Estirpe —compañeros de viaje, de giras y de estudio— construyeron una sonoridad rica y poderosa que cimentó el estatus de culto del álbum. La cohesión entre composición, ejecución e interpretación es una de las claves de que el disco haya envejecido de forma impecable. Javier Estévez, baterista, alma y principal letrista de la banda, ha seguido desarrollando su talento en proyectos muy diversos, como el actual Subtónica.
De incomprendido a obra de culto
En su día, Inventarse el mundo pasó inadvertido para gran parte del público generalista. La falta de apoyo mediático y el desdén de las grandes plataformas condenaron al álbum a un cierto ostracismo comercial. Sin embargo, los seguidores de Estirpe siempre lo consideraron una joya, un disco sin fisuras, que pedía ser escuchado de principio a fin.
Con el paso del tiempo, críticos y aficionados han revisitado la obra y muchos coinciden en señalarla entre los mejores discos de rock en español de todos los tiempos. Esa reivindicación tardía confirma lo que sus seguidores ya sabían: que Inventarse el mundo no era un álbum más, sino una declaración de principios, un universo propio al que entrar sin miedo y del que uno sale transformado.
Un legado vivo
Hoy, veinte años después, Inventarse el mundo se escucha con la misma frescura y la misma potencia emocional que en 2005. Es, quizás, el mejor ejemplo de cómo una obra sincera y bien construida termina trascendiendo las modas y las circunstancias de la industria.
Más que un disco, es un testimonio de resistencia, de creatividad y de pasión por la música. Y sobre todo, es un recordatorio de la voz de Mart y del talento de Estirpe, que supieron inventarse —y regalarnos— un mundo que todavía sigue vivo.

