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Generación Esperanza

Publicado el 02 julio 2012 por manuguerrero

Porcel era un defensa infranqueable. Antonio era el amo de la banda. Diego y Juan, los gemelos, corrían como liebres y era imposible robarles el balón. Raúl metía goles con su especialidad: la bomba. Amores era un delantero al estilo Laudrup pero celebraba los goles con las mismas chilenas que Hugo Sánchez y Marco era, además de un portero imbatible, quien ponía orden en cualquier disputa infantil, era el pacificador.

Son los recuerdos que tengo de mi época en el colegio. El tiempo que dedicábamos a jugar a fútbol. No solo durante la educación física, sino también en el recreo, en las horas muertas y cuando faltaba un maestro y lográbamos convencer a quien venía a sustituirle de que otra clase nos había pedido un partido y que por su negativa todo el mundo iba a quedarse esperando.

Hablo de finales de los años 80. Ahora, 20 años después hemos sabido que por aquel entonces, en otros colegios como el mío, se dedicaba a lo mismo la mejor generación de fútbol de toda la Historia de este país. La que acaba de lograr la tercera corona (dos Eurocopas seguidas y un Mundial), algo que no había logrado nadie hasta ahora. Motivo suficiente para que todos podamos sentirnos orgullosos. Si al fútbol le hemos dedicado tanto esfuerzo y tanta dedicación, es lógico que ahora nos alegremos de obtener la debida recompensa.

Los chicos de Del Bosque nos han dado una lección magistral. Y no solo de fútbol. Es cierto que a día de hoy y en partido oficial nadie es capaz de ganarles. Incluso la temible Italia ha quedado reducida a la nada en el decisivo partido final. Pero lo importante, al menos para mí, es el concepto y la idea que trasladan al resto del mundo: los mejores resultados se logran formando un equipo compacto. Fíjense: en nuestra selección no hay nadie por encima de los demás. Es verdad que Casillas posiblemente sea el mejor portero del mundo, pero al margen de eso, en cualquier otro lugar podrán recriminarnos no tener en nuestras filas un Messi, un Ronaldo, un Balotelli. Pero ¿lo necesitamos? Tenemos la mejor defensa del mundo, el mejor mediocampo y un conjunto que igual defiende, juega a estrategia definida o ataca al unus pro omnibus, omnes pro uno. Los defensas meten goles, los delanteros ayudan a la tarea de Casillas. Forman, como dicen los comentaristas, un equipo solidario.

Nunca antes habíamos tenido un equipo tan elegante. Huyen de la farámbula, de las palabras malsonantes, de los gritos, de la mala educación, del egoísmo. No buscan titulares en la prensa. Son los titulares los que se pierden por incluirlos entre sus líneas. Se dedican a jugar al fútbol y asumen el triunfo con la misma naturalidad del que solo pasaba por allí. Su conducta es, desde cualquier punto de vista, realmente admirable. Irreprochable.

Pero solo basta tirar de la enciclopedia para darse cuenta de que no se trata de un grupo escogido de iluminados. Se trata de una generación deslumbrante a la que también pertenecen la selección nacional de baloncesto, la de hockey, waterpolo, motociclismo o tenis, por no seguir con una lista interminable. Es la generación que ahora tiene entre 25 y 35 años, la mejor formada de toda la Historia de España, la que también destaca en activismo social, en organizaciones no gubernamentales, en periodismo, en cine, en investigación y, ojo, la que poco a poco va asumiendo responsabilidades en la empresa privada, y eso sí que puede suponer una verdadera revolución social.

Pensemos que hoy estamos en manos de otra generación muy anterior, educada con parámetros del franquismo y con unos objetivos vitales que llevan varias décadas caducados. Hablo de esa gente que nos está llevando a la ruina desde la política, la banca, las finanzas e incluso la moral. La gente que realmente decide hoy día tiene más de 50 años. Es solo cuestión de fijarse en los rostros que salen en el telediario. Y lo peor es que detrás de ellos existen inductores con más poder pero con las mismas arrugas en el alma. Es cierto que la experiencia es un grado, que la madurez merece un respeto, pero por favor, reneguemos ya de una vez por todas de todo este perverso grupo de listillos que está haciendo del mundo un lugar inhabitable. Es momento de ceder el testigo del cambio a quienes vienen con los bolsillos repletos de palabras y conductas admirables: Equipo, Responsabilidad, Educación, Elegancia, Compromiso, Ecología, Deber, Libertad.

Yo estoy convencido de que detrás de estos triunfos deportivos existe una generación diferente que puede cambiar radicalmente la gestión pública y privada. Aunque temo, todo hay que decirlo, que si no se detiene la sangría emigrante, serán otros quienes se beneficien de ella. Y eso sí que sería perder un partido importante.

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