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Precariedad sexual

Publicado el 06 junio 2007 por manuguerrero

Decir a estas alturas que el sexo lo invade todo resulta demoledoramente aburrido, aunque es totalmente cierto. Pero que vivimos en una sociedad sexualmente precaria ya es defender algo que, aunque individualmente nadie reconozca (obviamente), es fácilmente comprobable. Veamos una foto del pasado fin de semana, del II Festival Erótico de Madrid, Exposex 2007.
 
 
 
Según la organización, han acudido 40.000 personas, entre ellas estos señores que toquetean a esta bellísima mujer. ¿Os habéis fijado en el caballero de la derecha, el del pelo canoso? Con su mano derecha toca algo que parece no haber tocado nunca, el pecho de una mujer, y por eso graba tan mágico instante, para no olvidarlo jamás. Lo hace precavido, con miedo, con rostro serio y asegurándose de que no falla la cámara, porque posiblemente tendrá que revisionar en multitud de ocasiones.
 
Justo a su espalda se encuentra un chaval joven, veinticinco le echaría yo, que trata de asomarse por encima del caballero, aunque presumo que ni le ve los pechos a la muchacha, ni los genitales ni, para colmo, la cara, con lo que debe estar bastante nervioso e insatisfecho. Amigo, mejor ir cogiendo posiciones en otro stand de la exposición.
 
El que sí lo ve todo claro es el que está en el centro de la foto, en segunda fila. Su sonrisa lo delata. Ese estado de felicidad debe provocárselo el ver una chica desnuda por primera vez en su vida. Quizá nos equivoquemos y alguien le está haciendo cosquillas por detrás, pero en cualquier caso está disfrutando. Algo extraño porque el cuerpo que está viendo es bonito, pero no gracioso. A su derecha (es decir, a nuestra izquierda), otro caballero que también peina canas por las mañanas (esto es un detalle muy significativo), del que me sorprende especialmente su habilidad para hacer fotos sin encuadrar, pues no mira a la chica a través de la cámara sino directamente. Para qué meter artificios entre su cuerpo y el objeto deseado. Pero mira que si después llega a casa y se encuentra con que en todas las fotos lo único que aparece es el brazo del hombre de la camisa de cuadros…
 
Aunque ese hombre es precisamente el verdadero enigma de la foto. ¿Qué está haciendo exactamente con su mano derecha? Está rozando el cuerpo de la mujer, ligeramente por encima del pubis, pero con un artilugio entre ella y su mano. ¿Qué es? ¿un móvil? ¿una cámara de fotos? ¿está pasándole el sonido a un amigo mediante una llamada? ¿su móvil recoge aromas? ¿está haciéndole un ecograma? ¿para qué? Ella, si nos fijamos, muestra una expresión de sorpresa y creo que hasta de recelo. No se fía ni un pelo de esos fieras, que además son multitud (¿los que están al final ven algo?), aunque para evitarlo está el forzudo de negro, en el extremo izquierdo de la foto.
 
Me diréis que vale, que sólo es un puñado de hombres y que de ahí no se puede extraer una máxima absoluta. Y yo recuerdo que acudieron 40.000 visitantes (con comportamientos similares) en tres días y que seguramente no cabrían más. O sencillamente no podrían pagar el precio de taquilla.
 
Recuerdo que Pío Baroja decía que la pornografía era un negocio muy próspero en las sociedades sexualmente reprimidas. Razón no le falta aunque claro, el mundo ha cambiado mucho en estos últimos cien años.
 
Investigando al respecto, he descubierto que hubo recientemente en España un colectivo de mujeres, girlswholikeporno, que, consciente de que la hipersexualización esconde mucha precariedad sexual, se proponía difundir otra manera de entender el sexo, tratando de superar el mito, el tabú, la heteronormalidad y la genitalización. Estas murcianas organizaban talleres para reflexionar sobre la pornografía desde un posicionamiento feminista, aceptando a cualquier clase de cuerpo, y sin complejos para grabar en vídeo todo tipo de deseo sexual, sin categorías ni limitaciones y con mucho sentido del humor.
 
Como veis, no es exactamente porno para mujeres, pues bajo esa etiqueta se suele encontrar un cine con música romántica, coitos suaves y cariñosos y estas chicas huían precisamente de las etiquetas. Pero no son las únicas mujeres dispuestas a hacer porno. Hay dos nombres fundamentales: Sandra V y Bibian Norai. Ellas se han propuesto hacer un porno más complejo, erotizar el cerebro y que la gente se masturbe incluso antes del desnudo.
 
En la misma onda vanguardista se mueve Sonia Gómez y sus proyectos de experiencias con desconocidos. Consisten en performances en las que el cliente solicita qué experiencia desea tener y ella y sus ayudantes se presentan con todos los artilugios necesarios (vestimentas, proyecciones, recitales etc…) Son espectáculos ligeramente inspirados en el bondage, la disciplina, la dominación y la sumisión. Más información en www.soniagomez.com
 
En general son experimentos aislados, muy lejos del sota, caballo y rey, tónica habitual del cine, la publicidad y la cultura popular, pero en dirección equivocada, creo. Vivimos bajo el reinado del sufijo -basura. Y parece un panorama inofensivo, por ser algo personal e íntimo, pero si lo asociamos con aquello que dijo Mao tras hacer el amor a la sombra de un ciruelo (“si todos estuviéramos satisfechos en el sexo, el mundo sería mucho mejor”) entonces ya nos da bastante que pensar.
 

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