Archivo | Pensamientos

Sin padres

Publicado el 30 enero 2013 por manuguerrero

El periodista, profesor y poeta -y, a pesar de todo, amigo- José Domingo Mora me menciona en uno de sus artículos periodísticos publicados en El Periódico de Huelva, lo cual afea un poquito su (maravilloso) estilo narrativo pero engorda, de rebote, mi incalculable aprecio por él. Gracias, hermano.

Puedes leer el artículo completo en su blog o echarle un ojo a  “Generación Esperanza”, el texto al que se refiere, publicado originalmente en esta web.

 

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El público merece otra atención

Publicado el 08 enero 2013 por manuguerrero

 

Decía Mahatma Gandi que las tres cuartas partes de la miseria y los malos entendidos en el mundo se resolverían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista. De ahí su famosa frase: “Camina tres lunas con mis zapatos”. Me acordé de ella esta mañana, en una de esas situaciones cotidianas que tanto me llaman la atención.

Ocurrió en una oficina de Correos donde una señora (calculo que de unos 65 años) se dispuso a pagar una multa.

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¡Huy!

Publicado el 10 octubre 2012 por manuguerrero


¡Huy!, de John Lanchester.

Tengo un serio problema con los libros prestados. Existe junto a mi casa una estupenda biblioteca adonde voy cada cierto tiempo y donde me topo siempre con la misma contrariedad. No faltan títulos que me interesen y, además, sus responsables (un matrimonio muy amable y profesional) rara vez no se ofrecen a comprar cualquier libro que se pueda necesitar. El caso es que después de ojearlos me los traigo a casa y siempre acabo diciéndome lo mismo: ¿Y ahora qué hago con ellos?

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No es cuestión de talento

Publicado el 05 octubre 2012 por manuguerrero

Gestión del talento

Eran las nueve menos cuarto y tomaba el segundo café de la mañana. Un bar cualquiera en un barrio obrero de Sevilla. Los clienten entran, desayunan, y con un pie ya en la calle piden al camarero: “Apúntalo en mi cuenta”. Y se marchan. Fuera, el bullicio.  Trato de captar todo lo que ocurre a mi alrededor porque es la primera vez que entro en ese lugar. De repente, una noticia del periódico capta toda mi atención: “Ni sé de qué es el trabajo, pero qué más da ahora”, dice el titular. Entre los subtítulos: “Miles de personas hacen cola ante una oficina de empleo temporal de Getafe para 150 plazas”. “Un sorteo determinará los 1.250 finalistas para los empleos en una fábrica”. Atónito. Me quedo atónito.

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¿Es posible Europa?

Publicado el 12 julio 2012 por manuguerrero

Mi anciana abuela -cumple 90 el mes que viene- está convencida de no morirse sin vivir Otra. Mi anciana abuela, a pesar de su edad, tiene la cabeza en su sitio, se levanta y acuesta con la radio y cada vez que un periódico cae en sus manos -algo que ocurre muy a menudo- se lo lee de cabo a rabo presumiendo de saber leer porque aprendió, dice, en un “buen colegio de monjas”, algo muy atípico (lo de saber leer, no lo de ir a un colegio de monjas) para las dos o tres generaciones posteriores a la suya.

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Generación Esperanza

Publicado el 02 julio 2012 por manuguerrero

Porcel era un defensa infranqueable. Antonio era el amo de la banda. Diego y Juan, los gemelos, corrían como liebres y era imposible robarles el balón. Raúl metía goles con su especialidad: la bomba. Amores era un delantero al estilo Laudrup pero celebraba los goles con las mismas chilenas que Hugo Sánchez y Marco era, además de un portero imbatible, quien ponía orden en cualquier disputa infantil, era el pacificador.

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Ya es primavera, y eso gusta

Publicado el 05 marzo 2012 por manuguerrero

Me alegra comprobar que esta fotografía, que compartí hace unos días vía Facebook con todos mis amigos, ha recibido decenas de aprobaciones a modo de “me gusta”, esa clasificación que a veces nos obliga a marcar esos comentarios o noticias que realmente despiertan en nosotros auténtica reprobación, porque a este red social aún no se le ha ocurrido una posible etiqueta de “Lo detesto”, “Lo denuncio” o similar, vaya que al final, lo extaño sea estar de acuerdo y montemos, por lo más insignificante, una verdadera revolución. A esta gente igual no le gusta que la maquinita sirva para señalar con el dedo, aunque visto lo visto…

Pero no quiero desviarme. Lo que venía a decir es que siento verdadera satisfacción que podamos ilusionarnos, después de este invierno atípico y frío (no lo digo solo por las bajas temperaturas) con la llegada de los primeros brotes de la primavera, que vienen a recordarnos lo que hemos llegado a olvidar: que por aquí o por allá la vida vuelve a resurgir, como gas que logra escapar por alguna rejilla cuando parece que el único destino posible es la explosión.

La primavera viene a salvarnos otro año más.

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Casualidades

Publicado el 05 enero 2012 por manuguerrero

No soy ni mucho menos aficionado al Puente de Brooklyn y es, por tanto, pura coincidencia que esta semana hayan llegado a mis manos dos libros deliciosos con una portada similar: un tipo en primer término con el gran puente de Nueva York al fondo.

El primero es El crack-up de Scott Fitzgerald, en una edición de Bruguera de 1984, prestado por una biblioteca pública (excelente servicio, por cierto, el de las bibliotecas públicas de Andalucía). Se trata de una demoledora crónica  del despertar (con resaca) del “sueño americano”, rescatada por su amigo Edmund Wilson -el crítico literario norteamericano más influyente del siglo XX-, poco después de que el autor muriera en 1940. El libro es lo más cercano a una autobiografía que se pueda leer sobre el de Minnesota, y reúne ensayos de sorprendente candidez, ejercicios de estilo, observaciones literarias y, sobre todo, la crónica de una desesperación, ya que fue escrito entre 1931 y 1937, justo después de que Estados Unidos se precipitara hacia su abismo particular.

El otro, el otro es nada menos que el bautismo literario de mi gran amigo Manuel Ruiz Rico, periodista y compañero de generación, que acaba de publicar El robinson en Nueva York, un estudio sobre el periodismo y la literatura de Antonio Muñoz Molina, uno de los escritores españoles fundamentales de nuestra época.

No he hecho más que empezar a leerlo y las primeras sensaciones están siendo gratísimas, muy en sintonía con lo que mejor conozco de él, sus ya famosas conversaciones: “Manuel es una persona de verbo fácil y profundo. La palabra es su alimento. Si no habla, es como si le faltara el oxígeno. Es un conversador nato, y además de plática agradable, capaz de tocar todos los palos del saber, pasa de unos registros a otros sin apenas transición. Produce envidia verlo manejar el lenguaje”, totalmente de acuerdo con la acertada descripción del maestro Ramos en el prólogo del libro.

El robinson en Nueva York se convertirá pronto, por su rigor y agradable lectura, en una obra fundamental para los futuros estudiosos del gran ubetense (a quien en mi tierra queremos tanto por su reeditada Córdoba de los Omeyas), una obra esencial para los manuales de Literatura Española, un relajante ejercicio de entretenimiento que va de Jaén a Nueva York, haciendo parada obligatoria en la imprescindible Granada. Y todo eso se lo tendremos que contar sus  conocidos desde aquí, desde España, ya que él vive ahora refugiado y por amor en Addis Adeba, víctima también de la precaria situación del periodismo en nuestro país, que no atrapa con fuerza a valores tan pujantes y seguros como el de su pluma y su cabeza, porque Manuel es sin duda un privilegio para esta dichosa y desagradecida profesión.

Amigos, ya conocíamos su tarea de gran periodista en El Correo de Andalucía… ahora lo vemos nacer como gran escritor, que es prácticamente lo mismo, pero parece que viste más.

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El político soy yo

Publicado el 08 noviembre 2011 por manuguerrero

Estos días todo el mundo habla de las elecciones. Es lógico y natural, quedan menos de dos semanas para elegir al nuevo presidente y la situación económica y social de nuestro país –España- es totalmente desastrosa. Varios datos lo dicen todo: cinco millones de personas sin empleo y más de un millón de familias sin ingreso alguno en su hogar. No digo nada nuevo y no quiero, una vez más, redundar en lo que todos conocemos: que estamos metidos en un auténtico atolladero. Porque creo que lo que debe ahora preocuparnos seriamente es cómo salir de este laberinto.
Tengo la impresión de que todos tenemos en la cabeza algunas ideas de cómo salir de esta profunda crisis, pero que, en cambio, nadie mueve un pie para dar el primer paso. ¿Por qué? Achacamos única y exclusivamente al Gobierno la responsabilidad de sacarnos de aquí. Pero ¿estamos equivocados? Posiblemente sí. Me explico. Decía Bernard Shaw que “la democracia es un sistema político que asegura que el pueblo nunca tiene un gobierno mejor del que merece”, lo que nos lleva a deducir que solo tendremos un gobierno mejor cuando nosotros seamos unos mejores ciudadanos, y cuando sepamos adoptar las decisiones acertadas.
Yo, ahora que llega el fin de un año y el consiguiente comienzo de otro, les invito a reflexionar sobre qué hacemos cada uno de nosotros para mejorar la situación general de nuestros vecinos, especialmente de aquellos que lo están pasando mal o francamental mal, que por desgracia son demasiados. Por supuesto, no les estoy pidiendo que hagan una generosa donación a un amigo en apuros –algo que él les agradecerá, por supuesto- sino que tengan conciencia de inversores cada vez que piensan ser solo consumidores. Porque los pequeños gestos, cuando se contagian y se normalizan, pueden cambiar el orden de las cosas. Entenderán que no es lo mismo comprar un kilo de naranjas en una multinacional que comprarlo en la frutería de la esquina. Nuestro dinero no acaba igual de repartido (ni beneficia a los mismos) si nos hacemos con un libro en la librería de nuestro barrio que si lo compramos en El Corte Inglés. O un bolso de un artesano local frente al que podemos encontrar en un bazar asiático. Efectivamente, pensarán que en algunos casos hay unos euros de diferencia (lo sorprendente es que no siempre es así, o incluso que el autóctono es más barato), pero ahí lo que les decía de su rol como inversores. ¿Prefieren invertir en las oscuras fábricas de la periferia de Pekín –donde no se respetan los derechos humanos y donde cada vez más trabajadores se suicidan porque no soportan unas condiciones laborales de semiesclavitud- que en la industria local, donde existen unos horarios conveniados, unas pautas de igualdad y unas condiciones mínimas de higiene y seguridad? Y ojo, que no hablo de autosuficiencia, pero sí de mirar con lupa dónde guardamos o gastamos nuestro capital. ¿Realmente piensan que es lo mismo “invertir” en Brasil que en China? ¿Piensan de veras que el dinero “malgastado” no vendrá jamás de vuelta en forma de pobreza o de recortes al bienestar, que el dinero no es un justo bumerán?
Propongo para este momento tan delicado que todos asumamos el papel de gestores de la res publica, de políticos, que pensemos día a día en lo que hacemos y de qué modo podemos beneficiar a la comunidad en la que vivimos, que no es otra cosa que pedimos a quienes votamos para la Administración. Porque a menudo les culpamos de hacerlo fatal, pero rara vez demostramos que se puede hacer mejor.

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Cautela

Publicado el 22 octubre 2011 por manuguerrero

El sonido que marcó mi adolescencia fue el de la bomba que mató a Miguel Ángel Ayllón, fulminado tras saltar por los aires y caer con el rostro desfigurado. El sargento tenía 27 años y fue la única víctima mortal de un atentado que a punto estuvo de convertirse en una espantosa masacre civil y militar. Más de 100 kilos de explosivos estaban preparados para estallar -al paso de un autobús con soldados- poco antes de las 8 de la mañana en la avenida Carlos III de Córdoba, un lugar que a esa hora estaba plagado, entre cientos de ciudadanos que saludaban un nuevo día, de estudiantes esperando subir a los autobuses que nos llevarían al instituto, y que bien pudieron habernos llevado al infierno. Recuerdo que durante todo el día, la Policía Nacional se afanó en controlar las bombas que quedaron en afortunado letargo. El sonido contundente y atronador de aquellos estallidos quedó grabado en mi memoria como señal de que algo funcionaba francamente mal. Como trasfondo: una experiencia de miedo, rabia y decepción. Hablo del 20 de mayo de 1996 y ese día no lo olvidaré nunca.

La amenaza terrorista estuvo cerca, en mi propio barrio, y una vez más amenazando y matando a gente inocente e indefensa. En eso va a quedar la historia de una banda sin valor ni argumentos, en un vergonzosa línea roja hecha con sangre inocente. Hombres y mujeres que, obcecados por la sinrazón, han puesto –nada menos que durante medio siglo- por encima de la vida ajena unos supuestos objetivos políticos que a partir de 1975 no podían ser discutidos más que dentro de los cauces estrictamente democráticos.

Un muerto hubiera sido demasiado y han sido 829. Por eso nos toca desconfiar de un comunicado que anuncia el “cese definitivo de su actividad armada” y que reclama “un proceso de diálogo directo que tenga por objetivo la resolución de las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada”. Y hay que desconfiar sencillamente porque se hace justo un mes antes de unas elecciones generales, porque se decide con el aparato criminal prácticamente destrozado por las fuerzas de seguridad del Estado (¿una posible recomposición o unos resultados electorales desfavorables van a reforzar su firmeza ante la paz?), y porque difícilmente nadie con cierta representatividad legal y social va a poder sentarse a negociar con los herederos del terror y la barbarie.

No obstante, y a pesar de todo, seamos optimistas, esto es un paso más hacia la tan ansiada normalidad. Era un absoluto anacronismo tener que convivir a estas alturas con el mayor excremento español del siglo XX, solo superado en pestilencia y mala sombra por la maldita Guerra Civil. El nuevo siglo había llegado con nuevos y difíciles retos y no podíamos perder más el tiempo en escuchar y atender a unos tipos que vienen con la cabeza escondida tras una cobarde capucha y con, seguramente, pistolas en los bolsillos.

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